Apple y Google se alían para que Gemini impulse la nueva Siri

Última actualización: enero 13, 2026
  • Apple y Google firman un acuerdo plurianual para que los modelos Gemini sean la base de los Apple Foundation Models y de la nueva Siri.
  • La alianza acelera la hoja de ruta de Apple Intelligence tras retrasos, cambios de liderazgo y problemas para desplegar una Siri realmente avanzada.
  • Apple promete mantener la ejecución en dispositivo y en su nube privada, subrayando la privacidad, mientras crecen las dudas regulatorias en Europa y EE. UU.
  • El acuerdo refuerza el poder de Google en IA, provoca la reacción de Elon Musk y reaviva el debate sobre concentración tecnológica.

Acuerdo Apple y Google para usar Gemini en Siri

El movimiento que muchos analistas daban por hecho ya es oficial: Apple se apoyará en los modelos Gemini de Google para impulsar la próxima generación de Siri y de sus Apple Foundation Models. Lo que hasta hace poco sonaba a rumor improbable se ha convertido en una de las alianzas tecnológicas más relevantes de la década, con impacto directo en el futuro del iPhone y del ecosistema Apple.

La compañía de Cupertino llevaba meses bajo presión por sus retrasos en inteligencia artificial, mientras competidores como Google, OpenAI o Microsoft sacaban pecho con asistentes mucho más capaces. Con este acuerdo, Apple admite de facto que necesita un socio en IA generativa para no quedarse descolgada, al tiempo que insiste en que seguirá controlando la experiencia, la marca y, sobre todo, la privacidad de los datos de sus usuarios.

Un acuerdo histórico: Gemini como base de Apple Foundation Models

Apple y Google han hecho público un acuerdo de colaboración plurianual por el que la futura generación de los llamados Apple Foundation Models se construirá sobre los modelos Gemini y parte de la infraestructura en la nube de Google. En sus comunicados conjuntos, ambas empresas hablan de una alianza de “varios años” que servirá para dar soporte a las próximas funciones de Apple Intelligence, incluida una versión de Siri mucho más personalizada que se lanzará a lo largo de este año.

Según explican las dos compañías, el pacto llega tras una “evaluación exhaustiva” de diferentes tecnologías de IA en la que Apple habría concluido que los modelos Gemini proporcionan “la base más capaz” para sus ambiciones. En la práctica, esto significa que los grandes modelos de lenguaje y multimodales de Google se convertirán en la columna vertebral sobre la que Apple construirá sus capacidades avanzadas de comprensión del lenguaje, contexto personal, visión de pantalla y acciones encadenadas entre apps.

Desde el punto de vista técnico, la integración no se limita a un simple “plugin” externo: Gemini pasa a ser la capa fundacional sobre la que Apple entrenará y adaptará sus propios modelos, con el objetivo de integrarlos de forma transparente en iOS, iPadOS y macOS. Para el usuario final, Siri seguirá siendo “Siri” y Apple Intelligence seguirá apareciendo bajo la marca de Apple; no habrá logotipos de Gemini ni referencias visibles a Google en la interfaz.

Los términos económicos del acuerdo no han sido detallados oficialmente, pero informaciones procedentes de medios como Bloomberg apuntan a un pago anual cercano a los 1.000 millones de dólares por parte de Apple para acceder a modelos Gemini de gran tamaño (se ha llegado a hablar de configuraciones en torno a 1,2 billones de parámetros, aunque sin confirmación pública). En cualquier caso, el pacto se suma a la larga relación comercial que ya mantenían ambas compañías por el uso de Google como buscador por defecto en los dispositivos de Apple.

Gemini en Siri y Apple Intelligence

De la WWDC a los retrasos: por qué Apple ha tenido que apoyarse en Google

Para entender el calado de este giro, conviene recordar el contexto. En la WWDC 2024, Apple presentó Apple Intelligence como su gran respuesta a la IA generativa, situando a Siri en el centro de una estrategia que prometía un asistente capaz de entender el contexto personal del usuario, “ver” lo que hay en pantalla y encadenar acciones complejas entre aplicaciones. Sobre el papel, el salto respecto a la Siri tradicional era enorme.

