Salud auditiva en estudiantes universitarios: riesgos, impacto y soluciones

Última actualización: febrero 22, 2026
  • La pérdida auditiva y el uso intensivo de auriculares en la teleeducación universitaria se asocian a síntomas como cefaleas, zumbidos y fatiga auditiva.
  • Las dificultades de audición afectan directamente al rendimiento académico, la participación en el aula y el bienestar emocional del estudiantado.
  • Factores como el diagnóstico tardío, la falta de recursos accesibles y el estigma agravan el impacto de la pérdida auditiva en la universidad.
  • La combinación de dispositivos auditivos avanzados, aulas inclusivas, apoyo emocional y profesionales sensibilizados mejora la experiencia y el éxito académico.

salud auditiva en estudiantes universitarios

La salud auditiva en estudiantes universitarios se ha convertido en un tema clave en los últimos años, especialmente desde la irrupción masiva de la teleeducación. El uso intensivo de auriculares, el aumento de horas de conexión y el estrés asociado al entorno académico han creado un cóctel perfecto para que muchos jóvenes empiecen a notar molestias en los oídos, zumbidos, fatiga o dificultades de concentración relacionadas con la escucha.

Más allá de ser una simple incomodidad, estos problemas pueden tener un impacto directo sobre el rendimiento académico, la vida social y la salud mental del alumnado. Comprender qué está pasando, qué dicen los estudios recientes y qué se puede hacer desde la universidad, la familia y el sistema sanitario es clave para proteger la audición de quienes hoy están en las aulas (presenciales o virtuales) y mañana serán profesionales en activo.

Teleeducación, auriculares y hábitos de escucha en la universidad

uso de auriculares en estudiantes universitarios

Con la pandemia de COVID-19, muchas autoridades educativas de distintos países, como ocurrió en Ecuador con la suspensión de las clases presenciales, se vieron obligadas a implantar la educación virtual de forma acelerada. Esta transición hizo que miles de estudiantes universitarios tuvieran que pasar de escuchar a su profesorado en un aula relativamente controlada a depender de ordenadores, móviles y auriculares para seguir las materias desde casa.

En este contexto, el uso de cascos y auriculares se convirtió en algo prácticamente obligatorio para reducir el ruido ambiente y mejorar la comprensión de las explicaciones online. Sin embargo, el hecho de usarlos durante muchas horas al día, a volúmenes que en ocasiones superan lo recomendable y sin pausas suficientes, ha generado nuevas preocupaciones sobre los efectos en la audición de los jóvenes.

Un estudio realizado con estudiantes de cuarto y quinto semestre de la carrera de Enfermería de la Universidad Técnica de Ambato investigó precisamente este fenómeno. El objetivo era identificar qué problemas auditivos podían estar asociados al cambio drástico hacia la teleeducación y a la nueva forma de consumo de audio entre el alumnado.

La investigación, de tipo cuantitativo, descriptivo y de corte transversal, se basó en una encuesta aplicada a 226 estudiantes universitarios. El cuestionario, tomado de un trabajo previo de la Universidad de Cuenca, recogía aspectos sociodemográficos, socioculturales y hábitos de uso de dispositivos de audio. Los datos se analizaron mediante el programa estadístico SPSS (versión 22), lo que permitió obtener una fotografía bastante clara de la situación.

Entre los hallazgos, destaca que el 45,1% del alumnado declaró utilizar los auriculares a un volumen moderado. Dentro de este grupo, el 23,9% pertenecía al quinto semestre y el 21,2% a los cuartos semestres de la carrera. A simple vista podría parecer un dato tranquilizador, pero conviene recordar que “volumen moderado” es una percepción subjetiva y que, combinado con muchas horas de escucha, puede seguir siendo dañino con el paso del tiempo.

En cuanto a la sintomatología, el estudio determinó que el 37,2% de los estudiantes no refería molestia alguna asociada al uso de auriculares. Sin embargo, un 31,4% sí reconocía sufrir cefaleas (dolores de cabeza) y un 15,5% manifestaba zumbidos o pitidos en los oídos (acúfenos), síntomas claramente relacionados con sobrecarga auditiva. Además, se observó que el 45,6% de los encuestados recibía clases entre 2 y 3 horas diarias en formato virtual, sin contar el tiempo adicional de estudio, ocio o redes sociales también con auriculares.

Este patrón de uso cotidiano, con periodos prolongados de exposición, volúmenes elevados y frecuencia diaria, dibuja un escenario en el que no resulta extraño que surjan molestias y problemas auditivos. Aunque muchos jóvenes consideran que se trata solo de algo pasajero, la evidencia indica que, si estos hábitos se mantienen, pueden derivar en daños más serios y persistentes.

