- Cat Quest nació como action RPG accesible y ha evolucionado en una trilogía coherente con identidad propia.
- La jugabilidad se basa en combates en tiempo real sencillos, progreso ágil y un mundo compacto repleto de humor gatuno.
- Cat Quest II añadió cooperativo con perros y más profundidad sin perder claridad; Cat Quest III amplió la escala con ambientación pirata.
- La saga se ha consolidado como referencia indie “cozy”, con comunidad fiel y alto reconocimiento en críticas pese a sus limitaciones.
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Hay sagas que nacen con la ambición de convertirse en superproducciones y otras que, como Cat Quest, se cuelan de puntillas en tu biblioteca y acaban haciéndose un hueco permanente en tu memoria. Lo que empezó como un proyecto modesto de un pequeño estudio indie se ha transformado en una franquicia de tres juegos que mezcla gatos, humor y rol de acción accesible para casi cualquier tipo de jugador.
En este análisis especial estilo Pixel Sundays vamos a repasar toda la trayectoria de Cat Quest: desde el primer título para móviles hasta la aventura pirata de la tercera parte, pasando por el cooperativo con perros de Cat Quest II, su contexto dentro de la escena indie, el rendimiento técnico, lo mejor y lo peor de cada entrega y por qué se ha consolidado como un “cozy action RPG” ideal tanto para veteranos como para quienes apenas pisan el género.
El origen de Cat Quest: cómo un sueño indie se hizo saga
La primera entrega de Cat Quest vio la luz en 2017, debutando en macOS, Windows, iOS y Android, para posteriormente dar el salto a Nintendo Switch y PlayStation 4. Surgió de la mano de The Gentlebros, un estudio muy pequeño que ya había sido premiado por su juego móvil Slashy Hero, y que aquí decidió dar un paso más con un action RPG de mundo abierto protagonizado por gatos.
Desde el principio, la idea del estudio fue crear un RPG de acción inmediatamente comprensible, sin necesidad de largas explicaciones ni complejos árboles de habilidades. Se inspiraron en clásicos como The Legend of Zelda y en la sensación de botín directo de Diablo, pero filtrado por un prisma mucho más ligero, colorido y desenfadado que se adaptase bien a sesiones cortas propias del móvil.
El origen móvil se nota en muchos elementos: los controles son muy claros, todo responde rápido, las partidas se pueden jugar en ratos cortos y el flujo de juego es inmediato. No hay cinemáticas interminables ni menús farragosos; en pocos minutos ya estás explorando un mapa compacto, entrando en mazmorras y probando hechizos sin sentirte abrumado.
Aunque el presupuesto de marketing fue modesto, el boca a boca y las críticas positivas hicieron su trabajo. El primer Cat Quest cosechó alrededor de un 95 % de reseñas positivas en Steam con miles de valoraciones, se llevó premios como “mejor juego de rol y aventuras” y “mejor diseño de arte” en Intel Level Up 2017, además de un 89/100 en Metacritic para iOS, consolidando el nombre del estudio y logrando atención en eventos como The Game Awards.
Historia, mundo y tono del primer Cat Quest
La trama de Cat Quest arranca con un gato protagonista anónimo que navega junto a su hermana cuando irrumpe un misterioso gato blanco, secuestra a la hermana y destruye el barco. Mientras nuestro héroe está inconsciente, se revela en su nuca una marca púrpura en espiral y aparece un espíritu gatuno llamado Spirry, que actuará como su guía.
Despertamos en Felinia (Felingard en inglés), un reino poblado por felinos antropomórficos en el que descubrimos que el héroe es un “sangredragón”, miembro de una antigua casta de gatos guerreros capaces de usar magia y que en el pasado derrotaron a los dragones que asolaban el mundo. Esa estirpe desapareció misteriosamente, y ahora los dragones regresan justo cuando nuestro personaje llega para reclamar a su hermana.
El villano, el gato blanco Drakoth, se revela también como un sangredragón y propone un trato envenenado: si el protagonista derrota a todos los dragones del reino, le devolverá a su hermana. A partir de aquí, la aventura nos lleva a recorrer pueblos, cuevas, ruinas y ciudades, con misiones principales que desvelan el misterio de los sangredragón y misiones secundarias que amplían el lore con disputas familiares, ladrones, magos y viejas rencillas.
A pesar de que la base argumental es bastante típica —amenaza de dragones, elegido con poder especial, hermana secuestrada—, el juego consigue darle vida gracias a su tono ligero repleto de chistes gatunos, referencias a cine, series y otros videojuegos, y una colección de pueblitos y personajes excéntricos que convierten el viaje en algo más simpático de lo que su sinopsis sugiere.
