- Un hombre de 37 años, Sergio Jiménez, murió en Vilanova i la Geltrú mientras participaba en un reto de consumo extremo de alcohol y cocaína retransmitido en directo.
- Los Mossos d'Esquadra mantienen abierta una investigación para aclarar las causas de la muerte y posibles responsabilidades penales de quienes financiaron o incitaron el desafío.
- El fallecido, con antecedentes de drogodependencia y tratamiento psiquiátrico, realizaba habitualmente retos a cambio de donaciones en internet.
- El caso reabre el debate sobre la "mendicidad digital" y los contenidos de riesgo en plataformas de streaming en España y Europa.
La muerte de un hombre de 37 años en Vilanova i la Geltrú mientras realizaba un reto en directo por internet ha desencadenado una fuerte conmoción en la ciudad y ha encendido todas las alarmas sobre los contenidos extremos en plataformas de streaming. El caso, todavía bajo investigación policial, se perfila como el primer fallecimiento documentado en España vinculado de forma directa a un desafío emitido en vivo ante una audiencia conectada.
El fallecido, Sergio Jiménez Ramos, conocido en redes por los apodos de Sancho o Sssanchopanza, participaba en una retransmisión donde se habría comprometido a consumir una gran cantidad de whisky y cocaína en pocas horas, a cambio de dinero que le enviaban los espectadores. Lo que para algunos era un espectáculo más, terminó convertido en una tragedia que ha puesto en entredicho los límites de la llamada «mendicidad digital».
Así fue la noche del reto mortal
Según el relato aportado por la familia y recogido por distintos medios, los hechos ocurrieron en la madrugada del 30 al 31 de diciembre, en pleno dispositivo de Nochevieja. Sergio vivía con su madre en un piso de Vilanova i la Geltrú, en la comarca del Garraf (Barcelona), donde solía encerrarse en su habitación para realizar directos con retos de consumo de drogas y alcohol ante un grupo de seguidores.
La víspera del fallecimiento, su madre vio en el domicilio una botella de whisky que le llamó la atención. Le preguntó de dónde había salido y él respondió que se la había dado «un colega». La mujer le recordó que estaba en tratamiento psiquiátrico y que no debía mezclar la medicación con alcohol, pero Sergio le aseguró que ese día no había tomado las pastillas precisamente para poder beber. Pese a las advertencias maternas, se encerró por la noche en su cuarto para continuar con el reto.
De acuerdo con el entorno del fallecido, los espectadores que seguían sus directos le habrían pagado una botella de whisky y unos seis gramos de cocaína, además de bebidas energéticas, con la condición de que lo consumiera todo en menos de tres horas. Durante la retransmisión, Sergio habría ido mezclando alcohol, cocaína y bebidas estimulantes, mientras los usuarios conectados le presionaban para que siguiera adelante con el desafío.
Pasadas las dos de la madrugada, la madre de Sergio se despertó para ir al baño y vio la puerta de la habitación entreabierta. Desde el pasillo, le preguntó qué estaba haciendo, pero no obtuvo respuesta. Algo en el suelo bloqueaba la puerta e impedía abrirla del todo, aunque pudo asomar la cabeza lo suficiente para observarlo arrodillado junto a la cama, con la cabeza apoyada en el colchón, como si estuviera rezando o dormido.
Inquieta, llamó por teléfono a sus otros dos hijos para pedir ayuda. Daniel, hermano de la víctima, se montó en su ciclomotor y recorrió de madrugada unos 50 kilómetros hasta la vivienda de su madre. Cuando consiguió entrar en la habitación, comprobó que Sergio seguía arrodillado, inmóvil, con la mano aún sujetando el teléfono móvil.
En la mesa del cuarto encontró una botella de whisky prácticamente vacía, dos latas de bebida energética y restos de cocaína sobre una placa roja. El ordenador y la webcam continuaban encendidos, y desde los altavoces se escuchaban todavía voces de usuarios que seguían conectados al directo, preguntando si «estaba durmiendo la mona» o si «ya se había terminado la botella», sin ser conscientes de que el desenlace ya había sido fatal.
Daniel contactó con los servicios de emergencias y, siguiendo las instrucciones telefónicas, intentó comprobar el estado de su hermano, pero al tocarle la mano la notó fría y rígida. En ese momento pronunció la frase que después recordaría ante los medios: «Mamá, Sergio está muerto». El Sistema d’Emergències Mèdiques (SEM) solo pudo certificar el fallecimiento cuando llegó al domicilio, y se activó el protocolo policial.
La investigación de los Mossos d’Esquadra
Tras el aviso de la familia, los Mossos d’Esquadra acudieron a la vivienda y localizaron el cuerpo sin vida en la habitación donde se estaba realizando la retransmisión. En el parte inicial, la policía autonómica informó de que se había encontrado a un varón de 37 años muerto en su domicilio durante una emisión en directo por internet, rodeado de bebidas alcohólicas, energéticas y cocaína.
