- Los cargadores tienen una vida útil limitada marcada por el símbolo EFUP: un círculo con flechas y un número que indica años de uso seguro.
- Superar ese periodo aumenta el riesgo de fallos eléctricos, sobrecalentamientos, pérdida de eficiencia e incluso incendios.
- El uso en ambientes extremos, los golpes y los cables de mala calidad acortan notablemente la vida útil real del cargador.
- Cuando un cargador está degradado debe sustituirse y llevarse a un punto limpio o contenedor de reciclaje tecnológico específico.

Puede que nunca te lo hayas planteado, pero el cargador del móvil también tiene fecha de caducidad. No aparece en grande como en un yogur, pero está grabada en el plástico, camuflada entre símbolos diminutos que casi nadie se para a mirar… hasta que algo empieza a oler a chamusquina, literalmente o en sentido figurado.
Aunque nos dé la sensación de que van a durar toda la vida, los cargadores son aparatos electrónicos con una vida útil limitada. Con el tiempo pierden eficiencia, se calientan más de la cuenta y, si los apuramos demasiado, pueden convertirse en un riesgo para tu móvil, tu casa y, en el peor de los casos, para tu seguridad. Vamos a ver cómo se calcula esa “caducidad”, qué significa de verdad y en qué detalles te tienes que fijar.
Por qué un cargador del móvil tiene fecha de caducidad
Lejos de ser un simple ladrillo de plástico, un cargador está lleno de componentes electrónicos delicados: condensadores, resistencias, transformadores, aislantes y circuitería que trabaja con cambios de tensión y calor cada vez que enchufas y desenchufas un dispositivo. Nada de eso está pensado para aguantar eternamente.
Con los años, los materiales internos se degradan y las sustancias químicas pierden estabilidad. Eso se traduce en una carga más lenta, pequeños fallos eléctricos, sobrecalentamientos e incluso en la posibilidad de que se produzca un cortocircuito. No es solo un problema de rendimiento: también entra en juego la salud y la seguridad en casa.
Además, en la actualidad la cosa tiene aún más miga porque la Unión Europea ha impulsado el cargador único y muchas marcas han dejado de incluirlo en la caja. Ahora somos nosotros quienes compramos el cargador aparte y queremos que nos dure lo máximo posible. Precisamente por eso es clave saber hasta cuándo lo podemos usar de forma segura.
A todo esto se suma otro detalle importante: los cargadores generan residuos electrónicos con alto impacto ambiental. Para controlarlo, existen normativas como RoHS que limitan sustancias peligrosas y exigen que el fabricante marque un periodo de uso ambientalmente seguro, lo que, en la práctica, funciona como la “fecha de caducidad” del cargador.
En resumen, aunque externamente parezcan casi indestructibles, los cargadores están sometidos a estrés térmico, eléctrico y mecánico constante. Esa combinación hace inevitable que llegue un punto en el que el fabricante ya no pueda garantizar ni su eficiencia ni su seguridad.

Dónde se ve la fecha de caducidad: el símbolo del círculo con flechas
Si coges ahora mismo cualquier cargador que tengas a mano y lo miras con calma, verás que la carcasa está llena de símbolos, números y logotipos casi microscópicos. Entre certificaciones de seguridad, potencias y advertencias de reciclaje, hay un icono clave que suele pasarnos desapercibido.
En muchos modelos, especialmente los de más calidad, encontrarás un círculo formado por dos flechas, similar a un símbolo de reciclaje, con un número dentro. Ese número indica los años durante los que el cargador puede usarse de manera segura según el fabricante.
Ese icono corresponde a la llamada etiqueta Environment Friendly Use Period (EFUP), o Período de Uso Ambientalmente Seguro. Lo que indica no es cuándo dejará de funcionar el cargador, sino durante cuánto tiempo sus componentes y sustancias internas permanecerán estables sin riesgo de fugas, mutaciones químicas peligrosas o fallos graves en condiciones normales de uso.
