Cuánto gasta una almohadilla eléctrica y cómo ahorrar al usarla

Última actualización: febrero 28, 2026
  • Una almohadilla o manta eléctrica suele consumir entre 50 y 200 W, con un coste mensual que rara vez supera unos pocos euros si se usa con moderación.
  • El gasto real depende de la potencia, el tamaño, las horas de uso y el nivel de temperatura seleccionado, además del precio del kWh de tu tarifa.
  • Frente a radiadores y calefacción tradicional, ofrece un calor localizado mucho más eficiente para calentar a una persona o una cama concreta.
  • Seguir las recomendaciones de seguridad y elegir modelos con termostato, temporizador y apagado automático permite combinar confort, ahorro y tranquilidad.

Consumo de una almohadilla eléctrica

Si alguna vez te has preguntado cuánto gasta realmente una almohadilla o manta eléctrica, no eres la única persona. En cuanto empieza el frío, este pequeño electrodoméstico se convierte en un básico en muchos hogares españoles, pero sigue circulando la duda de si es tan barato como parece o si puede disparar la factura de la luz.

Lo cierto es que, bien usada, una almohadilla eléctrica puede ser una de las formas más baratas y eficientes de calentarte, sobre todo si la comparas con encender toda la calefacción de la casa. Eso sí, conviene entender cómo funciona, de qué depende su consumo, qué riesgos tiene y cómo sacarle todo el partido sin llevarte sustos ni en la piel ni en la factura.

Lo cierto es que, bien usada, una almohadilla eléctrica puede ser una de las formas más baratas y eficientes de calentarte, sobre todo si la comparas con encender toda la calefacción de la casa. Eso sí, conviene entender cómo funciona, de qué depende su consumo, qué riesgos tiene y cómo sacarle todo el partido sin llevarte sustos ni en la piel ni en la factura.

Qué es una almohadilla o manta eléctrica y para qué sirve

Una manta o almohadilla eléctrica es, básicamente, un textil con un sistema de resistencias eléctricas integrado en su interior. Puede tener forma de manta grande para la cama, manta pequeña para sofá o almohadilla localizada para espalda, cervicales o abdomen, pero el concepto es el mismo: se conecta a la red eléctrica y transforma la electricidad en calor.

En su interior se reparten cables especiales o hilos calefactores a lo largo de toda la superficie para que el calor no se concentre en un único punto. En los modelos modernos estos hilos suelen ser de fibra de vidrio u otros materiales muy finos y flexibles, lo que mejora el confort y reparte el calor de forma más uniforme y segura.

Estos textiles calefactores se fabrican normalmente en algodón, vellón, microfibra o poliéster, de modo que la persona pueda elegir la textura que le resulte más agradable. No deja de ser una manta o almohadilla suave, pero con la “tripa eléctrica” integrada.

Su uso más habitual es precalentar la cama o mantener caliente una zona concreta del cuerpo. También se utilizan mucho para aliviar molestias musculares, lumbalgias o dolores cervicales, siempre con la piel cubierta por ropa o sábana para evitar quemaduras.

Funcionamiento de una almohadilla eléctrica

Cómo funciona una manta o almohadilla eléctrica

El funcionamiento es sencillo: conectas el enchufe a la red eléctrica y eliges el nivel de temperatura en el mando. A partir de ahí, las resistencias internas comienzan a calentarse y transfieren ese calor al tejido, que es lo que tú notas cuando te tumbas encima o te la colocas por encima.

La mayoría de modelos incorporan un termostato interno que regula la temperatura. Esto significa que la manta o almohadilla no está todo el rato “a tope”, sino que se enciende y se apaga automáticamente para mantener el nivel de calor elegido. Gracias a ese ciclo de encendido y apagado, el consumo real suele ser bastante inferior al que te indicaría simplemente su potencia máxima.

En los diseños más actuales se apuesta por tecnología de calor infrarrojo y sistemas de baja tensión segura. Lo habitual es que estos aparatos trabajen con tensiones reducidas y sistemas de protección contra sobrecalentamientos, lo que da mucha tranquilidad a la hora de usarlos en la cama o durante la noche.

