- El regulador de competencia de Brasil investiga si Microsoft limita la libre competencia con sus licencias de software en nubes rivales.
- La pesquisa del CADE se alinea con la presión global sobre los modelos cloud de las grandes tecnológicas.
- En Europa, Microsoft ya ha tenido que separar Teams de Office y asumir obligaciones de interoperabilidad y portabilidad.
- Las decisiones de Brasil y la UE pueden influir en la regulación futura del mercado de software y servicios en la nube.
Las autoridades de competencia han puesto de nuevo a Microsoft bajo el foco por la forma en que comercializa su software y sus servicios en la nube. A la presión que ya llega desde Bruselas se suma ahora el movimiento del regulador brasileño, que ha abierto una investigación formal sobre las condiciones que la compañía aplica al uso de sus licencias en infraestructuras cloud de terceros.
Este nuevo expediente en Brasil encaja en un contexto internacional en el que los grandes proveedores tecnológicos se enfrentan a un escrutinio cada vez más intenso, especialmente cuando combinan software imprescindible para empresas con plataformas de computación en la nube de su propia marca. Las actuaciones europeas sirven como referencia para el análisis brasileño y pueden acabar marcando un estándar de facto también para el mercado europeo de servicios cloud.
La pesquisa del CADE sobre las licencias de Microsoft en nubes rivales
El Conselho Administrativo de Defesa Econômica (CADE), autoridad de competencia de Brasil, ha iniciado una investigación centrada en posibles prácticas restrictivas en el mercado de software y computación en la nube por parte de Microsoft. Según la información adelantada por el diario económico Valor Econômico, el organismo quiere aclarar si la forma en que se estructuran las licencias de la compañía distorsiona la competencia cuando sus programas se ejecutan en infraestructuras cloud ajenas.
El foco está en las condiciones aplicadas al uso de licencias de Microsoft sobre nubes de proveedores rivales: precios, descuentos, restricciones contractuales o cualquier otro elemento que pueda, en la práctica, penalizar a quienes optan por alojar esos productos fuera de la nube de la propia Microsoft. La sospecha es que existan incentivos que hagan más atractiva su plataforma frente a las alternativas disponibles en el mercado.
La pesquisa no se limita a una herramienta concreta, sino que abarca el conjunto de soluciones de software empresarial que la multinacional distribuye en entornos cloud, desde suites de productividad y colaboración hasta sistemas operativos y servicios corporativos. En un escenario de migración acelerada hacia la nube, el acceso a este tipo de programas se considera un factor decisivo para el equilibrio competitivo.
Para el CADE, la clave es determinar si estas políticas han dado lugar a barreras de entrada o desventajas injustificadas para otros proveedores de servicios cloud, tanto brasileños como internacionales. Si el uso de software crítico queda ligado de manera de facto a una sola infraestructura, el espacio para que surjan y crezcan competidores se reduce notablemente.
Como parte del procedimiento, Microsoft dispondrá de un plazo para remitir documentación, responder a los requerimientos y justificar su modelo comercial. Al mismo tiempo, el regulador planea recabar información de clientes corporativos, socios tecnológicos y empresas rivales con el fin de dibujar un mapa detallado de cómo se contratan y usan estas licencias en Brasil.
Un caso alineado con la presión global sobre la nube y las grandes tecnológicas
La actuación del CADE se suma a una corriente cada vez más extendida entre las autoridades de competencia de todo el mundo, que observan de cerca el papel de los grandes proveedores en la transición hacia la computación en la nube y la protección de datos en la nube. La combinación de datos, infraestructura y software en manos de unos pocos actores despierta preocupación por los posibles efectos de cierre de mercado.
En el caso concreto de Microsoft, el regulador brasileño quiere saber si el esquema de licencias puede generar efectos de exclusión o de cierre para otros operadores cloud, impidiendo que alcancen una escala suficiente para competir en igualdad de condiciones. Cuando un proveedor controla herramientas básicas para empresas y administraciones, cualquier ventaja adicional en la nube puede inclinar claramente la balanza.
Las referencias europeas son especialmente relevantes. La Comisión Europea, así como otras autoridades nacionales dentro de la UE, llevan tiempo analizando cómo el empaquetado de servicios, los descuentos cruzados y la integración entre plataformas pueden reforzar posiciones dominantes. Aunque el caso europeo se haya concretado, por ahora, en el vínculo entre Teams y Office, el debate se extiende a un abanico más amplio de servicios cloud y software corporativo.
El CADE no sólo se fijará en el impacto inmediato de los contratos y licencias, sino también en su efecto a largo plazo sobre el ecosistema digital brasileño y, por extensión, sobre la competencia regional. El tipo de reglas que se adopten ahora puede determinar quiénes serán los principales actores en el mercado de servicios empresariales en la próxima década.
Al mismo tiempo, lo que ocurra en Brasil será seguido con interés desde Europa, donde los reguladores buscan referentes internacionales para perfilar su respuesta ante los grandes proveedores cloud. No es extraño que las investigaciones en distintas jurisdicciones acaben influyéndose mutuamente, ya sea a través de remedios similares o de una interpretación convergente de los riesgos competitivos.
El precedente europeo: la separación de Teams y Office en la UE
Mientras en Brasil se abre este nuevo capítulo, en la Unión Europea la Comisión ya ha obtenido concesiones significativas de Microsoft. En septiembre, Bruselas aceptó una serie de compromisos para desvincular la plataforma de videollamadas Teams del paquete de productividad Office, tras acusar a la compañía de abusar de su posición dominante mediante la integración por defecto de ambos productos.
