Novedades en procesadores Intel y AMD: guía completa para elegir

Última actualización: enero 20, 2026
  • Intel y AMD compiten con arquitecturas potentes, pero cada uno destaca en ámbitos diferentes como gaming, productividad o eficiencia.
  • La elección entre Ryzen e Intel Core depende del uso: tareas básicas, juegos, creación de contenido o trabajo profesional intensivo.
  • La plataforma (socket, DDR4/DDR5, PCIe, placa base) y el coste total del equipo son tan importantes como el precio de la CPU en sí.
  • En la gama media, Ryzen 5 e Intel Core i5 ofrecen el mejor equilibrio rendimiento/precio, con matices según priorices núcleos, caché o potencia por núcleo.

Novedades procesadores Intel y AMD

Si sigues de cerca el mundo del hardware, ya sabrás que la batalla entre procesadores Intel y AMD nunca descansa. Entre cambios de nombre, nuevas arquitecturas, tecnologías de IA y versiones “refrescadas”, es fácil perderse y no tener claro qué merece la pena comprar hoy.

En los últimos años, y especialmente tras las presentaciones alrededor del CES, se ha intensificado una especie de “guerra fría” (y a veces no tan fría) entre ambos fabricantes: críticas cruzadas, acusaciones de usar silicio antiguo, promesas de ser “el rey del gaming” y mucho marketing agresivo. En este artículo vamos a ordenar todo ese ruido y a desgranar con calma las novedades de procesadores Intel y AMD, sus diferencias reales y qué te conviene según el uso que vayas a darle a tu PC.

Intel vs AMD: un duelo que sube de temperatura

En los últimos eventos grandes de la industria, como el CES, más que grandes revoluciones hemos visto refuerzos y ajustes sobre arquitecturas ya existentes. Aun así, el ambiente entre Intel y AMD se ha caldeado bastante: Intel llegó a afirmar que ciertos chips Z2 de AMD se basaban en silicio obsoleto, mientras que AMD contraatacó criticando con dureza a los nuevos procesadores Intel Panther Lake, cuestionando tanto su enfoque como su rendimiento real.

Detrás de este salseo hay una realidad clara: la competencia está más igualada que nunca. Intel mantiene su apuesta por arquitecturas híbridas con núcleos de rendimiento (P-cores) y de eficiencia (E-cores), mientras que AMD sigue explotando sus diseños basados en Zen, con especial énfasis en los modelos con gran cantidad de caché, ideales para juegos.

Durante años Intel fue casi sinónimo de “el procesador bueno” para la mayoría de usuarios, con sus gamas Core i3, i5, i7 e i9 dominando el mercado de sobremesa y portátil. Hoy, esa superioridad ya no es tan evidente: AMD ha regresado con fuerza gracias a la familia Ryzen, donde ofrece más núcleos e hilos por euro invertido, así como un rendimiento multinúcleo que en muchas cargas pesadas es espectacular.

En la práctica, esto significa que si antes la recomendación rápida era “coge Intel y aciertas”, ahora lo razonable es pararse a mirar bien qué serie y qué modelo concreto encajan con tu uso. No hay un ganador absoluto, sino ventajas claras de cada lado según quieras priorizar gaming, productividad, eficiencia o precio.

Novedades recientes de AMD: Ryzen, IA y caché a lo bestia

En los últimos ciclos de lanzamiento, AMD ha reforzado toda su gama con series centradas tanto en gaming como en inteligencia artificial. En la zona alta del catálogo siguen brillando las series Ryzen 7000, 9000 y especialmente los modelos X3D, que se han ganado la fama de ser de lo mejor para juegos gracias a su caché masiva.

En un CES reciente, la compañía presentó nuevas variantes como la serie Ryzen AI 400, modelos Ryzen AI Max+ y CPUs como el Ryzen 7 9850X3D, que presume de ser una de las opciones más rápidas del mercado para gaming. No se trata de arquitecturas totalmente nuevas, sino de refinamientos sobre Zen 4 y Zen 5: frecuencias algo más altas, más caché, mejor soporte para memorias rápidas y más músculo para IA.