Durante la segunda mitad de 2024, Apple mantuvo un discurso optimista. En diciembre, la compañía reiteró en una nota de prensa que las funciones más avanzadas de Siri llegarían “en los próximos meses”, mientras empezaba a desplegar otras piezas de Apple Intelligence, como Image Playground, Genmoji o herramientas de análisis visual y escritura asistida. El mensaje era claro: el grueso de la revolución de Siri estaba a la vuelta de la esquina.

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Sin embargo, a medida que avanzaba 2025, el tono fue cambiando. En marzo, en declaraciones al blog Daring Fireball, Apple reconoció que algunas de esas capacidades requerirían más tiempo de desarrollo del previsto inicialmente y pasó a hablar de una Siri “más personalizada” que vería la luz “a lo largo del próximo año”. La propia empresa admitió que había tenido lista una “versión 1” que se frenó al considerarse insuficiente para los estándares internos y para las expectativas de los usuarios.

La WWDC 2025 terminó de evidenciar el problema. Doce meses después de prometer un salto cualitativo, la nueva Siri no ofrecía el nivel de sofisticación que Apple había insinuado. Craig Federighi, máximo responsable de software, y Greg Joswiak, jefe de marketing, se vieron obligados a dar explicaciones públicas, subrayando que preferían retrasar el lanzamiento antes que sacar un asistente que se quedara corto frente a lo que ya ofrecían otros actores del mercado.

Cambios internos, crisis de liderazgo y giro de timón en IA

El atasco con Siri no se quedó en un asunto puramente técnico: acabó impactando de lleno en el organigrama de Apple. En marzo de 2025, agencias como Bloomberg y Reuters adelantaron que el asistente salía del área dirigida por John Giannandrea, el veterano fichaje procedente de Google que había liderado la estrategia de IA de Apple desde 2018.

A partir de entonces, la responsabilidad directa sobre Siri pasó a manos de Mike Rockwell, conocido por su papel en el desarrollo de Apple Vision Pro, quien comenzó a reportar de forma más directa a Craig Federighi. El mensaje interno era evidente: el área de software debía recuperar el control de un producto considerado clave para el futuro de la plataforma.

Meses después, el 1 de diciembre de 2025, la compañía confirmó oficialmente que Giannandrea abandonaría su puesto. Tras un periodo transitorio como asesor, está previsto que se retire en primavera de 2026. Paralelamente, Apple nombró a Amar Subramanya como nuevo vicepresidente de IA, también bajo el paraguas de Federighi, con el encargo de reconducir la estrategia en un contexto de presión creciente.

En este escenario de promesas incumplidas, retrasos acumulados y reestructuraciones internas, las filtraciones sobre una posible alianza con Google empezaron a cobrar fuerza. Durante buena parte de 2025, fuentes del sector —incluido el analista Mark Gurman— apuntaban a que Apple estaba sondeando a varios proveedores de IA, entre ellos OpenAI, Anthropic o Perplexity, pero que las conversaciones con Google avanzaban a mayor ritmo.

La oficialización del acuerdo a comienzos de 2026 confirma que Apple ha optado por un cambio de rumbo pragmático: si no podía llegar a tiempo con modelos propios de primer nivel, la salida pasaba por apoyarse en uno de los líderes del mercado para acelerar la hoja de ruta de Siri y del resto de Apple Intelligence.

Qué cambia para Siri y Apple Intelligence con la entrada de Gemini

El impacto más visible del pacto será, previsiblemente, la transformación de Siri en un asistente mucho más competente. Apple sitúa en su hoja de ruta inmediata una versión de Siri con capacidades ampliadas que debería empezar a llegar este mismo año, ligada a actualizaciones de iOS 26.4. La primera beta para desarrolladores podría aparecer en cuestión de semanas, con un despliegue gradual a lo largo de 2026.

Sobre esa base, la compañía planea estrenar nuevas funciones de Apple Intelligence que irían llegando con versiones posteriores del sistema, como iOS 27. La idea es que el asistente sea capaz de interpretar correos, mensajes, citas y archivos, combinar información procedente de distintas apps y ejecutar acciones encadenadas sin que el usuario tenga que estar saltando manualmente de un lugar a otro.

