Constelaciones: resumen completo para estudiar y entender el cielo

Última actualización: enero 25, 2026
  • Las constelaciones son agrupaciones aparentes de estrellas usadas como referencia cultural, mítica y científica, hoy fijadas en 88 regiones oficiales por la IAU.
  • Algunas de las constelaciones más conocidas son Orión, Osa Mayor, Osa Menor, Cassiopeia, Leo y Escorpio, clave para orientarse y localizar otros objetos celestes.
  • Existen distintos tipos de constelaciones: zodiacales, circumpolares, de hemisferio norte y sur, clásicas y modernas, además de sistemas propios en culturas no occidentales.
  • Para observar y estudiar constelaciones con éxito se combinan cielos oscuros, adaptación de la vista, prismáticos o telescopios sencillos y mapas o apps de astronomía.

Cielo con constelaciones para estudiar

Mirar al cielo de noche y reconocer las figuras que forman las estrellas es una de esas experiencias que engancha. Las constelaciones han servido durante miles de años como mapa, calendario y fuente de historias para prácticamente todas las culturas del planeta, y hoy siguen siendo una herramienta clave para la astronomía moderna.

Si necesitas un resumen claro y completo de constelaciones para estudiar, aquí tienes una guía extensa organizada para que puedas repasar rápido antes de un examen, preparar una clase o simplemente entender mejor qué estás viendo cuando levantas la vista al firmamento.

Qué es exactamente una constelación

Cuando hablamos de constelaciones nos referimos a agrupaciones aparentes de estrellas que, vistas desde la Tierra, dibujan figuras reconocibles en el cielo nocturno. Es como si el cielo fuese una enorme tela oscura y las estrellas fueran puntos de luz unidos por líneas imaginarias para formar animales, héroes mitológicos, objetos o símbolos.

Es importante tener claro que las estrellas de una misma constelación no suelen estar juntas en el espacio. Pueden encontrarse a distancias muy diferentes y no estar unidas gravitacionalmente; simplemente, desde nuestro punto de vista en la Tierra parecen formar un patrón coherente.

Aunque hoy usamos las constelaciones como regiones oficiales de la esfera celeste definidas por la Unión Astronómica Internacional (IAU), para muchas culturas fueron sobre todo un recurso narrativo: cada dibujo del cielo traía consigo mitos, dioses, héroes y leyendas que ayudaban a explicar el mundo.

Origen histórico de las constelaciones y su evolución

Desde las primeras civilizaciones, los seres humanos han intentado poner orden en el caos aparente del cielo nocturno trazando patrones entre las estrellas. Babilonios, egipcios, griegos, romanos, chinos o pueblos aborígenes de Oceanía desarrollaron sus propios mapas estelares y sus propios dibujos.

En el mundo occidental, muchas de las constelaciones que usamos hoy proceden de la tradición griega y romana. Nombres como Andrómeda, Orión, Leo o Virgo vienen de la mitología clásica: la princesa encadenada Andrómeda, el cazador Orión, el león de Nemea o la doncella Virgo son ejemplos de cómo el cielo se llenó de personajes y criaturas legendarias.

Otras constelaciones toman su nombre de animales, objetos o fenómenos naturales reconocibles, como Piscis (el pez), Corona Borealis (la corona del norte) o Auriga (el auriga o conductor de carros). Este tipo de figuras ayudaba a los observadores a memorizar mejor la posición de las estrellas.

Fuera de la tradición grecorromana también florecieron sistemas propios. En China, por ejemplo, encontramos figuras como el Dragón Azul del Este o el Tigre Blanco del Oeste; en culturas aborígenes australianas se reconocen patrones como el Emú o el Cisne Negro. Cada cultura proyectó en el cielo sus propios símbolos, animales sagrados y narraciones.

Con el avance de la astronomía científica, se hizo necesario unificar criterios. A partir de 1928 la IAU estableció de forma oficial 88 constelaciones que cubren toda la esfera celeste sin solapamientos, de manera similar a cómo un mapa político divide la superficie de la Tierra en países.

