- La explosión de la IA ha disparado la demanda de DRAM y el precio de la RAM, especialmente DDR5.
- Optimizar el consumo, ajustar la cantidad necesaria y valorar DDR4 ayuda a contener gastos.
- Adaptadores SODIMM a DIMM y PCs premontados son opciones útiles, aunque con limitaciones.
- Surgen soluciones híbridas como aiDAPTIV y tácticas temporales mientras el mercado se estabiliza.

La memoria RAM se ha puesto por las nubes en un tiempo récord y muchos usuarios se están preguntando qué hacer: ¿aguantar con su PC o móvil actual, pagar el sobrecoste o buscar salidas creativas para no arruinarse en el intento? Lo que parecía un problema puntual se ha convertido en una tormenta perfecta que mezcla el boom de la inteligencia artificial, una industria de semiconductores muy concentrada y una demanda que no deja de crecer.
En este contexto han surgido alternativas al encarecimiento de la RAM que van desde trucos de configuración y compras con cabeza hasta auténtico bricolaje tecnológico: módulos portátiles en PCs de sobremesa mediante adaptadores, memorias caseras soldadas a mano o nuevas soluciones híbridas que intentan exprimir los SSD para aliviar a la RAM tradicional. No todas son para todo el mundo, pero sí pintan un mapa bastante claro de lo que viene.
Por qué la RAM se está encareciendo tanto
Una de las claves de este escenario es que la inteligencia artificial necesita cantidades brutales de memoria para funcionar. Los grandes centros de datos que entrenan y ejecutan modelos de lenguaje, asistentes y servicios en la nube se han convertido en aspiradoras de RAM y almacenamiento, compitiendo directamente con el mercado de consumo: PCs, portátiles, móviles y otros dispositivos.
La situación recuerda a la crisis de las tarjetas gráficas durante el auge de la minería de criptomonedas: la oferta es limitada y la demanda se ha disparado, así que los precios han respondido al alza y el desequilibrio se nota en toda la cadena. Fabricar chips de memoria no es algo que se pueda escalar de la noche a la mañana; levantar nuevas fábricas y ajustar líneas de producción lleva años y miles de millones de inversión.
Analistas como IDC y firmas especializadas en memoria llevan tiempo advirtiendo de que la escasez actual no es un bache de unos meses, sino un problema que puede extenderse varios años. Las estimaciones hablan de subidas constantes al menos durante los próximos seis meses y hay voces que extienden el horizonte hasta 2027, con incrementos muy fuertes trimestre a trimestre.
Para hacerse una idea del impacto, se calcula que los precios de los módulos DDR5 de escritorio se han multiplicado: en muchos casos se han triplicado respecto a hace poco tiempo y en otros, directamente cuadruplicado. Firmas de análisis como TrendForce apuntan a subidas intertrimestrales de más del 100 % en DRAM para PC, algo que no se había visto a ese nivel en el mercado de memoria.
Este encarecimiento no se queda solo en la RAM. Unidades SSD, tarjetas gráficas y otros componentes clave también han subido de precio, en parte por la misma presión de la IA sobre la cadena de suministro y en parte por movimientos estratégicos de los grandes fabricantes, que ajustan oferta y producción para mantener márgenes y dar prioridad a los segmentos más rentables.

El papel de la IA, los centros de datos y los grandes fabricantes
La explosión de la inteligencia artificial generativa ha puesto a la industria de memoria bajo una presión que no veía desde hacía décadas. Proyectos mastodónticos, como enormes granjas de servidores dedicadas a modelos de IA, están acaparando una parte significativa de la producción mundial de DRAM y memoria de alto rendimiento.
En 2025 se consolidó lo que muchos ya llaman el año de la IA, con inversiones de cientos de miles de millones de dólares en infraestructuras dedicadas a este tipo de cargas de trabajo. Estos centros de datos dependen de tres pilares básicos: potencia de cálculo (GPUs/CPUs especializadas), ancho de banda de memoria y almacenamiento rápido. La RAM es, por tanto, un cuello de botella crítico.
Conviene remarcar algo importante: no es solo que haya mucha demanda; la demanda por sí sola no explica el nivel de precios. Influyen también las decisiones de producción, la concentración del mercado de memorias en muy pocas manos y la estrategia de los grandes proveedores, que utilizan el contexto para ajustar inventarios, planificar subidas y priorizar determinados clientes.
