- Autumn Durald Arkapaw se convierte en la primera mujer en ganar el Oscar a Mejor Fotografía por "Los pecadores"
- Es también la primera mujer de color en hacerse con la estatuilla en una categoría dominada históricamente por hombres
- Su trabajo técnico destaca por el uso de formatos de gran tamaño como IMAX y Ultra Panavision en una superproducción de Ryan Coogler
- La victoria llega en una edición récord para "Los pecadores", con dieciséis nominaciones y cuatro premios, en contraste con el éxito global de "Una batalla tras otra"
La directora de fotografía Autumn Durald Arkapaw ha roto uno de los techos de cristal más resistentes de Hollywood al alzarse con el Oscar a Mejor Fotografía por la película Los pecadores (Sinners). Con este galardón, entregado en la 98ª edición de los Premios de la Academia, se convierte en la primera mujer en la historia en ganar en esta categoría técnica.
Su victoria llega en una gala celebrada en Los Ángeles marcada por los hitos y las cifras récord: «Los pecadores» partía con dieciséis nominaciones, el mayor número jamás alcanzado por un mismo título, y aunque no logró arrasar como se esperaba, sí dejó una huella histórica gracias al trabajo visual de Durald Arkapaw, que ha situado la conversación sobre la igualdad de género y racial en el centro de la industria.
Un Oscar histórico en una categoría dominada por hombres
La de Mejor Fotografía era, hasta ahora, una de las categorías más reacias a abrir la puerta a las mujeres. Autumn Durald Arkapaw es la primera directora de fotografía en ganar el Oscar en casi un siglo de premios, en un apartado que había sido tradicionalmente un bastión masculino dentro del sector técnico de Hollywood.
Antes de su triunfo, sólo tres mujeres habían logrado una nominación en esta disciplina: Rachel Morrison por Mudbound, Ari Wegner por El poder del perro (The Power of the Dog) y Mandy Walker por Elvis. Ninguna de ellas consiguió entonces la estatuilla, lo que subraya el carácter pionero del logro de Durald Arkapaw y el largo tiempo que ha tardado la Academia en reconocer el trabajo de las mujeres tras la cámara.
Su premio supone además un avance en términos de diversidad: Durald Arkapaw es la primera mujer de color que gana en Fotografía. De madre filipina y padre de ascendencia criolla afroamericana con raíces en Luisiana y Misisipi, la cineasta aporta a la categoría una perspectiva que hasta ahora apenas había tenido representación, algo especialmente significativo en una industria que todavía arrastra desequilibrios de género y raza tanto delante como detrás de las cámaras.
La competencia no era, ni mucho menos, sencilla. Para hacerse con el galardón, Durald Arkapaw se impuso a un grupo de directores de fotografía muy consolidados, entre ellos Adolpho Veloso por «Sueños de trenes», Michael Bauman por «Una batalla tras otra», Dan Laustsen por «Frankenstein» y Darius Khondji por «Marty Supreme». Su victoria se interpreta como un reconocimiento no solo a la representación, sino sobre todo a la ambición visual de su trabajo.

Un trabajo visual de gran formato para «Los pecadores»
El Oscar de Autumn Durald Arkapaw llega por su trabajo en «Los pecadores», una ambiciosa superproducción dirigida por Ryan Coogler y ambientada en el Misisipi de los años treinta. La película mezcla vampiros, música blues y la lucha por la dignidad en el sur profundo de Estados Unidos, con un tono que se mueve entre el drama histórico y el fantástico.
La directora de fotografía ha llamado la atención de la crítica y del sector por la dimensión técnica del proyecto. Es la primera vez que una mujer encabeza la dirección de fotografía en una producción rodada en formatos de gran tamaño como IMAX de 65 mm y Ultra Panavision 70, algo que tradicionalmente se ha asociado a superproducciones de acción o grandes épicas firmadas casi en exclusiva por hombres. Durald Arkapaw llegó incluso a operar personalmente una cámara de unos treinta kilos, un detalle que ilustra el nivel de implicación física y creativa en el rodaje.
Su estilo es reconocible en la forma de construir los planos y en el uso del movimiento de cámara. Críticos y espectadores han destacado momentos concretos como los planos en bucle que acompañan la revelación de los gemelos protagonistas o la secuencia musical de baile, donde la cámara se desplaza con una ligereza poco habitual cuando se trabaja con equipamiento de gran formato. Detrás de estas imágenes hay un minucioso trabajo de coreografía de cámara y actores, y una puesta en escena que permite que la tecnología no se imponga al relato, sino que lo realce.
Otro de los pasajes más comentados es la escena conocida popularmente como “atravesar el velo”, en la que la cámara se eleva a través de un tejado en llamas para culminar en una imagen exterior de gran fuerza expresionista. Este tipo de soluciones visuales han contribuido a que la película se haya convertido en un referente reciente para estudiantes de cine y profesionales de la fotografía, también en escuelas y festivales europeos donde se sigue de cerca la evolución de la dirección de fotografía en Hollywood.
Una carrera en ascenso y la colaboración con Ryan Coogler
Nacida en 1979 en Oxnard, California, Autumn Durald Arkapaw estudió Historia del Arte en la Universidad Loyola Marymount. Tras licenciarse, empezó en el sector audiovisual desde la base, trabajando en publicidad y como asistente de cámara en distintas producciones. Este recorrido le permitió familiarizarse con los ritmos de rodaje y con la parte más técnica de la imagen.