Curiosidades y usos tradicionales de las constelaciones

Aunque solemos pensar en ellas como simples dibujos, las constelaciones han cumplido funciones muy prácticas. Durante siglos fueron la base de la navegación marítima y terrestre: marineros y viajeros se orientaban de noche guiándose por figuras fáciles de reconocer y por estrellas clave como la Polar.

También han servido como calendario natural para marcar las estaciones del año y el ciclo agrícola. La aparición de ciertas constelaciones en el horizonte antes del amanecer o al atardecer avisaba a los agricultores de cuándo sembrar, cosechar o prever cambios climáticos.

En el plano cultural y religioso, las constelaciones han formado parte de rituales, historias sagradas y mitologías. Muchas fiestas, relatos épicos o simbolismos religiosos están ligados a la posición de determinadas figuras celestes en momentos concretos del año.

En astronomía moderna, aunque el componente mitológico se ha dejado de lado, las constelaciones siguen siendo indispensables como sistema de referencia. Sirven para localizar de forma precisa estrellas, nebulosas, cúmulos y galaxias: en lugar de decir “tal nebulosa está en tal punto”, se dice que se encuentra dentro de una determinada constelación.

Cuántas constelaciones existen y qué es un asterismo

Hoy en día, de manera oficial, el cielo está dividido en 88 constelaciones reconocidas por la IAU. Cada zona del firmamento pertenece a una única constelación, lo que evita confusiones a la hora de describir la posición de un objeto astronómico.

Conviene distinguir entre constelación y asterismo. Una constelación es una de esas 88 regiones oficiales, con límites concretos; un asterismo, en cambio, es un dibujo popular o un patrón de estrellas fácil de reconocer que puede formar parte de una o varias constelaciones.

Por ejemplo, el famoso “Carro” o “Cazo” de la Osa Mayor es un asterismo formado por siete estrellas brillantes, pero la constelación de la Osa Mayor completa es mucho más grande y abarca más estrellas que no son tan evidentes a simple vista.

Esta estandarización del cielo fue fundamental en los siglos XX y XXI porque permitió que la comunidad científica internacional hablara el mismo “idioma celeste”, facilitando la colaboración en proyectos como catálogos de estrellas, estudios de galaxias o búsqueda de exoplanetas.

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Las constelaciones más conocidas del cielo nocturno

Para empezar a moverte por el cielo, es clave aprender a reconocer unas cuantas constelaciones “estrella” que sirven de referencia para encontrar otras. Las que verás a continuación son de las más populares y útiles tanto para principiantes como para aficionados avanzados.

Aunque veremos ejemplos del hemisferio norte y del sur, ten en cuenta que la visibilidad de cada una depende de tu latitud y de la época del año. No todas se ven siempre ni desde cualquier lugar.

Orión, el cazador

Orión es probablemente la constelación más fácil de identificar. Su seña de identidad es el Cinturón de Orión, una línea casi perfecta de tres estrellas brillantes: Alnitak, Alnilam y Mintaka, conocidas popularmente como “Las Tres Marías”.

En la mitología griega, Orión representa a un gigante cazador. En el cielo lo vemos con un cinturón, una espada colgando, hombros y pies marcados por estrellas muy luminosas. Dos de ellas destacan especialmente: Betelgeuse, una impresionante supergigante roja, y Rigel, una supergigante azul que en realidad es la más brillante de la constelación.

Orión es fundamental porque alberga la Gran Nebulosa de Orión (M42), una de las zonas de formación de estrellas más activas y cercanas a la Tierra. A simple vista se aprecia como una pequeña mancha difusa en la “espada” que cuelga del cinturón.

Esta constelación es visible desde casi todo el planeta: en invierno en el hemisferio norte y en verano en el hemisferio sur, dominando el cielo nocturno con sus patrones fácilmente reconocibles.

