- La autoridad finlandesa de licencias suspendió trabajos preparatorios en Muhos y Kajaani-Otanmäki al no estar cerrada la evaluación de impacto ambiental.
- La Policía de Oulu investiga a Tuike Finland por un posible delito ambiental relacionado con el drenaje y la gestión del agua; no hay condena.
- Google sostiene que actuó conforme a su lectura de la ley, pidió disculpas y mantiene un plan de 13.000 millones de euros en el país.
- El caso mezcla presión energética, talas, fauna y malestar social, con una petición ciudadana que supera las 90.000 firmas.
La expansión de los centros de datos de Google en Finlandia ha dejado de ser solo una historia de inversión tecnológica. La preparación del terreno en varios emplazamientos se ha convertido en el punto más delicado de un plan que aspira a reforzar la capacidad de cómputo en Europa y que, de paso, ha puesto sobre la mesa el pulso entre infraestructura digital, permisos ambientales y presión sobre el territorio. No se trata de un detalle menor: antes de que los servidores empiecen a funcionar, hay que mover tierra, gestionar aguas y encajar las autorizaciones.
En Muhos, una localidad del norte del país, la Policía de Oulu mantiene una investigación preliminar contra Tuike Finland, la filial local de la compañía, por un posible delito ambiental. Las pesquisas se centran en deficiencias en el drenaje y la gestión del agua, según los primeros datos difundidos. Por ahora no hay condena ni hechos probados: el expediente está en fase inicial, podría prolongarse hasta 2027 y la empresa defiende que actuó con arreglo a su lectura de la normativa. La presunción de inocencia sigue siendo clave para leer todo el caso.
Una orden de suspensión que frenó las obras
El 6 de octubre, la Agencia de Licencias y Supervisión finlandesa ordenó a Tuike Finland paralizar los trabajos preparatorios que pudieran alterar de forma significativa el entorno en dos proyectos: Muhos y Kajaani-Otanmäki. La evaluación de impacto ambiental todavía no estaba cerrada, y la autoridad consideró que determinadas actuaciones no podían ejecutarse antes de completarla. La orden incluía excavación, voladura, trituración, movimiento de tierras, drenaje, tala y apertura de accesos; en cambio, permitía planificación, mediciones y estudios de bajo impacto.
La compañía confirmó el 14 de octubre que había detenido los preparativos en ambos emplazamientos. También quedó abierta la puerta a tareas de estabilización para garantizar la seguridad de las obras, siempre que se pidieran instrucciones y autorización previa. La autoridad fijó el 23 de octubre como límite para cesar las actuaciones y el 14 de octubre para presentar explicaciones. Para reanudar los trabajos no hay una fecha cerrada: primero deben completarse los trámites ambientales y resolverse las autorizaciones.
El agua, más decisiva que la tala
El foco del regulador no está solo en los árboles retirados. Las zanjas de drenaje pueden cambiar la circulación del agua, y el plan presentado para controlar lluvias intensas, deshielo y una posible acidificación asociada al suelo se consideró insuficiente. Por eso se exigió a la filial un plan de gestión hídrica más detallado antes del 5 de noviembre, con estructuras, calendarios y seguimiento. Si no se corrige, la autoridad contempla medidas coercitivas e incluso multas.
La superficie afectada por los trabajos preparatorios se mide en cientos de hectáreas. Entre Muhos y Kajaani-Otanmäki se habla de alrededor de 530 hectáreas deforestadas, con unas 330 hectáreas en Muhos y cerca de 200 en Otanmäki. Las estimaciones manejadas apuntan a cientos de miles de árboles talados, con cifras que rondan los 250.000 en Muhos y los 150.000 en Otanmäki. A eso se suman retirada de capa superficial del suelo, caminos de acceso, zonas de almacenamiento y obras de drenaje. No es solo una tala: es una transformación previa del terreno.