Jugabilidad de Cat Quest: acción, sencillez y ritmo ágil

Jugablemente, Cat Quest es un action RPG en tiempo real visto desde una perspectiva isométrica. Con mando o teclado, disponemos de un botón para atacar con el arma, otro para rodar/esquivar y cuatro botones traseros o adicionales para asignar hechizos. Nada de clases complejas, builds rebuscadas ni sistemas enrevesados: la clave está en moverse bien y pulsar en el momento justo.
Todos los enemigos telegrafían sus ataques mediante zonas rojas en el suelo, ya sean círculos, líneas o áreas más amplias. Si sales de esa zona a tiempo, no te golpean; si te quedas, sufrirás daños que pueden ser letales si el enemigo está bastantes niveles por encima. Esta lectura visual de los combates mantiene la acción clara y evita la sobrecarga de efectos.
En cuanto al progreso, el protagonista tiene un nivel general que sube con experiencia, obtenida tanto por derrotar monstruos como por completar misiones secundarias. Estas misiones se aceptan en tablones de anuncios repartidos por las ciudades, suelen contar mini-historias propias y te recompensan con cantidades generosas de oro, equipo e incluso habilidades clave.
El equipo está dividido en armas y armaduras que alteran cuatro estadísticas: vida, armadura (funciona como una vida adicional que se regenera), daño físico y daño mágico. Cada pieza tiene un nivel asociado que sube automáticamente cuando obtienes duplicados, fusionando el objeto en tu inventario y mejorando sus números sin tener que gestionar inventarios abarrotados ni ventas constantes.
La magia, por su parte, se aprende y mejora en templos arcanos repartidos por el mapa. Allí gastas oro para desbloquear hechizos como círculos de fuego, rayos horizontales, pilares de hielo o curaciones. Cada enemigo tiene resistencias y debilidades diferentes: a criaturas de hielo les hará mucho más daño el fuego, mientras que algunos magos apenas sufren con hechizos pero caen rápido a golpes físicos.
El uso de hechizos consume maná, que se recupera golpeando cuerpo a cuerpo, lo que incentiva un ciclo constante de ataque físico y lanzamiento de magia. Es un sistema simple pero efectivo, con margen para ajustar tu estilo en función del equipamiento y los hechizos que priorices, aunque es cierto que algunos conjuros iniciales pueden resultar demasiado eficientes y llevarte casi todo el juego con ellos.
Mazmorras, misiones secundarias y estructura del mundo
El mapa de Cat Quest funciona a modo de gran overworld 2D en el que los personajes son grandes y las ciudades minúsculas, casi como si estuvieras jugando encima de un tablero ilustrado. Por el mapa se reparten cuevas y ruinas que actúan como mazmorras autoconclusivas con un nivel recomendado visible antes de entrar.
Cada mazmorra suele tener un objetivo muy directo: limpiar la zona de enemigos y abrir cofres. La primera vez obtienes un botín final más jugoso, pero puedes volver a repetirlas todas las veces que quieras para seguir ganando experiencia y algo de oro, aunque el loot clave no se regenera. Algunas incluyen caminos secretos o bifurcaciones ocultas, pero en general son bastante sencillas a nivel de diseño.
La colocación de estas cuevas en el mapa no siempre sigue una lógica estricta; es habitual encontrar mazmorras de nivel 25 junto a otras de nivel 60, lo que obliga a fijarse en el número antes de entrar. La progresión está pensada para que vayas alternando entre principales y secundarias, revisitando zonas de vez en cuando cuando tu nivel ya permita arrasar sin problemas.
Las misiones secundarias, pese a sus historias simpáticas y al buen puñado de chistes y referencias, pecan de ser muy repetitivas. La gran mayoría se resumen en ir a un punto marcado con una flecha o líneas discontinuas, derrotar a unos cuantos enemigos invocados por un hechizo en el suelo o limpiar una cueva concreta; se repite esta estructura una y otra vez.
Algunas cadenas de misiones aprovechan esta repetición para contar pequeñas tramas interesantes o con moraleja, pero se notan las costuras cuando te ves yendo de una punta del mapa a otra constantemente para hacer recados entre dos personajes que viven lejos. Más adelante desbloqueas la habilidad de volar, que acelera muchísimo los trayectos, pero lo normal es que ya hayas sufrido esos paseos antes.