Osa Mayor, el Gran Carro

La Osa Mayor es una de las constelaciones más extensas y notorias del cielo. Su parte más famosa es el asterismo del Carro o Cazo, formado por siete estrellas brillantes que dibujan algo parecido a una cazuela con mango.

Además de su forma llamativa, la Osa Mayor es vital en orientación porque dos de sus estrellas, Merak y Dubhe, actúan como punteros hacia la Estrella Polar. Si prolongas cinco veces la distancia entre ambas en la dirección del borde del cazo, llegas casi directamente a la Polar, en la Osa Menor.

Por su posición en el cielo, la Osa Mayor es circumpolar en muchas zonas del hemisferio norte, es decir, nunca llega a ocultarse completamente y se puede ver en cualquier época del año, describiendo círculos alrededor del Polo Norte celeste.

Osa Menor y la Estrella Polar

La Osa Menor es más discreta que su hermana mayor, pero no por ello menos importante. En su extremo se encuentra Polaris, la famosa Estrella Polar, casi perfectamente alineada con el eje de rotación de la Tierra.

Esta alineación hace que Polaris parezca inmóvil en el cielo, mientras el resto de las estrellas giran lentamente a su alrededor. Por eso ha sido, y sigue siendo, un referente clave para encontrar el norte geográfico de un vistazo.

La forma de la Osa Menor recuerda también a un pequeño carro, aunque sus estrellas son en general más tenues que las de la Osa Mayor. Desde la ciudad, muchas de ellas pueden pasar desapercibidas por la contaminación lumínica, salvo Polaris, que destaca claramente.

Curiosamente, Polaris no siempre ha sido ni será la estrella polar. Debido a la precesión de los equinoccios (el bamboleo del eje terrestre), hace miles de años la estrella de referencia era Thuban, en la constelación de Draco, y en el futuro será otra diferente.

Cassiopeia, la W del cielo

Cassiopeia es una constelación del hemisferio norte famosa por su inconfundible forma de “W” o “M”, según la veamos. Está formada por cinco estrellas destacadas que dibujan esa silueta en lo alto del cielo.

Mitológicamente, representa a la reina Casiopea, conocida por su vanidad. Se la suele representar sentada en su trono, condenada a girar alrededor del polo celeste, pasando parte del tiempo boca abajo como castigo por su orgullo.

Cassiopeia es también una constelación muy interesante para la astronomía porque se encuentra en una región muy rica de la Vía Láctea, llena de cúmulos abiertos y otros objetos accesibles con prismáticos o pequeños telescopios.

Desde latitudes medias del hemisferio norte, Cassiopeia es circumpolar. Cuando la Osa Mayor está baja, Cassiopeia suele estar alta, y viceversa, de modo que ambas se van turnando en su rotación alrededor de la Estrella Polar.

Leo, el león

Leo es una de las constelaciones zodiacales más fáciles de reconocer. Sus estrellas principales dibujan una especie de “hoz” o signo de interrogación invertido que representa la cabeza y la melena del león, mientras que otras marcan el cuerpo y la cola.

Su estrella más brillante es Regulus, cuyo nombre significa “pequeño rey”, lo que encaja bien con la imagen del león como rey de los animales. En la mitología griega, Leo se identifica con el León de Nemea, al que Hércules derrotó como uno de sus famosos trabajos.

En cuanto a su visibilidad, Leo domina el cielo de primavera en el hemisferio norte y el de otoño en el hemisferio sur, por lo que es una figura clave a la hora de aprender a orientarse según la estación.

Escorpio, el escorpión

Escorpio es de las pocas constelaciones que realmente se parece a lo que representa. Sus estrellas forman una línea curva muy llamativa, rematada en una especie de aguijón que recuerda al de un escorpión real.

En su corazón se encuentra Antares, una espectacular supergigante roja de tono anaranjado, cuyo nombre alude a su parecido en brillo y color con el planeta Marte (Ares en la mitología griega).

La tradición mitológica cuenta que Escorpio es el escorpión que mató a Orión. Por eso, en el cielo, las dos constelaciones nunca están juntas: cuando una se alza en una parte del firmamento, la otra se oculta en el lado contrario.

