Muere Hideki Sato, el padre del hardware de Sega que marcó una época en los videojuegos

Última actualización: febrero 15, 2026
  • Fallece a los 77 años Hideki Sato, histórico ingeniero y expresidente de Sega, conocido como el "padre del hardware de Sega".
  • Diseñó o supervisó consolas clave como SG-1000, Master System, Mega Drive, Saturn y Dreamcast, además de placas arcade.
  • Su muerte, confirmada por el medio japonés Beep21, llega semanas después del fallecimiento del cofundador de Sega, David Rosen.
  • Su visión técnica y su liderazgo definieron la identidad de Sega y dejaron una huella profunda en la comunidad jugona europea y mundial.

Homenaje a Hideki Sato y legado del hardware de Sega

El mundo del videojuego y, en especial, los seguidores de Sega afrontan estos días una pérdida difícil de digerir. Hideki Sato, figura clave en la historia de la compañía japonesa y referente absoluto en el diseño de consolas, ha fallecido a los 77 años, según han confirmado distintos medios especializados de Japón.

Considerado desde hace décadas como el “padre del hardware de Sega”, Sato fue una de esas personas que rara vez aparecen en los focos, pero cuya huella se nota en cada máquina, en cada mando y en cada partida. Su muerte ha provocado una oleada de reacciones de jugadores veteranos de Europa, América y Japón, muchos de ellos marcados por consolas como Master System, Mega Drive, Saturn o Dreamcast.

La confirmación de su muerte y la reacción del mundo del videojuego

La noticia de su fallecimiento se difundió primero a través de Beep21, una revista japonesa centrada en la historia de Sega, que comunicó en sus redes sociales que Hideki Sato había muerto a los 77 años. El deceso se produjo el viernes 13 de febrero de 2026, aunque el anuncio público se hizo durante el fin de semana.

En su mensaje, Beep21 se refirió a él como un hombre “verdaderamente grandioso”, subrayando que su trabajo “cautivó la historia de los videojuegos japoneses y a los fans de Sega en todo el mundo”. El medio recalcó también que la emoción y el espíritu de desafío que marcaron aquella época seguirán vivos en la memoria de los seguidores de la marca.

Diversas cuentas japonesas especializadas en retro y cultura arcade replicaron el comunicado, aportando mensajes de reconocimiento y condolencias. Numerosos jugadores recordaron cómo las consolas de Sega marcaron su infancia y juventud, especialmente quienes crecieron con Saturn y Dreamcast en los años noventa y primeros dos mil.

Entre esos mensajes se podían leer frases como “las consolas de Sega fueron mi juventud, gracias por todo” o “si no hubiera sido por él, probablemente yo no estaría aquí ahora”, en referencia a la influencia que sus diseños tuvieron en el acceso de toda una generación al videojuego doméstico.

Por el momento, no han trascendido detalles sobre las causas de su muerte, algo que los medios japoneses han tratado con discreción. Lo que sí se ha repetido en prácticamente todas las informaciones es el enorme respeto que se le profesaba dentro de la industria y entre los aficionados.

De ingeniero anónimo a arquitecto del hardware de Sega

La trayectoria de Sato dentro de Sega arranca en 1971, cuando se incorpora a la empresa casi por casualidad. Tras intentar sin éxito unirse al programa japonés de voluntariado en el extranjero (JOCV), se acercó a las oficinas de Sega en Otorii, próximas a su universidad, donde finalmente fue contratado para cubrir una vacante de última hora.

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En sus primeros años, trabajó en juegos electromecánicos y máquinas tipo pinball, una etapa previa a la explosión del videojuego digital. En esos proyectos ya se preocupaba por ajustar la experiencia de juego: por ejemplo, modificando diseños estadounidenses para que las bolas se moviesen más rápido y las partidas fuesen más intensas.

El punto de inflexión llegó con la irrupción de Pong y los primeros sistemas basados en circuitos integrados. Ese cambio tecnológico le empujó a profundizar en los microprocesadores y en nuevas arquitecturas electrónicas, un aprendizaje que acabaría definiendo la futura estrategia de Sega en arcade y consolas domésticas.