Lo más habitual es que veas un 5 o un 10 en el interior del círculo. Si pone 10, significa que el fabricante garantiza que, durante diez años desde su fabricación, el cargador se puede usar sin que aumente de forma significativa el riesgo de sobrecalentamiento, cortocircuitos u otros problemas de seguridad.
Este número suele estar grabado junto a otros símbolos de certificación y datos técnicos, normalmente en el cabezal del cargador o en la base de las fuentes de alimentación de los portátiles. A veces cuesta verlo porque el grabado es muy tenue, así que no es mala idea usar buena luz… o incluso hacerle una foto y ampliarla en el móvil.
Qué significa exactamente el Environment Friendly Use Period (EFUP)
Más allá de la curiosidad, el EFUP es un requisito normativo que forma parte de regulaciones tipo RoHS, pensadas para restringir el uso de sustancias peligrosas en equipos eléctricos y electrónicos y minimizar su impacto en la salud y el medio ambiente.
Cuando un fabricante imprime este símbolo en el cargador, se compromete a que, durante ese número de años, los materiales internos se mantendrán estables. Esto implica que, en condiciones normales, no deberían producirse fugas de sustancias tóxicas ni alteraciones químicas que incrementen el riesgo de incendio, fallos eléctricos graves o emisiones peligrosas.
Durante ese periodo, en teoría, se puede usar el cargador con tranquilidad desde el punto de vista de la seguridad, siempre que no lo sometamos a un maltrato excesivo: golpes fuertes, temperaturas extremas, humedad constante o cables de dudosa procedencia.
Superado ese EFUP, el cargador puede seguir funcionando y cargar el móvil sin problemas aparentes, pero el fabricante deja de garantizar su seguridad y su eficacia. Los materiales comienzan a degradarse con mayor probabilidad, y es mucho más fácil que aparezcan chispazos, calentones anormales o pérdidas de eficiencia claras.
En otras palabras, el EFUP es algo así como el “consumo preferente” del cargador: pasado ese tiempo, puede seguir cargando, pero aumenta el riesgo de que haga algo que no debería, y ahí es donde conviene plantearse seriamente su sustitución.
Cómo influye el uso y el entorno en la vida útil del cargador
Aunque el símbolo marque 10 años, esa cifra es una estimación bajo condiciones normales de uso. Hay varios factores que pueden acortar considerablemente la vida útil real de un cargador, incluso mucho antes de que llegue a su EFUP teórico.
Uno de los más determinantes es la temperatura: usar el cargador en ambientes con altas temperaturas o con mucha humedad acelera el envejecimiento de los componentes. El calor constante daña los condensadores y otros elementos internos, mientras que la humedad puede favorecer corrosiones y fallos en las soldaduras.
También influye el trato que le damos día a día. Enchufar y desenchufar el cargador continuamente, doblar el cable, tironear del conector o usarlo colgando de la toma hace que tanto los contactos como el interior sufran más estrés mecánico del necesario.
A esto se suma otro clásico: usar cables de mala calidad o no homologados que fuerzan al cargador a trabajar fuera de lo ideal. Un cable defectuoso puede provocar calentamientos anormales, falsos contactos o picos de consumo que castigan el circuito interno.
Por eso, aunque el símbolo marque una década de vida, un cargador maltratado puede empezar a dar problemas mucho antes. Y al contrario, un cargador de buena calidad, bien tratado y en un entorno adecuado, puede seguir funcionando razonablemente bien incluso pasado el EFUP, aunque siempre con un riesgo creciente que hay que valorar.
Qué pasa si sigues usando el cargador después de su fecha de caducidad
Que un cargador supere su EFUP no significa que vaya a dejar de cargar de la noche a la mañana. Lo más habitual es que siga funcionando con aparente normalidad, y precisamente eso es lo que lleva a muchas personas a estirarlo durante años sin plantearse que pueda ser peligroso.