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Escorpio es una de las constelaciones más destacadas del cielo de verano en el hemisferio sur y del cielo de invierno en el hemisferio norte, situada en una región especialmente rica en estrellas y objetos de la Vía Láctea.

Otras constelaciones destacadas de la Vía Láctea

Además de las ya nombradas, hay otras constelaciones incrustadas en la Vía Láctea que son especialmente relevantes. Can Mayor, por ejemplo, alberga a Sirio, la estrella más brillante de todo el cielo nocturno, visible como un faro blanco azulado.

Tenemos también Centauro, en el hemisferio sur, donde se encuentra Alpha Centauri, el sistema estelar más cercano al Sol. Dentro de este sistema está Próxima Centauri, la estrella más próxima a nosotros después del Sol, rodeada de gran interés por la búsqueda de exoplanetas.

La Cruz del Sur, o Crux, es una constelación pequeña pero icónica del cielo austral. Sus cuatro estrellas principales forman una cruz latina muy fácil de reconocer y se han convertido en símbolo de varios países del hemisferio sur, al aparecer representada en sus banderas.

Por último, Carina destaca por Canopus, la segunda estrella más brillante del firmamento, y por la impresionante nebulosa de Carina, región de formación estelar repleta de estrellas jóvenes y masivas, entre ellas la famosa Eta Carinae.

Las 50 constelaciones más antiguas y el listado oficial

Dentro de las 88 constelaciones reconocidas por la IAU, hay unas 50 consideradas de origen muy antiguo, heredadas en gran medida de la tradición grecorromana. Entre ellas encontramos nombres como Andrómeda, Aquarius, Aquila, Aries, Auriga, Boötes, Cancer, Canis Major, Canis Minor, Capricornus, Cassiopeia, Cetus, Corona Astralis, Corona Borealis, Cygnus, Delphinus, Draco, Equuleus, Eridanus, Gemini, Hercules, Hydra, Leo, Lepus, Libra, Lupus, Lynx, Lyra, Orion, Pegasus, Perseus, Pisces, Sagitta, Sagittarius, Scorpius, Serpens, Taurus, Triangulum, Ursa Major, Ursa Minor, Virgo, Vulpecula, Puppis, Vela, Carina, Antlia, Sextans, Fornax, Caelum y Pyxis.

Estas constelaciones han acompañado a la humanidad desde la Antigüedad y fueron clave en la navegación, la mitología y la astronomía primitiva, mucho antes de que se completara el mapa celeste con constelaciones modernas para cubrir huecos vacíos.

Tipos de constelaciones según su posición y origen

Las constelaciones se pueden clasificar de diferentes formas, pero una de las más útiles para estudiar es la que las divide según su ubicación en el cielo y su relación con el movimiento aparente del Sol.

Por un lado están las constelaciones zodiacales, un grupo de 13 constelaciones por las que pasa la eclíptica, es decir, el camino aparente del Sol sobre la bóveda celeste a lo largo del año. Aquí entran Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Ofiuco, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis.

Dentro del zodiaco, Ofiuco es la gran olvidada en la astrología, que prefiere mantener solo 12 signos iguales de 30 grados, mientras que astronómicamente el Sol sí atraviesa esta constelación entre finales de noviembre y mediados de diciembre.

Otro grupo importante son las constelaciones circumpolares, aquellas que, desde determinadas latitudes, nunca llegan a ponerse por completo bajo el horizonte. En el hemisferio norte, por ejemplo, la Osa Mayor, la Osa Menor o Cassiopeia describen círculos alrededor del polo celeste y pueden verse en cualquier época del año.

También se suele hablar de constelaciones del hemisferio norte y del hemisferio sur, según sean más prominentes y fáciles de observar desde una mitad u otra del planeta. Orión, por estar cerca del ecuador celeste, se deja ver desde casi todas partes, mientras que la Cruz del Sur es exclusiva del cielo austral.