Con esa base, Sato se fue consolidando como pieza fundamental en el área de I+D de Sega, primero en proyectos recreativos y, poco después, en el salto al mercado de las consolas de sobremesa.

SG-1000, SC-3000 y el salto a las consolas domésticas

El gran estreno de Sega en el salón de casa se produjo en 1983, cuando Sato lideró, junto a un equipo muy reducido, el desarrollo de la SG-1000, la primera consola doméstica de la compañía, acompañada del ordenador SC-3000. Aquel movimiento marcó el inicio de la presencia de Sega en los hogares japoneses en un momento clave para el sector.

La SG-1000 salió a la venta en Japón el 15 de julio de 1983, el mismo día que Nintendo lanzaba Famicom (la futura NES en Occidente). Esa coincidencia puso de manifiesto una competencia directa que se prolongaría durante años y definiría parte de la cultura del videojuego en Europa y América.

La experiencia con esta primera generación llevó al diseño de Mark III y su adaptación internacional, Master System. Aunque técnicamente estaba por encima de la NES en varios aspectos, la consola no logró igualar sus ventas, pero sí dejó una huella importante en mercados concretos, entre ellos Europa, donde Master System gozó de una base de usuarios fiel, especialmente en países como Reino Unido, Francia, España y Portugal.

En paralelo, Sato también trabajó en el Sega System 1 y otras placas arcade, reforzando el vínculo entre salón recreativo y consola de sobremesa. Esa experiencia compartida entre ambos entornos se convertiría en una de las señas de identidad de Sega en los años siguientes.

Mega Drive: el golpe sobre la mesa de Sega en Europa y Estados Unidos

A finales de los ochenta, Sega dio un salto decisivo con Mega Drive (conocida como Genesis en Estados Unidos). Bajo el liderazgo técnico de Sato, la compañía buscó trasladar la sensación de los salones recreativos al televisor del salón, aprovechando su experiencia en placa arcade.

Mega Drive era una consola de 16 bits basada en un procesador Motorola 68000, que ofrecía un salto considerable respecto a la generación anterior. Sato insistió en resaltar ese músculo técnico, llegando incluso a potenciar la presencia del distintivo “16-Bit” en la carcasa, en letras doradas, como símbolo de potencia y estatus.

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La consola se convirtió en el sistema más vendido en la historia de Sega y logró un éxito notable en Europa, donde se asentó con fuerza en países como España gracias a juegos de acción rápida, deportes y adaptaciones de arcade. En Estados Unidos, un marketing muy agresivo permitió incluso superar temporalmente a Nintendo, algo impensable pocos años antes.

Durante esta etapa, Sato también supervisó periféricos como Mega-CD y el módem para juego en línea, primeros intentos de explorar nuevas formas de distribución y conectividad muchos años antes de que internet de banda ancha fuese habitual en los hogares europeos.

Saturn, Dreamcast y la dificultad de competir en 3D

El salto a los 32 bits trajo consigo la Sega Saturn, una consola diseñada para manejar tanto gráficos basados en sprites como los nuevos entornos 3D. Para rivalizar con la inminente PlayStation de Sony, el equipo de Sato optó por una arquitectura compleja con dos procesadores SH-2, que daba una gran potencia bruta pero resultaba difícil de aprovechar para estudios externos.

Saturn tuvo un desempeño sólido en Japón, con un catálogo muy seguido por los fans del shoot’em up, la lucha y el rol, pero en Europa y América la consola se vio penalizada por su coste, una comunicación confusa y la presión competitiva de Sony. Aun así, para muchos jugadores europeos se convirtió en un sistema de culto, recordado por su potente catálogo japonés.

Tras los problemas de Saturn, Sega decidió dar un giro con Dreamcast, la que sería su última consola de sobremesa. Diseñada con la premisa de ser más accesible para los desarrolladores, la máquina incorporó un chip gráfico PowerVR2, soporte para GD-ROM y, en colaboración con Microsoft, compatibilidad con Windows CE para facilitar los ports.

