- El smartphone modular renace con propuestas como el concepto magnético ultrafino de Tecno, lejos de los intentos fallidos de Project Ara, LG G5 o Moto Mods.
- La clave está en una base delgada con zonas modulares, imanes y pines pogo-pin que permiten añadir baterías, cámaras, audio, almacenamiento y módulos de conectividad.
- Surgen ideas avanzadas para nichos como la fotografía, con monturas magnéticas, filtros IR, módulos de sensor Micro 4/3 y grips dedicados.
- Estos móviles se integran en ecosistemas AIoT impulsados por IA, con más potencial en nichos y como laboratorio de innovación que como producto masivo.

La idea de poder actualizar el móvil pieza a pieza sin tener que tirarlo a la basura lleva rondando la industria más de una década. Para muchos aficionados a la telefonía y a la tecnología, este concepto es casi un sueño húmedo: elegir batería, cámara o conectividad como si fueran bloques de construcción y montarse un teléfono a medida. Durante años, intentos como Project Ara de Google o los módulos de Motorola y LG parecían demostrar que el experimento no terminaba de cuajar, pero el panorama está empezando a moverse otra vez.
En pleno contexto de móviles muy parecidos entre sí, con diseños cada vez más planos y pocas sorpresas, la propuesta de Tecno y otros conceptos recientes han devuelto a primera línea la conversación sobre el futuro del smartphone modular. Lo interesante es que ahora la modularidad ya no se limita a cambiar una batería o añadir una cámara mejor, sino que se combina con imanes, conectores híbridos, accesorios inteligentes, ecosistema AIoT e incluso ideas locas pensadas para fotógrafos muy frikis. Vamos a desgranar todo lo que se está cociendo, usando como punto de partida lo que se ha visto en el MWC y en distintos prototipos, y analizando hasta dónde puede llegar esta tendencia.
De los intentos fallidos al renacer de lo modular
Si miramos hacia atrás, la telefonía ya ha coqueteado varias veces con la modularidad como promesa de personalización total. Google lo intentó con Project Ara, un proyecto experimental en el que el móvil era literalmente un esqueleto al que se le iban acoplando bloques con la cámara, la batería, la CPU o el altavoz. Motorola dio continuidad a la idea con los Moto Z y los Moto Mods, módulos que se pegaban magnéticamente a la trasera del teléfono para añadir altavoces, baterías, cámaras o incluso un proyector.
LG se lanzó a la piscina con el LG G5 y sus LG Friends, un sistema de base extraíble que permitía conectar distintos módulos, desde un “grip” de cámara a baterías intercambiables. A pesar de la expectación, ninguno de estos experimentos llegó a consolidarse en el mercado masivo: eran caros, tenían poca compatibilidad entre generaciones y las marcas perdieron el interés cuando vieron que la mayoría de usuarios prefería un móvil cerrado pero fino y sin complicaciones.
En paralelo, marcas como Fairphone apostaron por una modularidad diferente, mucho más enfocada a la reparación y la sostenibilidad. Sus teléfonos permiten cambiar batería, cámara, puertos o incluso la placa base con herramientas sencillas, alargando la vida útil del dispositivo y reduciendo residuos. No es un sistema de módulos “creativos” como los de Motorola, pero sí un recordatorio de que el hardware se puede diseñar pensando en algo más que en usar y tirar.
El giro inesperado llega ahora con Tecno y su propuesta de teléfono modular magnético ultrafino. En lugar de un móvil cuya estructura completa es modular, la marca africana plantea una base extremadamente delgada, sobre la que se van apilando piezas mediante imanes y pines de conexión. Es un punto intermedio entre el sueño completo de Project Ara y los intentos más limitados del pasado, con una ejecución mucho más pulida.