Audición, aprendizaje y rendimiento en la universidad

relación entre audición y rendimiento académico

La vida universitaria gira en torno a la comunicación verbal y la comprensión auditiva: clases magistrales, seminarios, exposiciones orales, trabajos en grupo, tutorías, presentaciones y debates. Si el estudiante no oye bien, todo este sistema se tambalea. La audición es uno de los pilares invisibles del rendimiento académico, aunque a menudo se le preste menos atención que a la vista o a otros factores de salud.

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Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) llevan tiempo alertando de que una proporción muy elevada de menores y jóvenes con pérdida auditiva no recibe la atención necesaria. En el caso de niños en edad escolar, se estima que alrededor del 60% de quienes tienen una pérdida de audición significativa no accede a una intervención adecuada. Aunque estos datos se centran en la infancia, muchas de esas situaciones no resueltas llegan con el tiempo a la educación secundaria y a la universidad.

Cuando un estudiante universitario tiene dificultades auditivas, se pueden dar situaciones como perder palabras clave durante una explicación, no entender bien las preguntas del profesorado, confundir términos técnicos o desconectarse mentalmente de una clase porque seguir el hilo le exige demasiado esfuerzo. Estas situaciones repercuten tanto en notas más bajas como en menor participación en el aula.

Los efectos de una mala audición no se limitan a las calificaciones. Numerosos estudios han mostrado que la pérdida auditiva se asocia con problemas mayores en lectura, escritura y razonamiento matemático, no porque los estudiantes sean menos capaces, sino porque reciben de forma incompleta la información oral sobre la que se construye el aprendizaje.

A esto se añade el llamado fenómeno de la fatiga auditiva. Quien oye peor tiene que esforzarse mucho más que el resto para seguir una conversación o una clase. Ese trabajo extra consume recursos cognitivos: se agota antes, le cuesta mantener la atención, recuerda menos detalles y, con el tiempo, puede perder motivación por las asignaturas que le exigen escuchar de manera continua.

Impacto según la etapa educativa y transición a la universidad

estudiantes universitarios en clase

Aunque aquí nos centramos en la etapa universitaria, el impacto de la pérdida auditiva en el aprendizaje empieza mucho antes. Los problemas de audición en la infancia temprana pueden retrasar la adquisición del lenguaje y alterar las bases de la lectura y la escritura. Si estos retrasos no se detectan y abordan a tiempo, arrastran consecuencias a lo largo de toda la trayectoria educativa.

En educación primaria, cuando se introducen contenidos más complejos y se refuerzan habilidades como la comprensión lectora y el cálculo, no oír bien en clase significa perder explicaciones, no entender consignas y depender en exceso de apuntes de compañeros o del material escrito. Cada laguna que se acumula se convierte en una barrera extra que el alumno tendrá que superar más adelante.

Al llegar a la educación secundaria y posteriormente a la universidad, el lenguaje se vuelve más abstracto, aumentan las actividades basadas en el debate, las exposiciones orales y los trabajos en grupo. La participación activa en discusiones académicas exige captar matices, cambios de tono, chistes, ironías o conceptos que se explican de forma oral y no se repiten por escrito.

En la universidad, además, suele haber aulas grandes, reverberaciones, ruido ambiente y profesores que hablan de espaldas a la clase o sin micrófono. Todo esto dificulta todavía más a quienes tienen algún grado de pérdida auditiva, aunque sea leve. Si a esto sumamos el uso intensivo de auriculares en el tiempo de estudio y ocio, el riesgo de empeorar la audición o de mantener una sobrecarga auditiva crónica es aún mayor.

Desde una perspectiva de desarrollo, la época universitaria es crucial no solo por los contenidos académicos, sino también por la construcción de la identidad, las relaciones sociales y la salud emocional. Cualquier factor que limite la participación, genere aislamiento o dificulte la comunicación puede dejar huella en la autoestima y en la forma en que el estudiante se percibe a sí mismo en el entorno académico.

Qué dice la evidencia científica sobre pérdida auditiva y rendimiento

La relación entre audición y rendimiento no es una simple intuición. La literatura científica viene documentando desde hace años que los estudiantes con pérdida auditiva tienen mayor riesgo de repetir curso, abandonar estudios o rendir por debajo de su capacidad real. Por ejemplo, un informe publicado en el Journal of Deaf Studies & Deaf Education señala que el alumnado con dificultades de audición presenta alrededor de un 37% más de probabilidades de repetir un año escolar en comparación con sus iguales sin pérdida auditiva.

Investigaciones realizadas en universidades europeas, como las de la Universidad de Manchester, muestran que incluso las pérdidas auditivas leves, que muchas veces pasan desapercibidas, pueden reducir la velocidad de procesamiento de la información sonora. En la práctica, esto significa que el alumno necesita más tiempo para entender lo que oye y para integrarlo con lo que ya sabe, lo que afecta a tareas como tomar apuntes en tiempo real o responder a preguntas en clase.

