- La llegada de Chrome 150 marca el fin definitivo de la compatibilidad con Manifest V2, obligando a las extensiones a usar el nuevo estándar.
- La seguridad se refuerza al eliminar la ejecución de código remoto y sustituir las páginas de fondo por Service Workers.
- Los bloqueadores de anuncios clásicos pierden su capacidad de filtrar tráfico en tiempo real, dando paso a versiones más ligeras como uBlock Origin Lite.
- Navegadores basados en Chromium, como Edge o Brave, afrontan el reto de mantener el soporte para herramientas antiguas mientras Google limpia el código.
El navegador más utilizado en España y en todo el mundo ha dado el paso definitivo para cambiar sus cimientos técnicos. Con el despliegue de la versión Chrome 150, Google ha apretado el botón de apagado para una tecnología que nos ha acompañado durante más de una década. Se trata del fin de Manifest V2, el protocolo que permitía funcionar a miles de complementos, para dejar paso de manera exclusiva a Manifest V3, una arquitectura más moderna que promete cambiar la forma en la que interactuamos con la web.
Este cambio no ha sido una sorpresa repentina, ya que la compañía de Mountain View lleva años avisando y retrasando los plazos para que los desarrolladores pusieran sus barbas a remojar. Sin embargo, la transición está generando un intenso debate, especialmente entre quienes están acostumbrados a personalizar su navegación al milímetro. La idea de fondo es clara: Google quiere un ecosistema donde la seguridad y la velocidad sean las prioridades absolutas, aunque eso suponga dejar por el camino algunas funciones clásicas.
Adiós a los procesos permanentes en segundo plano

Una de las modificaciones más profundas bajo el capó de Chrome es la eliminación de las llamadas páginas de fondo. Antes, muchas extensiones se quedaban funcionando de manera constante, consumiendo recursos incluso cuando no las necesitábamos. Ahora, el sistema obliga a utilizar Service Workers, que son básicamente pequeños procesos que solo despiertan cuando tienen una tarea específica, similar a cómo Chrome cargará de forma diferida videos y audio para optimizar el rendimiento. Esto se traduce en un alivio considerable para la memoria RAM de nuestros ordenadores y portátiles.
Además del rendimiento, la ciberseguridad es el otro gran pilar de esta reforma. A partir de ahora, las extensiones tienen prohibido ejecutar código que se descargue desde servidores externos; todo el software debe estar incluido dentro del paquete que revisa Google en su tienda oficial. De esta forma, se intenta evitar que una extensión legítima mute de repente en una herramienta maliciosa, reforzando el blindaje de hierro en Google Chrome contra ataques externos sin que el usuario se dé cuenta tras una actualización sospechosa.
El nuevo escenario para los bloqueadores de anuncios

Si hay un tema que ha sacado chispas en esta transición es el de la publicidad. Los bloqueadores de anuncios tradicionales, como el conocido uBlock Origin, basaban su potencia en poder analizar cada petición de red en tiempo real. Con Manifest V3, ese permiso desaparece y es el propio navegador quien decide qué se bloquea basándose en una lista de reglas estáticas. Esto ha forzado la aparición de versiones más sencillas y declarativas como uBlock Origin Lite, que se adaptan a las nuevas exigencias del navegador.
Para el usuario que simplemente no quiere ver carteles molestos mientras lee el periódico, el cambio puede ser casi imperceptible. Sin embargo, los usuarios más avanzados que solían ajustar filtros a medida notarán que el margen de maniobra es ahora más estrecho. Google defiende que este método protege mejor la privacidad de los datos de navegación, ya que las extensiones ya no necesitan tener acceso a todo lo que fluye por nuestra conexión para funcionar correctamente.
Impacto en el resto de navegadores y futuro del sistema
Aunque hablemos de Chrome, esta onda expansiva llega a otros rincones. Navegadores como Microsoft Edge, Opera o Brave utilizan el mismo motor, Chromium, por lo que se ven obligados a gestionar esta herencia técnica. Mientras que Google ha optado por limpiar el código de Manifest V2 calificándolo como «código muerto», otros rivales intentan mantener un soporte mínimo para que sus usuarios no pierdan de golpe sus complementos favoritos, aunque la tendencia general es la adopción del nuevo estándar.
La estabilidad del software y la fluidez en dispositivos móviles, donde los recursos son más limitados, parecen ser los grandes beneficiados de esta mudanza técnica. Aquellas herramientas que no se actualicen simplemente dejarán de aparecer en la tienda o se desactivarán automáticamente, lo que obliga a los creadores de contenido y desarrolladores a trabajar bajo un marco común mucho más restrictivo pero predecible. Es, en definitiva, el cierre de una etapa en la historia de la navegación moderna para dar paso a un entorno más controlado.
La consolidación de este nuevo modelo supone que la experiencia de navegar será ahora más uniforme y ligera, reduciendo el riesgo de encontrarnos con complementos que lastren el sistema o pongan en peligro nuestra información personal. A medida que el despliegue de las versiones 150 y 151 avance por completo, los usuarios verán cómo sus herramientas de confianza se asientan en un ecosistema más robusto y optimizado, marcando el camino que seguirá la web durante los próximos años.