El Tecno Modular Phone: un móvil ultrafino lleno de imanes
El concepto de Tecno, visto en el Mobile World Congress de Barcelona, parte de una base que casi asusta de lo delgada que es: el cuerpo principal del teléfono tiene solo 4,9 milímetros de grosor. Aun así, incluye pantalla, procesador, batería de unos 3.000 mAh y un módulo de cámara básico situado en la parte superior trasera, lo justo para que el dispositivo pueda funcionar sin necesidad de accesorios adicionales.
La clave está en su parte posterior, donde la marca ha creado una trasera de cristal mate antirreflectante con un marco metálico pulido que refuerza la estructura. Sobre esa superficie se dibujan de forma discreta unas líneas que dividen el teléfono en ocho zonas modulares. No son meras líneas decorativas: sirven como guía visual para colocar los distintos módulos sin que el diseño parezca un Frankenstein tecnológico.
Cada módulo se fija gracias a lo que Tecno denomina Tecnología de Interconexión Magnética Modular: un sistema que combina imanes de precisión con conectores físicos tipo pogo-pin. Los imanes facilitan que los accesorios “salten” al sitio correcto casi como si fueran piezas de LEGO, mientras que los pines se encargan de transferir energía y datos con buena eficiencia y poco calentamiento.
Durante las demostraciones, la imagen era bastante llamativa: la mesa llena de piezas sueltas, desde baterías apilables a cámaras o altavoces, y la base del teléfono tan fina que recordaba más a un prototipo que a un producto real. Muchos asistentes lo comparaban con jugar con LEGO pero en versión móvil: vas probando combinaciones, encajas una pieza, la quitas, cambias de accesorio… y en cuestión de segundos tienes un dispositivo con una configuración totalmente distinta.
Eso sí, la modularidad magnética también tiene su parte menos glamourosa. Aunque el anclaje magnético es relativamente fuerte, no deja de ser eso: un imán. Si una cámara grande se engancha en el borde del bolsillo al sacar el móvil, se puede quedar atrás. Y si el teléfono modular se cae al suelo con varios accesorios puestos, lo que recuperas del suelo se parece más a un puzzle que a un smartphone listo para usar.
Módulos de batería, cámaras y accesorios creativos
La gracia de este tipo de concepto está en los módulos. Tecno ha mostrado un ejército de accesorios pensados para cubrir distintos usos: desde quienes solo quieren más autonomía, hasta creadores de contenido, gamers o usuarios que necesitan mejor conectividad. La flexibilidad es enorme, y aquí es donde el móvil modular deja de ser una rareza para frikis y empieza a tener sentido práctico.
Para los que viven pegados al teléfono, hay módulos de batería tipo power bank magnético que se acoplan a la trasera y permiten duplicar o multiplicar la autonomía. Cada “placa” de batería ronda los 3.000 mAh y se pueden apilar varias, una encima de otra, hasta montar un auténtico ladrillo con horas y horas de uso. El sistema permite alimentar tanto al teléfono como a otros accesorios conectados, algo muy útil si, por ejemplo, llevas una cámara modular que también necesita energía.
En el apartado fotográfico, Tecno no se ha quedado corta. Junto al módulo de cámara principal de la base, se puede añadir un teleobjetivo independiente que usa la pantalla del móvil como visor, permitiendo encuadrar y disparar con comodidad. También se ha enseñado una cámara de acción modular, diseñada para grabar desde ángulos poco habituales sin cargar con equipos pesados: la idea es fijarla en la parte trasera del teléfono o usarla de forma algo más separada, manteniendo la conexión inalámbrica.
La marca también ha presentado un módulo de micrófono profesional que se puede enganchar a una pinza y transformarse en un micro de corbata. El mismo tipo de fijación permite colocar altavoces externos que puedes despegar del teléfono y dejar en una mesa, de forma que sigan reproduciendo música aunque uses el móvil para otra cosa. El concepto se repite con soportes de pie: puedes acoplarlos para estabilizar el teléfono o usarlos directamente con los módulos, sin necesidad de tener la base siempre conectada.
