Análisis de equipos de redes: auditoría, tráfico y seguridad

Última actualización: enero 27, 2026
  • La auditoría de equipos de redes revela inventario real, estado de la infraestructura y vulnerabilidades antes de que provoquen paradas o brechas.
  • Herramientas software y hardware, junto con protocolos como SNMP, LLDP, NetFlow y ARP, permiten descubrir la topología y analizar a fondo el tráfico.
  • Una buena metodología combina revisión física y lógica, pruebas de seguridad internas y externas y un análisis estructurado de resultados con recomendaciones claras.
  • La monitorización y el análisis continuos de la red se vuelven críticos para mantener rendimiento, disponibilidad, cumplimiento normativo y protección frente a ciberataques.

análisis de equipos de redes

La red de una empresa se ha convertido en el sistema nervioso de todo el negocio: si falla, se para la producción, se corta el acceso a aplicaciones críticas y se multiplica el riesgo de sufrir un incidente de seguridad serio, como los ciberataques en España. Tener los equipos encendidos y “que naveguen” ya no es suficiente; hace falta saber qué está pasando realmente por los cables y el Wi‑Fi, quién se conecta, cómo rinde la infraestructura y qué puertas están abiertas a posibles atacantes.

Un buen análisis de equipos de redes combina auditoría, monitorización y revisión de seguridad para responder a preguntas clave: ¿la red está dimensionada correctamente?, ¿hay dispositivos obsoletos que frenan el rendimiento?, ¿existen brechas de seguridad, virus informáticos o protocolos mal implementados?, ¿qué tráfico entra y sale hacia Internet y hacia qué destinos? A lo largo de este artículo vamos a desgranar, con todo lujo de detalles, cómo se aborda ese análisis y qué herramientas y técnicas se utilizan tanto en entornos corporativos como industriales.

Por qué es tan importante analizar y auditar la red

Las auditorías de red permiten conocer el “estado de salud” de la infraestructura y anticiparse a los problemas antes de que provoquen una caída generalizada o una brecha de seguridad. Mediante estos análisis es posible detectar errores de configuración, cuellos de botella de rendimiento, equipos fuera de soporte, vulnerabilidades, amenazas internas y externas o incluso tramas mal formadas que pueden desestabilizar a los sistemas finales.

En las redes corporativas el foco habitual está en la salida a Internet, porque suele ser el enlace más cargado y crítico de toda la organización; una mala gestión del ancho de banda o un ataque desde fuera puede dejar sin servicio a toda la plantilla. En las redes industriales, sin embargo, el reto es distinto: la cantidad de protocolos propietarios o poco documentados obliga, en muchos casos, a utilizar analizadores específicos capaces de entender cada trama y validar su implementación.

Más allá de la resolución de problemas puntuales, las organizaciones recurren al análisis y a la auditoría de red cuando necesitan hacer inventario de lo que realmente tienen desplegado, preparar una gran actualización de infraestructura, cumplir requisitos normativos (por ejemplo, PCI DSS en el sector financiero) o simplemente asegurarse de que la red sigue alineada con las necesidades actuales del negocio.

Estas auditorías no se limitan a la seguridad: también revisan disponibilidad, rendimiento, calidad del servicio, procesos de monitorización, controles de acceso y administración, de forma que se pueda emitir un informe formal con vulnerabilidades, riesgos y recomendaciones claras para dirección y para el equipo técnico.

Auditoría completa de la infraestructura de red e IT

El primer bloque del análisis consiste en revisar a fondo toda la infraestructura de TI: servidores (incluido cómo montar un servidor casero), switches, routers, cortafuegos, puntos de acceso inalámbricos, sistemas de alimentación, cableado estructurado, dispositivos finales y, en el caso de entornos industriales, equipos de control y automatización. El objetivo es verificar que todo el hardware está correctamente documentado, soportado por el fabricante y en condiciones óptimas de funcionamiento.

