- Objeto periódico descubierto en 2004 con una órbita influenciada por Júpiter.
- Sufrió dos estallidos masivos de brillo en 2026 que lo hicieron visible para aficionados.
- Presenta una característica coma verde debido a la presencia de carbono molecular.
- No representa peligro de impacto ya que mantiene una distancia segura de la Tierra.
Imaginaos un pequeño trozo de hielo y roca viajando en silencio por la negrura del espacio, un recordatorio constante de que el cosmos siempre tiene un as bajo la manga para dejarnos boquiabiertos. Estamos hablando del cometa 220P/McNaught, un objeto que normalmente pasaría desapercibido para el ciudadano medio, pero que ha puesto en alerta a la comunidad astronómica por su comportamiento tan peculiar.
Descubierto allá por el año 2004 por el astrónomo Robert H. McNaught, este visitante es un cometa periódico que tarda unos 5,5 años en completar su vuelta al Sol. Se mueve principalmente entre las órbitas de Marte y Júpiter y, en condiciones normales, es tan tenue que necesitas equipo profesional y una efeméride muy precisa para no perderlo de vista entre las estrellas.
El gran espectáculo: Los estallidos de 2026

Lo que hace que el 220P sea realmente fascinante es que en 2026 decidió romper todas las reglas. A finales de mayo, mientras se encontraba en una magnitud 17.4 (prácticamente invisible para aficionados), sufrió una erupción súbita. En cuestión de días, su brillo aumentó más de seis magnitudes, lanzando una nube de gas y polvo de miles de kilómetros de diámetro.
Pero no se quedó ahí, porque en agosto volvió a dar la campanada con un segundo estallido. Para el 8 de agosto, ya presumía de una coma que se extendía por unos 300.000 kilómetros, alcanzando una magnitud de entre 7.6 y 8.3. Esto significó que, por primera vez, binoculares y telescopios pequeños pudieron captarlo bajo cielos oscuros. Según datos de la NASA, llegó a ser unas 20.000 veces más brillante de lo habitual, aunque este dato varía según el filtro y el equipo utilizado.
¿Qué demonios pasó realmente?

La ciencia aún está rascándose la cabeza para entender el detonante exacto. Se barajan varias teorías, como que el calor solar haya calentado hielos volátiles bajo una costra aislante hasta que el gas fracturó la superficie, o que algún derrumbe en el núcleo expusiera hielo fresco. Algunos hablan coloquialmente de un cometaquake, aunque es más una imagen evocadora que un término técnico confirmado.
Lo que sí sabemos es que el cometa desprende una luz de color verde azulado. Este tono es típico de la emisión de carbono molecular (C₂) excitado por la luz solar. Además, los análisis de polarización indican que el polvo juega un papel fundamental en la formación de su coma y sus colas, creando una mezcla dinámica que reacciona al viento solar.
Datos técnicos y seguimiento orbital

Si queremos ponernos técnicos, el 220P/McNaught es un objeto cuya órbita está fuertemente influenciada por la gravedad de Júpiter. No representa ningún peligro para nosotros, ya que su punto más cercano a la Tierra se mantiene a una distancia segura de unos 0.54 UA. Sus elementos orbitales muestran una excentricidad de 0.5003120 y una inclinación de 8.12 grados.
- Perihelio: Se sitúa aproximadamente a 1.559 UA del Sol.
- Periodo orbital: Un ciclo completo dura unos 2.010 días.
- Clasificación: Pertenece a la familia de cometas de Júpiter.
Para quienes quieran intentar localizarlo, es vital usar efemérides actualizadas. Por ejemplo, para finales de septiembre de 2026, se situaba en una ascensión recta de 03h 33m y una declinación de +06° 17′. Sin embargo, el cometa tiende a desvanecerse rápidamente a medida que se aleja hacia las profundidades del sistema solar, haciendo que su magnitud estimada vuelva a subir hacia los 12.2.
El equipo ideal para la observación

Tanto profesionales como aficionados han compartido el mismo cielo para estudiar este fenómeno. Para quienes buscan una experiencia visual impactante, unos binoculares de gran apertura (como los de 150mm) son ideales para sentir la tridimensionalidad de la coma. Por otro lado, los astrofotógrafos suelen optar por refractores triplete ED, que permiten capturar el movimiento del cometa frente a las estrellas sin aberraciones cromáticas.
Un reto interesante en la fotografía es el seguimiento. Como el cometa se mueve, el fotógrafo debe decidir si sigue las estrellas (dejando el cometa borroso) o sigue el núcleo del cometa (dejando las estrellas como trazos). Esta dualidad es, precisamente, lo que registra que el sistema solar está en constante movimiento.
Este pequeño cuerpo celeste nos ha recordado que la astronomía no es un mapa cerrado, sino una aventura viva. El 220P/McNaught, con sus cambios bruscos de brillo y su química compleja, demuestra que el universo puede transformarse sin previo aviso, invitándonos a mantener siempre la curiosidad activa y los instrumentos listos para el próximo descubrimiento inesperado.