El problema es que, a partir de ese momento, la probabilidad de que los materiales se degraden y aparezcan fallos se dispara. Las capas aislantes pueden resentirse, las soldaduras agrietarse y los componentes internos perder estabilidad, incrementando el riesgo de chispazos, cortocircuitos o sobrecalentamientos severos.
Eso puede derivar en varias situaciones indeseables: desde dañar la batería o los circuitos del móvil o del portátil (por eso es importante calibrar la batería), hasta llegar a provocar un incendio si el cargador falla de forma brusca. No es lo más frecuente, pero el riesgo existe y crece con el paso de los años y el mal estado del dispositivo.
Además, con el tiempo también se resiente la eficiencia: el cargador empieza a ir más lento, le cuesta iniciar la carga o interrumpe la alimentación de forma aleatoria. Los calentones puntuales al enchufarlo o una pequeña chispa al meterlo en la toma de corriente son señales claras de que algo no va bien.
En ese punto, lo responsable no es seguir cruzando los dedos, sino aceptar que ese cargador ha pasado a ser un residuo electrónico y hay que retirarlo de servicio. Por ahorrar unos pocos euros podemos acabar pagando un precio mucho más alto si provoca un incidente eléctrico en casa.
Cómo saber que ha llegado la hora de cambiar de cargador
No todo el mundo recuerda cuándo compró su cargador, y menos ahora que ya no suelen venir incluidos con el móvil y los vamos acumulando en casa. Para la mayoría es inviable llevar un registro exacto en una hoja de cálculo, así que al final toca tirar de observación y sentido común.
Si el símbolo EFUP marca un 5 o un 10, puedes calcular mentalmente más o menos cuántos años lleva contigo ese cargador. Si sabes que supera claramente ese tiempo, aunque siga aparentemente bien, entra ya en zona de mayor riesgo.
Además del dato temporal, conviene prestar atención a su comportamiento. Hay varias señales que delatan que un cargador está pidiendo jubilación: la carga se vuelve cada vez más lenta, a veces no empieza a cargar a la primera o tienes que recolocar el cable para que haga buen contacto y también conviene consultar el estado de la batería.
Otro síntoma a vigilar es el calor: si el cargador se calienta mucho más que antes o quema al tocarlo, algo no está funcionando como debería. Y si al enchufarlo ves una pequeña chispa o escuchas un chisporroteo, la decisión ya no admite dudas: hay que dejar de usarlo cuanto antes.
Aunque no notes nada raro, si se trata de un modelo muy antiguo, sin certificaciones visibles y con años de batalla a sus espaldas, puede ser buena idea renovarlo directamente. Hoy en día existen cargadores más eficientes, con mejores protecciones y adaptados a las tecnologías de carga rápida modernas.
Qué hacer con un cargador caducado o en mal estado
Cuando llega el momento de despedirse de un cargador, no vale tirarlo al contenedor de la basura de casa. Se considera un residuo de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), con materiales y sustancias que pueden resultar muy contaminantes si acaban en el lugar equivocado.
Si te fijas en la carcasa, verás casi siempre el símbolo de un cubo de basura tachado. Ese icono indica precisamente que no debe desecharse con los residuos domésticos habituales, sino en puntos de recogida específicos para este tipo de aparatos.
La opción correcta es llevar el cargador a un punto limpio fijo o a un contenedor de reciclaje tecnológico. La mayoría de ciudades cuentan con centros municipales donde se recogen pequeños electrodomésticos, cables, cargadores, pilas y otros residuos especiales.
En algunos municipios, los ayuntamientos también instalan puntos limpios móviles o contenedores especiales en distintos barrios, para que puedas deshacerte de pequeños aparatos sin tener que desplazarte demasiado. Basta con buscar “punto limpio” en Google Maps o en tu app de navegación para localizar el más cercano.
De este modo, te aseguras de que los materiales se gestionan correctamente y se recupera todo lo posible, reduciendo tanto el impacto ambiental como los riesgos derivados de tirar este tipo de residuos en cualquier contenedor.