Uno de los rasgos más rompedores de Dreamcast fue la inclusión de un módem integrado para navegar por internet y jugar en línea, además de la original tarjeta de memoria con pantalla LCD (VMU), que permitía minijuegos y funciones adicionales. Esa apuesta anticipaba un futuro conectado que todavía estaba dando sus primeros pasos en Europa.

Pese a sus virtudes técnicas, la situación financiera de Sega y la llegada de PlayStation 2 limitaron el recorrido de Dreamcast. La consola salió al mercado sin una infraestructura de red plenamente consolidada, lo que hizo que títulos pioneros como Phantasy Star Online llegaran con cierta desventaja frente a un sector que ya miraba a la nueva máquina de Sony.

De diseñador de consolas a presidente de Sega

La carrera de Sato no se quedó únicamente en el laboratorio. En 2001, tras la muerte del presidente Isao Okawa y en plena crisis interna, asumió la presidencia de Sega en una de las etapas más delicadas de la compañía.

Entre 2001 y 2003, ocupó el cargo de presidente interino y tuvo que gestionar una decisión histórica: la retirada de Sega del negocio de fabricación de consolas. Fue precisamente el artífice del hardware quien se vio obligado a pilotar el tránsito hacia un modelo centrado en el desarrollo de software para múltiples plataformas.

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En diversas entrevistas, Sato explicó que, para Okawa, “el hardware no era el objetivo, sino el medio”, y que Dreamcast debía entenderse como una herramienta para impulsar una futura “estructura de red”. Bajo esa filosofía, aceptó que Sega dejara de producir consolas y abrazara el papel de third-party, manteniendo vivas sus sagas en sistemas de la competencia.

Sato permaneció en la compañía hasta 2008, ya lejos de los focos, trabajando en tareas más ligadas a la estrategia y menos al diseño directo de hardware. Con el tiempo, se fue retirando de la vida corporativa, aunque seguía siendo consultado como una auténtica leyenda viva del sector.

Un legado que trasciende consolas, generaciones y fronteras

Más allá de cada modelo concreto, la influencia de Hideki Sato se percibe en la filosofía tecnológica y estética de Sega. Sus decisiones ayudaron a definir cómo debían sentirse y presentarse las consolas de la compañía, desde la carcasa y el mando hasta la forma de trasladar el espíritu arcade al hogar.

Su trabajo abarca desde SG-1000 y Master System hasta Mega Drive, Saturn y Dreamcast, pasando por proyectos menos conocidos como el ordenador multimedia TeraDrive, el sistema educativo Sega Pico o el ordenador con pantalla táctil AI Computer. También dejó su huella en el ámbito recreativo con placas como Sega System 1.

Para muchos jugadores europeos que crecieron en los ochenta y noventa, especialmente en España, Francia, Reino Unido o Alemania, las consolas de Sega fueron el primer contacto serio con el videojuego. Ya fuera con juegos de fútbol en Mega Drive, arcades de velocidad o plataformas con Sonic, la marca formó parte del paisaje cotidiano de tiendas, revistas y tertulias entre amigos.

La muerte de Sato llega, además, pocas semanas después de la del cofundador de Sega, David Rosen, fallecido a finales de 2025. La desaparición casi encadenada de ambos nombres ilustres ha sido interpretada por muchos como el cierre simbólico de un capítulo irrepetible en la historia de Sega.

Según relataba el propio Beep21, Sato conservaba en su oficina personal una Dreamcast y una cámara Dreameye como recordatorio de aquella apuesta temprana por internet y la conectividad. Solía insistir en que el hardware debía ser “un medio para conectar a las personas, no un fin en sí mismo”, una idea que encaja con la realidad actual del videojuego como espacio social global.

La desaparición de Hideki Sato deja un vacío difícil de cubrir, pero también un legado tan amplio que resulta complicado medirlo con exactitud. Su nombre está ligado a algunas de las consolas más queridas por los aficionados, a una forma de entender el videojuego marcada por la ambición técnica y a una etapa en la que Europa y Japón se unían a través de cartuchos, discos y máquinas recreativas. Para quienes se criaron con el logo azul de Sega en la pantalla, su obra seguirá viva cada vez que se encienda una Master System, una Mega Drive, una Saturn o una Dreamcast.

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