La historia de Bliss, el fondo de pantalla más icónico de Windows XP

Última actualización: enero 11, 2026
  • La fotografía Bliss nació de una parada improvisada de Chuck O’Rear en el Valle de Napa en 1996.
  • Microsoft la compró por una suma de seis cifras para convertirla en el fondo de Windows XP.
  • La imagen está ligada a la historia personal y amorosa de O’Rear y Daphne Larkin.
  • Hoy el paisaje original es un viñedo y resulta casi irreconocible frente a la foto que dio la vuelta al mundo.

Fondo de pantalla de Windows XP Bliss

A principios de los 2000, millones de ordenadores en todo el planeta se encendían mostrando la misma escena: una loma verde, un cielo azul limpio y nubes algodonosas. Esa imagen, tan simple como reconocible, se incrustó en la retina de una generación entera de usuarios de Windows XP.

Lo que para la mayoría era solo un fondo de pantalla agradable, para su autor se convirtió en un punto de inflexión vital y profesional. Detrás de Bliss -nombre con el que se bautizó la fotografía- hay una historia de casualidad, de amor tardío y de cómo un paisaje cotidiano acabó siendo el icono visual de la era digital.

Cómo nació la foto que inundó las pantallas

A mediados de los años 90, el fotógrafo estadounidense Chuck O’Rear conducía con frecuencia por el Valle de Napa, al norte de San Francisco. Cada viernes recorría unos 80 kilómetros para visitar a Daphne Larkin, una expresiodista con la que estaba empezando una relación después de una etapa marcada por rupturas y dificultades personales.

En uno de esos trayectos entre St. Helena y el condado de Marin, una colina cubierta de hierba brillante y un cielo espectacular le llamaron la atención. Se detuvo en el arcén, sacó la cámara, hizo unas cuantas tomas y siguió su camino. No hubo focos, ni equipo de apoyo, ni grandes preparativos: solo un paisaje afortunado y un fotógrafo acostumbrado a no dejar pasar una buena escena.

La imagen fue tomada en 1996, y en su archivo fotográfico figuraba con el título original de “Bucolic Green Hills” o “Colinas verdes y bucólicas”. Durante un tiempo no fue más que una foto más en la extensa producción de O’Rear, que por entonces acumulaba 25 años de trabajo para National Geographic, con dos portadas de la revista a sus espaldas.

Con el cambio de milenio, Microsoft buscaba una fotografía que diera personalidad a Windows XP. La compañía quería una imagen luminosa, optimista y cercana, algo que suavizara la irrupción de la informática en la vida diaria. En ese contexto, aquella colina californiana cuadró como un guante.

Paisaje de la colina Bliss de Windows XP

De archivo fotográfico a contrato millonario con Microsoft

O’Rear no imaginó la magnitud de lo que había capturado hasta cinco años después del disparo. En 2001, la víspera de su boda con Daphne, recibió una llamada de su agente: Microsoft quería esa foto para convertirla en el fondo de pantalla de su nuevo sistema operativo.

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La empresa cerró la operación por una cantidad de seis cifras, un importe relevante incluso para un profesional curtido en grandes reportajes. El acuerdo está sujeto a confidencialidad, por lo que nunca se ha hecho público el monto exacto, pero suele mencionarse como uno de los contratos más altos pagados por una fotografía de archivo para uso digital.

Rebautizada como “Bliss”, la imagen empezó a aparecer en millones de monitores a partir del lanzamiento de Windows XP en 2001. Oficinas, colegios, cibercafés y hogares de todo el mundo encendían sus PCs y se topaban con esa escena de aparente calma rural, en contraste con el acelerón que estaba tomando la tecnología.

Con el tiempo, Bliss se consolidó como el fondo de pantalla más visto del planeta. Muchos usuarios la asociaron con sus primeros correos electrónicos, sus trabajos escolares, partidas de videojuegos o incluso con sus inicios en Internet. Para generaciones que crecieron en Europa y España con Windows XP como estándar, esa colina verde es casi una cápsula de la memoria.

La historia de amor detrás de la colina

La fotografía no solo cambió la trayectoria profesional de O’Rear: también quedó ligada a la historia personal que vivía con Daphne Larkin. Ambos se conocieron en 1994 en un almuerzo organizado por amigos en común que pensaron que, al ser periodistas los dos, encajarían bien.

Daphne había trabajado una década como periodista en las Naciones Unidas antes de pasar al sector privado como vicepresidenta senior de Comunicaciones Corporativas en un gran banco estadounidense. Chuck, por su parte, pasaba hasta once meses al año viajando para cubrir reportajes fotográficos repartidos por todo el mundo.

Los dos llegaban a esa cita con una mochila pesada: divorcios previos y la experiencia de criar hijos con discapacidades. El hijo de O’Rear, hoy de unos 65 años, nunca ha podido caminar y requiere cuidados constantes. Daphne perdió a su hijo Lucien a los 10 años tras complicaciones derivadas de una cirugía de corazón que salió mal.

Esa realidad compartida generó una empatía inmediata. Ella misma lo resumió con una frase que se les quedó grabada: “Éramos los desafortunados afortunados”. A pesar del dolor acumulado, encontraron en el otro una segunda oportunidad para recomponer su vida.