Para muchos fabricantes de portátiles y sobremesa, estos lanzamientos han servido como base sobre la que presentar una oleada de nuevos portátiles durante la primera mitad del año. Aunque la arquitectura se mantenga, la combinación de mayor eficiencia, soporte de nuevas memorias y mejores iGPU hace que los equipos completos sean más redondos y competitivos frente a Intel.

Otro punto clave en la estrategia de AMD es la eficiencia energética. Con la serie Ryzen 7000 han destacado modos como el Eco Mode y nuevos modelos de 65 W de TDP que, según la propia AMD, pueden llegar a ofrecer hasta un 49 % más de rendimiento con el mismo consumo que la generación anterior. Para equipos compactos, mini PCs o sobremesas silenciosos, esto es un factor que marca la diferencia.

La respuesta de Intel: arquitecturas híbridas y enfoque a la productividad

Intel, por su parte, se ha centrado en apretar el rendimiento por núcleo y mejorar la experiencia de multitarea. Sus últimas generaciones Core (Alder Lake, Raptor Lake y sucesores) apuestan por una combinación de P-cores potentes para cargas exigentes y E-cores más eficientes para tareas en segundo plano, lo que ayuda a repartir mejor el trabajo y a optimizar el consumo.

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En gamas medias y altas, modelos como los Core i5-13600K, i7-13700K o i9-13900K/14900K han demostrado un rendimiento excepcional tanto en juegos como en productividad. Estas CPUs brillan especialmente cuando se trata de compilar código, renderizar vídeo, manejar muchas aplicaciones a la vez o ejecutar máquinas virtuales, donde los E-cores extra vienen muy bien.

Uno de los grandes argumentos de Intel es la compatibilidad temprana con tecnologías como PCIe 5.0 y memoria DDR5. Desde generaciones como Alder Lake, la plataforma Intel ya permite aprovechar SSDs y tarjetas gráficas preparados para PCIe 5.0, así como memorias DDR5, mientras que AMD tardó un poco más en extender ese soporte a toda su gama. Para quien quiere un PC lo más “future-proof” posible, la plataforma Intel es muy atractiva, aunque también conlleva un coste inicial más elevado.

Eso sí, este salto tecnológico viene con peajes: para montar un sistema moderno con un i5 o i7 actual es frecuente que tengas que cambiar de placa base a un chipset reciente (por ejemplo Z690 y posteriores) y apostar por DDR5, cuyo precio, aunque ha bajado, sigue siendo superior al de DDR4. Además, en muchos modelos de gama media/alta, Intel ya no incluye disipador de serie, así que tendrás que sumar también un buen cooler al presupuesto.

Procesadores para uso diario: navegar, ofimática y videollamadas

Si lo que necesitas es un ordenador para tareas básicas, la buena noticia es que no necesitas gastar un dineral para tener una experiencia fluida. Tanto Intel como AMD ofrecen soluciones muy solventes en gama de entrada.

En el lado de Intel, los Core i3 de 13ª generación son una apuesta muy sólida: consumo moderado, buen rendimiento mononúcleo, gráficos integrados suficientes para vídeo y ofimática, y un comportamiento muy estable. Por parte de AMD, procesadores como los Ryzen 3 de la serie 5000 destacan por su excelente relación calidad-precio, permitiendo montar equipos económicos que se defienden sin problemas en multitarea ligera.

Para este tipo de uso es interesante buscar CPUs con buena eficiencia energética y gráficos integrados decentes, porque te evitarás tener que montar una tarjeta gráfica dedicada. Aquí brillan modelos como los Ryzen con sufijo G (por ejemplo, Ryzen 5 5600G) y los Intel con iGPU moderna (Iris Xe o UHD de última generación), ideales para torres pequeñas, HTPC o mini PCs silenciosos.

En resumen, para navegar, trabajar con documentos, consumir contenido multimedia y hacer videollamadas, un Intel Core i3 moderno o un AMD Ryzen 3/5 básico te van a dar más de lo que probablemente necesitas, siempre que los acompañes de un SSD rápido y suficiente memoria RAM.

Gaming: qué elegir para jugar en 1080p, 1440p y más allá

Cuando entramos en el terreno de los juegos, los matices importan mucho: no es lo mismo jugar a 1080p competitivo que a 4K con todo al máximo. Pero hay algunas constantes claras viendo lo que ofrecen Intel y AMD en 2025-2026.

