Windows 10 recupera fuerza mientras los fallos de Windows 11 pasan factura

Última actualización: febrero 5, 2026
  • Windows 10 gana cuota tras el fin de su soporte mientras Windows 11 pierde terreno en plena oleada de fallos en 2026.
  • Actualizaciones problemáticas, requisitos de hardware estrictos y una integración forzada de IA lastran la adopción de Windows 11.
  • Usuarios y empresas en España y Europa priorizan estabilidad, rendimiento y control, recurriendo a Windows 10 como refugio.
  • Microsoft frena la expansión de Copilot y replantea funciones polémicas como Windows Recall para recuperar la confianza.

Sistema operativo Windows en ordenador

Aunque Microsoft puso punto final al soporte estándar de Windows 10 en octubre de 2025, la realidad del mercado va por otro lado. Lejos de retirarse discretamente, el veterano sistema operativo está viviendo una especie de segunda juventud, impulsado por el desgaste que está sufriendo Windows 11 en pleno 2026 tras una cadena de fallos y decisiones controvertidas.

Las cifras de uso y los testimonios de la comunidad dibujan un escenario peculiar: una parte de quienes habían dado el salto a Windows 11 está dando marcha atrás y regresando a Windows 10, incluso asumiendo los riesgos de seguridad que implica quedarse en una plataforma sin actualizaciones gratuitas. El mensaje, tanto en España como en el resto de Europa, es bastante claro: se prefiere un entorno predecible y estable a un sistema más moderno pero lleno de sobresaltos.

Datos de uso: Windows 11 cede terreno, Windows 10 remonta

Las estadísticas recopiladas por Statcounter, una de las firmas de referencia para medir el uso de sistemas operativos, muestran cómo Windows 11 ha frenado en seco su crecimiento durante los últimos compases de 2025 y el arranque de 2026. En octubre de 2025 rondaba el 55 % de cuota, pero en apenas dos meses descendió hasta situarse en torno al 50,7 %, perdiendo varios puntos en un periodo muy corto.

En paralelo, Windows 10 pasó de aproximadamente un 41,7 % a cerca de un 44,6 % de presencia mundial. No es un vuelco absoluto, pero sí un movimiento llamativo para un sistema cuyo soporte estándar ya ha terminado. Incluso Windows 7, oficialmente retirado, ha registrado un leve repunte cercano al 4 %, algo que solo se explica por decisiones deliberadas de usuarios que vuelven a versiones antiguas.

Lo más significativo es que este cambio no se debe a la venta de nuevos equipos. La práctica totalidad de los ordenadores que se comercializan en 2026 llegan con Windows 11 preinstalado, así que el aumento de Windows 10 solo puede venir de reinstalaciones, downgrades voluntarios y despliegues específicos en entornos corporativos que prefieren seguir en la versión anterior.

En Europa y, en particular, en España, este patrón se ve reforzado por la realidad de muchas pymes y administraciones públicas: parques informáticos amplios, ciclos de renovación largos y cautela ante cambios que puedan romper flujos de trabajo. Para estos perfiles, la prioridad sigue siendo que los equipos funcionen sin sustos, más que disponer de la última función basada en inteligencia artificial.

Ordenador con Windows en uso diario

El “efecto rebote”: por qué tantos usuarios vuelven a Windows 10

Buena parte de este cambio se explica por lo que muchos analistas ya califican como “efecto rebote” hacia Windows 10. Usuarios que actualizaron a Windows 11 —a veces movidos por avisos insistentes en pantalla y recordatorios difíciles de ignorar— terminaron cansados de fallos de rendimiento, cambios de interfaz poco prácticos y funciones que no necesitaban.

Entre los motivos más repetidos aparece el nuevo menú Inicio, menos configurable y más centrado en recomendaciones y accesos rápidos predeterminados, así como una barra de tareas con menos margen de personalización que en Windows 10. Muchos consideran que, en el día a día, estos cambios han supuesto un paso atrás en comodidad.

A ello se suma la presencia creciente de servicios en la nube e integración de inteligencia artificial en rincones del sistema donde antes todo era más sencillo. Copilot, el asistente basado en IA, ha ido apareciendo en el Explorador de archivos, en cuadros de búsqueda y en aplicaciones básicas, lo que ha generado la sensación de que el sistema empuja estas funciones “con calzador”. No son pocos los usuarios que ven más ruido que utilidad real en esta proliferación de paneles y botones extra.