Durante un año fueron solo amigos. Cuando el fotógrafo no estaba de viaje, bajaba a verla y la invitaba a cenar. El punto de inflexión llegó cuando O’Rear recibió el encargo de documentar durante un año la vendimia en distintas regiones del mundo y le propuso a Daphne que se reuniera con él en París. Desde entonces, empezaron a viajar juntos, a beber vino, a trabajar codo con codo y a consolidar su relación.

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Un paisaje cotidiano convertido en símbolo generacional

La toma de Bliss fue casi una anécdota en medio de aquellos años de idas y venidas entre el Valle de Napa y el condado de Marin. Daphne ni siquiera supo de la existencia de la foto hasta que su agente llamó con la propuesta de Microsoft. Para entonces, llevaban ya un largo noviazgo y estaban a punto de casarse, algo que ambos habían mirado con prudencia tras matrimonios fallidos.

Tras la compra de la imagen, la pareja integró ese golpe de suerte en una vida profesional que siguió muy ligada al mundo del vino. Juntos publicaron libros y proyectos fotográficos sobre regiones vinícolas de Estados Unidos, combinando la mirada de O’Rear con la escritura de Larkin.

Al mismo tiempo, Bliss se colaba en casi cualquier rincón del planeta. El propio fotógrafo recuerda haber visto su foto en ferris en Grecia, en establecimientos de India, en aeropuertos y hoteles internacionales. Para él, cada aparición era un recordatorio de aquel día en el que decidió apartarse un momento de la carretera.

Mientras tanto, Daphne continuó desarrollando su faceta de escritora. Durante años fue una voz pionera sobre la crianza de hijos con discapacidades, escribiendo columnas para la revista “Parenting” en una época en la que apenas se hablaba del tema en medios generalistas.

Con los años, la pareja acabó instalándose en las montañas Blue Ridge, en Carolina del Norte, en una reserva natural conocida como Sherwood Forest. Allí llevan una vida tranquila junto a un lago, muy lejos del ritmo frenético de sus décadas de viajes y encargos internacionales.

El presente de Chuck y Daphne y el cambio del paisaje real

En su retiro, Chuck O’Rear se ha pasado a la fotografía con el móvil, más como afición que como trabajo. Disfruta de caminatas largas, de nadar en el lago en verano y de la calma de una comunidad pequeña y cercana. Tras una carrera llena de desplazamientos y proyectos, asegura sentirse cómodo en esa rutina más sencilla.

Daphne, por su parte, imparte talleres de escritura de memorias y firma una columna en un periódico local. En más de una ocasión ha relatado episodios de su vida con Chuck y el trasfondo de Bliss, y tiene la ambición de convertir esa historia en un guion cinematográfico. No descarta que, en algún momento, su historia de segundas oportunidades y una foto inesperada llegue también a la gran pantalla.

Pese al paso del tiempo, la imagen sigue ocupando un lugar especial en su vida cotidiana. A menudo, Daphne reflexiona sobre cómo cada persona proyecta en Bliss sus propios recuerdos: quien la ve la asocia a una etapa concreta, como la universidad, el primer trabajo, un cambio de ciudad o incluso un divorcio.

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Mientras la foto permanece inalterable en la memoria colectiva, el lugar físico donde se tomó ha cambiado de forma notable. La colina de Napa que protagoniza la escena ha sido reconvertida en un viñedo privado. Las suaves ondulaciones cubiertas solo de hierba han dado paso a hileras ordenadas de cepas que modifican por completo la estética original.

En 2021, el creador de contenido Andrew Levitt viajó hasta allí con el objetivo de recrear la famosa fotografía. Aunque logró situarse en el mismo punto aproximado, el resultado mostró un entorno prácticamente irreconocible en comparación con el paisaje minimalista y despejado que conoce el público. Las vides, las vallas y otros elementos añadidos rompen esa sensación de pradera infinita que transmitía la versión que terminó en Windows XP.

Lo que significa Bliss para la memoria digital

Para muchos usuarios en España y en toda Europa, Bliss no es solo una bonita postal: es la puerta de entrada a sus primeros años de convivencia con la informática doméstica. Aquella colina aparecía cada mañana al encender el PC en oficinas, locutorios y aulas de informática, acompañando tareas rutinarias y momentos clave de la transformación digital.

Al adoptar esa imagen para Windows XP, Microsoft contribuyó sin querer a crear un símbolo compartido de una etapa tecnológica: la de los ordenadores de sobremesa voluminosos, las conexiones lentas y el descubrimiento masivo de Internet. Que ese símbolo proceda de un paisaje real, captado en un día cualquiera, ayudó también a humanizar la relación con una tecnología que muchos aún veían con recelo.

Desde la perspectiva de O’Rear y Larkin, sin embargo, Bliss es, ante todo, el testigo silencioso de una relación que se fue tejiendo con paciencia después de momentos difíciles. Una foto producto de un desvío mínimo en una carretera secundaria que acabó influyendo en su estabilidad económica, en la percepción que el mundo tiene de su trabajo y, en cierta medida, en la forma en que millones de personas recuerdan sus primeros pasos en el mundo digital.

La colina ya no luce como en la famosa captura, y Windows XP forma parte del pasado, pero esa combinación de cielo azul profundo y pradera verde sigue funcionando como un ancla emocional para quienes vivieron de cerca aquella etapa: un recordatorio de cómo una decisión tan sencilla como detener el coche para tomar una foto puede cambiar tanto la vida de una pareja como la memoria visual de toda una generación conectada.

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