Dificultad, calidad de vida y guardado de partida
La dificultad de Cat Quest se podría definir como un equilibrio tirando a lo fácil. Si te mantienes dentro de misiones y mazmorras del nivel adecuado, raras veces morirás y, aun cometiendo errores, el juego es bastante permisivo; en cambio, cuando te atreves con zonas varios niveles por encima, cualquier descuido puede costarte casi toda la barra de vida.
Los enemigos comparten los mismos tipos de hechizos que tú puedes aprender, lo que hace que sea sencillo leer sus patrones y anticipar ataques. La sensación de progresión de nivel y habilidades es muy natural: subes puntos casi sin darte cuenta, desbloqueas hechizos de forma orgánica y nunca hace falta detenerse a grindear de forma agresiva si sueles aceptar las misiones de los tablones.
En cuanto al guardado, el título no permite salvar en cualquier momento, sino que hay que dormir en las posadas de las ciudades, donde también recuperas vida, armadura y maná. No obstante, si mueres durante una misión, reapareces en el punto de inicio de esa misión, con lo que el castigo es suave y evita pérdidas largas de progreso.
Como juego de corte ligero, dura aproximadamente entre 4 y 7 horas si vas a un ritmo normal y dedicas tiempo a las secundarias más interesantes. Eso lo convierte en una propuesta ideal para intercalarla entre títulos más densos o largos, sin perder la sensación de haber vivido una aventura “completa” al terminar.
Apartado artístico, rendimiento y localización
A nivel visual, Cat Quest apuesta por un estilo 2D muy colorido, con terrenos y edificios que recuerdan a la acuarela, personajes y elementos como árboles o arbustos dibujados con un trazo grueso tipo cartoon, y una interfaz que delata sus orígenes móviles. Es un enfoque deliberadamente alejado del realismo, lo que le permite envejecer mucho mejor con el paso de los años.
El uso del color es funcional y amable, ayudando a leer el mapa de un vistazo y distinguiendo claramente iconos, rutas y zonas peligrosas. La interfaz se mantiene limpia y reducida, evitando llenar la pantalla de indicadores innecesarios, algo especialmente agradecido cuando se juega en portátil o en sesiones largas.
En lo técnico, es un juego ligero que corre a 60 FPS en equipos modestos, requiere muy poco espacio en disco (unos 250 MB) y, en general, no presenta problemas de bugs ni caídas de rendimiento significativas; si te interesa cómo influirá DirectStorage en los juegos, ese texto explica las promesas y realidades técnicas. Las opciones gráficas son básicas —fundamentalmente la resolución—, pero suficientes para lo que propone visualmente.
El audio acompaña muy bien la experiencia, con una banda sonora aventurera sustentada en la percusión que refuerza el espíritu de viaje constante por el overworld y las cuevas. El mayor pero es la escasez de temas: se repiten bastante, sobre todo el del mapa general, y es fácil acabar algo cansado de escucharlos después de varias horas.
La localización al castellano tiene luces y sombras. Por un lado, brilla en la creación de juegos de palabras “miauravillosos” con nombres de ciudades, expresiones gatunas y formas de hablar particulares para algunos personajes, que aportan mucha personalidad al mundo. Por otro, la traducción arrastra errores de puntuación en interrogativas y exclamativas, así como algún fallo puntual con los espacios entre palabras, detalles que pueden confundir o sacar un poco de la lectura.
Lo mejor y lo peor del primer Cat Quest
Entre los puntos más destacados está la enorme cantidad de referencias a películas, series y videojuegos, algunas muy evidentes —menciones directas a Juego de Tronos, guiños al Rey León o a Twin Peaks— y otras más sutiles, como la gata arqueóloga Cara Loft, clara parodia de Lara Croft. Este humor metarreferencial, unido a los chistes de gatos, ayuda a mantener una sonrisa constante.
También sobresale la forma en que el juego alimenta el lore del mundo a través de misiones principales y secundarias, ruinas repartidas por el mapa y restos de dragones que insinúan una historia mayor. La recta final, sin entrar en spoilers, sorprende con giros bien ejecutados y alguna moraleja que se gana por derecho propio.
En el lado negativo, se nota que es un proyecto modesto en la escasa variedad de modelos de personajes y enemigos. Los habitantes de los pueblos se repiten constantemente, los hechiceros comparten el mismo sprite y muchos monstruos reciclan aspecto cambiando simplemente la paleta de colores, algo que afecta incluso a varios dragones importantes.
La repetitividad de las misiones secundarias y de buena parte de las mazmorras también lastra un poco la experiencia, a pesar del carisma de sus historias. Y aunque la ligereza jugable es uno de sus encantos, quienes busquen un desafío profundo en el terreno del action RPG pueden encontrarlo demasiado simple y poco exigente a medio plazo.