Existen además constelaciones modernas, introducidas para rellenar huecos del cielo que no tenían figuras clásicas asignadas. Algunas de ellas representan instrumentos científicos o inventos, como la Máquina Neumática o el Telescopio, reflejando ya una época más tecnológica.

Por último, conviene recordar que muchas culturas no occidentales conservan sus propios sistemas de constelaciones. Las constelaciones chinas, por ejemplo, dividen el cielo en mansiones lunares y agrupaciones diferentes a las grecorromanas, y lo mismo ocurre con los pueblos indígenas de América, Oceanía o África.

Las 13 constelaciones zodiacales y su significado astronómico

Desde el punto de vista de la astronomía, las constelaciones zodiacales son simplemente aquellas por las que pasa el Sol en su recorrido anual a lo largo de la eclíptica. A diferencia de la astrología, aquí no se las divide en partes iguales ni se ignora Ofiuco.

El tamaño de estas constelaciones es muy desigual: Virgo es enorme, mientras que Escorpio es mucho más pequeña. Por eso la duración del tránsito del Sol por cada una varía: en algunas pasa varias semanas y en otras apenas unos días.

El lento movimiento de precesión del eje terrestre ha provocado que la posición real del Sol en las constelaciones ya no coincida con las fechas de los signos astrológicos. De hecho, se ha desplazado casi un mes desde que se fijaron esos signos en la Antigüedad.

Así, cuando la astrología dice que el Sol está en Aries, astronómicamente suele encontrarse aún en Piscis. Este desfase ilustra bien la diferencia entre la visión simbólica de la astrología y la realidad física descrita por la astronomía.

Constelaciones visibles según la estación del año

A medida que la Tierra gira alrededor del Sol, nuestra ventana al universo cambia. Cada estación del año nos muestra un conjunto distinto de constelaciones dominantes, especialmente si observamos desde latitudes medias del hemisferio norte.

En invierno, el cielo se llena de estrellas muy brillantes: Orión ocupa el centro de la escena, rodeado por Can Mayor, Can Menor, Tauro y Géminis. Entre todas forman el llamado Hexágono Invernal, un gran asterismo lleno de puntos luminosos.

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En primavera el protagonismo pasa a Leo, Virgo y Bootes, con estrellas tan destacadas como Regulus, Spica y Arturo. Muchas guías recomiendan seguir el arco del mango del Carro de la Osa Mayor para encontrarlas: primero Arturo y después Spica.

En verano manda el Triángulo de Verano, formado por Vega (en Lira), Deneb (en Cisne) y Altair (en Águila). Es la época ideal para contemplar la franja de la Vía Láctea cruzando el cielo, con su parte más densa hacia las constelaciones de Sagitario y Escorpio.

En otoño el cielo se reorganiza alrededor del Cuadrado de Pegaso, un gran asterismo que marca el cuerpo del caballo alado. Junto a él encontramos Cassiopeia, Andrómeda y Perseo, ligadas todas al mismo mito. En esta estación, con cielos oscuros, se puede llegar a ver a simple vista la galaxia de Andrómeda como una pequeña nube difusa.

Investigaciones y estudios sobre constelaciones en España

En España existe una comunidad astronómica activa que ha desarrollado trabajos tanto científicos como culturales en torno a las constelaciones. Estos estudios abarcan desde la historia y la antropología hasta la astrofísica de alta energía.

Por un lado se han llevado a cabo investigaciones sobre la influencia cultural de las constelaciones en el arte, la literatura y las tradiciones populares españolas. Analizan cómo se han representado en pinturas, relatos, canciones o rituales, y cómo han contribuido a la construcción de la identidad cultural.

En el terreno técnico, astrónomos españoles han participado en proyectos de astronomía de posición y catalogación estelar, midiendo con gran precisión coordenadas, movimientos propios y características físicas de estrellas dentro de distintas constelaciones.