Es importante respetar la forma de uso recomendada por el fabricante: algunas mantas están pensadas para ir encima de las sábanas y otras para ir debajo. Usarlas al revés puede afectar tanto a la seguridad como a la eficacia del producto.

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Otro detalle clave es que no conviene cubrir la manta eléctrica con demasiadas capas pesadas. Si pones encima varias mantas gruesas puedes dificultar la disipación de calor y provocar que el sistema trabaje peor o incluso se sobrecaliente.

Cuánta potencia tiene una almohadilla eléctrica y cuánto consume

La potencia es el dato clave que verás en la etiqueta o ficha técnica. En el mercado encontramos mantas y almohadillas eléctricas que suelen moverse entre los 50 y los 200 vatios (W), aunque lo más habitual está en el rango de 60 a 150 W.

De forma orientativa, se puede hablar de estas cifras de potencia y consumo por hora de uso:

  • Almohadillas y mantas pequeñas: entre 60 y 100 W de potencia aproximada.
  • Mantas eléctricas grandes para cama doble: entre 120 y 200 W de potencia.

Si nos fijamos en los datos que ofrecen algunas compañías eléctricas, una manta de entre 100 y 150 W representa un consumo muy contenido. Por ejemplo, se ha calculado que una manta de 150 W encendida 6 horas al día durante 4 meses al año tendría un consumo total de alrededor de 108 kWh anuales.

Tomando como referencia un precio medio del kWh de 0,143 €/kWh, mantener la cama caliente con ese uso durante todo el invierno puede suponer unos 15,44 € al año. Como ves, no es una barbaridad precisamente, sobre todo si lo comparas con otros sistemas de calefacción.

Si bajamos al detalle, también se ha estimado que una manta eléctrica puede costar del orden de 0,02 € por hora (poco más de dos céntimos), dependiendo de la tarifa que tengas contratada. Controlando el tiempo de uso y la temperatura, el impacto en la factura suele ser mínimo.

Ahorro con una almohadilla eléctrica

Consumo real al mes y al día: ejemplos prácticos

Para entender mejor cuánto gasta una almohadilla eléctrica en tu día a día, conviene hacer algunos números sencillos usando la fórmula básica: potencia (kW) × horas de uso = kWh consumidos.

Imagina que tienes una manta de 100 W de potencia (0,1 kW) y la utilizas 2 horas al día durante un mes completo (30 días):

  • Consumo diario: 0,1 kW × 2 h = 0,2 kWh al día.
  • Consumo mensual: 0,2 kWh × 30 = 6 kWh al mes.

Si el precio del kWh rondara los 0,25 €/kWh, estarías hablando de 1,5 € al mes aproximadamente. Es decir, pagarías poco más de un euro por usarla durante todo un mes.

En guías de eficiencia energética se suelen dar rangos similares, situando el gasto real de una manta eléctrica entre 2 y 6 € al mes, dependiendo de la potencia, la tarifa y el tiempo de uso (si la dejas toda la noche o solo para precalentar la cama, por ejemplo).

Otro ejemplo: una manta de 200 W encendida 5 horas al día consumiría 0,2 kW × 5 h = 1 kWh diario. Con una electricidad a 0,25 €/kWh, eso son 0,25 € al día. En un mes, estaríamos alrededor de 7,5 €.

Por eso se suele decir que, salvo que la uses muchas horas y a máxima potencia, una manta eléctrica tiene un gasto muy bajo en comparación con calentar toda una habitación con radiadores eléctricos, estufas o calefacción central.

Factores que influyen en el gasto de una almohadilla eléctrica

El consumo de una manta o almohadilla eléctrica no es fijo ni igual para todo el mundo. Depende de varios factores clave que conviene tener en mente si quieres controlar al máximo lo que pagas.

El primero es la potencia del aparato. Cuantos más vatios, más calor produce y más rápido calienta, pero también más energía consume por unidad de tiempo. No necesitas la misma potencia para una cama individual que para una cama de matrimonio o un sofá grande.