Ejecutivos de compañías como Samsung, Xiaomi, HP, Asus o Dell han reconocido que están viviendo la peor escasez de memoria en muchos años. Algunos fabricantes de portátiles han advertido internamente que el coste de la DRAM ya subió cerca de un 40 % en un solo trimestre, y las previsiones apuntan a incrementos adicionales del 60 % en el siguiente periodo. En portátiles de gama baja, media y alta, el coste de la lista de materiales asociado a la RAM se ha disparado entre un 10 % y un 25 %.
Esta presión se traduce en decisiones complicadas: o bien se repercute el encarecimiento a los precios finales de ordenadores, móviles y otros dispositivos, o bien se ajustan las configuraciones recortando memoria o cambiando a tecnologías más baratas. Asus ya anunció públicamente subidas de precios y cambios en sus productos tras filtrarse documentos en los que se contemplaban incrementos de hasta un 30 % en 2026, y otros fabricantes se mueven en una línea similar.
Cómo impacta la crisis de la RAM en ordenadores y móviles
Para el usuario de a pie, todo este lío se traduce en algo muy tangible: equipos más caros o con menos memoria. Los PCs nuevos, tanto de sobremesa como portátiles, están empezando a notar el golpe, y los fabricantes ya se plantean configuraciones con menos RAM para poder mantener precios relativamente contenidos.
En el segmento móvil, la historia va por el mismo camino. Directivos de compañías como Apple han reconocido que la cadena de suministro de memoria está tensionada y que no resulta fácil prever cuándo se equilibrarán oferta y demanda. Se habla de menos flexibilidad que en años anteriores y de un escenario en el que los costes de la RAM seguirán subiendo a lo largo de 2026.
Firmas de análisis señalan que, solo por culpa de la subida de la DRAM, el coste de producción de los smartphones ha crecido de forma notable: en torno a un 25 % en la gama baja, un 15 % en la gama media y un 10 % en la gama alta, con previsión de incrementar todavía más entre un 10 % y un 15 % adicional durante el primer semestre de 2026.
Ante este panorama, aparecen dos caminos bastante claros para el usuario: adelantar la compra de un dispositivo antes de que los precios suban aún más, o bien apurar al máximo el equipo actual, aplicando algunas estrategias para sacarle más partido a la memoria disponible y, si hace falta, ampliarla de forma inteligente sin dejarse un riñón.
En el mundo del PC, la crisis también afecta a quienes estaban pensando en actualizar componentes o montar un equipo desde cero. La RAM se ha convertido en uno de los elementos que más disparan el presupuesto, especialmente en DDR5, y esto ha cambiado por completo la forma de plantear configuraciones que antes parecían obvias, como ir directamente a 32 GB en doble canal en cualquier equipo moderno.
Cuánta RAM necesitas realmente en un PC hoy
Una de las mejores armas contra la subida de precios es algo tan sencillo como no comprar más RAM de la que necesitas. En los últimos tiempos se han inflado bastante los requisitos anunciados por algunos juegos y aplicaciones, lo que confunde a muchos usuarios y les hace pensar que 32 GB son el nuevo mínimo real, cuando no es así para la mayoría.
La experiencia práctica en Windows 11 apunta a unos rangos bastante razonables: con 4 GB puedes mover el sistema y realizar tareas básicas como navegar, reproducir contenido multimedia o jugar a títulos antiguos, aunque notarás limitaciones claras en cuanto abras varias aplicaciones pesadas a la vez.
Con 8 GB la cosa mejora mucho para un uso general: ofimática, navegación con varias pestañas, aplicaciones de productividad y la mayoría de juegos actuales en condiciones aceptables, siempre que no abuses del multitarea. Es todavía un punto algo justo, pero bastante funcional para presupuestos muy ajustados.
El punto dulce hoy en día sigue siendo 16 GB de RAM para un PC doméstico. Con esa cantidad, Windows 11 funciona con soltura en prácticamente cualquier escenario de uso normal y puedes jugar a títulos modernos sin problemas graves de rendimiento, salvo casos muy excepcionales o especialmente mal optimizados.
Subir a 32 GB tiene sentido si trabajas con programas pesados (edición de vídeo, proyectos grandes, máquinas virtuales, software profesional) o si quieres una cierta “colchonería” a futuro. Para juegos, a día de hoy, 32 GB son más un lujo que una necesidad real, y menos aún con los precios actuales.