El salto de calidad: Cat Quest II y el cooperativo con perros
Tras el éxito creciente de la primera entrega, The Gentlebros lanzó Cat Quest II en 2019, esta vez apuntando directamente a PC y consolas con la idea clara de potenciar el juego en sofá con mando. El resultado fue una secuela que se siente menos como una simple ampliación y más como un desarrollo lógico de la fórmula, con mejoras técnicas y jugables notables.
Lo más llamativo es la introducción del cooperativo local, completamente opcional pero muy bien integrado. Dos jugadores pueden compartir pantalla sin complicaciones, uno controlando a un gato y el otro a un perro, en una aventura que explora el conflicto (siempre humorístico) entre el reino felino y el reino canino.
El ritmo del juego y el diseño de los enemigos se ajustan para favorecer la cooperación: se amplían las variantes de criaturas, se afinan los patrones de ataque y se introducen estructuras de habilidades con más libertad sin renunciar a la claridad. La accesibilidad se mantiene, pero hay margen adicional para experimentar y coordinar roles con tu compañero de partida.
A nivel técnico, la secuela da un paso al frente con mejor rendimiento, animaciones más fluidas y efectos más legibles. El mundo se hace algo más complejo, con más biomas y zonas mejor interconectadas, lo que contribuye a que las misiones se sientan menos aisladas y el conjunto gane cohesión.
La recepción fue de nuevo muy positiva: Cat Quest II alcanzó alrededor de otro 95 % de reseñas favorables en Steam, demostrando que la fórmula seguía funcionando y que el añadido del cooperativo había sido una decisión acertada para familias, parejas y grupos de amigos que buscaban una experiencia relajada a pantalla partida.
Cat Quest III: piratas, mundo abierto marino y ambición felina
En 2024 llegó Cat Quest III (también conocido como Cat Quest: Pirates of the Purribean), que lleva la saga a un nuevo escenario marino. Dejamos de lado el tono medieval clásico de las dos primeras entregas para abrazar una ambientación pirata en un archipiélago llamado Purribean, lleno de islas, tesoros y enemigos por tierra y mar.
Encarnamos de nuevo a un gato perteneciente al linaje de los Buscantes, aventureros encargados de proteger la estrella polar de los piratas de la región. La trama, sencilla pero efectiva, nos enfrenta al Rey Pi-rat y sus secuaces, mezclando aventura ligera, humor constante y una dinámica de exploración mucho más abierta que en anteriores títulos.
Uno de los cambios clave es la importancia de la navegación marítima. Por primera vez, el barco se convierte en pieza central de la jugabilidad: surcamos el mar, combatimos contra otros navíos a base de cañonazos, buscamos secretos ocultos en pequeñas islas y gestionamos trayectos que conectan un mapa bastante más amplio y denso.
El sistema de combate mantiene la base accesible, pero la tercera parte añade más matices y variedad: se combinan ataques cuerpo a cuerpo, ataques a distancia y magia con un abanico mayor de habilidades y posibilidades de personalización del equipo. Esto permite adaptar mejor el estilo de juego a cada jugador y a los distintos tipos de enemigos y jefes especiales.
La exploración también da un salto importante. El nuevo mapa está diseñado como una región expansiva y bien interconectada, en la que siempre hay algo que hacer: personajes interesantes que conocer, puzles a resolver, cofres escondidos, islas secretas y misiones con giros simpáticos. El ritmo está muy cuidado para que en unas 10-12 horas apenas haya respiro entre combate, historia y descubrimientos.
Eso sí, no todo brilla por igual. Las batallas navales, pese a su peso temático, resultan algo más sencillas y con menos profundidad de lo que cabría esperar, ya que se basan prácticamente en posicionar el barco para dejar a tiro a los enemigos y machacarles a cañonazos, sin demasiada capa estratégica adicional.
Diseño rolero, progreso y apartado audiovisual en Cat Quest III
El componente rolero en Cat Quest III se ve reforzado con un sistema de progresión más ambicioso. Seguimos subiendo niveles de forma clásica, pero el diseño del mapa y de las misiones guía mejor al jugador sobre dónde puede ir o dónde aún no está preparado, integrando ese “muro de nivel” dentro del propio desarrollo de la historia.
El equipamiento y las mejoras ganan profundidad respecto a las entregas anteriores, permitiendo crear configuraciones bastante potentes. De hecho, algunos objetos y combinaciones están algo desequilibrados de lo eficaces que resultan, lo que reduce un poco la exigencia de ciertos combates si decides aprovecharlos al máximo.