Otro factor clave es puramente técnico: los requisitos de hardware de Windows 11. La obligatoriedad de contar con TPM 2.0, Secure Boot y procesadores relativamente recientes deja fuera a un número considerable de ordenadores que, en la práctica, siguen siendo perfectamente válidos. Muchos equipos en hogares españoles o en pequeñas empresas europeas no pasan ese filtro, y forzar la instalación en dispositivos no compatibles se ha traducido en bloqueos, errores de actualización y un rendimiento peor del esperado.

  Cómo jugar Valorant sin TPM 2.0 fácilmente - Consejos y trucos

Frente a ese panorama, Windows 10 se percibe como un refugio más ligero y menos quisquilloso con el hardware. En ordenadores con unos años a sus espaldas arranca antes, consume menos recursos y no obliga a cambiar de máquina para tareas habituales como ofimática, navegación web o gestión de aplicaciones de negocio con cierta antigüedad.

Actualizaciones problemáticas: el gran talón de Aquiles de Windows 11

Si hay un elemento que ha terminado de minar la confianza en Windows 11 durante 2026, ese ha sido el de las actualizaciones con efectos secundarios no deseados. Lo que debería ser una rutina para mejorar seguridad y estabilidad se ha convertido en una fuente recurrente de quebraderos de cabeza.

La actualización identificada como KB5074109, desplegada a comienzos de año para corregir más de un centenar de vulnerabilidades, es el ejemplo más citado. Tras su instalación, se multiplicaron los reportes de fallos al utilizar conexiones de escritorio remoto, bloqueos al intentar apagar u hibernar el equipo y problemas en aplicaciones que dependen de servicios en la nube, como Outlook.

El incidente más grave vino de la mano de la temida pantalla azul de error UNMOUNTABLE_BOOT_VOLUME, que dejó a algunos PCs atrapados en un bucle de reinicios sin que el usuario medio supiera cómo salir de ahí. Microsoft acabó reconociendo que estos problemas afectaban de lleno a las ramas 24H2 y 25H2 del sistema y lanzó parches de emergencia, pero el daño a la percepción de fiabilidad ya estaba hecho.

Lejos de cerrar la herida, otras actualizaciones posteriores terminaron abriendo nuevos frentes. La compilación KB5074105, concebida para corregir errores anteriores, acabó generando fallos en componentes básicos como las cámaras web —especialmente en algunos modelos de Acer—, con parpadeos en videollamadas y comportamientos erráticos.

También se han documentado situaciones en las que desaparece el reloj de la pantalla de bloqueo o la barra de tareas deja de responder correctamente después de un reinicio. Son detalles que, tomados por separado, podrían parecer menores, pero que en conjunto alimentan la sensación de que cada parche es una lotería.

Actualizaciones en modo “vista previa” y una experiencia imprevisible

Una particularidad que ha contribuido a agravar estos problemas es la forma en que Windows 11 gestiona las actualizaciones en versión preliminar. Muchos usuarios tienen activada, a veces sin ser plenamente conscientes, la opción de recibir funciones y parches anticipados a través de Windows Update, lo que incrementa el riesgo de topar con errores todavía no pulidos.

Estas compilaciones marcadas como “vistas previas” pueden introducir cambios profundos en el sistema antes de que se hayan probado a gran escala. Cuando algo sale mal, el impacto en la productividad diaria es inmediato: herramientas que dejan de funcionar, reinicios inesperados, problemas con drivers gráficos o de sonido, etc.

En entornos profesionales o educativos, donde se depende del ordenador para trabajar a diario, esta dinámica genera un desgaste evidente. La percepción de que Windows 11 cambia demasiado y demasiado rápido, sin dar tiempo a comprobar si todo está en orden, ha llevado a algunos responsables de TI en España y otros países europeos a adoptar políticas más conservadoras o directamente a mantener Windows 10 mientras sea posible.

Este contexto también ha servido para que surjan apodos despectivos hacia la compañía y su sistema, una muestra del malestar acumulado en parte de la comunidad. La paciencia con las promesas incumplidas de “esta vez sí, ahora será más estable” parece haberse agotado en ciertos sectores.

IA por todas partes: Copilot y los cambios de interfaz que no terminan de convencer

Más allá de los fallos técnicos puros y duros, otro motivo de fricción ha sido la apuesta agresiva de Microsoft por integrar inteligencia artificial en todos los rincones de Windows 11. Copilot, la gran apuesta de la compañía, se ha desplegado en el sistema operativo, en el navegador y en aplicaciones básicas, en ocasiones sin que quede claro cuánto aporta en el uso real.

En versiones en pruebas como las asociadas a la futura rama 26H2 —ya asomando en el programa Insider a través de builds con referencias explícitas al paquete de habilitación 26H2— se han visto cambios como un Explorador de archivos con un panel lateral para interactuar con Copilot, una búsqueda clásica desplazada por la opción “Ask Copilot” y un centro de notificaciones que mezcla agenda, correo y sugerencias.

