- 2,4 millones de niñas afganas siguen sin acceso a la educación secundaria en 2026, una cifra que crece cada año.
- La prohibición talibán, vigente desde 2021, ha revertido dos décadas de avances educativos y amenaza con dejar a todo un país sin generación formada.
- El impacto económico podría traducirse en una pérdida acumulada de 9.600 millones de dólares para 2066, además de una grave escasez de maestras.
- La UNESCO impulsa programas comunitarios de alfabetización y formación como alternativa, mientras exige el restablecimiento inmediato del derecho a aprender.
Han pasado cinco años desde que los talibanes volvieron a tomar el control de Afganistán, y la situación educativa de las niñas y mujeres sigue siendo una de las más graves del planeta. Según los últimos datos de la UNESCO, 2,4 millones de niñas están actualmente excluidas de la enseñanza secundaria, una cifra que no deja de crecer: son 200.000 más que el año pasado y un millón más que en 2024. Este país es el único del mundo donde la educación formal más allá de la escuela primaria está prohibida por ley para las mujeres, una medida que también afecta a la universidad desde diciembre de 2022, dejando a más de 100.000 jóvenes sin opción de cursar estudios superiores.
La prohibición no solo vulnera un derecho humano fundamental, sino que está revirtiendo dos décadas de progreso. En 2001, muy pocas niñas tenían acceso a la secundaria; en 2021, casi un millón estaban matriculadas. Ahora, todo ese avance se ha esfumado, y las consecuencias se extienden más allá de las aulas. La UNESCO advierte de que, si la restricción persiste, cerca de cuatro millones de niñas podrían verse privadas de la secundaria en 2030, a medida que las nuevas generaciones terminen la primaria y no puedan continuar.
Un impacto económico y social devastador

La exclusión educativa no es solo una cuestión de derechos, sino también de supervivencia económica. Según los informes de la UNESCO, la pérdida acumulada de ingresos podría alcanzar los 9.600 millones de dólares de aquí a 2066 si se mantiene la prohibición de la educación superior femenina. Además, unas 600.000 mujeres podrían verse obligadas a abandonar el mercado laboral, lo que agravaría aún más la crisis económica de un país donde casi la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. La falta de maestras es otro problema crítico: se estima que en 2030 habrá una escasez de más de 11.000 docentes cualificadas, lo que deteriora la calidad educativa para todos, niños y niñas.
Pero el drama va más allá de las cifras. La salud mental y física de las niñas y mujeres se resiente, y aumentan los riesgos de matrimonio precoz y de violencia. La prohibición de que las maestras enseñen a los niños agrava la escasez de personal y afecta a la educación en general. Además, la crisis educativa no distingue géneros: más de la mitad de los niños y niñas en edad de primaria están fuera del sistema escolar, y más del 90% de los menores de diez años no sabe leer un texto sencillo. A esto se suman los desastres naturales, que han cerrado más de 1.000 escuelas desde 2021.
La respuesta de la comunidad internacional

Ante el cierre de las vías formales de educación, la UNESCO ha puesto en marcha programas comunitarios de alfabetización y desarrollo de capacidades en 20 provincias y más de 2.600 localidades. Desde 2021, cerca de 70.000 estudiantes han participado en estas iniciativas, de los cuales alrededor del 70% son niñas y mujeres. Un tercio de ellas afirma haber aumentado la producción y los ingresos de sus hogares, lo que demuestra que la educación, incluso en formatos alternativos, tiene un impacto tangible. Estos programas se realizan en espacios comunitarios, a menudo en casas de facilitadores formados por la UNESCO y sus socios, como la Alianza Mundial para la Educación, la Unión Europea y Canadá.
Para muchas participantes, estas clases son mucho más que un aprendizaje: son una fuente de dignidad y esperanza en medio de la incertidumbre. Sin embargo, la organización insiste en que estas alternativas no pueden sustituir la educación formal. “No hay sustituto para una escuela, un profesor cualificado y el derecho a aprender”, señalan desde la UNESCO. Por eso, la agencia de la ONU condena una vez más la discriminación contra las mujeres y las niñas, y pide el restablecimiento “inmediato e incondicional” de su derecho a la educación, así como la libertad de movimiento y de trabajo.
Un futuro incierto pero no desesperado

La comunidad internacional no puede mirar hacia otro lado. La UNESCO ha hecho un llamamiento claro: “Las mujeres y las niñas afganas tienen derecho a aprender, a trabajar, a moverse libremente y a forjar su propio futuro”. Mientras tanto, la organización sigue trabajando con las comunidades y los socios de confianza para preservar todas las vías posibles de aprendizaje. Aunque la situación es desoladora, los programas comunitarios demuestran que la educación sigue siendo un motor de resiliencia y esperanza incluso en las circunstancias más adversas.
La crisis educativa en Afganistán no es un problema aislado; es un reflejo de cómo la discriminación sistemática puede destruir el tejido social y económico de un país. Con cada año que pasa, una generación entera de niñas pierde la oportunidad de aprender, de crecer y de contribuir a su sociedad. La UNESCO y sus socios europeos, incluida la Unión Europea, han redoblado sus esfuerzos, pero la solución definitiva solo llegará cuando se levante la prohibición. Mientras tanto, el mundo debe seguir exigiendo justicia y apoyando a quienes, contra todo pronóstico, mantienen viva la llama del conocimiento.