Más allá del audio y la foto, el catálogo de accesorios de Tecno incluye un extensor de almacenamiento, una antena extra para mejorar la conectividad o incluso permitir ciertas comunicaciones fuera de red, un extensor de router Wi-Fi para compartir mejor la conexión y un módulo gaming con cruceta y botones físicos que convierte el móvil en una especie de consola portátil. No falta un espejo trasero para selfies más precisos y toda una serie de pequeñas piezas orientadas a pulir detalles de la experiencia.
Arquitectura híbrida y comunicaciones avanzadas
Lo que hace que todo este ecosistema modular no se quede en simple atrezzo es la forma en la que se comunican el teléfono y los módulos externos. Tecno ha optado por una arquitectura híbrida: por un lado, la ya mencionada combinación de imanes y conectores pogo-pin para la sujeción física y la alimentación; por otro, un abanico de tecnologías inalámbricas para el intercambio de datos.
En función de cada accesorio, el sistema puede usar WiFi, Bluetooth o comunicaciones mmWave para enviar y recibir información entre la base y los módulos. Esto abre la puerta a configuraciones curiosas: por ejemplo, una cámara que ya no tiene por qué estar físicamente pegada a la trasera para seguir mostrando imagen en tiempo real en la pantalla del móvil, o un altavoz que puedes dejar a cierta distancia sin perder sincronización.
La elección de los conectores pogo-pin no es casual. A diferencia de otros enfoques totalmente inalámbricos, este método garantiza una transmisión de energía más eficiente y con menos generación de calor, algo fundamental cuando empiezas a apilar baterías, cámaras u otros componentes que consumen bastante. Además, esto mejora ciertos aspectos de seguridad. También facilita que el teléfono sepa exactamente qué módulo tiene conectado en cada punto y configure automáticamente las funciones disponibles.
Para rematar, Tecno ha planteado dos estéticas principales para su concepto: la versión ATOM, con un diseño más sobrio y minimalista en aluminio plateado con detalles en rojo que marcan la estructura, y la versión MODA, mucho más llamativa y experimental, pensada para usuarios que quieren que su móvil se note a distancia. Ambas comparten las mismas zonas modulares y la misma base técnica; lo que cambia es el estilo con el que se enseña esa modularidad al mundo.
A nivel de experiencia, lo que se ha visto en feria transmite cierta madurez. Las piezas tienen buen acabado y sensación de robustez, los imanes encajan con precisión y el concepto ha pasado de simple prototipo loco a algo que cualquiera podría imaginar comprando, si el precio acompaña y el número de módulos útiles crece con el tiempo.
Más allá de Tecno: ideas para fotógrafos y usuarios entusiastas
Al margen de lo que las marcas están mostrando oficialmente, la comunidad tecnológica también está fantaseando con smartphones modulares muy centrados en la fotografía. Uno de los conceptos que más vueltas está dando plantea un teléfono ultrafino, prácticamente del grosor de un puerto USB‑C, con una cámara trasera básica de unos 24 mm casi enrasada con el chasis.
Alrededor de esa cámara se imagina una montura con estabilización magnética y bloqueo físico, similar a una montura de objetivos de cámara (del estilo Micro 4/3), pero adaptada al tamaño de un móvil. Esta montura iría acompañada, en la parte inferior trasera, de una gran zona rectangular de pines pogo magnéticos destinada a módulos de batería en formato “funda”. La propia funda podría integrar un altavoz extra o agarraderas, y sería el elemento que más variaría el grosor del conjunto.
La configuración base incluiría una montura con cristal protector para la cámara, un flash LED estándar y una funda de batería relativamente fina que mantuviera el móvil en un grosor razonable. Con el paso de los años, cambiar de funda sería la forma más sencilla de renovar la batería, o incluso de adoptar nuevas tecnologías de almacenamiento de energía sin cambiar todo el teléfono. También se contemplan fundas más gruesas para quienes necesiten máxima autonomía.