Los investigadores han practicado una autopsia al cadáver para determinar la causa exacta de la muerte y están a la espera de los resultados toxicológicos. Aunque todo apunta a una combinación letal de drogas y alcohol, el informe forense será clave para descartar otras hipótesis y precisar si se trató de una sobredosis o de una reacción agravada por la medicación psiquiátrica que debía estar tomando.
Fuentes policiales han señalado que se está analizando el contexto del reto retransmitido para determinar si puede existir algún tipo de responsabilidad penal por parte de quienes financiaron o incitaron el consumo extremo. La investigación valora si los usuarios que pagaron el reto, o quienes lo organizaran, podrían haber incurrido en delitos como la inducción al suicidio, cooperación necesaria en un delito contra la salud pública o incluso omisión del deber de socorro, en función de lo que se acredite.
De confirmarse que la muerte se produjo durante el desafío y como consecuencia directa de las sustancias suministradas en ese marco, este caso sería considerado el primer fallecimiento en España vinculado claramente a un reto extremo retransmitido en directo. Una circunstancia que ya ha llevado a varios expertos en derecho penal y en riesgos digitales a reclamar una revisión del marco normativo.
Los Mossos no descartan ampliar el alcance de la investigación en función de los datos que afloren en los próximos días, especialmente tras la revisión de los dispositivos electrónicos, los registros de la retransmisión y las transacciones económicas ligadas a las donaciones.
Adicciones, vulnerabilidad y «mendicidad digital»
El entorno de Sergio describe a un hombre que llevaba tiempo luchando contra la drogodependencia y que estaba en manos de profesionales de salud mental. Tomaba medicación por un trastorno psiquiátrico, lo que hacía especialmente peligroso cualquier consumo de alcohol o sustancias estimulantes. Pese a los avisos de la familia, en los últimos meses se había enganchado a un circuito de retos grabados en directo donde la audiencia proponía y financiaba desafíos cada vez más arriesgados.
En este tipo de emisiones, quienes observan desde el otro lado de la pantalla realizan donaciones económicas para que el streamer lleve a cabo determinadas acciones: desde humillaciones personales hasta consumos extremos de drogas. La víctima recibía dinero para comprar cocaína, bebidas energéticas o alcohol, y consumía delante de la cámara mientras le jaleaban.
Familiares y amigos de Sergio sostienen que esta dinámica se ha convertido en una forma de «mendicidad digital»: personas vulnerables, muchas veces con problemas de salud mental o adicciones, que se exponen a situaciones degradantes o peligrosas a cambio de pequeñas cantidades de dinero. Varios de los allegados que acudieron al velatorio en el tanatorio de Vilanova coincidían en señalar a «los que pagan para ver cómo se destruyen» como parte central del problema.
En el tanatorio se mezclaban la tristeza y la rabia. Algunos asistentes insistían en que hay que «encontrar a los responsables y que lo paguen», no solo a quienes participaron activamente en el reto, sino también a quienes se beneficiaron de la difusión de ese contenido y a las plataformas que permiten este tipo de emisiones sin un control eficaz. La sensación generalizada era que Sergio, apodado «El Salchi» por sus conocidos, llevaba tiempo pidiendo ayuda a su manera, y que nadie había sabido —o podido— frenar la espiral.
La familia había intentado poner límites. Su hermano Dani cuenta que, días antes de la tragedia, le advirtió con crudeza: «Sergio, o acabas con la droga o la droga va a acabar contigo». Pese a esas llamadas de atención, la dinámica de los directos y la necesidad de dinero para mantener su consumo lo empujaron a perseverar en los retos.
El vínculo con Simón Pérez y el entorno del streaming
En las conversaciones de la familia y de los amigos de Sergio aparece con frecuencia un nombre propio: Simón Pérez Golarons. Este economista de Vilanova i la Geltrú se hizo conocido en 2017 por un vídeo viral sobre hipotecas grabado junto a Silvia Charro, en el que ambos parecían estar bajo los efectos de alguna sustancia. Ese clip le costó su puesto de trabajo y marcó el inicio de una trayectoria en internet basada en retos extremos y consumo de drogas en directo.
Con el paso de los años, Pérez se ha convertido en uno de los ejemplos más comentados de esa deriva hacia la «mendicidad digital». Sus emisiones, difundidas en diversas plataformas, dependen en gran medida de las donaciones de los espectadores, que le pagan para que se humille, para que incremente la dosis de cocaína o para que se exponga a situaciones límite. Este patrón ha disparado las alertas de organizaciones que trabajan en adicciones y salud mental.
Según el entorno de Sergio, fue precisamente Simón Pérez quien le abrió la puerta a este universo de retos retransmitidos. Aparece con él en varios directos, en los que el economista le llama «Sancho», en alusión a su propio alias. En las últimas emisiones, ambos compartían consumo de cocaína en pantalla, alentados por las donaciones de los seguidores que iban marcando el ritmo de la sesión.
Tras la muerte de Sergio, el propio Pérez habló del tema en uno de sus directos en YouTube. En ese vídeo, relató que le habían comunicado que su amigo había consumido «unos seis gramos de cocaína en tres horas», incluida «una raya de dos gramos», y añadió que él mismo le habría advertido de que «dos gramos ya es sobredosis». Sus palabras han generado un fuerte rechazo en redes, donde muchos usuarios le acusan de haber contribuido a normalizar y alentar ese tipo de comportamientos.
