Si alguna vez has sentido que la rutina diaria te consume y te has imaginado huyendo a un lugar remoto donde el tiempo transcurre más despacio, Farlands es exactamente esa válvula de escape. Este título, fruto de la colaboración entre el estudio español JanduSoft y el creador de contenido Eric Rodríguez, nos propone dejar atrás el caos urbano para empezar de cero en un rincón olvidado de la galaxia, donde la tranquilidad y el trabajo manual son los protagonistas.
A primera vista, es imposible no pensar en referentes como Stardew Valley, pero el juego se las apaña para darle una vuelta de tuerca muy interesante al introducir una temática de ciencia ficción. No se trata solo de plantar hortalizas, sino de gestionar una vida interplanetaria donde la curiosidad por descubrir qué hay en el siguiente asteroide es lo que realmente mueve la experiencia, logrando un equilibrio entre el relax y la ambición de progreso.
El comienzo de una aventura galáctica

La trama arranca con una situación bastante irónica: nuestro personaje, buscando un cambio radical, cae en la trampa de un agente inmobiliario con poca ética que le vende un planeta agrícola a precio de ganga. Al llegar, descubrimos que la «oferta» era así de barata porque el lugar está totalmente abandonado y ruinoso. Armados con una nave destartalada y un droide de asistencia personal que debemos reconstruir, nos toca limpiar el terreno, quitar maleza y devolverle la vida a una roca que ha visto días mejores.
Pero no todo es jardinería espacial. A medida que avanzamos, nos enteramos de que el sistema solar está siendo asfixiado por GorCorp, una megacorporación depredadora liderada por el ambicioso Gorman. Este conflicto introduce un objetivo más profundo: ayudar a los Empíreos a crear un Arca que preserve las especies y materiales de diversos planetas, demostrando que el ecosistema es valioso y no debería ser sacrificado en nombre del capitalismo desmedido.
Mecánicas de juego y gestión del tiempo

El núcleo jugable es un festín para los amantes del género cozy. Contamos con las herramientas clásicas como el pico, la azada y la regadera, aunque el juego hace bromas sobre lo anticuadas que resultan en un entorno espacial. El sistema de estaciones estacionales dicta qué podemos cultivar, obligándonos a planificar nuestras siembras para maximizar los beneficios. Además, existe una barra de energía y un ciclo día/noche que nos obliga a descansar; si nos pasamos de la raya y llegamos a las 2:00 AM, el personaje se desmayará, apareciendo en la cama con la mitad de su estamina.
- Agricultura y Ganadería: Podemos cultivar plantas exóticas y gestionar la ganadería xenos, cuidando de criaturas como caracoles barbudos o pulpos en establos especializados.
- Minería Profunda: El juego cuenta con tres minas distintas. En la de Darmstad, por ejemplo, hay niveles infinitos donde debemos picar piedras para revelar las escaleras que nos permiten descender.
- Relaciones Sociales: Podemos interactuar con habitantes de diversos planetas, mejorar nuestra afinidad mediante regalos y conversaciones, e incluso llegar a casarnos.
La nave y la exploración interplanetaria

Lo que realmente diferencia a Farlands de otros simuladores es su sistema de viajes. La granja es nuestro hogar, pero el mundo se expande a través de diversos planetas con biomas únicos, desde bosques hasta zonas industriales. Para movernos, dependemos de nuestra nave, la cual debe ser mejorada constantemente para reducir el consumo de combustible y los tiempos de trayecto. Es vital gestionar el combustible, que puede fabricarse procesando recursos o comprarse, ya que un viaje mal planificado puede dejarnos exhaustos o sin tiempo para regar los cultivos.
La exploración es gratificante gracias a que cada planeta ofrece materiales específicos y chips de ampliación que desbloquean nuevas recetas de crafteo y tecnologías. Aunque algunos jugadores pueden sentir que los viajes resultan tediosos al principio, la sensación de ir desbloqueando el sistema solar y descubrir secretos ocultos en cuevas o ruinas antiguas mantiene la chispa encendida durante muchas horas.
Apartado técnico y artístico
Visualmente, el juego apuesta por un pixel-art muy colorido y expresivo que, aunque bebe directamente de la estética de Stardew Valley, logra identidad propia mediante el diseño de sus criaturas y la ambientación de cada planeta. Las animaciones están cuidadas y los efectos climáticos, como la lluvia, crean una atmósfera sumamente relajante. En cuanto al sonido, la banda sonora mezcla temas tranquilos con toques espaciales, adaptándose perfectamente al ritmo pausado de la partida.
En plataformas como Nintendo Switch y PC, el juego funciona con soltura, aunque se han reportado algunos tiempos de carga prolongados al cambiar de día o viajar entre mundos. También existen ciertos detalles en la personalización del avatar que resultan limitados, permitiendo solo cambios básicos de color y género, lo que deja un sabor agridulce para quienes buscan una identidad más marcada en su personaje.
Farlands se consolida como una propuesta española valiente que, a pesar de tener algunas aristas por pulir en su versión final, ofrece una experiencia sumamente acogedora. Logra fusionar la paz de la vida rural con la curiosidad de la ciencia ficción, regalándonos un sistema solar donde cada pequeña mejora en la nave o cada nueva semilla plantada se siente como un triunfo personal en la construcción de un nuevo hogar.