En esta fase se suele levantar un inventario muy detallado en el que se registran modelos, versiones de firmware, capacidades de cada equipo, interfaces disponibles, módulos instalados, compatibilidad con protocolos de gestión (SNMP, NetFlow, sFlow, etc.) y fechas de hitos de ciclo de vida (fin de venta, fin de soporte, fin de vida). Este trabajo puede hacerse a mano o con herramientas específicas de auditoría que automatizan gran parte del descubrimiento.

Las auditorías de infraestructura de TI no se quedan solo en el inventario físico: también evalúan cómo de bien están diseñados los controles internos, la segregación de redes, los mecanismos de alta disponibilidad, la estandarización de configuraciones y el gobierno de TI. La idea es comprobar si las buenas prácticas se cumplen realmente o si se han ido acumulando “parches” con el tiempo.

Una evaluación de infraestructura bien planteada ayuda a dimensionar y proteger mejor la red, mejora la escalabilidad, aumenta la estabilidad, reduce tiempos de inactividad y saca más partido a la tecnología ya instalada. Incluye, entre otros aspectos, monitorización proactiva y progresiva, mecanismos preventivos para lograr alta disponibilidad, optimización y consolidación de recursos, así como una mayor visibilidad operacional.

En paralelo, los servicios de aseguramiento de TI se centran en proteger la información apoyándose en los cinco pilares de seguridad: integridad, disponibilidad, autenticación, confidencialidad y no repudio. Esto implica auditorías internas y externas de infraestructura, servicios de certificación, análisis de resiliencia empresarial y revisión de políticas de privacidad y protección de datos.

La sala de servidores y comunicaciones: el corazón físico de la red

La sala de servidores y comunicaciones concentra los elementos críticos de la red: servidores físicos, firewalls perimetrales, routers principales, switches de núcleo, paneles de parcheo y, en muchos casos, el equipamiento de almacenamiento y virtualización. Cualquier análisis serio de equipos de redes debe dedicarle atención específica a este espacio.

Los aspectos físicos son tan importantes como los lógicos. Se revisa la temperatura ambiente, la limpieza y el polvo acumulado en los equipos, la correcta organización del cableado dentro de los racks, el etiquetado de puertos y cables, la separación adecuada entre alimentación eléctrica y datos, así como los accesos físicos a la sala (control de llaves, tarjetas, cámaras, registros de entradas y salidas).

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El router que proporciona la conexión principal a Internet merece un análisis en detalle: se valida que la conexión ofrecida por el proveedor sea estable, segura, con capacidad suficiente, que el hardware cuente con puertos Gigabit Ethernet o superiores, que soporte los protocolos de monitorización necesarios y que las políticas de calidad de servicio y control de ancho de banda estén bien definidas.

También se comprueba el estado del cableado que llega y sale de la sala, asegurando que la categoría (5e, 6 o superior) es coherente con las velocidades que se exigen, que las terminaciones en paneles y rosetas RJ45 están correctas y que no existen empalmes o “chapuzas” que puedan limitar la capacidad de transferencia o generar errores de enlace.

Por último, se revisan sistemas auxiliares como SAIs, climatización y sensores. Un SAI bien dimensionado permite mantener activos servidores y comunicaciones el tiempo suficiente para hacer copias de seguridad ordenadas y apagar los equipos sin riesgo de corrupción de datos. La refrigeración y la monitorización ambiental son clave para alargar la vida útil del hardware y evitar paradas inesperadas.

Equipos de conmutación, acceso y cableado

Los switches son los encargados de distribuir el tráfico de forma inteligente entre todos los dispositivos conectados vía Ethernet. Durante el análisis se evalúa si su capacidad de conmutación, el número de puertos y la velocidad de estos (Fast Ethernet, Gigabit, 10 GbE) son suficientes para la carga real y futura, y si alguna electrónica obsoleta está limitando el rendimiento global de la red.