Por parte de AMD, los modelos Ryzen X3D (como el 7800X3D o 7950X3D) se han ganado la fama de ser auténticas bestias en FPS gracias a su enorme caché L3. En muchos títulos, especialmente a 1080p y 1440p, consiguen tasas de frames superiores a sus equivalentes de Intel, situándose en la parte más alta de prácticamente cualquier ranking de gaming.

En Intel, la fuerza sigue estando en el rendimiento mononúcleo de sus i5, i7 e i9 de última generación. CPUs como el i5-13400F, i5-14500, i7-13700KF o i7-14700K ofrecen un rendimiento excelente para juegos, con una latencia muy baja y una respuesta fantástica en títulos competitivos. A igualdad de gama, muchas veces la diferencia de FPS entre un buen Ryzen y un buen Core es de apenas un 10-15 %, pero la elección de gráfica y resolución pesa incluso más.

Algunos ejemplos prácticos según el tipo de jugador:

  • Gaming 1080p competitivo: combinaciones como Ryzen 5 7600 o Intel Core i5-13400F encajan de lujo con gráficas de gama media, ofreciendo FPS altos y buena temperatura sin disparar el presupuesto.
  • Streaming + gaming: un Ryzen 7 7800X3D o un Intel i7 moderno proporcionan más hilos y caché, lo que facilita emitir en directo mientras juegas sin tirones.
  • Gaming entusiasta y 4K: CPUs como Ryzen 9 7900X/7950X3D o Intel i9-13900K/14900K acompañadas de una GPU tope de gama son la opción para quien quiere exprimir monitores de alta resolución y altas tasas de refresco.

Algo importante: por encima de cierto nivel de CPU, el cuello de botella casi siempre pasa a ser la tarjeta gráfica. Muchas veces compensa más invertir un poco menos en procesador y algo más en GPU, siempre que no bajes de una gama media actual decente (i5 / Ryzen 5 modernos).

Creación de contenido, productividad y multitarea intensa

Si tu PC va a ser tu herramienta de trabajo para edición de vídeo, diseño, programación pesada o render 3D, la elección de CPU cobra todavía más peso. Aquí importa mucho el número de núcleos, la gestión de hilos y la eficiencia sostenida bajo carga.

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En el lado de AMD, los Ryzen 7 y Ryzen 9 (tanto de sobremesa como algunas variantes móviles tipo 9850X3D para ciertos escenarios) son especialmente atractivos: muchos núcleos e hilos, buena eficiencia y una relación rendimiento-precio muy favorable. Si das el salto a la familia Threadripper, ya entras en terreno claramente profesional y de estaciones de trabajo.

Intel responde con i7 e i9 de altas prestaciones. CPUs como el i9-13900K han demostrado ser extremadamente capaces en producción de vídeo, compilación y tareas mixtas, gracias a sus P-cores muy fuertes y un buen número de E-cores que se encargan de procesos secundarios. En algunas cargas de productividad pura, un buen i5 moderno también planta cara con resultados muy dignos.

En comparativas directas de gama media, procesadores como el Ryzen 5 5600X/7600X y los Core i5 de 13ª generación muestran enfoques distintos: AMD suele ofrecer más núcleos “reales”, lo que le da ventaja en multitarea y renderizado, mientras que Intel apuesta por una combinación de núcleos potentes y núcleos de eficiencia que brilla en ciertas aplicaciones muy optimizadas.

En cualquier caso, si la prioridad es acortar tiempos de exportación, render o compilación, es mejor priorizar una CPU con más núcleos/hilos y buena refrigeración, antes que exprimir un poco más de FPS en juegos. Y siempre conviene acompañar estas CPUs con suficiente RAM rápida y almacenamiento NVMe de calidad.

Comparativa AMD Ryzen 5 vs Intel Core i5: la gama media al detalle

La gama media es el campo de batalla donde más usuarios se juegan el dinero: AMD Ryzen 5 e Intel Core i5 son los protagonistas absolutos para PCs equilibrados de juego y trabajo. A partir de la información disponible de varios modelos y generaciones, se pueden sacar varias conclusiones interesantes.