El segundo factor es el tamaño de la manta o la superficie que cubre. Las mantas grandes, lógicamente, suelen llevar potencias más elevadas. Para un uso terapéutico o puntual en una zona concreta del cuerpo, una almohadilla pequeña de 60-100 W suele ser más que suficiente.

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El tercer elemento determinante es el tiempo de uso diario. No es lo mismo enchufarla 20 minutos para precalentar la cama que dejarla encendida 6 o 7 horas todas las noches. Aquí es donde más puedes ajustar y ahorrar.

También influye mucho el modo de funcionamiento y el nivel de temperatura que selecciones. Muchos modelos incluyen niveles de calor, programas “eco”, temporizadores y apagado automático; todo eso ayuda a reducir el tiempo efectivo de consumo sin perder confort.

Comparativa: manta eléctrica frente a calefacción tradicional

Cuando se compara una manta eléctrica con otros sistemas de calefacción, lo importante es tener claro qué quieres calentar: ¿a una persona y su cama, o a toda una estancia?

Las mantas y almohadillas suelen tener consumos medios de entre 50 y 150 W por hora, mientras que un radiador eléctrico típico arranca en torno a los 1.000 W y puede subir bastante más. Eso significa que, para calentar solo a una persona, la manta eléctrica puede consumir hasta 10-20 veces menos que un calefactor convencional.

Sin embargo, una manta eléctrica no está pensada para calentar el aire de toda la habitación. Su calor es localizado y directo, ideal para el sofá, la cama o un punto concreto del cuerpo. Si lo que buscas es que el salón entero esté a 22 ºC, ahí sí que necesitas tirar de sistemas de calefacción más potentes.

En cuanto a la calefacción central o de gas natural, sigue siendo la mejor solución para calentar toda la vivienda de forma homogénea, pero su consumo global es mucho mayor. De hecho, hay estimaciones que sitúan el gasto anual de calefacción eléctrica de un piso medio en torno a los 2.670 kWh al año, lo que se traduce en cientos de euros de coste.

Por eso tiene sentido combinar estrategias con domótica en el hogar: usar la calefacción general cuando hace mucho frío, pero apoyarte en mantas y almohadillas eléctricas para las noches, para estancias puntuales o para personas frioleras que necesitan un extra de calor sin subir el termostato de toda la casa.

Ventajas de usar una almohadilla eléctrica

Más allá del consumo, las mantas y almohadillas eléctricas ofrecen una serie de ventajas prácticas que explican por qué cada vez se usan más en los hogares.

Una de las grandes ventajas es la comodidad inmediata. En cuestión de pocos minutos puedes tener la cama o el sofá a una temperatura muy agradable, sin esperar a que se caliente toda la habitación ni depender de radiadores lentos.

También aportan un calor muy focalizado. Si solo tienes frío en los pies, en la zona lumbar o en las cervicales, una almohadilla pequeña puede darte justo el calor que necesitas sin tener que subir la temperatura del resto de la casa.

Otra ventaja importante es su utilidad terapéutica. Muchas personas con dolores musculares, contracturas o rigidez se benefician del calor húmedo o seco de estas mantas, que facilita la relajación, mejora la circulación sanguínea y contribuye a aliviar molestias.

En términos económicos, son una alternativa de bajo coste frente a encender la calefacción central durante muchas horas. Si usas una manta en la cama por la noche, es posible reducir varios grados el termostato del sistema de calefacción, lo que puede suponer un ahorro considerable a final de mes.

Riesgos, seguridad y a quién no le conviene usarlas

Aunque hoy en día las mantas y almohadillas eléctricas son mucho más seguras que hace años, no dejan de ser aparatos eléctricos que generan calor, así que es importante tenerles respeto y no bajar la guardia.

Uno de los principales riesgos es el deterioro por uso y paso del tiempo. Hay estadísticas que apuntan a que en países como Reino Unido se registran cada año miles de incendios vinculados a mantas eléctricas envejecidas, con cables dañados, tejidos quemados o conexiones sueltas.

