- La Comisión Europea presenta la 'EU Kids Act', que prohíbe las redes sociales a menores de 13 años.
- Entre 13 y 15 años, los menores solo podrán usar 'minicuentas' supervisadas por los padres con un máximo de una hora diaria.
- Las plataformas deberán demostrar que son seguras, invirtiendo la carga de la prueba.
- España plantea una edad mínima superior (16 años), mientras que Australia ya ha aplicado una prohibición total.
La Unión Europea ha decidido plantar cara a los gigantes tecnológicos con una medida contundente. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha presentado este miércoles una propuesta legislativa destinada a vetar el acceso a las redes sociales a los menores de 13 años en todo el territorio comunitario.
La normativa, bautizada como ‘EU Kids Act’, llega en un momento de máxima presión social y política. Europa busca poner freno a los diseños adictivos y proteger la salud mental de los más jóvenes, aunque el camino no estará exento de debate, especialmente porque España ya plantea una medida incluso más estricta.
Un acceso gradual y supervisado por edades
La propuesta de Bruselas introduce un sistema escalonado. Los menores de 13 años tendrán prohibida la creación de cualquier perfil en redes sociales. Entre los 13 y los 15 años, solo podrán acceder mediante las denominadas «minicuentas», que deberán ser creadas y supervisadas por los padres o tutores legales, con un límite de uso diario de una hora y funcionalidades muy restringidas, como la imposibilidad de hacer retransmisiones en directo o tener la geolocalización activada.
A partir de los 15 años, los adolescentes podrán abrir cuentas personales autónomas, pero hasta la mayoría de edad las plataformas estarán obligadas a aplicar un «diseño seguro» que elimine las funciones más adictivas. Entre ellas, se prohíbe el ‘scroll infinito’ o las notificaciones automáticas durante las horas de descanso, estableciendo un periodo de «sueño nuclear» entre las 22:00 y las 8:00 horas.
¿Por qué se toman estas medidas? El impacto en la salud mental
La Comisión Europea se apoya en la evidencia científica disponible, aunque aún no existe una causalidad directa probada. Estudios recientes vinculan los patrones de uso adictivo con un empeoramiento de la salud mental en la adolescencia, especialmente entre los 11 y los 15 años.
Von der Leyen ha citado el trágico caso de Olea, una adolescente belga de 14 años que se suicidó tras sufrir acoso online, para subrayar la urgencia de la medida. Además, ha recordado que los jóvenes europeos pasan entre 4 y 6 horas diarias frente a las pantallas, un caldo de cultivo para la ansiedad, la depresión o los trastornos del sueño.

Inversión de la carga de la prueba y nuevas obligaciones
Una de las claves de la ‘EU Kids Act’ es que invierte la carga de la prueba. Ya no serán las familias quienes tengan que demostrar el daño, sino que las plataformas deberán acreditar que sus servicios son seguros para los menores antes de ofrecerlos.
Para garantizar el cumplimiento, la Comisión propone un sistema europeo de verificación de edad mediante una aplicación anónima que utilice el DNI o pasaporte sin almacenar los datos. Las redes sociales, los videojuegos en línea y los chatbots de IA deberán presentar planes de cumplimiento obligatorios y someterse a investigaciones aceleradas en un plazo máximo de 90 días.

Diferencias con España y otros países: ¿quién va más lejos?
La iniciativa europea llega después de que Australia se convirtiera en el primer país del mundo en prohibir las redes a los menores de 16 años en diciembre de 2025. En Europa, Francia intentó algo similar, pero su ley fue anulada por el Tribunal Constitucional.
En el caso de España, el Gobierno de Pedro Sánchez planteó el pasado febrero elevar la edad mínima a los 16 años. El ministro de Transformación Digital, Óscar López, ha mostrado su apoyo a la medida europea, aunque ha recordado que el Congreso tiene ya una ley encima de la mesa para proteger a los menores con una mayoría de edad digital más alta.

La ‘EU Kids Act’ es un paso firme hacia una regulación más estricta del entorno digital, aunque su aplicación práctica aún debe ser debatida y ratificada por el Parlamento Europeo y los Estados miembros. Queda por ver si las medidas serán eficaces a largo plazo, pero el objetivo de Bruselas es claro: devolver el control a los padres y garantizar que la tecnología no siga jugando en contra del bienestar infantil. Sin embargo, la experiencia australiana, donde muchos menores siguen accediendo a las plataformas, advierte que la prohibición por sí sola no basta y que será crucial una supervisión efectiva.