En muchos Ryzen 5 típicos (ejemplo clásico: Ryzen 5 5600X), encontramos 6 núcleos y 12 hilos, frecuencias base en torno a 3,5-3,6 GHz y boost sobre los 4,2-4,6 GHz, además de cachés L3 generosas (hasta 32 MB) y TDP de unos 65 W. Esto se traduce en un rendimiento multinúcleo muy competente con un consumo contenido, ideal para un PC que deba servir tanto para ocio como para tareas semiprofesionales.

En la parte de Intel, un Core i5 moderno (13ª gen y similares) suele tener también 6 núcleos y 12 hilos en su configuración “clásica”, aunque en los últimos modelos se combina un grupo de P-cores con E-cores adicionales. Las frecuencias base pueden ser algo más bajas, pero el turbo alcanza cifras muy altas, y el rendimiento de un solo núcleo sigue siendo uno de los puntos fuertes del i5, lo que ayuda a los juegos y muchas apps de uso general.

Si nos fijamos en comparativas específicas como Ryzen 5 5500U vs Intel i5-1135G7 en el entorno de portátiles, entran en juego detalles como la memoria máxima soportada (64 GB en muchos i5 frente a 32 GB en algunos Ryzen 5), los rangos de TDP (Ryzen típicamente 10-25 W frente a 12-28 W de ciertos i5) o la potencia de la iGPU integrada.

En gráficos integrados, muchas configuraciones Ryzen 5 montan Radeon RX Vega (por ejemplo Vega 7), mientras que los Intel i5 de última hornada integran Iris Xe. Dependiendo del modelo concreto, la solución de AMD puede ser hasta el doble de rápida que una iGPU Intel básica para juegos ligeros y multimedia, aunque en generaciones muy recientes de Intel la brecha se ha ido reduciendo.

Plataforma, compatibilidad y «futuro» de tu PC

Más allá de la fuerza bruta de la CPU, hay algo que muchas veces se pasa por alto: la plataforma que eliges condiciona tus futuras actualizaciones. Y aquí hay diferencias claras entre Intel y AMD.

Durante bastante tiempo, AMD ha mantenido la compatibilidad de sus Ryzen 5000 con el socket AM4, permitiendo actualizar procesadores sin tener que cambiar la placa base en muchos casos. Esto ha convertido al ecosistema AM4 en una de las opciones más rentables para quien quería estirar la vida útil de su PC sin reconstruirlo desde cero.

Intel, en cambio, suele cambiar de socket con más frecuencia. Las CPUs Alder Lake exigieron placas con chipset Z690 y sucesores, lo que implica comprar una placa nueva sí o sí para disfrutar de las últimas generaciones de i5, i7 o i9. Esto encarece el salto, pero a cambio te coloca en una plataforma con PCIe 5.0 y DDR5 plenamente soportados desde muy pronto.

En la actualidad, tanto Intel como AMD ofrecen opciones con PCIe 5.0 y DDR5, aunque la disponibilidad de SSDs y GPUs que expriman realmente PCIe 5.0 sigue siendo limitada. La memoria DDR5, por su parte, ya va ganando terreno y mejorando en latencias, pero todavía convive con DDR4 en muchos montajes de gama media.

Si tu prioridad es gastar lo justo y actualizar más adelante, un sistema basado en Ryzen 5 serie 5000 o 7000 sobre una buena placa AM4/AM5 puede ser una jugada maestra. Si prefieres pagar algo más ahora a cambio de estar en la plataforma más avanzada en conectividad, una combinación Intel con chipset actual y DDR5 encaja mejor, aunque el coste inicial sea superior.

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Consumo, temperatura y refrigeración

El tema del calor no es solo cuestión de comodidad; afecta a ruido, vida útil de los componentes y estabilidad. En gamas altas, los Intel Core i7 e i9 suelen ser más calurosos bajo carga extrema, especialmente en overclock o con PLs altos, mientras que muchos Ryzen 7 y Ryzen 9 se comportan algo mejor en eficiencia, aunque también tienen modelos que suben bien de temperatura si se les aprieta.

En el terreno de los Ryzen 5 frente a los Core i5, los valores de TDP de 65 W son habituales en sobremesa, pero AMD a menudo se lleva el punto en eficiencia, sobre todo en variantes móviles con rangos de 10-25 W. Menos consumo implica menos calor que disipar y, por tanto, ventiladores girando más despacio y equipos más silenciosos.

