- La IA y la automatización están reduciendo salidas clásicas en humanidades, periodismo, ADE, derecho y turismo-hostelería.
- Los perfiles generalistas y con muchas tareas rutinarias serán los más afectados de aquí a 2026.
- En España y Europa preocupa la combinación de sobrecualificación y escasez de empleos cualificados.
- Las mejores perspectivas pasan por perfiles híbridos que combinen formación tradicional con tecnología y datos.

La irrupción de la inteligencia artificial está cambiando de arriba abajo el mercado laboral y empieza a colarse en una de las decisiones más importantes para miles de jóvenes: qué carrera universitaria elegir en los próximos años. Lo que hasta hace poco era una elección basada casi solo en la vocación, ahora también obliga a mirar de frente a la automatización, la digitalización de procesos y la inestabilidad económica.
Distintos análisis, informes internacionales y hasta respuestas generadas por sistemas de IA coinciden en un punto incómodo: hay titulaciones tradicionales que podrían ofrecer muchas menos salidas laborales a partir de 2026 si no se adaptan con rapidez. No se habla de que desaparezcan de golpe, pero sí de menos contratos estables, salarios más ajustados y una competencia feroz por los pocos puestos de siempre.
Carreras de humanidades: valor cultural alto, mercado laboral estrecho
Entre las primeras señaladas aparecen las humanidades clásicas, como literatura, filosofía o historia. La expansión de la IA generativa ha puesto al alcance de cualquiera herramientas capaces de resumir textos, producir ensayos, traducir documentos y analizar grandes volúmenes de información escrita en segundos.
Esto afecta de lleno a ocupaciones donde antes predominaban estos perfiles: investigación académica, traducción y buena parte de la docencia universitaria. Los sistemas de IA pueden elaborar borradores, esquemas e incluso materiales didácticos, lo que limita la necesidad de contratar a tantos profesionales para tareas repetitivas o muy estandarizadas.
En España y en el conjunto de la Unión Europea, la situación se agrava por un dato que viene de lejos: la sobrecualificación. La Comisión Europea ha alertado de que el país se sitúa a la cabeza en porcentaje de titulados trabajando en puestos por debajo de su nivel formativo, algo especialmente acusado en artes y humanidades. Es decir, no solo habrá menos plazas específicas en estos campos, sino que muchas de las que existen ya están ocupadas o mal remuneradas.
Aun así, estas disciplinas continúan siendo claves para el pensamiento crítico, la cultura y la vida democrática. La advertencia de la IA no va contra su importancia social, sino contra la idea de que bastaría con cursar estos estudios sin complementar la formación. Quien elija esta vía tendrá que asumir que la salida profesional “clásica” (investigación o docencia estable) será más difícil de alcanzar.
Voces del ámbito educativo han empezado a debatir, además, sobre un riesgo añadido: apoyarse demasiado en la IA para tareas intelectuales. Algunos expertos en pedagogía han alertado de la “desvinculación cognitiva”, es decir, estudiantes que delegan el razonamiento y el análisis en algoritmos en lugar de desarrollar sus propias capacidades.

Periodismo y comunicación: contenido automatizado y menos plazas junior
Otro de los campos en el punto de mira es el de periodismo y comunicación. La IA ya es capaz de redactar noticias breves, generar titulares, producir resúmenes, subtitular vídeos y crear contenidos para redes sociales de forma casi instantánea. Muchas redacciones han empezado a experimentar con estas herramientas para cubrir información rutinaria: resultados deportivos, notas financieras o comunicados oficiales.
El efecto principal se nota en la base de la pirámide: los puestos de entrada al sector. Se reduce la necesidad de redactores para tareas mecánicas, mientras que sobreviven y ganan relevancia los perfiles que pueden aportar algo que la máquina no domina: investigación profunda, análisis, verificación, manejo de datos complejos o especialización temática.
Además, los medios tradicionales arrastran desde hace años dificultades económicas por la caída de ingresos publicitarios y los cambios de consumo informativo. Con menos recursos y más presión por producir contenido rápido, la tentación de automatizar procesos es evidente, lo que achica todavía más el espacio laboral para los recién graduados.
En este escenario, estudiar periodismo sin una estrategia clara puede dejar a muchos jóvenes en una posición frágil. La propia IA señala que los perfiles generalistas tenderán a tener menos oportunidades que aquellos que combinen la comunicación con datos, programación, verificación de hechos, análisis político o económico en profundidad.
