- Fue el primer cuerpo celeste en romper la tradición de nombres mitológicos al ser bautizado como la ciudad de Marsella.
- Es el cuerpo principal de la familia Massalia, destacando por ser un objeto sólido y no fracturado.
- Recientemente se ha hecho historia al detectar moléculas de agua en su superficie.
Si te mola la astronomía, seguro que te llama la atención el asteroide 20 Massalia. No es una roca cualquiera flotando por ahí, sino un auténtico veterano del cinturón principal de asteroides, situado en esa zona tan transitada entre Marte y Júpiter. Desde que se puso el ojo en él hace más de siglo y medio, ha sido una pieza clave para entender mejor los escombros que quedaron tras la formación de nuestro sistema solar.
Lo que hace que Massalia sea un caso curioso es que fue el primer rebelde en cuanto a nomenclatura. Mientras que hasta entonces todos los asteroides llevaban nombres de dioses griegos o romanos, este decidió romper el molde, marcando un antes y un después en cómo bautizamos los objetos espaciales. Vamos a meternos de lleno en los detalles de este fascinante objeto y la historia de quienes lo rastrearon por primera vez.
El hallazgo y la historia de su nombre
Todo empezó el 19 de septiembre de 1852. El astrónomo italiano Annibale de Gasparis lo localizó desde el Observatorio Astronómico de Capodimonte, en Nápoles. Pero ojo, que no estuvo solo en el golpe; el francés Jean Chacornac lo detectó de forma independiente solo una noche después desde Marsella. De hecho, fue la noticia de Chacornac la que llegó primero a oídos de la comunidad científica.
La historia del nombre tiene su aquel. De Gasparis, siguiendo el consejo de William Herschel, quería llamarlo «Themis». Sin embargo, el astrónomo Benjamin Valz sugirió Massalia, que es el nombre griego antiguo de la ciudad de Marsella. Al final, De Gasparis cedió y aceptó la propuesta. Así nació el primer asteroide con un nombre no mitológico, sustituyendo los símbolos icónicos que se usaban antes por un simple número 20 circulado.

Anatomía y composición de una roca espacial
Hablando de su aspecto, Massalia es un auténtico mastodonte comparado con la mayoría de rocas espaciales, con un diámetro medio de 145,5 kilómetros. No es una esfera perfecta, sino que presenta una forma irregular con zonas planas y no convexas, según los modelos basados en su curva de luz. Su masa se estima en unos 5,2 exagramos (aunque algunas fuentes mencionan hasta 5,67 x 10^18 kg), lo que lo convierte en un cuerpo imponente.
En cuanto a qué está hecho, pertenece al tipo espectral S, lo que significa que es un asteroide rocoso compuesto principalmente por silicatos y metales. Un dato muy potente es que tiene una densidad superior a la media de los asteroides de su tipo, similar a la de las rocas silicatadas terrestres. Esto sugiere que es un cuerpo sólido y no fracturado, algo muy raro en objetos de este tamaño, ya que la mayoría son simplemente «montones de escombros».

Dinámica orbital: Su baile alrededor del Sol
El viaje de Massalia no es un círculo perfecto, sino una órbita elíptica. Se mueve a una distancia media de 2,409 unidades astronómicas (ua). En su camino, tiene sus altibajos: puede acercarse hasta las 2,065 ua en el perihelio y alejarse hasta las 2,753 ua en el afelio. Para completar una vuelta entera al Sol, tarda exactamente 1366 días (unos 3 años y 9 meses).
Si nos ponemos técnicos, su inclinación orbital es de 0,7083° y tiene una excentricidad de 0,1429. Además, gira sobre su propio eje con un periodo de rotación de 8,098 horas. Un detalle curioso es que su eje de rotación tiene una inclinación de unos 45° respecto a la eclíptica.
Secretos, familias y descubrimientos recientes
Massalia no está solo; es el cuerpo progenitor de la familia Massalia, un grupo numeroso de asteroides rocosos en el cinturón interno. Básicamente, los otros miembros de la familia son fragmentos que saltaron por los aires tras un impacto masivo en la superficie de Massalia hace eones.
- Detección de agua: En febrero de 2024 se dio una noticia bomba: se descubrieron moléculas de agua en su superficie, siendo uno de los primeros asteroides en los que se detecta este elemento.
- Observaciones visuales: Para los aficionados al telescopio, ha sido visto pasando por la constelación de Escorpio, llegando a una magnitud aparente de 9,6.
- Búsquedas fallidas: En 1988 se intentó buscar satélites o nubes de polvo a su alrededor con el telescopio UH88 en Mauna Kea, pero no se encontró nada.
El legado de Annibale de Gasparis
No podemos pasar por alto al hombre que lo encontró. Annibale de Gasparis fue tan crack que la Unión Astronómica Internacional decidió ponerle su nombre a un cráter lunar de 30 km y a un sistema de canales tectónicos (Rimae de Gasparis). Su contribución fue tan brutal que recibió la Medalla de Oro de la Royal Astronomical Society y el Premio Lalande, e incluso hay otro asteroide, el 4279 De Gasparis, que lleva su nombre en su honor.
Este gigante rocoso, con su composición metálica y su historia disruptiva, sigue siendo un punto de referencia esencial para los astrónomos. Desde la ruptura con la mitología clásica hasta el reciente y sorprendente hallazgo de agua, 20 Massalia nos sigue enseñando que el cinturón de asteroides es mucho más complejo y fascinante de lo que parece a simple vista.