Es relativamente frecuente encontrar switches antiguos que no alcanzan 1000 Mbps y que actúan como “cuellos de botella” en puntos clave, frenando la comunicación entre servidores, almacenamiento y puestos de trabajo. Detectar y sustituir estos dispositivos tiene un impacto inmediato en el rendimiento percibido por los usuarios.

Los puntos de acceso inalámbricos (AP) también forman parte esencial del análisis: se revisa su ubicación para garantizar cobertura homogénea, se comprueba que estén conectados a tomas de red capaces de soportar el ancho de banda necesario, que dispongan de alimentación adecuada (PoE cuando aplique) y que su configuración de seguridad (WPA2/WPA3, VLANs, aislamiento de clientes) sea la correcta.

El tipo y calidad del cableado estructurado tiene un peso enorme en el rendimiento. Se recomienda utilizar como mínimo categoría 5e o 6, o superiores en nuevas instalaciones, para soportar sin problemas velocidades Gigabit o incluso 10 Gigabit en tramos cortos. Además de la categoría, se revisan conectores, rosetas, patch cords y la correcta disposición en bandejas y canaletas.

En el puesto de los servidores se verifica especialmente la conectividad y la protección eléctrica: ubicación accesible, conexión Gigabit o superior hacia el core de red, vinculación a SAIs redundantes y una refrigeración adecuada que evite sobrecalentamientos. Todo ello repercute directamente en la estabilidad de los servicios que consumen los usuarios.

Análisis de dispositivos conectados y seguridad de la red

Uno de los objetivos clave del análisis de equipos de redes es saber quién está conectado. Mediante escaneos de red, consultas SNMP, revisión de tablas ARP y MAC y herramientas de descubrimiento, se identifican todos los dispositivos presentes: PCs, servidores, impresoras, cámaras IP, dispositivos IoT, equipos industriales, móviles, etc., y se comprueba si están autorizados.

Controlar qué dispositivos acceden a la red es esencial para minimizar riesgos. La existencia de equipos “fantasma” o no inventariados suele ser la puerta de entrada a brechas de seguridad. En redes industrializadas, los analizadores hardware pueden incluso validar que los dispositivos implementan correctamente protocolos como Modbus o DNP3, evitando comportamientos inesperados.

La revisión de la seguridad de la red abarca varias capas: se analiza el esquema lógico (segmentación en VLANs, zonas desmilitarizadas, redes de invitados), se revisan políticas de cortafuegos y listas de control de acceso, se auditan contraseñas y métodos de autenticación, y se verifican soluciones antimalware, IDS/IPS y sistemas de copias de seguridad.

En este punto cobra importancia la evaluación de vulnerabilidades. A partir del inventario y de los datos recopilados, los auditores tratan de “atacar” la red primero desde fuera (simulando un atacante externo) y después desde dentro (asumiendo que un dispositivo interno se ve comprometido). El objetivo es encadenar pequeñas debilidades hasta lograr accesos elevados y demostrar el impacto real.

Tras explotar vulnerabilidades se realiza siempre una verificación manual para separar falsos positivos de problemas reales, identificar causas sistémicas y priorizar las acciones de mitigación. Los hallazgos se recogen en un informe para la dirección, acompañado de recomendaciones técnicas y de negocio: sustitución de equipos obsoletos, cambios de configuración, endurecimiento de políticas, formación al personal, etc.

Herramientas de análisis de red: software y hardware

Para analizar el tráfico y el comportamiento de los equipos de redes existen dos grandes familias de herramientas: las basadas en software, habitualmente genéricas y capaces de interpretar protocolos ampliamente documentados, y las soluciones hardware, más orientadas a entornos específicos (sobre todo industriales) y con soporte para protocolos muy concretos.

Los analizadores de red software más conocidos son Wireshark, TCPDump o Windump. Wireshark, por ejemplo, captura tramas en tiempo real y permite diseccionarlas capa por capa, viendo direcciones de origen y destino, puertos, banderas de protocolo y contenido de aplicaciones. Resulta útil tanto para diagnosticar errores como para estudiar si los paquetes cumplen las especificaciones.