Administración de empresas: el declive del perfil generalista
La lista de carreras que la inteligencia artificial recomienda pensar dos veces antes de estudiar se completa, en gran medida, con administración y dirección de empresas (ADE) de corte generalista. Buena parte de las tareas que tradicionalmente realizaban estos profesionales se han ido trasladando a software especializado y a sistemas de IA.
Hoy es habitual que algoritmos y plataformas digitales se encarguen de gestionar inventarios, analizar datos financieros básicos, elaborar informes estándar, optimizar recursos o proyectar escenarios. Antes esto implicaba a equipos completos de personal administrativo o junior; ahora, una combinación de programas y modelos de IA puede hacerlo en segundos.
Esta transformación no hace desaparecer la figura del gestor, pero sí reduce la demanda de titulados que solo manejen conocimientos genéricos de empresa. Las compañías buscan perfiles híbridos que unan finanzas con analítica de datos, gestión con programación, operaciones con automatización o negocio con ciberseguridad.
Informes recientes, como los elaborados por grandes tecnológicas, apuntan a que operaciones y finanzas avanzan hacia funciones cada vez más “dominadas por IA”, en las que muchas tareas se ejecutan con la ayuda de asistentes inteligentes. Quien se quede en el temario tradicional corre el riesgo de quedar desplazado por compañeros que dominen estas herramientas.

Derecho: automatización de tareas rutinarias y menos espacio junior
El ámbito jurídico tampoco escapa al impacto de la inteligencia artificial. En despachos y departamentos legales de empresas ya se utilizan sistemas capaces de revisar contratos, localizar jurisprudencia, hacer búsquedas avanzadas en bases de datos y elaborar borradores de documentos estándar.
Estas soluciones no sustituyen al abogado a la hora de negociar, argumentar en un juicio o tomar decisiones complejas, pero sí restan volumen de trabajo a las tareas repetitivas que solían desempeñar los perfiles más jóvenes. Es decir, el acceso a la profesión se estrecha mientras la tecnología asume parte del trabajo de base.
Según las proyecciones que manejan distintos modelos de IA, el futuro del derecho pasará por especializaciones ligadas a la tecnología: privacidad y protección de datos, ciberseguridad, regulación de algoritmos, propiedad intelectual en entornos digitales, cumplimiento normativo en empresas altamente automatizadas, etc.
Para quienes estén pensando en matricularse en esta carrera en 2026, el mensaje recurrente es que el derecho “de trámite” quedará cada vez más en manos de máquinas, mientras que cobrarán valor los perfiles capaces de interpretar normas en contextos novedosos, trabajar con equipos tecnológicos y entender qué puede o no puede delegarse a un sistema automático.
Turismo y hostelería: plataformas digitales y empleo inestable
El sector de turismo y hostelería, tan relevante en España y buena parte de Europa, también figura entre los que presentan un futuro más incierto en su versión clásica. La proliferación de plataformas de reservas online, asistentes virtuales, sistemas de recomendación y procesos de check-in y atención automatizada ha reducido la necesidad de intermediarios y de determinados perfiles de atención al cliente.
Recepciones robotizadas, chatbots que responden a dudas del viajero, sistemas que ajustan precios en tiempo real o herramientas que organizan viajes completos sin pasar por una agencia son ya una realidad. Esto no elimina todos los puestos, pero transforma el tipo de trabajo disponible y tiende a concentrarlo en tareas de menor estabilidad o más estacionales.
La IA advierte de que seguirán existiendo oportunidades, pero con una fuerte presión sobre salarios y condiciones en los roles menos cualificados. Para mejorar su posición, quienes estudien estas carreras necesitarán conocimientos en gestión digital, marketing de datos, experiencia de usuario, sostenibilidad y diseño de productos turísticos complejos, lejos de la formación puramente operativa.
Además, el contexto europeo de transición ecológica y cambios en los hábitos de viaje (mayor sensibilidad climática, teletrabajo, turismo de larga estancia) obliga a replantear muchos modelos de negocio del sector. Los perfiles que no se adapten a este giro tendrán un recorrido más corto.
Un mercado laboral europeo tensionado: sobrecualificación y precariedad
Los avisos sobre estas carreras no se producen en el vacío. En Europa, y especialmente en España, el desajuste entre la formación universitaria y la estructura real del mercado laboral lleva años generando preocupación. Hay muchos más titulados que puestos cualificados disponibles, y la IA amenaza con complicar aún más esta ecuación.
El Future of Jobs Report del Foro Económico Mundial estima que la inteligencia artificial y la automatización crearán millones de nuevos trabajos, pero también eliminarán una cantidad significativa, sobre todo en tareas repetitivas, de análisis básico o de ofimática rutinaria. El saldo global puede ser positivo, pero el reparto será muy desigual entre sectores y perfiles.