La parte verdaderamente jugosa de este concepto está en el tratamiento de la luz. La cámara integrada vendría sin filtro de corte infrarrojo (IR), y sería la montura la que aportaría distintos módulos de vidrio con filtros intercambiables. Un accesorio básico añadiría el filtro IR para hacer fotos “normales”; otros módulos sustituirían ese filtro por cristales específicos para fotografía infrarroja, consiguiendo efectos creativos imposibles en la mayoría de móviles actuales.
Incluso se plantea un accesorio con cristal transparente y iluminación IR integrada, pensado para disparar en modo visión nocturna de espectro completo. A eso se sumarían monturas con rosca de filtro estándar para colocar filtros ND o polarizadores circulares, acercando todavía más la experiencia a la de una cámara fotográfica tradicional. Todo ello sin renunciar al factor de forma de un smartphone, que seguiría siendo usable a diario incluso sin módulos conectados.
Módulo Micro 4/3 y colaboración con marcas de fotografía
Llevando esta idea al extremo, algunos entusiastas imaginan un módulo de cámara completo con sensor Micro 4/3 (m43), integrado en un accesorio que se acoplaría a la montura del teléfono. Este módulo funcionaría de manera parecida a lo que fue en su día la Olympus Air: básicamente, una cámara sin pantalla que usa el móvil como visor y cerebro.
Cuando el módulo m43 se conecta, la aplicación de cámara del teléfono desactiva la cámara interna y pasa a leer directamente los datos del sensor Micro 4/3. A partir de ahí, el usuario podría colocar cualquier objetivo compatible con esa montura (o incluso lentes de otros sistemas mediante adaptadores), aprovechando la enorme variedad de ópticas ya existentes en el mercado.
Para mejorar el agarre y la ergonomía, este módulo podría ir acompañado de una funda de mayor tamaño con batería extra, grip fotográfico y controles físicos como un disparador dedicado y un dial de comandos. La propia funda envolvería ligeramente el módulo de cámara m43 para añadir soporte y seguridad, evitando movimientos indeseados o tensiones en la montura.
Se ha llegado incluso a proponer una colaboración con marcas especializadas como Lumix para afin ar tanto el hardware como el procesado de imagen y la ciencia de color. El kit pensado para fotógrafos incluiría el módulo sensor m43, la funda con grip y una lente fija como un 20 mm f/1.7, un combo perfecto para fotografía callejera: luminoso, compacto y fácil de llevar en una bolsa de viaje sin que el conjunto se vuelva aparatoso.
Todo esto no deja de ser un concepto más o menos utópico, pero muestra hacia dónde podrían ir ciertas líneas de producto pensadas para nichos concretos, especialmente ahora que la fotografía móvil se ha convertido en uno de los mayores reclamos para cambiar de teléfono. Un móvil modular permitiría, en teoría, ofrecer a los usuarios avanzados algo que hoy solo se consigue llevando dos dispositivos: un smartphone y una cámara dedicada.
Un ecosistema modular impulsado por la inteligencia artificial
El movimiento de Tecno no se queda solo en este concepto de teléfono. La marca está construyendo un ecosistema completo de dispositivos conectados (AIoT) con la inteligencia artificial como hilo conductor. En su stand del MWC se han podido ver smartphones de la serie CAMON 50, tablets como la MEGAPAD 2, relojes inteligentes, auriculares con traducción en tiempo real mediante IA y una gama de portátiles MEGABOOK con capacidades de IA ejecutadas directamente en el dispositivo.
La idea de fondo es que el smartphone modular sea una pieza más dentro de un entramado de cacharros conectados. Un móvil que puede cambiar de forma y de funciones según los módulos que lleve encajaría bastante bien en una estrategia en la que todo está pensado para hablar entre sí: desde los auriculares que adaptan el sonido con IA hasta el portátil que comparte tareas con el teléfono sin depender tanto de la nube.