Más allá de las responsabilidades individuales que puedan dirimirse en los tribunales, este vínculo pone de manifiesto la existencia de un circuito estable de contenidos de alto riesgo en torno al consumo de drogas y a la humillación de personas vulnerables. Un ecosistema que, en este caso, ha acabado con la vida de uno de sus participantes.
Precedentes en Europa y presión para regular los directos
El caso de Vilanova no se produce en el vacío. En los últimos meses, otros episodios similares en Europa han ido llenando titulares y alimentando el debate sobre la responsabilidad de las plataformas de streaming. En Francia, la muerte del streamer Raphaël Graven, también conocida como «Pormanove», sacudió a la opinión pública cuando se supo que su fallecimiento había sido retransmitido en directo en la plataforma Kick tras doce días recibiendo agresiones y vejaciones a cambio de dinero.
Aquello abrió un intenso debate en el país vecino sobre la necesidad de imponer controles más estrictos a las emisiones en vivo, especialmente cuando implican violencia, autolesiones o consumo de drogas. Se cuestionó la capacidad de las plataformas para detectar a tiempo comportamientos autodestructivos y cortar las señales antes de que sea demasiado tarde, así como su disposición a cooperar con las autoridades.
En España, hasta ahora, el caso más mediático relacionado con este tipo de dinámicas era precisamente el de Simón Pérez y Silvia Charro, cuyos vídeos mezclando discursos financieros con aparente consumo de sustancias derivaron en un modelo de negocio basado en los retos pagados. Sin embargo, la muerte de Sergio Jiménez marca un antes y un después, al tratarse del primer fallecimiento vinculado directamente a un reto extremo emitido en vivo en el país.
Organizaciones especializadas en adicciones, asociaciones de usuarios y expertos en derecho digital vienen reclamando una regulación que obligue a las plataformas a monitorizar y limitar los contenidos de riesgo, especialmente cuando implican violencia, autolesiones o consumo de drogas. También piden mecanismos eficaces para denunciar de forma inmediata emisiones que inciten a consumos peligrosos, autolesiones o violencia.
Este tipo de sucesos obliga asimismo a reflexionar sobre el papel de los propios espectadores, que participan activamente financiando estas situaciones. Desde diversos sectores se insiste en que no se puede desligar la responsabilidad individual de quienes, desde la comodidad del anonimato, pagan para que otros lleven su cuerpo al límite y convierten la desgracia ajena en entretenimiento.
Una familia rota y un debate que apenas empieza
Mientras las autoridades avanzan en las diligencias, la familia de Sergio intenta recomponer su día a día tras una pérdida que consideran evitable. En el tanatorio de Vilanova, donde se despidieron de él familiares, amigos y vecinos, se repetía la sensación de que nadie hizo lo suficiente para frenar la espiral en la que estaba atrapado.
Su madre, Teresa, recordaba cómo había dado la voz de alarma en mitad de la noche al ver a su hijo arrodillado y sin reaccionar tras la puerta atascada de la habitación. Su hermano Dani, que se desplazó de madrugada en un pequeño ciclomotor para intentar ayudar, revive una y otra vez la imagen de Sergio, inmóvil, con el ordenador encendido y las voces del directo sonando de fondo. La familia se mantiene a la espera de los resultados definitivos de la autopsia para valorar acciones legales contra quienes consideran responsables.
Entre los presentes en el velatorio, algunos amigos de Sergio, como Jesús y Vicente, propietarios de un desguace cercano, señalaban también a «los streamers que se lucran con la desgracia ajena» y a una audiencia dispuesta a pagar para ver cómo personas en situación límite se hunden aún más. Uno de ellos, padre de otro joven con problemas de drogadicción que había consumido con Sergio, confesaba que podía haberle pasado lo mismo a su hijo.
En paralelo, el caso ya ha empezado a alimentar debates más amplios sobre la salud mental, las adicciones y el uso de internet como escenario de autodestrucción. Profesionales del ámbito sanitario alertan de que muchos de estos comportamientos son la punta del iceberg de un malestar más profundo, y llaman a reforzar los recursos de atención psicológica y los dispositivos especializados en adicciones, especialmente entre la población joven.
Aunque el procedimiento judicial y policial llevará su propio ritmo, lo ocurrido en Vilanova i la Geltrú ha encendido una luz roja sobre un fenómeno que hasta ahora se percibía como marginal o anecdótico. Un hombre con problemas de adicción, un reto financiado por desconocidos, una cámara encendida y una audiencia que mira sin intervenir han bastado para convertir una madrugada de Nochevieja en un símbolo de los riesgos más oscuros del streaming en Europa.
El caso de Sergio Jiménez deja tras de sí una familia destrozada, una comunidad indignada y un sinfín de interrogantes sobre la responsabilidad de quienes organizan, financian y permiten estos retos, pero también sobre la necesidad urgente de replantear los límites del entretenimiento digital cuando lo que está en juego es, literalmente, la vida de las personas más vulnerables.