En el ámbito del inventario y el mapeo de la red se utilizan herramientas como SolarWinds, Open‑AudIT o NetformX, capaces de descubrir dispositivos, generar diagramas de topología, asociar relaciones entre equipos y crear informes completos. Otras soluciones como Nessus o Nipper se centran en la evaluación de seguridad, revisando configuraciones y proponiendo buenas prácticas y detectando vulnerabilidades como el ciberataque oculto en navegadores.

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Para la evaluación del rendimiento y el análisis detallado de tráfico, además de Wireshark, se emplean utilidades como iperf, ntop o sistemas de análisis de flujos NetFlow/sFlow, que ayudan a entender quién consume más ancho de banda, qué aplicaciones generan más tráfico y cómo varía la carga a lo largo del tiempo.

Los analizadores hardware, muy presentes en sistemas de control industrial, suelen incluir funciones avanzadas como “fuzzer” para probar implementaciones de protocolo, osciloscopio para comprobar señales y frecuencias, y analizadores eléctricos de cuadro de mando. Productos como Achilles, Netdecoder o dispositivos Line Eye están diseñados precisamente para trabajar con interfaces Ethernet, serie (RS‑232, RS‑485), fibra y otros medios.

Métodos de captura y análisis del tráfico de red

Para que un analizador software pueda estudiar el tráfico de la red, es necesario que las tramas que interesan lleguen hasta el equipo donde está instalado. Esto se puede conseguir de varias maneras: conectando un viejo concentrador (hub) donde todo el tráfico se repite por todos los puertos, configurando un puerto espejo (SPAN) en un switch o utilizando dispositivos hardware específicos como los Network TAP.

El uso de un puerto espejo en un switch es la opción más habitual en redes modernas. Se indica al conmutador que copie todo el tráfico de uno o varios puertos o VLANs hacia un puerto designado, en el que se conecta el analizador. De este modo, se puede monitorizar fielmente lo que pasa por el switch, aunque hay que tener en cuenta que un exceso de tráfico puede saturar el puerto espejo y provocar pérdidas de capturas.

Los Network TAP son dispositivos diseñados para insertar un punto de observación “transparente” entre dos segmentos de red. Replican el tráfico hacia el analizador sin interferir en la comunicación, y suelen soportar diferentes medios físicos y velocidades. En entornos industriales o de misión crítica, donde no se quiere tocar la configuración de los switches, son una opción muy valorada.

La gran diferencia entre analizadores software y hardware es que los primeros se enfocan sobre todo en la monitorización y el análisis de capturas (incluso a posteriori), mientras que los segundos añaden capacidades de prueba activa de protocolos, medición de señales físicas y generación de tráfico sintético, algo vital para validar equipos industriales sin depender de documentación pública del fabricante.

En cualquier caso, el uso de analizadores debe planificarse para no impactar en producción: las pruebas de implementación de protocolos o campañas de fuzzing deben ejecutarse en entornos de laboratorio o cuando el sistema principal no esté en uso, ya que generan paquetes inválidos que pueden dejar la red o los controladores en estados inestables.

Protocolos y técnicas de descubrimiento de equipos y topología

Una pieza clave del análisis de equipos de redes es descubrir automáticamente la topología y las relaciones entre dispositivos. Para ello se combinan varios protocolos y técnicas, que permiten a las herramientas de gestión ir saltando de aparato en aparato hasta dibujar el mapa completo de la red.

SNMP es el protocolo de administración de red más extendido. Los dispositivos compatibles (routers, switches, firewalls, impresoras, etc.) incluyen un agente SNMP que responde a consultas del gestor a través de UDP, evitando la sobrecarga de una conexión TCP. La información gestionada se organiza en identificadores de objeto (OID) dentro de bases MIB, que almacenan contadores, estados de interfaces, tablas de reenvío, niveles de tinta, estadísticas de puertos y un largo etcétera.