En el caso concreto del teléfono modular, la inteligencia artificial podría aprovecharse para reconocer automáticamente qué módulo está conectado y adaptar la interfaz: cambiar el modo de cámara cuando detecta un teleobjetivo, optimizar la gestión de energía si se apilan varias baterías, o rediseñar los controles de juego al enganchar un módulo con cruceta y botones físicos.
España entra también en la ecuación: Tecno ha destacado que su presencia en el mercado español está creciendo desde que desembarcaron a finales de 2024 y que su intención es ampliar el catálogo a lo largo de 2026, incluyendo nuevas categorías dentro de este ecosistema conectado. Aunque el móvil modular aún no tenga fecha de lanzamiento clara, no sería descabellado pensar en una llegada a Europa si el concepto cuaja y pasa de prototipo a producto comercial.
Este enfoque encaja con una tendencia general de la industria: usar la IA para sacar más partido del hardware existente, en lugar de limitarse a añadir más potencia bruta cada año. Un diseño modular ofrece un terreno especialmente fértil para esto, porque el software puede adaptarse en tiempo real a la combinación de piezas que el usuario haya montado en cada momento.
¿Realidad cercana o experimento para ferias tecnológicas?
Más allá de la espectacularidad de los stands y los vídeos virales en redes, la gran pregunta es si este tipo de smartphone modular tiene realmente recorrido comercial. Los antecedentes no son muy halagüeños: Moto Mods, LG Friends o Project Ara acabaron desapareciendo, y la mayoría de usuarios sigue prefiriendo un bloque monolítico que simplemente funcione y no dé quebraderos de cabeza.
En el caso de Tecno, la compañía se ha ganado cierta reputación por mostrar prototipos llamativos que nunca llegan literalmente a las tiendas, pero que sí sirven para marcar el tono de su catálogo real. Conceptos como este teléfono modular pueden funcionar como herramienta de marketing y, a la vez, como laboratorio de ideas de donde salgan tecnologías puntuales que luego se integran en móviles convencionales.
La modularidad magnética tiene además limitaciones físicas evidentes: el riesgo de que los módulos se desprendan con un golpe o un tirón, la necesidad de lograr una alineación perfecta sin ayudas visuales demasiado intrusivas y el eterno equilibrio entre grosor, peso y autonomía. Cargar con varias placas de batería convierte el móvil en un auténtico tocho, por muy delgada que sea la base.
Sin embargo, el hecho de que un prototipo así haya generado tanta atención y comentarios positivos indica algo importante: la gente está un poco cansada del inmovilismo en el diseño de smartphones. Que un teléfono modular resulte refrescante dice más del estado actual del mercado que del propio concepto. Tal vez el futuro no pase por que todo el mundo lleve un móvil lleno de piezas imantadas, pero sí por que algunos fabricantes se atrevan a ofrecer alternativas para nichos concretos.
Puede que nunca veamos en masa un smartphone con montura m43 y módulos fotográficos locos, pero es muy probable que sigamos viendo propuestas a medio camino entre lo modular y lo tradicional: fundas inteligentes que añaden sensores, accesorios magnéticos que amplían funciones sin complicar demasiado el diseño y móviles más fáciles de reparar y actualizar. Al final, la modularidad puede adoptar formas menos radicales y más asumibles para el usuario medio.
Mirando todo este panorama, desde los viejos experimentos de Google y Motorola hasta el Modular Phone de Tecno y los conceptos pensados para fotógrafos entusiastas, se aprecia claramente que el futuro del smartphone modular no está muerto, sino redefiniéndose. Es posible que nunca se convierta en el estándar para el gran público, pero sí parece destinado a servir como campo de pruebas donde las marcas exploran nuevas formas de personalización, sostenibilidad y creatividad, mientras los usuarios más frikis disfrutan montando y desmontando su teléfono como si fuera un set de LEGO tecnológico.