Por prudencia se suele recomendar renovar la manta o almohadilla eléctrica cada 10 años aproximadamente. Si notas que el tejido está deshilachado, aparecen marcas de quemadura, pliegues rígidos, cables a la vista, manchas de humedad o suciedad difícil de eliminar, lo mejor es dejar de usarla de inmediato.

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Existe también la preocupación por los campos magnéticos que generan estos aparatos. Aunque en condiciones normales no se consideran peligrosos para la población general, se aconseja especial precaución en perfiles sensibles como mujeres embarazadas, personas con marcapasos, diabéticos, bebés, niños pequeños o personas con problemas de sensibilidad al dolor.

En estos casos, lo más prudente es consultar con un profesional sanitario antes de usar mantas o almohadillas eléctricas, o limitar su uso al mínimo imprescindible bajo supervisión.

Consejos para usar tu almohadilla eléctrica con eficiencia y seguridad

Para disfrutar del calor sin sobresaltos, conviene aplicar unas pautas muy sencillas que mejoran tanto la seguridad como el ahorro energético.

Lo primero es leer y seguir las instrucciones del fabricante. Parece una obviedad, pero cada modelo tiene sus particularidades: unos están pensados para ir sobre la sábana, otros debajo, algunos son lavables, otros no. Usarla para cosas para las que no ha sido diseñada puede resultar peligroso.

Cuando no la estés utilizando, apágala y, mejor aún, desenchúfala. De este modo evitas consumos fantasma, minimizas el riesgo de sobrecalentamientos y reduces la posibilidad de cortocircuitos por picos de tensión o tormentas.

Es fundamental no doblar ni arrugar la manta o almohadilla mientras está conectada. Debes extenderla bien para que el calor se reparta de forma uniforme y no se formen puntos calientes que puedan dañar las resistencias o el tejido.

Otro punto crítico es no usarla nunca húmeda ni sobre superficies mojadas, y por supuesto no acostarse encima si uno mismo está mojado. La combinación de electricidad y agua es peligrosa, y en estos aparatos no es una excepción.

En cuanto a la temperatura, mejor pecar de prudente: evita los niveles máximos de calor durante muchas horas seguidas, especialmente si tienes la piel sensible o problemas de circulación. Ajusta los grados a tu comodidad y, si dudas, apuesta por programas suaves.

Funciones recomendables al comprar una manta o almohadilla eléctrica

Si estás pensando en comprar una, hay una serie de características que conviene revisar antes de decidirte por un modelo u otro, más allá del diseño o del precio en oferta.

La primera es el sistema de control de temperatura. Es muy útil que el aparato disponga de varios niveles de calor ajustables, posibilidad de ver la temperatura de forma clara y, en los modelos más avanzados, incluso doble termostato para camas compartidas.

También suma muchos puntos que incluya temporizador y apagado automático. Un temporizador te permite decidir cuánto tiempo quieres que funcione (por ejemplo, 30, 60 o 90 minutos) y olvidarte, mientras que el apagado de seguridad corta la corriente si se detecta un sobrecalentamiento o se cumple un tiempo máximo preestablecido.

El tamaño y el peso son otros factores prácticos. Mide bien la cama, el sofá o la zona en la que la vas a usar y busca un tamaño que encaje. Para modelos terapéuticos, normalmente basta con un formato reducido. En cuanto al peso, conviene que no sea excesivo, sobre todo si la vas a mover a menudo.

El tejido también marca la diferencia. La lana y los tejidos de calidad aíslan y retienen mejor el calor, pero suelen encarecer el producto. El poliéster es más económico, aunque menos eficiente a la hora de conservar la temperatura. En cualquier caso, busca que sea transpirable, agradable al tacto y fácil de limpiar.

Por último, revisa bien que tenga certificados de seguridad, sistemas de protección contra sobrecalentamiento y marcado CE. Y, si puedes, echa un vistazo a las opiniones de otros usuarios para detectar posibles problemas recurrentes en el modelo que te interesa.

En definitiva, una buena almohadilla o manta eléctrica, usada con cabeza y combinada con una tarifa eléctrica competitiva, puede ser un aliado fantástico para pasar el invierno calentito sin necesidad de dejarte medio sueldo en la factura de la luz.

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