El protocolo LLDP (Link Layer Discovery Protocol) aporta otra pieza de información fundamental. Cada equipo que lo soporta anuncia de forma periódica datos sobre sí mismo (tipo de dispositivo, identificador, puerto) a sus vecinos directos en la capa 2. Estos vecinos guardan esos datos en sus propias MIB, de forma que las herramientas de gestión pueden ir encadenando vecinos para reconstruir la topología física.

Incluso utilidades tan sencillas como el ping siguen siendo útiles para el descubrimiento. Enviando peticiones de eco ICMP y comprobando quién responde, es posible detectar equipos activos en una subred. Esta técnica es simple, pero combinada con SNMP, ARP y otros métodos, ayuda a completar el inventario.

El protocolo ARP, encargado de asociar direcciones IP a direcciones MAC, también se aprovecha durante las auditorías. Consultando vía SNMP la caché ARP de routers y switches, el software de administración puede construir su propia base de datos de rutas, subredes y vecinos de capa 2 y capa 3, continuando este proceso recursivo hasta cubrir todos los segmentos conocidos.

Análisis de tráfico de red, NetFlow y visibilidad avanzada

Además de capturar paquetes individuales, muchas organizaciones se apoyan en el análisis de flujos para tener una visión agregada del tráfico. Tecnologías como NetFlow (Cisco), sFlow, J‑Flow o IPFIX exportan resúmenes de conversaciones de red hacia un colector central, que los almacena y representa de forma gráfica.

Herramientas como NetFlow Analyzer se encargan de recoger esos datos de flujo, correlacionarlos y generar informes con información sobre quién consume ancho de banda, qué aplicaciones generan más tráfico, qué puertos y protocolos se utilizan o cómo ha evolucionado el uso de la red en distintos periodos de tiempo. Permiten ver tanto datos en tiempo real (granularidad de un minuto) como históricos de horas, días, meses o trimestres.

Estos sistemas de análisis de tráfico suelen ofrecer dashboards muy completos, donde se puede identificar de un vistazo qué interfaz, aplicación, usuario, host o conversación está acaparando recursos. Los informes se exportan normalmente en CSV o PDF, algo especialmente útil para presentarlos a la alta dirección y justificar inversiones o cambios de política.

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Otro punto interesante es la capacidad de detectar comportamientos anómalos a través de los propios flujos: picos inusuales de tráfico hacia puertos concretos, patrones que recuerdan a ataques de denegación de servicio, flujos con valores TOS extraños o paquetes mal formados. Clasificando estos eventos, se pueden identificar amenazas internas o externas y reaccionar con rapidez.

Los analizadores de tráfico también se convierten en una herramienta forense clave ante una posible intrusión. Al conservar información detallada de lo que ha pasado por la red, permiten reconstruir el incidente: qué equipos se vieron implicados, qué volúmenes de datos se exfiltraron y en qué momentos se produjeron los accesos sospechosos.

Cómo estructurar y ejecutar una auditoría de red paso a paso

Cualquier auditoría o evaluación de seguridad de red sólida se apoya en tres grandes fases: planificación, ejecución y post‑auditoría. Saltarse o minimizar la etapa de planificación suele terminar en frustración y pérdida de tiempo, porque se descubre a mitad del proyecto que faltan permisos, datos o herramientas.

Durante la planificación se define el alcance con precisión: qué dispositivos se incluyen (normalmente routers, switches, firewalls y equipos de seguridad, dejando fuera estaciones de trabajo y servidores de aplicación salvo que se indique lo contrario), qué objetivos se persiguen (inventario, cumplimiento, resolución de problemas, mejora de rendimiento), qué normativa aplica y qué ventanas de trabajo se van a utilizar.