En las demostraciones que Apple ha ido enseñando, se habla de consultas del tipo: “¿A qué hora sale mi vuelo y cuánto tardo en llegar al aeropuerto desde aquí?” o “reprograma la cena con Marta si mi reunión del jueves se mueve”, apoyándose en datos de Mail, Calendario, Mensajes o Mapas. La ambición es que la nueva Siri deje de ser un simple lanzador de comandos para convertirse en un orquestador inteligente de todo lo que ocurre en el dispositivo.

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Gemini encaja en esa visión aportando modelos de gran tamaño con capacidades avanzadas de comprensión del lenguaje natural, razonamiento y generación de texto e imágenes. Aunque Apple no detalla qué variantes exactas de Gemini utilizará, se da por hecho que combinará modelos más ligeros para tareas locales con modelos de mayor tamaño ejecutados en la nube, siempre bajo el control de su propia infraestructura.

Todo ello se suma a las piezas de Apple Intelligence ya presentadas, como los generadores de imágenes y emojis (Image Playground y Genmoji), las herramientas de análisis visual (Visual Intelligence) o los asistentes de escritura. Además, se mantiene la posibilidad de acceder a ChatGPT desde Siri como complemento opcional, aunque ahora el protagonismo en la estrategia de IA de Apple pasa a estar claramente del lado de Gemini.

Privacidad y nube: cómo Apple quiere mantener el control

Uno de los puntos más sensibles del acuerdo es la gestión de los datos personales y la privacidad, un terreno en el que Apple ha construido buena parte de su imagen pública en los últimos años. Con la entrada de un tercero tan poderoso como Google, las dudas no han tardado en aparecer, especialmente en mercados con regulaciones estrictas como la Unión Europea.

Apple y Google insisten en que, pese a apoyarse en los modelos de Gemini y en la nube de Google, Apple Intelligence seguirá ejecutándose en los dispositivos y en la infraestructura de Private Cloud Compute de Apple. Es decir, el procesamiento se realizará en el propio iPhone, iPad o Mac siempre que sea posible, y solo se recurrirá a la nube cuando la complejidad de la petición lo requiera.

En esos casos, Apple asegura que los datos viajan cifrados a servidores bajo su control, diseñados específicamente como una “zona segura” en la que ni siquiera la propia compañía podría acceder al contenido de las solicitudes. Google aporta la tecnología de modelos y parte de la capacidad de computación, pero Apple recalca que mantiene el timón de la arquitectura, incluidas las garantías de seguridad y la gestión de claves.

Este enfoque explica también por qué solo determinados dispositivos serán compatibles con las funciones más avanzadas. Apple ha señalado en varias ocasiones que la ejecución local de modelos de IA exige un nivel mínimo de potencia y memoria, algo que en la práctica deja fuera a buena parte del parque de iPhone más antiguos. De momento, el corte se sitúa en terminales como el iPhone 15 Pro y posteriores, lo que tendrá implicaciones claras para los usuarios europeos cuando estas funciones se activen.

Con todo, la apuesta de Apple por el control vertical se ve matizada: por primera vez, recurre de forma estructural a modelos externos para un componente tan central como su asistente. La compañía intenta compensarlo con una capa de privacidad y de diseño de producto propia, pero el equilibrio entre dependencia tecnológica y protección de datos será objeto de escrutinio, especialmente por parte de autoridades europeas.

Reacciones del mercado, Musk y el foco regulatorio en Europa

En los mercados financieros, el anuncio ha sido recibido como una señal positiva tanto para Apple como para Google. Las acciones de ambas compañías subieron ligeramente tras hacerse público el acuerdo, y en el caso de Alphabet el impulso ayudó a que su capitalización de mercado alcanzase los 4 billones de dólares en operaciones intradía, uniéndose al club que ya formaban Nvidia, Microsoft y la propia Apple.

Analistas como Dan Ives, de Wedbush Securities, han calificado la alianza como “un momento de gran validación para Google” y “un trampolín para Apple” en su intento de ponerse al día en inteligencia artificial. La lectura en Wall Street es que el acuerdo reduce el riesgo de que Apple quede rezagada frente a sus competidores y, al mismo tiempo, consolida a Gemini como uno de los modelos de referencia de la industria.