Una inversión enorme con deberes ambientales
El caso se entiende mejor con la dimensión del plan. Google anunció el 9 de septiembre una inversión de al menos 13.000 millones de euros en infraestructura digital en Finlandia para 2027 y 2028, su mayor apuesta de este tipo en Europa hasta la fecha. El mapa incluye nuevos centros en Kajaani, Muhos y Vaala, además de inversiones en la instalación existente de Hamina. La compañía calcula que el conjunto sostendrá más de 37.000 empleos y aportará unos 3.600 millones de euros al PIB anual, siempre según sus propias estimaciones.
Finlandia resulta atractiva por su clima frío, que reduce el coste de refrigeración, y por una electricidad con bajas emisiones. La energía es la otra pata del proyecto: Google firmó un contrato de 22 años con Fortum ligado a la prolongación de la central nuclear de Loviisa hasta 2050, con hasta la mitad de la capacidad de generación entre 2030 y 2049. A eso se suman una batería de 94 megavatios cerca de Kajaani para finales de 2027 y contratos eólicos por 629 megavatios. El operador de red Fingrid estima que el consumo eléctrico nacional podría crecer hasta un 40% respecto a 2025 si salen adelante todos los proyectos con conexión.
Disculpas, malestar social y fauna desplazada
El 13 de octubre, el responsable de Google en Finlandia, Antti Järvinen, pidió disculpas públicamente. La empresa sostiene que actuó conforme a su mejor interpretación de la ley, defiende que hizo estudios previos y niega haber acelerado las talas para adelantarse a las evaluaciones. También anunció la plantación de árboles en 130 hectáreas en Muhos y aseguró que cooperará con la policía. La investigación penal, abierta tras cinco denuncias —una de ellas de la autoridad supervisora—, indaga si los trabajos infringieron la legislación sobre aguas y causaron daño ambiental.
El asunto ha calado entre vecinos y colectivos ecologistas. En Otanmäki se han reportado lobos entrando en la localidad después de que la fauna salvaje abandonara el bosque talado, una situación que ha llevado a algunos residentes a plantearse marcharse. La Asociación Finlandesa para la Conservación de la Naturaleza ha criticado la actuación y el primer ministro, Petteri Orpo, la describió como un jarro de agua fría. Una iniciativa ciudadana que pide reglas más estrictas y compensaciones para las comunidades afectadas superó las 90.000 firmas en pocos días.
Qué se juega Europa con este precedente
Más allá de Finlandia, el expediente marca un precedente para la expansión de la inteligencia artificial en Europa. La infraestructura digital es física: suelo, agua, energía y permisos. Acelerar la obra antes de cerrar las evaluaciones no elimina el coste ambiental, sino que lo traslada al futuro y puede convertirlo en un riesgo administrativo, reputacional y penal. Para los proyectos que dependen de centros de datos, la lección es que la fase de preparación del terreno puede frenar durante años un plan mucho mayor.
La investigación policial sigue su curso y la autoridad administrativa mantiene su propia vía. Una decisión sobre los permisos no cerrará automáticamente el expediente penal, y al revés. Mientras tanto, el futuro centro de Muhos queda condicionado por unas actuaciones que empezaron antes de levantar sus instalaciones. El caso finlandés muestra que la carrera por la nube y la IA también se decide en el barro, en las zanjas de drenaje y en la forma de pedir permiso.
El plan de Google en Finlandia sigue siendo uno de los mayores movimientos de infraestructura digital en Europa, pero su primera etapa ha quedado marcada por la suspensión de obras, la investigación por posible daño ambiental y el malestar social. La inversión de 13.000 millones, los contratos energéticos y la promesa de empleo no ocultan la pregunta de fondo: cómo encajar la demanda de cómputo con un territorio frágil y unas reglas ambientales que no siempre avanzan al mismo ritmo. De momento, no hay condena, pero sí un alto administrativo y una causa penal que pueden condicionar el calendario.