También hay aportaciones relevantes en astronomía de alta energía, utilizando datos de telescopios espaciales de rayos X y rayos gamma para estudiar fenómenos extremos como estrellas de neutrones, agujeros negros o sistemas binarios en regiones concretas del cielo delimitadas por constelaciones.

Dada la larga tradición marítima del país, no faltan estudios dedicados a cómo los navegantes españoles han usado las constelaciones como referencia en la navegación, especialmente antes de la era de los satélites y el GPS, y cómo ese conocimiento se transmitía de generación en generación.

Además, en el ámbito formativo surgen másteres universitarios y titulaciones especializadas en astronomía y astrofísica, muchas de ellas en formato online, que abordan entre otros temas la estructura del cielo, el papel de las constelaciones y la física de los objetos que las habitan.

Cómo localizar constelaciones: métodos prácticos

Para encontrar constelaciones con facilidad, lo primero es contar con un mapa estelar o una aplicación de astronomía en el móvil. Estas herramientas, basadas en tu ubicación y la hora, muestran en pantalla el cielo tal y como lo verías si mirases hacia arriba.

Algunas apps muy usadas permiten que simplemente apuntes el teléfono al cielo y te indiquen qué constelación estás viendo, además de mostrar los nombres de estrellas, planetas y otros objetos. Son un atajo estupendo para aprender a orientarse.

Otra técnica clave es observar en distintas estaciones del año. No tiene sentido buscar Escorpio en pleno invierno desde el hemisferio norte, por ejemplo; conviene familiarizarse con qué constelaciones son típicas de cada época.

Ayuda mucho aprender a identificar unas pocas estrellas muy brillantes y usarlas como “faros” para encontrar otras figuras cercanas: Sirio te guía hasta Can Mayor, el Cinturón de Orión te ayuda a trazar líneas hacia Tauro y Pléyades, y así sucesivamente.

Participar en noches de observación organizadas por asociaciones astronómicas es otra opción muy recomendada; alguien con experiencia te explicará en directo qué estás viendo, y ese aprendizaje práctico se queda grabado mucho mejor.

Consejos básicos para ver mejor las constelaciones

La calidad del cielo es determinante. La contaminación lumínica de las ciudades oculta una gran parte de las estrellas más débiles, así que lo ideal es desplazarse a zonas rurales, de montaña o parques astronómicos con cielo oscuro.

Una vez allí, conviene dejar que los ojos se adapten a la oscuridad al menos 20 o 30 minutos. En ese tiempo la pupila se dilata y las células fotosensibles de la retina se activan al máximo. Encender una linterna blanca o mirar fijamente una pantalla brillante estropea esa adaptación al instante.

Por eso los astrónomos suelen usar linternas de luz roja, que interfieren mucho menos con la visión nocturna. Así pueden consultar mapas o configurar telescopios sin perder sensibilidad en los ojos.

Respecto al equipo, no hace falta empezar con un telescopio caro. A simple vista ya se reconocen las principales constelaciones. Unos prismáticos de 7×50 o 10×50 son ideales para iniciarse en la observación de cúmulos y nebulosas. El telescopio, aunque sea sencillo, ya permite disfrutar de detalles en planetas y objetos de cielo profundo.

Las aplicaciones como Stellarium, Sky Guide o Sky Tonight funcionan como un planetario portátil: muestran el estado actual del cielo, simulan su aspecto en otras fechas y localizaciones y avisan de acontecimientos como lluvias de meteoros o eclipses relevantes.

Al final, cuanto más tiempo pasas bajo un cielo oscuro, más familiar se vuelve el mapa de constelaciones y más fácil resulta moverse por él casi sin pensar, igual que acabas conociendo de memoria un barrio por el que caminas a menudo.

Cuando interiorizas estas figuras y sus historias, cada noche despejada se convierte en una oportunidad de viaje por la Vía Láctea, de repasar mitos antiguos y, al mismo tiempo, de asomarte al trabajo puntero de la astrofísica moderna, que sigue utilizando estas viejas “parcelas” del cielo para cartografiar un universo cada vez mejor conocido.

Serranía de Ronda
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