Otro detalle práctico es que muchos procesadores Ryzen incluyen disipadores de serie como el Wraith Stealth, adecuados para configuraciones estándar sin grandes pretensiones de overclock. En cambio, en gran parte de la gama media/alta de Intel tendrás que sumar un cooler aparte, ya que no siempre incluye uno en la caja o el que trae es bastante básico para las exigencias actuales.

Si estás pensando en montar un mini PC, un HTPC o un equipo muy compacto, conviene priorizar CPUs de bajo TDP y buena eficiencia, tanto en Intel como en AMD, y acompañarlas de cajas bien ventiladas y disipadores bajos pero eficaces.

Relación calidad-precio y disponibilidad

El precio real que vas a pagar por tu procesador y por el resto de la plataforma (placa, RAM, disipador) es decisivo. En general, y tomando como referencia muchas comparativas de mercado, un Ryzen 5 suele ser más barato que un Core i5 equivalente, o al menos ofrece más núcleos/hilos por el mismo dinero.

Por ejemplo, en determinados momentos se ha visto un Ryzen 5 rondando los 180 euros frente a Core i5 cerca de 270 euros en la misma franja temporal. A corto plazo, la opción de Intel puede resultar claramente más cara al requerir placa nueva con chipset reciente, memoria DDR5 y un disipador decente. A largo plazo, si planeas aprovechar al máximo esa plataforma de nueva generación, puede compensar, pero la barrera de entrada está ahí.

En cuanto a disponibilidad, tanto Intel como AMD cuentan con buen stock a través de tiendas online y distribuidores especializados. La escasez de chips que vivimos hace un tiempo ha remitido bastante, de modo que hoy lo habitual es poder encontrar sin demasiados problemas el modelo concreto que buscas, o un equivalente muy cercano.

La clave, en plena guerra de precios y ofertas puntuales, es comparar siempre el coste total de la plataforma (CPU + placa + RAM + refrigeración) en lugar de mirar solo el precio del procesador aislado, porque ahí es donde AMD suele sacar ventaja en presupuestos ajustados.

Qué elegir según tu caso: ejemplos claros

Con todo lo anterior, es fácil sentirse abrumado. Para simplificar, podemos plantear algunos escenarios de uso típicos y qué encaja mejor en cada uno, siempre con matices según presupuesto.

Para un PC de oficina, estudios, navegación, videollamadas y algo de multimedia, un Intel Core i3 moderno o un AMD Ryzen 3/5 básico con iGPU es más que suficiente. Aquí importan más el SSD y la RAM que pelear por 5-10 % de rendimiento de CPU.

Si quieres un equipo de gaming 1080p/1440p equilibrado, con posibilidad de algo de streaming o edición ocasional, la diana está en Ryzen 5 7600 / Ryzen 7 7700 o Intel i5-13400F / i5-14500 o una laptop gamer fiable. Son procesadores muy redondos, con buena relación prestaciones/precio y que no exigen disipadores monstruosos.

Cuando la prioridad absoluta son los FPS en juegos exigentes, especialmente a 1440p y con monitores de alta tasa de refresco, los Ryzen X3D como el 7800X3D o el 7950X3D tienen ahora mismo una posición envidiable. Si además haces multitarea pesada, un Intel i7 o i9 híbrido puede darte un extra de versatilidad.

Para creación de contenido seria, edición de vídeo 4K, diseño 3D y uso profesional intensivo, tiene sentido saltar a Ryzen 9 o Intel Core i9, o incluso valorar plataformas como Threadripper si el presupuesto y el tipo de trabajo lo justifican.

Viendo el panorama actual, queda claro que ya no se trata solo de “Intel o AMD” como una decisión de marca. Lo que marca la diferencia es analizar tu uso real, tu presupuesto y la plataforma que más encaja con tus planes de futuro. Con la competencia tan apretada, ambos fabricantes ofrecen procesadores extraordinarios: elegir bien hoy es cuestión de equilibrar rendimiento, precio, eficiencia y capacidad de actualización, sin dejarse llevar únicamente por el ruido de la guerra de marketing entre uno y otro lado.

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