En paralelo, informes de empresas tecnológicas señalan que muchas funciones de administración, soporte y coordinación evolucionan hacia modelos en los que los sistemas de IA se sitúan en el centro de la operación, relegando a los humanos a roles de supervisión o de decisión puntual. Sin reciclaje profesional, parte de la plantilla corre el riesgo de quedarse sin espacio claro.
En España, el resultado es una mezcla de precariedad, sobrecualificación y sensación de bloqueo. Hacer el currículum perfecto puede marcar la diferencia para quienes compiten por plazas muy limitadas. El país destaca por el número de graduados, pero no tanto por su capacidad para generar empleos de alta cualificación que los absorban. La expansión de la IA podría agravar este problema si no se revisan a tiempo los planes de estudio y las políticas de formación continua.
¿Significa todo esto que no hay que estudiar estas carreras?
La propia IA matiza sus advertencias: no se trata de prohibir ciertas titulaciones, sino de entender bien el contexto en el que se van a desarrollar. Humanidades, periodismo, derecho, turismo o administración de empresas seguirán existiendo, pero la manera de ejercer estas profesiones está cambiando a gran velocidad.
Especialistas y modelos de IA coinciden en que el verdadero factor de riesgo no es la disciplina en sí, sino la falta de adaptación a un entorno dominado por la tecnología. Las personas que cursen estas carreras sin adquirir competencias digitales, como aprender Python, manejo de datos o conocimientos básicos de IA tendrán más dificultades para diferenciarse frente a sus compañeros.
En paralelo, crece la idea de que la inteligencia artificial no “quita trabajos”, sino tareas. Sistemas de atención al cliente, herramientas de traducción automática, asistentes de soporte técnico o programas de diseño facilitan y automatizan parte de la jornada. El problema aparece cuando, al reducirse el volumen de tareas humanas necesarias, descienden también los puestos disponibles.
Algunos líderes del sector tecnológico han insistido en esta idea. Mensajes como “no perderás tu empleo por culpa de la IA, alguien que sepa utilizarla mejor que tú” subrayan la importancia de aprender a convivir con estas herramientas en lugar de ignorarlas. El consejo recurrente es claro: cuanto antes se integren en la formación, por ejemplo formación en inteligencia artificial, y en el trabajo diario, más opciones habrá de mantenerse relevante.
Qué buscan las empresas: perfiles híbridos y dominio tecnológico
A la hora de plantearse si conviene estudiar o no una carrera con riesgo de automatización, conviene mirar también cuáles son los perfiles que los informes internacionales y las propias compañías consideran al alza. Los listados de empleos emergentes suelen coincidir en un patrón: crecen los trabajos que combinan conocimiento humano profundo con un fuerte componente tecnológico.
Se mencionan repetidamente puestos como especialistas en datos, expertos en ciberseguridad, profesionales de IA y aprendizaje automático, ingenieros de software o perfiles que actúan de puente entre disciplinas, como la biotecnología apoyada en análisis masivo de información. No se trata solo de programar, sino de saber diseñar sistemas, tomar decisiones complejas y asumir responsabilidades en entornos de alta incertidumbre.
Para quienes sienten vocación por carreras hoy señaladas como “de riesgo”, la salida no pasa necesariamente por renunciar a ellas, sino por combinarlas con formación complementaria en tecnología, datos o sostenibilidad. Un historiador que domine herramientas de análisis de grandes corpus documentales, un periodista que trabaje con periodismo de datos o un gestor turístico especializado en inteligencia de negocio tienen un encaje muy distinto al de un perfil puramente tradicional.
La mayoría de expertos consultados coinciden en que no existe una carrera “antibalas” frente a la IA. Lo que marca la diferencia es la capacidad de aprender cosas nuevas, reinventarse cuando el sector cambia y utilizar las herramientas tecnológicas como aliadas, no como sustitutas. La decisión de qué estudiar en 2026 pasa, más que nunca, por combinar vocación con una lectura realista de hacia dónde se mueve el empleo.
Con este panorama sobre la mesa, las carreras que distintos modelos de inteligencia artificial recomiendan evitar o, al menos, replantearse para los próximos años son aquellas que dependen en exceso de tareas repetitivas y fácilmente automatizables, se concentran en sectores ya saturados y ofrecen pocas vías de especialización tecnológica. Elegir qué estudiar deja de ser solo una cuestión de gustos para convertirse en un equilibrio delicado entre pasión personal, adaptación a la IA y posibilidades reales de desarrollarse profesionalmente.