Posteriormente se formó en el programa de cinematografía del Conservatorio del American Film Institute (AFI), uno de los viveros de talentos más prestigiosos del mundo del cine. A partir de ahí, fue encadenando proyectos de muy distinto perfil: largometrajes independientes como Palo Alto —el debut de Gia Coppola—, títulos como Teen Spirit, El sol también es una estrella, Mainstream o la superproducción Black Panther: Wakanda Forever, además de numerosos videoclips y campañas publicitarias.
Su salto definitivo al gran escaparate de Hollywood llegó precisamente con «Black Panther: Wakanda Forever», donde ya colaboró con Ryan Coogler. La buena sintonía creativa entre ambos desembocó después en Los pecadores, una producción de enorme escala que necesitaba un sello visual potente. Esa continuidad de trabajo director-directora de fotografía, muy habitual en tándems clásicos del cine, ha permitido desarrollar un lenguaje compartido y reforzar la confianza en decisiones arriesgadas de puesta en escena.
Más allá del largometraje, Durald Arkapaw también ha trabajado en series como Loki y en videoclips para artistas como Rihanna o SZA. Esta combinación de formatos —televisión, cine comercial, cine independiente y música— se percibe en su forma de iluminar, que mezcla un gusto por el contraste y la textura con una sensibilidad muy moderna hacia el color, algo que ha calado entre espectadores jóvenes y profesionales europeos atentos a las nuevas tendencias visuales.
Un discurso de agradecimiento centrado en las mujeres de la industria
El momento de recogida del premio tuvo un fuerte componente simbólico. Durante su discurso en el Dolby Theatre, Durald Arkapaw quiso compartir el foco con el resto de mujeres presentes en la gala. Tomó el micrófono y lanzó un mensaje que enseguida se viralizó en redes sociales y medios internacionales.
“Quiero pedir que todas las mujeres en esta sala se pongan de pie, porque siento que no estaría aquí sin vosotras”, dijo ante un auditorio que respondió con una larga ovación. La directora de fotografía subrayó que, a lo largo de toda la temporada de premios, había sentido un apoyo constante por parte de compañeras de profesión y de otras trabajadoras de la industria, y que consideraba este reconocimiento como un logro compartido.
En su intervención, agradeció de forma especial a Ryan Coogler la confianza depositada en ella, recordando que Los pecadores suponía su segunda colaboración después de Black Panther: Wakanda Forever. También tuvo palabras para Rachel Morrison, la primera mujer nominada a Mejor Fotografía en 2018, a quien señaló como una referencia y una de las personas que “abrieron el camino” en la categoría.
Lejos de los discursos triunfalistas, Durald Arkapaw recalcó la importancia de que su premio se traduzca en más oportunidades para otras profesionales, tanto en Hollywood como en el resto del mundo. En países europeos como España o Francia, donde la presencia de mujeres en la dirección de fotografía ha ido creciendo lentamente durante la última década, este tipo de hitos sirven como espejo y argumento para reclamar mayor diversidad en los departamentos técnicos.
El papel de «Los pecadores» en una noche de récords
Aunque la gala apuntaba inicialmente a un dominio casi absoluto de Los pecadores, la realidad fue algo más matizada. La cinta de Coogler, que llegaba con dieciséis nominaciones y había batido la marca de películas icónicas como Titanic o La La Land, se hizo finalmente con cuatro estatuillas: Fotografía (Autumn Durald Arkapaw), Guion Original (Ryan Coogler), Banda Sonora (Ludwig Göransson) y Actor Protagonista.
En la categoría de interpretación masculina, Michael B. Jordan fue reconocido con el Oscar a Mejor Actor por su papel como dos hermanos gemelos que intentan abrir un club nocturno para la comunidad negra, negocio que se ve amenazado por la aparición de un grupo de vampiros. Fue recibido con una ovación al convertirse en el sexto actor negro premiado en esta categoría, un logro que él mismo vinculó a la labor de quienes le precedieron, desde Sidney Poitier hasta Denzel Washington.
Sin embargo, la gran vencedora de la noche fue «Una batalla tras otra», que se alzó con seis premios, incluido el de Mejor Película. El filme de Paul Thomas Anderson sumó además los galardones a Mejor Dirección, Guion Adaptado, Actor Secundario, Montaje y Casting. El contraste entre el récord de nominaciones de Los pecadores y el número final de premios reabrió el debate sobre cómo la Academia reparte sus reconocimientos entre títulos muy visibles.
En el ámbito europeo, la recepción de la gala y de la victoria de Durald Arkapaw ha sido especialmente positiva entre escuelas de cine, asociaciones profesionales y festivales que llevan años reclamando mayor presencia de mujeres en puestos de responsabilidad técnica. Su triunfo se interpreta como un precedente que puede facilitar la apuesta por directoras de fotografía en grandes producciones financiadas o coproducidas desde Europa, incluidas aquellas que se ruedan en España con participación de plataformas internacionales.
La victoria de Autumn Durald Arkapaw como primera mujer y primera mujer de color en ganar el Oscar a Mejor Fotografía consolida una de las grandes historias de los últimos años en la Academia: la lenta, pero real, apertura de categorías tradicionalmente reservadas a hombres hacia nuevos perfiles. Su trabajo en Los pecadores, marcado por la audacia técnica, el uso de formatos de gran tamaño y un lenguaje visual muy personal, la sitúa como una referencia para futuras generaciones de cineastas. Para el público europeo y español, atento a cómo evoluciona la industria global, su nombre se suma ya al de otras figuras que han ampliado los límites de lo posible detrás de la cámara.