En el terreno profesional, 64 GB o más están reservados a perfiles muy concretos: renderizado 3D, análisis de grandes volúmenes de datos, entornos de desarrollo específicos o trabajo intensivo con máquinas virtuales. Si no estás en esa liga, pagar ese nivel de RAM en plena crisis es, probablemente, tirar el dinero.
Cómo exprimir la RAM que ya tienes: reducir consumo y optimizar
La alternativa más barata al encarecimiento de la RAM es, simplemente, no comprar memoria nueva si puedes evitarlo. En muchos equipos el problema no es tanto la cantidad instalada como lo mal gestionado que está el consumo de aplicaciones y procesos en segundo plano.
Windows 11 tiende a consumir bastante memoria, pero hay margen de maniobra para recortarlo. Desactivar programas que se cargan al inicio sin que hagan ninguna falta, revisar servicios en segundo plano, limitar software residente innecesario (como algunas utilidades de fabricantes o lanzadores de juegos) y ajustar ciertos efectos visuales puede liberar varios gigabytes.
Además de la gestión de arranque, conviene revisar el navegador, ya que abrir decenas de pestañas es un devorador de RAM de primera. Usar perfiles, cerrar sesiones que no necesites y, si hace falta, cambiar a navegadores algo más contenidos en consumo puede marcar diferencia en máquinas con poca memoria.
En equipos muy justos, incluso tiene sentido repasar servicios del sistema que no aportan nada a tu uso diario, así como herramientas que se quedan residentes para comprobar actualizaciones o sincronizar datos en la nube. Cada pequeño ajuste suma y, con un enfoque cuidadoso, es posible ganar entre 1 y 3 GB libres en muchos casos, lo que se nota muchísimo en fluidez.
Todo esto no sustituye una ampliación de RAM cuando objetivamente hace falta, pero sí permite estirar varios meses (o incluso años) un equipo antes de tener que pasar por caja en el peor momento del mercado.
Mercado de segunda mano y cambio de plataforma: DDR4 frente a DDR5
Cuando no queda más remedio que ampliar memoria, una opción interesante es acudir al mercado de segunda mano. La RAM no es un componente que sufra tanto desgaste como una gráfica o un SSD, y suele resistir bien el paso del tiempo siempre que no haya sufrido maltrato o overclock agresivo.
Eso sí, con la especulación actual, es fundamental comparar bien: solo compensa de verdad si la diferencia con el precio de nuevo supera el 30 %. De lo contrario, es preferible ir a un kit nuevo con garantía completa. Siempre que sea posible, mejor comprar a tiendas o profesionales que ofrezcan alguna clase de respaldo.
Si te ves obligado a tratar con particulares, intenta que la memoria se pueda probar con el perfil XMP o EXPO activado para verificar que funciona a las frecuencias y latencias nominales, y comprueba que temperaturas y voltajes sean normales. Es un pequeño esfuerzo extra que puede evitarte dolores de cabeza.
Más allá del mercado usado, otra vía para abaratar costes es montar equipos en DDR4 en lugar de DDR5, siempre que la plataforma lo permita. Aunque la DDR4 también ha subido, su precio se mantiene bastante por debajo del de la DDR5: no es raro encontrar kits de 32 GB a la mitad del coste equivalente en memoria DDR5.
Las plataformas Intel de 12ª, 13ª y 14ª generación ofrecen compatibilidad tanto con DDR4 como con DDR5, lo que te permite montar un PC muy capaz con una placa base DDR4 y ahorrar un buen pico en memoria. En AMD, esa flexibilidad solo la tienen los Ryzen 5000 y anteriores; las generaciones más nuevas ya van exclusivamente con DDR5, lo que encarece el conjunto.
En el extremo más antiguo, se ha despertado cierto interés por placas y procesadores compatibles con DDR3, pero aquí ya entramos en terreno de hardware muy desfasado, sin soporte oficial para Windows 11 en la mayoría de casos y con limitaciones importantes de rendimiento, por lo que solo tiene sentido en situaciones muy concretas.
Adaptadores SODIMM a DIMM: usar RAM de portátil en tu sobremesa
Una de las alternativas más curiosas y comentadas para esquivar el encarecimiento de la RAM es reutilizar módulos SODIMM de portátil en PCs de escritorio. La idea se basa en algo bastante simple: los SODIMM de DDR5 para laptops han subido de precio, pero no tanto como sus equivalentes DIMM de sobremesa.