En el lado contrario, una de las voces más críticas ha sido la de Elon Musk. El fundador de xAI y responsable de Grok reaccionó al anuncio a través de X (la antigua Twitter), respondiendo a la publicación oficial de Google con un mensaje en el que afirmaba que “esto parece una concentración irrazonable de poder para Google, dado que también tienen Android y Chrome”. Sus comentarios enlazan con el temor a que un mismo actor controle de facto la IA en las dos grandes plataformas móviles.

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La postura de Musk no es neutral: xAI compite directamente con Gemini y con los modelos de OpenAI, y mantiene además un contencioso legal con Apple y OpenAI en Estados Unidos, a los que acusa de coordinarse para asegurar su dominio en el mercado de la IA. En ese contexto, la entrada de Google como socio preferente de Apple refuerza la sensación de aislamiento para proyectos alternativos como Grok.

Más allá de las disputas entre gigantes, el acuerdo se cruza con un terreno regulatorio cada vez más exigente, especialmente en la UE. La larga colaboración entre Apple y Google por el buscador predeterminado ya fue cuestionada en los tribunales, con el Departamento de Justicia de EE. UU. alegando que ese pacto reforzaba la hegemonía de Google en las búsquedas online. Aunque el juez permitió que el acuerdo continuara, el precedente pesa ahora que ambas empresas vuelven a unir fuerzas en un ámbito tan sensible como la IA.

Para las autoridades europeas encargadas de velar por la competencia y por el cumplimiento de normas como la Ley de Mercados Digitales, la combinación de sistemas operativos dominantes, modelos de IA de referencia y control de la infraestructura en la nube puede convertirse en un nuevo frente de análisis. No se descarta que Bruselas pida explicaciones adicionales o condiciones específicas para garantizar que otros proveedores de IA y plataformas móviles puedan seguir compitiendo en igualdad de condiciones.

Impacto para los usuarios en España y Europa

En el plano práctico, los usuarios de iPhone y otros dispositivos Apple en España y en el resto de Europa se preguntan cuándo notarán realmente los efectos del acuerdo. De momento, todo apunta a un despliegue gradual: primero, una Siri mejorada centrada en comprensión del lenguaje y contexto personal, y después, funciones más ambiciosas ligadas a versiones mayores del sistema operativo.

La compañía tendrá que coordinar además estos lanzamientos con el marco regulatorio europeo, incluidas las obligaciones derivadas de la Ley de Servicios Digitales y la futura normativa específica sobre IA. Cuestiones como el tratamiento de datos personales, la posibilidad de elegir modelos alternativos o la transparencia en el uso de modelos externos serán claves a la hora de introducir la nueva Siri en mercados como el español.

Es previsible que, al menos en una primera fase, no todos los países europeos reciban exactamente las mismas funciones ni al mismo tiempo, bien por motivos técnicos, bien por exigencias regulatorias o por decisiones estratégicas de Apple. Ya se ha visto en otras ocasiones —por ejemplo, con funciones de salud o de servicios financieros— que la compañía adapta el ritmo de despliegue a las condiciones legales de cada región.

En paralelo, el acuerdo puede influir en la adopción de nuevos dispositivos en Europa. Si las capacidades más potentes de Apple Intelligence y de la nueva Siri quedan restringidas a modelos recientes como los iPhone 15 Pro o superiores, muchos usuarios podrían plantearse renovar terminal antes de lo previsto para acceder a todas las novedades. En un contexto de madurez del mercado, esa palanca de actualización no es un detalle menor.

Queda por ver también cómo convivirá Gemini con otros modelos que Apple pueda integrar en el futuro. La propia compañía ha dejado caer que el acuerdo con Google no es necesariamente exclusivo, lo que abre la puerta a que, con el tiempo, convivan diferentes proveedores de IA en función del tipo de tarea, el nivel de privacidad requerido o las preferencias del usuario.

La alianza entre Apple y Google marca un antes y un después en la forma en que entendemos la relación entre grandes tecnológicas: dos rivales históricos en móviles unen fuerzas en inteligencia artificial para evitar quedarse atrás frente a otros jugadores igualmente poderosos. Para los usuarios de España y Europa, el resultado se medirá en el día a día, cuando Siri tenga que demostrar si, con Gemini bajo el capó, por fin está a la altura de las expectativas creadas durante años.

La próxima versión de Siri estará basada en Gemini, la IA de Google
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