Otros símbolos importantes que aparecen en tu cargador
Además del círculo de flechas con el número de años, en el cargador aparecen muchos otros símbolos y textos que aportan información relevante sobre seguridad, compatibilidad y forma de uso.
Para empezar, suelen indicarse los tipos de conector y puertos disponibles. Tras la implantación del cargador único en la Unión Europea, lo habitual es que sean USB-A o USB-C, aunque en cargadores antiguos aún pueden aparecer conectores como MicroUSB o Lightning.
También verás información sobre la potencia máxima de carga: esta se expresa en vatios (W) y suele venir acompañada de los valores de voltaje y amperaje. Es importante tener en cuenta que, en cargadores con varios puertos, no todos ofrecen la misma potencia; algunos están limitados y eso también se indica en la etiqueta.
Si el cargador incorpora tecnologías especiales, como carga rápida o materiales avanzados, o estándares inalámbricos como Qi2, normalmente se mencionan mediante siglas o nombres comerciales. Por ejemplo, en cargadores basados en GaN (nitruro de galio), se resalta esta característica porque permite diseños más compactos, eficientes y con menos calor que los modelos tradicionales basados en silicio.
En cuanto a certificaciones, verás símbolos como CE para Europa, EAC para la zona euroasiática, UKCA para Reino Unido, UL para Estados Unidos, CCC para China o PSE para Japón. Todos ellos indican que el producto ha pasado controles mínimos para poder venderse en esas regiones.
Hay, además, signos relacionados con la seguridad eléctrica: un solo cuadrado señala dispositivos de Clase I (con necesidad de toma de tierra), un cuadrado dentro de otro indica Clase II (doble aislamiento) y un cuadrado con tres líneas horizontales señala Clase III (muy baja tensión). Son datos que hablan del tipo de protección que ofrece el cargador frente a descargas eléctricas.
Algunos cargadores incluyen también un símbolo con una casita, que indica que solo están pensados para usarse en interiores. Esto se debe a que la exposición a la lluvia, a la humedad o al sol directo podría dañarlos y provocar fallos peligrosos.
Qué pasa si tu cargador no tiene la etiqueta EFUP visible
No todos los cargadores muestran claramente el círculo con flechas y el número de años. Que no veas la etiqueta EFUP no significa que el cargador sea eterno ni que esté exento de degradación con el paso del tiempo.
En estos casos, lo primero es comprobar si el cargador incluye al menos las principales certificaciones de seguridad (CE, UL, EAC, etc.). Si carece de ellas, ya es una señal preocupante de que puede no cumplir con los estándares mínimos exigidos.
Aunque no haya un número específico indicado, lo razonable es asumir una vida útil segura similar a la de los modelos que sí lo muestran, es decir, en torno a los diez años como referencia general. A partir de ese tiempo, conviene plantearse seriamente su sustitución.
De nuevo, el comportamiento del cargador es un gran chivato: si ves que carga más despacio que antes, que los dispositivos se calientan demasiado mientras están conectados o que el enchufe hace ruidos o chispas, es momento de cambiarlo sin darle muchas más vueltas.
En cualquier caso, sobre todo con cargadores muy baratos o de marcas poco conocidas, es mejor pecar de precavido que jugársela. Un buen cargador con certificaciones y protección adecuada es una inversión modesta comparada con el coste de un móvil nuevo… o de un susto en casa.
Al final, hacerse el hábito de revisar los símbolos del cargador, fijarse en el número dentro del círculo de flechas y estar atento a los síntomas de desgaste ayuda mucho a evitar riesgos innecesarios y a decidir cuándo ha llegado la hora de jubilarlo y reciclarlo correctamente y a optimizar la batería. Saber que ese pequeño ladrillo de plástico tiene “fecha de caducidad” cambia por completo la forma en la que lo miramos y, sobre todo, cómo lo usamos a lo largo de los años.