Al mismo tiempo, herramientas tradicionalmente sencillas como Paint o el Bloc de notas han recibido funciones basadas en IA, algo que parte de la comunidad considera excesivo para aplicaciones que se valoraban precisamente por su ligereza. El resultado, para muchos, es un sistema algo más recargado visualmente y con una curva de aprendizaje innecesaria para las tareas del día a día.

  Windows 10 llega al fin de su soporte: qué cambia y cómo prepararte

En España y en otros países de la Unión Europea, esta deriva se mezcla con una preocupación añadida: la privacidad y el control sobre los datos personales. La sensación de que Windows 11 recopila más información, muestra más sugerencias comerciales y coloca más servicios conectados por defecto no encaja demasiado bien con un entorno regulatorio donde el cumplimiento del RGPD y la transparencia son obligatorios.

En este contexto encaja la polémica de Windows Recall, una función concebida para registrar de forma casi continua lo que aparece en la pantalla del usuario y permitir búsquedas posteriores sobre esa “memoria” visual. Aunque en teoría podría mejorar la productividad, investigadores de seguridad y defensores de la privacidad han advertido de que acumular este tipo de información convierte al sistema en un objetivo muy atractivo para atacantes y plantea dudas sobre quién puede acceder a esos datos y en qué condiciones.

Microsoft pisa el freno: replanteo de Copilot y revisión de Recall

El volumen de críticas ha sido tal que la propia Microsoft ha tenido que recalibrar su estrategia con la inteligencia artificial en Windows 11. Pavan Davuluri, máximo responsable de Windows y Dispositivos, ha admitido que los mensajes recibidos desde la comunidad son insistentes: antes de seguir añadiendo funciones, hay que arreglar lo básico.

En la práctica, esto se ha traducido en un freno a la expansión de Copilot dentro del sistema. La compañía ha detenido el despliegue de nuevos accesos directos y botones del asistente en aplicaciones integradas, y está revisando si tiene sentido mantener determinadas presencias de la IA en herramientas tan simples como Paint o el Bloc de notas. El objetivo es evitar que el usuario sienta que la IA se le impone en cada esquina.

De manera paralela, funciones especialmente sensibles como Windows Recall se encuentran bajo revisión profunda. En la Unión Europea ni siquiera se ha llegado a lanzar oficialmente, y en otros mercados se estudian cambios importantes para que sea claramente opcional, con más controles sobre qué se guarda, durante cuánto tiempo y con qué nivel de cifrado.

Microsoft no quiere renunciar a la tecnología que hay detrás de Recall, pero se plantea reformularla o incluso rebautizarla si eso ayuda a hacerla más aceptable para el público general y para los reguladores. En cualquier caso, el simple hecho de que la compañía se vea obligada a dar marcha atrás ilustra hasta qué punto se ha tensado la cuerda con la integración de IA.

Este replanteo también ha implicado una redistribución interna de recursos: parte de los ingenieros que trabajaban en nuevas funciones vistosas de Copilot han pasado a centrarse en cuestiones más mundanas, como pulir el modo oscuro, modernizar componentes heredados y reducir fallos recurrentes que afectan al uso cotidiano.

Rendimiento, fiabilidad y experiencia de uso: el nuevo mantra de Windows 11

La compañía ha verbalizado de forma explícita cuál será su prioridad para los próximos meses: poner el foco en la estabilidad, el rendimiento y una experiencia de uso más limpia. La conclusión que extraen de la cascada de quejas es que la gente no está pidiendo más experimentos, sino menos sobresaltos.

Los usuarios y probadores del programa Insider repiten una y otra vez los mismos puntos: arranques más rápidos, apagados que no se queden colgados, menos bloqueos aleatorios tras instalar un parche y un escritorio menos saturado de avisos y promociones. Todo lo demás, incluidas muchas funciones de IA, queda en un segundo plano si esos cimientos no se refuerzan.

En el caso concreto de España y de buena parte de Europa, este mensaje se amplifica por el hecho de que una gran proporción del parque de ordenadores no es de última generación. Cada actualización que añade consumo de recursos o servicios en segundo plano se nota, y cuando el equipo empieza a ir más lento que antes, la sensación de frustración es inmediata.

A todo esto se suma el contexto económico global. En enero, las acciones de Microsoft llegaron a sufrir una corrección notable, con una pérdida de capitalización de cientos de miles de millones de dólares en pocas semanas. Aunque el negocio de la empresa sigue siendo sólido, algunos inversores han empezado a mirar con lupa el ritmo de gasto en proyectos de IA y a preguntar si se está generando valor real o solo expectativas.