Visualmente, el salto es muy notable: el juego mantiene la identidad 2.5D isométrica de la serie, pero la variedad de escenarios, la iluminación y el colorido están muy trabajados. Las islas, las ciudades portuarias, el propio mar y los personajes lucen un nivel de mimo que hace que cada zona sea agradable de explorar y de revisitar.
Las animaciones de personajes y enemigos, junto con los efectos de hechizos y cañonazos, refuerzan la sensación de aventura dinámica sin caer en el caos visual. La banda sonora acompaña con temas que encajan muy bien con la temática pirata y el tono aventurero, mientras que los efectos de sonido y la ambientación completan una experiencia audiovisual muy redonda.
El resultado general es una tercera parte más grande, variada y profunda que sus predecesoras, hasta el punto de que muchos jugadores y críticos la consideran la entrega más completa de la franquicia. En Steam también luce un altísimo porcentaje de reseñas positivas, alrededor del 94 %, aunque lógicamente con un volumen de jugadores menor por ser la más reciente.
Estilo artístico, humor y sensación de atemporalidad
Uno de los mayores logros de la serie Cat Quest es haber apostado, desde el principio, por un estilo artístico intencionadamente sencillo pero lleno de personalidad. El uso de formas simplificadas, líneas claras y una paleta de colores muy viva hace que los juegos sigan viéndose frescos años después de su lanzamiento.
Al no perseguir el realismo ni los últimos efectos de moda, la franquicia no depende de tendencias técnicas específicas, por lo que envejece mucho más despacio. Esto se nota especialmente al comparar el primer juego con el tercero: hay una evolución evidente, pero los tres comparten una identidad visual coherente que los hace reconocibles al instante.
El humor, a base de juegos de palabras gatunos, referencias y situaciones paródicas, impregna toda la experiencia. Lejos de ser un mero adorno, forma parte de la estructura misma de misiones, diálogos y nombres de lugares, dando lugar a una localización creativa y muy juguetona que muchos jugadores recuerdan casi tanto como los combates.
A pesar de este tono desenfadado, los juegos saben cuándo ponerse algo más serios y colocar escenas con carga emocional o giros de guion inesperados. Nunca llegan a ser historias oscuras ni trágicas, pero sí ofrecen momentos de sorpresa y pequeñas reflexiones envueltas en un envoltorio amable y familiar que funciona igual de bien para niños que para adultos.
Cat Quest dentro del panorama indie y su comunidad
La franquicia Cat Quest se ha ganado un lugar propio como alternativa ligera a los grandes monstruos del RPG. Frente a títulos gigantescos, repletos de sistemas y de decenas de horas obligatorias, aquí la apuesta está en la claridad, el ritmo ágil y la posibilidad de jugar un rato sin sentir que tienes deberes pendientes.
En este sentido, la saga encaja de lleno en la etiqueta de “cozy game” con ADN de action RPG: hay combate, progreso y jefes, pero el foco no está en el desafío extremo sino en la comodidad, la exploración sin estrés y el puro placer de ver números subir mientras te ríes con un chiste malo de gatos.
En móviles, Cat Quest demostró que un indie premium sin modelo free to play podía funcionar muy bien si ofrecía una experiencia cuidada y honesta. En consolas y PC, se ha consolidado como una apuesta segura para quien busca un juego de rol ligero pero bien diseñado, una especie de “puente” hacia producciones más grandes o como descanso entre ellas.
Con el tiempo, la serie ha creado una comunidad pequeña pero muy fiel, especialmente activa en redes con fan art, cómics y memes. El tono positivo de los juegos, junto al cooperativo de la segunda y tercera entrega, fomenta la cooperación sobre la competitividad, algo que se traslada también a cómo se habla de la saga y cómo se comparte contenido en streaming.
Aunque nunca ha sido una franquicia dominante en ventas ni en presencia mediática, su constancia, su evolución coherente y su capacidad para atraer tanto a nuevos jugadores como a quienes ya llevan años en el hobby la han convertido en un referente discreto pero muy respetado dentro del panorama indie actual.
La trayectoria de Cat Quest deja claro que no hace falta aspirar a ser un AAA para dejar huella: con un corazón muy claro, un enfoque centrado en la accesibilidad, un humor constante y una progresión bien medida, The Gentlebros ha levantado una saga que crece con cada entrega, se atreve a experimentar con cooperativo y piratas sin perder su esencia y se mantiene como una de las propuestas más agradables y asequibles dentro del rol de acción moderno.