También se asegura el compromiso de las partes interesadas. Sin apoyo de la dirección y del equipo técnico es prácticamente imposible realizar una auditoría de red completa, ya que se necesitan credenciales de acceso (SNMP, Telnet, SSH), cambios temporales de configuración (como habilitar SNMP o SPAN), e incluso equipos o portátiles con suficiente capacidad para ejecutar las herramientas necesarias.

La selección de herramientas es otro punto clave en esta fase. Para redes pequeñas puede optarse por un enfoque más manual, conectándose dispositivo a dispositivo, pero en entornos medianos y grandes suele ser imprescindible utilizar soluciones de descubrimiento automático, análisis de configuraciones, escáneres de vulnerabilidades y analizadores de tráfico.

Una vez confeccionado el plan, se pasa a la ejecución de la auditoría. Con las credenciales preparadas y la herramienta configurada (cadenas de comunidad SNMP, usuarios y contraseñas para Telnet/SSH, rangos de IP o dispositivos semilla), se inicia el proceso de descubrimiento. Dependiendo del tamaño de la red, esta fase puede durar desde unas pocas horas hasta varios días.

Al finalizar la recogida de datos comienza la etapa de post‑auditoría, donde se analizan en profundidad todos los resultados: se generan informes, se identifican riesgos, se priorizan las vulnerabilidades por impacto, se separan los falsos positivos y se redactan recomendaciones claras. Parte del informe se enfocará al lenguaje de negocio (costes de una caída, riesgos legales, impacto en productividad) y otra parte será puramente técnica.

Fases detalladas en evaluaciones de seguridad de red

En auditorías de seguridad más exhaustivas los especialistas suelen dividir el trabajo en varias fases técnicas bien diferenciadas para asegurar que no se deja ningún ángulo sin revisar.

La primera fase es el análisis de huella y recopilación de información. Aquí se elabora un inventario físico y virtual de la red: hardware, software, licencias, nombres de dominio, rangos IP, servicios publicados, rutas, políticas de seguridad, procesos de monitorización ya en marcha, etc. El objetivo es disponer de un modelo de red y de un perfil de seguridad lo más completo posible.

La segunda fase se centra en el análisis y evaluación de vulnerabilidades desde una perspectiva externa. Aprovechando la información recopilada, se busca penetrar en la red mediante la explotación combinada de debilidades de bajo nivel que, unidas, puedan dar acceso a información sensible o a sistemas críticos.

La tercera fase repite la jugada, pero desde el interior de la organización. Se parte de la hipótesis de que un atacante ya ha logrado entrar (por ejemplo, a través de un correo de phishing o un USB infectado) y se intenta escalar privilegios y moverse lateralmente. Aquí se comprueba la fortaleza de las defensas internas y la segmentación.

En la cuarta fase se verifica manualmente cada vulnerabilidad explotada, revisando configuraciones, versiones, parches y posibles vías de ataque alternativas. Esta verificación evita que se inviertan recursos en remediar problemas que no son realmente explotables o que tienen un impacto mínimo en el contexto concreto de la organización.

Por último, se realiza un análisis global de las vulnerabilidades para identificar patrones y causas raíz: errores de diseño, falta de políticas, carencia de formación, equipos sin soporte, ausencia de pruebas periódicas, etc. A partir de ahí se definen planes de acción priorizados, que el departamento de TI deberá implementar en coordinación con la dirección.

Tanto las auditorías de redes como las de infraestructura de TI son esenciales para asegurar que los sistemas informáticos de la empresa son robustos, que se pueden usar con confianza y que ofrecen el máximo nivel posible de privacidad y protección frente a ciberamenazas cada vez más sofisticadas.

Un análisis riguroso de equipos de redes, combinado con monitorización continua, buenas herramientas y revisiones periódicas marca la diferencia entre una organización que reacciona a los problemas cuando ya es tarde y otra que detecta fallos, ataques y cuellos de botella a tiempo, evitando paradas de actividad, pérdidas de datos y sanciones por incumplimientos normativos.

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