Otros análisis de datos procedentes del Centers for Disease Control and Prevention (CDC) han evidenciado que los niños y jóvenes con pérdida auditiva que utilizan dispositivos de ayuda (como audífonos o implantes cocleares) y reciben una intervención temprana tienden a obtener mejores resultados académicos que aquellos con pérdida similar que no los usan. Esto subraya la importancia de no normalizar el “ya se le pasará” cuando aparecen síntomas auditivos en edades tempranas o en la adolescencia.

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La evidencia también sugiere que no todas las personas con pérdida auditiva sufren el mismo impacto. Factores como la severidad de la pérdida, la edad de inicio, el acceso a recursos educativos adaptados y el entorno familiar y social marcan una gran diferencia en la trayectoria educativa de cada estudiante.

En el caso de los universitarios, el problema puede camuflarse aún más. Muchos llegan con estrategias compensatorias ya interiorizadas (como sentarse en primeras filas, copiar apuntes de compañeros, leer labios de forma intuitiva o recurrir exclusivamente a materiales escritos) y no siempre se identifican como personas con una dificultad auditiva. Esto hace que sea más difícil que pidan apoyo o adaptaciones, y el sistema universitario tampoco siempre está preparado para detectarlo.

Factores que agravan el impacto de la pérdida auditiva en estudiantes

Varios elementos pueden intensificar o mitigar el efecto de la pérdida auditiva en la vida universitaria. Uno de los más determinantes es la detección tardía o el infradiagnóstico. La OMS ha señalado que, de media, pueden pasar de 2 a 4 años desde la aparición de los primeros síntomas de pérdida auditiva hasta que se llega a un diagnóstico en firme. Durante ese periodo, el estudiante va adaptándose como puede, acumulando frustraciones y lagunas en su aprendizaje.

Otro factor clave es la disponibilidad de recursos educativos accesibles. Aulas sin sistemas de amplificación, ausencia de bucles magnéticos, falta de micrófonos, carencia de subtitulado en recursos audiovisuales o de materiales visuales de apoyo dificultan enormemente la experiencia de quienes dependen más de la vista o de apoyos tecnológicos para seguir el ritmo.

Los entornos ruidosos amplifican la dificultad: aulas mal insonorizadas, pasillos cercanos, tráfico exterior o una mala acústica hacen que el sonido se mezcle y la comprensión baje en picado, especialmente para quienes ya parten de una base auditiva más delicada. En espacios universitarios donde las clases se imparten en grandes grupos, el ruido de fondo puede ser un obstáculo constante.

No hay que olvidar el peso de la estigmatización social y los prejuicios. Todavía hoy, algunos estudiantes evitan usar audífonos o solicitar adaptaciones por miedo a ser vistos como “diferentes”, “menos capaces” o “problemáticos”. Esta presión social les empuja a pasar desapercibidos, aunque eso suponga renunciar a ayudas que mejorarían claramente su experiencia académica.

Además, en etapas universitarias es frecuente que se dé una combinación de malos hábitos de higiene acústica (música alta, ocio nocturno, uso intensivo de auriculares, asistencia a conciertos o discotecas) con un entorno académico exigente. La suma de todos estos factores puede acelerar el deterioro auditivo o mantener síntomas como pitidos, sensación de oído lleno o hipersensibilidad al ruido.

Percepción de las personas sordas en estudiantes de ciencias de la salud

La forma en que el futuro personal sanitario percibe a las personas sordas influye directamente en la calidad de la atención y en el acceso real a la salud de este colectivo. La Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad reconoce de forma explícita el derecho a una atención sanitaria sin barreras, pero la realidad dista mucho de ser ideal.

La literatura especializada pone de manifiesto que las personas sordas encuentran grandes obstáculos para comunicarse con los profesionales sanitarios, desde la falta de intérpretes de lengua de signos hasta la ausencia de formación en comunicación accesible en las titulaciones de salud. Esto se traduce en malentendidos, diagnósticos imprecisos, menor adherencia a los tratamientos y, en última instancia, peores resultados de salud.

Además, se ha descrito en diferentes comunidades de personas sordas una carencia significativa de conocimientos en salud, en parte porque la información no siempre se les ofrece de forma comprensible o en su lengua natural. Cuando la comunicación falla, la educación sanitaria también lo hace, y esto incrementa las desigualdades.

Un estudio centrado en estudiantes universitarios de ciencias de la salud se propuso explorar precisamente la opinión que este alumnado tiene sobre las personas sordas. El objetivo era analizar si el contacto previo con este colectivo, el tipo de titulación cursada y otros factores académicos influían en la actitud y en el grado de empatía hacia las necesidades de accesibilidad.