La multinacional optó por asumir estos cambios para evitar una sanción y responder a las quejas de competidores que denunciaban un trato preferente a Teams frente a otras soluciones de comunicación y colaboración. La preocupación comunitaria se centraba en que el empaquetado conjunto dificultaba que las empresas evaluaran o contrataran servicios alternativos en condiciones equilibradas.
El acuerdo con la Comisión Europea establece que la separación entre Teams y Office deberá mantenerse durante al menos siete años, mientras que las obligaciones relacionadas con interoperabilidad y portabilidad de datos se extenderán durante un mínimo de diez años. Esto implica que Microsoft tendrá que garantizar, en el ámbito europeo, que sus soluciones pueden funcionar de forma más abierta con herramientas de terceros y que los usuarios tienen más control sobre sus datos.
Estos compromisos no sólo afectan al mercado comunitario, sino que se han convertido en un referente para otros reguladores que analizan la conducta de la compañía. El propio CADE toma nota de este precedente para evaluar hasta qué punto las inquietudes detectadas en la UE —sobre integración vertical y empaquetado de servicios— se reproducen o no en el contexto brasileño.
Desde la óptica europea, el problema de fondo reside en que un proveedor con gran peso en el software empresarial pueda utilizar esa posición como palanca para impulsar su oferta de nube, condicionando la libertad de elección de empresas y organismos públicos. En ese sentido, la experiencia comunitaria puede servir también como guía para otros reguladores europeos a la hora de vigilar los servicios cloud estratégicos.
Impacto potencial en el mercado brasileño y conexiones con Europa
La decisión del CADE llega en pleno despegue del mercado de servicios en la nube en Brasil, donde empresas, administraciones y proveedores tecnológicos aceleran sus planes de digitalización. En este entorno, el acceso a herramientas de uso masivo como las de Microsoft puede tener un impacto directo en la estructura competitiva del sector.
El regulador pretende analizar con detalle cómo se implementan las licencias de Microsoft en infraestructuras de terceros, qué acuerdos comerciales existen con socios locales e internacionales y hasta qué punto se garantiza la interoperabilidad real entre sus aplicaciones y las plataformas rivales. No se trata solo de precios, sino también de condiciones técnicas y contractuales que, combinadas, pueden favorecer o dificultar la diversificación de proveedores.
Uno de los puntos clave será determinar si las adaptaciones aceptadas por Microsoft en la Unión Europea —como la separación de Teams y Office, o las obligaciones adicionales en materia de portabilidad de datos— son suficientes para mitigar riesgos similares en Brasil, o si es preciso diseñar remedios específicos para el mercado latinoamericano.
Si el CADE concluye que ciertas prácticas en torno a licencias y servicios cloud han generado ventajas indebidas para la compañía, podría imponer medidas de tipo estructural o conductual. Entre ellas, cambios en la forma de comercializar licencias, condiciones de acceso más transparentes o exigencias para reforzar la cooperación técnica con proveedores alternativos.
Para Europa, el desenlace del expediente brasileño será otro termómetro de hasta qué punto los distintos reguladores coinciden en su diagnóstico sobre el poder de mercado de los grandes actores cloud. Un escenario de criterios convergentes podría animar a las autoridades comunitarias a endurecer aún más sus exigencias, especialmente dentro del marco normativo que regula a los llamados «gatekeepers» digitales.
Un escrutinio sostenido sobre Microsoft y el resto de grandes plataformas
La combinación de la investigación brasileña y los compromisos europeos dibuja un panorama en el que Microsoft se enfrenta a una supervisión constante sobre su modelo de negocio en la nube. La empresa ya no sólo debe responder ante un único regulador, sino que ve cómo diferentes autoridades contrastan sus prácticas y comparten conclusiones.
En este contexto, las decisiones sobre licencias, empaquetado de productos y acceso a servicios cloud se analizan como posibles herramientas para reforzar posiciones dominantes, más allá de ser simples opciones comerciales. El reto para los reguladores consiste en trazar la línea entre la competencia legítima y el uso abusivo del poder de mercado en un entorno donde la digitalización avanza a gran velocidad.
Para las compañías que operan en mercados como el brasileño o el europeo, el resultado de estos expedientes será determinante a la hora de ajustar sus estrategias de precios, acuerdos de interoperabilidad y políticas de contratación. Un endurecimiento de las reglas podría abrir más espacio para nuevos actores o consolidar la necesidad de diversificar proveedores de software y nube.
A nivel global, la presión sobre Microsoft encaja en una tendencia más amplia de vigilancia de las grandes plataformas tecnológicas en sectores considerados estratégicos. La nube y el software empresarial se han convertido en infraestructuras esenciales para el funcionamiento de la economía, y los reguladores parecen dispuestos a intervenir si consideran que el equilibrio competitivo está en riesgo.
Todo apunta a que, tanto en Brasil como en Europa, las futuras reglas del juego para el mercado de software y servicios en la nube se irán definiendo a partir de estos casos. El desenlace de la pesquisa del CADE, unido a los compromisos ya obtenidos por Bruselas, marcará el tono de la relación entre los reguladores y Microsoft en los próximos años y condicionará, en buena medida, cómo podrán competir el resto de proveedores en el ecosistema digital.