Ese doble frente —usuarios molestos e inversores más exigentes— ha forzado un cambio de tono en la narrativa de Redmond. El discurso ya no se limita a “la IA lo cambiará todo”, sino que incorpora un componente de autocrítica: hay que escuchar mejor, priorizar lo esencial y reducir el número de funciones que parecen lanzadas con prisas.

  Windows 11 25H2 apuesta fuerte por el rendimiento y la estabilidad

Windows 10 como refugio: menos novedades y más tranquilidad

Mientras tanto, Windows 10 se ha asentado como la opción que ofrece menos sorpresas. No presume de grandes innovaciones, ni de asistentes integrados en cada recoveco, pero esa misma falta de novedades lo convierte en una apuesta segura para quienes solo quieren encender el PC y ponerse a trabajar sin complicaciones.

En el ámbito empresarial europeo, muchos equipos siguen funcionando bajo Windows 10. Las grandes organizaciones valoran la previsibilidad: los departamentos de TI conocen bien el sistema, las aplicaciones corporativas se comportan de forma estable y la interfaz apenas ha variado en los últimos años. Aunque el soporte estándar haya terminado, existen programas de soporte extendido de pago que permiten seguir recibiendo parches críticos, algo que numerosas compañías están dispuestas a asumir como coste adicional.

En el terreno doméstico, la situación es algo más diversa, pero la tendencia es parecida. Hay usuarios que probaron Windows 11 y, tras sufrir problemas o no adaptarse a la nueva interfaz, decidieron volver atrás. El propio proceso de “desactualizar” no siempre es sencillo, pero quienes lo han hecho suelen mencionar una sensación de alivio al recuperar un entorno conocido.

Otro punto a favor de Windows 10 es que funciona mejor en equipos con hardware más modesto. No todos los hogares españoles renuevan su ordenador con frecuencia, y la posibilidad de seguir utilizando un portátil de hace varios años con un sistema que “simplemente va bien” resulta muy atractiva frente a la perspectiva de invertir en una máquina nueva solo para estar al día.

Resulta llamativo que, en plena fiebre por la IA y los servicios en la nube, una parte de la base de usuarios esté apostando por un sistema operativo más clásico, predecible y discreto. Pero ese contraste refleja bastante bien el clima actual: la innovación no se percibe como un avance si viene acompañada de inestabilidad, intrusividad o una curva de adaptación que muchos no ven justificada.

Competencia al acecho y confianza en entredicho

El desgaste que sufre Windows 11 también ha dado margen para que otras plataformas ganen visibilidad. En el campo del juego en PC, distribuciones como SteamOS, basadas en Linux, demuestran que es posible ofrecer experiencias de calidad sin depender de Microsoft. Y en el ámbito profesional, macOS mantiene su atractivo para perfiles creativos y de oficina, apoyado en un ecosistema de hardware integrado.

Al mismo tiempo, Linux empieza a ser una alternativa real para ciertos tipos de usuarios avanzados, especialmente aquellos que valoran la transparencia, el control sobre el sistema y la ausencia de bloatware. Aunque sigue lejos de ser mayoritario, el hecho de que haya más personas dispuestas a probarlo se debe, en parte, a la sensación de saturación que produce Windows 11.

En este contexto, la frase que pronunció en su día Satya Nadella —el deseo de que la gente pasara de “necesitar Windows a elegirlo y amarlo”— suena hoy algo lejana. Una parte de la comunidad siente que Windows 11 se le ha impuesto más que ofrecido, sobre todo por la forma en que se han impulsado ciertas actualizaciones y por la insistencia en que el usuario adopte funciones que no siempre quiere ni le resultan útiles.

Desde la propia compañía se insiste en la idea de “reconstruir la confianza junto a la comunidad de Windows”. Eso implica prometer menos y cumplir más, lanzar menos novedades vistosas y centrarse en que lo que ya existe funcione como debe. También supone afinar mejor los programas de prueba para que los errores graves no lleguen al canal general con tanta facilidad.

La fotografía que dejan los últimos meses es bastante elocuente: Windows 10 gana usuarios pese a haber agotado su soporte estándar, mientras Windows 11 pelea por recuperar credibilidad tras una sucesión de actualizaciones problemáticas y una integración de IA que muchos ven como excesiva. Qué versión termine imponiéndose en 2026 y más allá dependerá en gran medida de que Microsoft consiga que su sistema más reciente ofrezca, al menos, la misma sensación de solidez y confianza que su predecesor, algo que a día de hoy todavía está en construcción.

analisis de hardware
Artículo relacionado:
Análisis de hardware del PC: guía completa de diagnóstico y prevención