Los resultados van en la línea de otros trabajos previos: una mayor frecuencia de contacto con personas sordas se asocia con opiniones más favorables, mayor sensibilidad hacia la importancia de la comunicación accesible y una mejor disposición a formarse para atenderlas adecuadamente. Dicho de otro modo, la exposición práctica y el conocimiento directo rompen prejuicios y generan profesionales más preparados para garantizar un acceso sanitario realmente inclusivo.

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Estrategias para reducir las barreras en el aprendizaje y en la salud auditiva

La buena noticia es que existen numerosas estrategias, tanto tecnológicas como educativas y relacionales, para disminuir el impacto de los problemas auditivos en la vida universitaria. No se trata solo de poner un audífono y listo, sino de abordar el tema de forma global, desde el aula, la familia, los servicios de salud y las propias políticas universitarias.

En el terreno tecnológico, los avances en dispositivos auditivos han sido enormes. Audífonos modernos, como algunos modelos de última generación (por ejemplo, el tipo de tecnologías representadas por soluciones como Infinio Sphere), permiten conectividad directa con sistemas de sonido del aula, micrófonos inalámbricos y dispositivos multimedia. De este modo, el estudiante recibe la señal de forma clara, reduciendo ruido ambiente y mejorando sustancialmente la comprensión.

En paralelo, es fundamental promover aulas más inclusivas y adaptadas. Medidas relativamente sencillas como ubicar a los estudiantes con pérdida auditiva cerca de la persona que habla, utilizar apoyos visuales (diapositivas, esquemas, pizarras digitales), garantizar iluminación adecuada para facilitar la lectura labial y emplear sistemas de micrófono pueden marcar una diferencia notable.

La formación del profesorado universitario es otra pieza clave. Muchos docentes desconocen cómo adaptar su forma de impartir clase para alumnado con pérdida auditiva o sordera. Talleres sobre comunicación accesible, uso de recursos tecnológicos, ritmo de habla, repetición de preguntas del público y gestión del ruido en el aula pueden mejorar radicalmente la experiencia de los estudiantes con dificultades de audición.

Asimismo, no se puede olvidar el componente emocional. Los programas de apoyo psicológico y orientación ayudan a los estudiantes que viven con pérdida auditiva a gestionar el estrés, la sensación de diferencia y el miedo al rechazo. Participar en grupos de apoyo, ya sea dentro o fuera de la universidad, facilita compartir estrategias, normalizar la situación y construir una autoestima sólida.

El papel de las familias, los especialistas y los centros auditivos

En muchos casos, son las familias quienes primero detectan que algo no va bien: un descenso en el rendimiento académico, dificultad para seguir conversaciones, volumen muy alto en dispositivos o quejas recurrentes de zumbidos o dolor de cabeza. Ante estas señales, es esencial no dejar pasar el tiempo y acudir a especialistas en salud auditiva para una evaluación completa.

Los audioprotesistas y profesionales de centros auditivos especializados pueden ofrecer soluciones personalizadas: desde audífonos adaptados al grado de pérdida y al estilo de vida del estudiante hasta asesoramiento para optimizar el uso de estos dispositivos en entornos universitarios. También pueden orientar sobre medidas de protección auditiva (como limitar el volumen de los auriculares, hacer pausas o emplear protectores en ambientes ruidosos).

La coordinación entre familia, universidad y especialistas es fundamental. Cuando todos los actores implicados se comunican, es más fácil acordar adaptaciones razonables en el aula, planificar revisiones periódicas de la audición y fomentar hábitos saludables que prevengan un mayor deterioro.

Por otro lado, los centros auditivos y las entidades dedicadas a la salud auditiva tienen un papel importante en la divulgación y sensibilización. Campañas informativas dirigidas a jóvenes, presencia en redes sociales, charlas en universidades y colaboración con asociaciones estudiantiles pueden contribuir a romper tabúes y a que cada vez más estudiantes vean normal solicitar ayuda cuando detectan un problema de audición.

Algunos centros, como los que enfocan su labor específicamente en soluciones para mejorar tanto la audición como el rendimiento académico, promueven recursos en plataformas como LinkedIn, Facebook, Instagram o X para llegar a un público joven y habituado a la comunicación digital. Este enfoque ayuda a que la información sobre salud auditiva circule en los mismos canales donde el estudiantado se mueve a diario.

El conjunto de datos procedentes de investigaciones en contextos universitarios, tanto en carreras de salud como en otras disciplinas, dibuja un mensaje claro: cuidar la audición no es un lujo ni algo que pueda dejarse “para más adelante”. La combinación de educación en higiene auditiva, detección temprana, recursos inclusivos en las aulas y una actitud abierta de los futuros profesionales sanitarios es la vía más eficaz para que los estudiantes, con o sin pérdida auditiva, puedan aprovechar al máximo su paso por la universidad y construir una trayectoria académica y profesional sólida.

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