- El descubrimiento de un océano global bajo la corteza helada de Mimas cambia la percepción de este satélite como una roca estéril.
- Este mar interior es sorprendentemente joven, habiéndose formado hace millones de años, lo que lo convierte en un laboratorio ideal para la astrobiología.
- El hallazgo se basó en el análisis de la órbita del satélite y datos de la sonda Cassini, descartando que su comportamiento se debiera a un núcleo deformado.
Si alguna vez has mirado una foto de Mimas, probablemente te haya parecido que alguien puso un decorado de Star Wars en el espacio. Esta pequeña luna de Saturno es famosa por tener un aspecto que clava la estética de la Estrella de la Muerte, principalmente debido a un cráter colosal y su tono grisáceo que la hacen parecer una estación espacial sacada de la pantalla grande.
Durante muchísimo tiempo, los astrónomos pensaron que Mimas no era más que una bola de roca y hielo muerta, sin ninguna actividad interesante que contar. Sin embargo, la ciencia acaba de darnos un giro de guion espectacular: debajo de esa superficie desolada y llena de agujeros, se esconde un océano de agua líquida que cambia por completo las reglas del juego.
El misterio del océano joven
Lo más alucinante de este descubrimiento es que no estamos hablando de un mar antiguo que ha estado ahí desde el principio de los tiempos. Según los datos publicados en la revista Nature, este océano es relativamente joven, habiéndose gestado hace aproximadamente entre 5 y 25 millones de años. Para que nos hagamos una idea de lo reciente que es esto a escala cósmica, en la Tierra hace 30 millones de años ya no había dinosaurios y los mamíferos empezaban a tomar el control del planeta.
Este cuerpo de agua no es un charco insignificante, sino que representa cerca del 50% del volumen total del satélite. Se encuentra resguardado bajo una gruesa capa de hielo que oscila entre los 20 y 30 kilómetros de espesor. Esta coraza fue precisamente la que hizo que el mar interior pasara desapercibido durante las visitas de la sonda Cassini, ya que a diferencia de Encélado, Mimas no lanza chorros de agua al espacio que delaten su secreto.
¿Cómo se descubrió este secreto?
El hallazgo no fue cuestión de suerte, sino de analizar el baile orbital de Mimas. Un equipo de investigadores, liderados por el Dr. Valery Lainey, se puso a estudiar la relación entre el movimiento de la luna y ciertos objetos en la división de Cassini de los anillos de Saturno. Notaron que Mimas tenía un movimiento extraño, una especie de deriva de periapsis que no cuadraba con los modelos habituales.
Al principio, los científicos barajaron dos opciones: o bien el núcleo de la luna tenía una forma oblonga (parecida a un balón de rugby), o bien existía una masa de agua líquida en su interior. Tras pasar los datos por supercomputadoras y realizar simulaciones precisas, la balanza se inclinó totalmente hacia la existencia del océano. Toda esta investigación fue posible gracias a la información recopilada por la sonda Cassini entre 2004 y 2017.
Comparativa: Mimas frente a Encélado

Este descubrimiento convierte a Mimas y Encélado en una especie de lunas gemelas, ya que ambas comparten el rasgo de tener superficies heladas que ocultan agua líquida y tamaños similares (Mimas mide unos 400 km de diámetro y Encélado unos 500 km). Pero ojo, que no son idénticas, ya que sus motores internos funcionan de forma distinta:
- Encélado: Genera calor mediante fuerzas de marea en su núcleo rocoso, provocando que el hielo se derrita y salgan géiseres.
- Mimas: La energía térmica proviene del movimiento ondulatorio del agua, el mismo que afecta su órbita.
Mientras que Encélado es brillante y activa, Mimas es el satélite con más cráteres de todo el sistema, destacando el cráter de Herschel, bautizado así en honor a William Herschel, quien descubrió la luna en 1789.
La búsqueda de vida extraterrestre
Lógicamente, donde hay agua, los astrobiólogos empiezan a emocionarse. Aunque decir que hay vida en Mimas sería adelantarse mucho, ya que se necesitan otros factores como moléculas prebióticas y millones de años de estabilidad, el satélite se ha vuelto un objetivo prioritario. Nick Cooper, uno de los autores del estudio, señala que Mimas es el candidato idóneo para entender cómo nacen los océanos en lunas heladas y cómo podrían surgir las condiciones para la vida.
El hecho de que existan mares internos en cuerpos que por fuera parecen desiertos helados sugiere que los océanos subterráneos son mucho más comunes en el sistema solar de lo que imaginábamos. Esto amplía enormemente el catálogo de lugares donde podríamos buscar rastros de actividad biológica, aunque sea a nivel microscópico.
Mimas ha pasado de ser una simple roca con forma de estación espacial a convertirse en un mundo dinámico con un mar interior recién formado. Gracias a la combinación de datos de la sonda Cassini y simulaciones avanzadas, ahora sabemos que su superficie craterizada oculta una masa de agua líquida que podría darnos las claves sobre el origen de los océanos en nuestro propio planeta y en otros confines del espacio.