- Negociación abierta: OpenAI estudia comprar TPU de Google, después de haber alquilado estos chips desde 2025.
- Diversificación: la compañía busca alternativas a Nvidia, pero no ha confirmado que vaya a dejar de comprar sus GPU.
- Google gana peso: sus TPU se presentan como una opción más económica para cargas de inteligencia artificial.
- Nvidia mantiene pulso: su demanda sigue siendo alta y la oferta, limitada, dentro del contexto del sector.
OpenAI está tanteando la compra directa de procesadores de Google, una operación que supondría un paso más en una relación que hasta ahora pasaba, sobre todo, por el alquiler de capacidad de cálculo. La compañía ya venía usando TPU de Google en régimen de arrendamiento desde 2025, y ahora estudia hacerse con estas unidades para ampliar su infraestructura. La negociación sigue abierta y tampoco se conocen precios, volúmenes ni calendario.
El movimiento encaja en una estrategia de diversificación. OpenAI no quiere depender en exclusiva de las GPU de Nvidia, pero no hay confirmación de que vaya a dejar de comprar al fabricante liderado por Jensen Huang. Sus planes de centros de datos siguen incluyendo hardware de Nvidia y la demanda de estos aceleradores continúa siendo muy alta.
TPU, GPU y una batalla por el cálculo
Conviene separar conceptos. Las TPU son procesadores diseñados por Google para cargas de inteligencia artificial; las GPU de Nvidia nacieron para gráficos, aunque se han convertido en herramienta habitual para entrenar y ejecutar modelos. Ambas familias pueden servir para IA, pero no son intercambiables sin más: cambian la arquitectura y el software necesario. Ahí está parte del interés de OpenAI por abrir el abanico de proveedores.
- Suministro múltiple: OpenAI podría combinar TPU de Google y GPU de Nvidia según la necesidad de cada carga de trabajo.
- Alquiler previo: la relación no parte de cero; ya había capacidad arrendada desde 2025.
- Venta directa: Google ha empezado a vender TPU a clientes seleccionados, no solo a usarlas en su nube.
- Dependencia de Nvidia: el objetivo es reducir exposición, no romper necesariamente con su principal proveedor.
Qué gana cada parte
Para Google, abrir la puerta a OpenAI tiene sentido económico. Sus TPU llevan tiempo ganando atractivo como alternativa a las GPU de Nvidia, sobre todo cuando las empresas buscan opciones menos costosas o quieren evitar cuellos de botella de suministro. Vender chips a otra gran empresa de IA puede sonar llamativo, pero también consolida una relación comercial que ya existía mediante alquiler.
OpenAI, por su parte, busca margen de maniobra. Tener acceso a TPU le permitiría diversificar su infraestructura y ajustar costes, aunque no hay datos públicos sobre cuántos procesadores compraría ni para qué modelos los usaría. Tampoco se sabe si sustituiría parte de sus GPU o si simplemente añadiría capacidad adicional.
Nvidia no está fuera de juego
Sería tentador leer el posible acuerdo como una derrota para Nvidia, pero el tablero es más complejo. La compañía sigue teniendo más pedidos que chips disponibles, de modo que un cliente que recurre a otro proveedor no necesariamente le resta ventas. La demanda global supera la oferta, y eso da cierto colchón al fabricante.
Además, OpenAI mantiene compromisos relevantes con Nvidia y sus planes de computación no se entienden sin GPU. La compra de TPU encajaría más en una estrategia de suma que en una sustitución total: más proveedores para un mismo objetivo, que no es otro que entrenar y ejecutar modelos cada vez más exigentes.
Europa y España, a la espera
En el caso de España y el resto de Europa, no hay detalles sobre un despliegue concreto de estas compras. La lectura útil está en el mercado: si Google logra colocar más TPU fuera de sus centros de datos, la competencia por capacidad de cálculo podría moverse y las empresas europeas tendrían más alternativas a las GPU de Nvidia. Eso no cambiará el sector de la noche a la mañana, pero sí puede influir en precios y disponibilidad.
Lo que aún falta por saber
Quedan incógnitas de peso. No se conocen las condiciones del acuerdo, el número de unidades, el calendario de entrega ni el impacto real en los planes de OpenAI. También está por ver si la operación se limita a una compra puntual o si se convierte en una relación estable de suministro. De momento, los indicios apuntan a una apertura de proveedores, no a un cambio radical de proveedor.
La posible compra de TPU de Google por parte de OpenAI refleja un cambio de fondo: la IA necesita cada vez más capacidad de cálculo y las empresas buscan no quedarse atadas a un único fabricante. Google ganaría clientes para sus chips, OpenAI ganaría margen para negociar y Nvidia seguiría siendo un proveedor central mientras su producción no cubra toda la demanda. La clave será ver hasta dónde llega el acuerdo y si esa diversificación se traduce en precios más competitivos y más opciones para el ecosistema.