Mientras que los módulos DIMM para escritorio han llegado a encarecerse hasta un 245 % sobre su precio habitual, los SODIMM han aumentado “solo” alrededor de un 136 %. Esa diferencia de más del 100 % ha hecho que muchos usuarios miren hacia la memoria móvil como un refugio relativamente más asequible.
Para llevar a cabo esta jugada se utilizan adaptadores SODIMM a DIMM, pequeños accesorios que convierten los conectores de los módulos de portátil al formato de escritorio. Su coste ronda entre 8 y 20 euros/dólares en tiendas online, de modo que la suma adaptador + SODIMM sigue saliendo más barata que un módulo DIMM equivalente.
Por poner cifras orientativas, un módulo SODIMM DDR5 de 16 GB puede costar unos 100-120 euros, mientras que su versión DIMM para sobremesa se mueve fácilmente en los 146-172 euros o más, según el mercado. Esa diferencia, multiplicada por dos o cuatro módulos, supone un ahorro significativo, muchas veces superior a 50 dólares/euros en una ampliación.
El procedimiento suele requerir, además del adaptador, un par de ajustes en la BIOS para que la placa base reconozca correctamente las frecuencias y tiempos de la memoria. Algunos entusiastas han documentado esta práctica en foros y medios especializados, y se está convirtiendo en tendencia entre usuarios avanzados que quieren ampliar RAM sin pagar el sobreprecio actual.

Ventajas e inconvenientes de los adaptadores SODIMM a DIMM
La gran ventaja de todo este montaje es evidente: ahorro de dinero en plena escalada de precios. Aprovechar la menor subida de los SODIMM permite ampliar la RAM del PC de sobremesa sin disparar el presupuesto, lo que resulta especialmente interesante para usuarios que necesitan 32 GB o más y no quieren hipotecarse.
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Los módulos de portátil suelen tener frecuencias algo más bajas y latencias más altas que sus equivalentes de escritorio, lo que implica un rendimiento inferior, especialmente en tareas sensibles al ancho de banda de memoria, como algunos juegos o aplicaciones concretas.
Además, añadir un adaptador en la cadena introduce otra posible fuente de incompatibilidades e inestabilidades. Hay casos documentados de sistemas que se vuelven menos estables, sufren cuelgues esporádicos o no permiten alcanzar las frecuencias anunciadas sin bajar un poco las especificaciones.
Por estos motivos, muchos expertos recomiendan ver esta solución como un apaño temporal más que como una opción definitiva. Es especialmente útil en PCs algo antiguos cuya vida útil quieres alargar un par de años mientras esperas a que el mercado se calme, o en equipos secundarios donde el máximo rendimiento no es crítico.
También hay que tener en cuenta que la estética y la compatibilidad física pueden verse afectadas: los adaptadores añaden altura y volumen sobre la placa base, lo que podría interferir con disipadores de CPU muy grandes o chasis muy compactos. Antes de lanzarse a comprar, conviene medir bien y revisar experiencias de otros usuarios con la misma placa.
Memorias DIY: soldar módulos y otras ideas extremas
Más allá de los adaptadores, la comunidad de entusiastas también ha explorado soluciones todavía más artesanales. En algunos casos, usuarios avanzados han mostrado cómo se fabrican ellos mismos sticks de RAM a partir de módulos SODIMM, soldándolos para crear combinaciones que el mercado no ofrece de forma directa o que salen mucho más baratas.
Un ejemplo comentado ha sido el de un usuario que decidió unir dos módulos SODIMM de 16 GB mediante soldadura para obtener lo que, a efectos prácticos, es una especie de “módulo de 32 GB” personalizado. Otros han optado por adaptar módulos diseñados para portátiles con materiales y herramientas básicas, siguiendo tutoriales de canales especializados.
También se han visto propuestas algo más “amables” de bricolaje, como la compra de módulos SODIMM DDR5 todavía no tan afectados por la subida junto con adaptadores baratos, una variante menos radical que la soldadura directa pero que comparte filosofía: no depender de la oferta de módulos DIMM tradicionales.
El problema de todas estas aventuras es que no son aptas para el gran público. Hacen falta conocimientos de electrónica, herramientas adecuadas, tiempo y aceptar un riesgo real de cargarse un módulo, una placa base o incluso el propio procesador si algo sale mal. Además, cualquier garantía se evapora en cuanto empuñas el soldador.
Para la mayoría de usuarios, estas historias sirven más como curiosidad y demostración de hasta dónde puede llegar la comunidad que como guía práctica a seguir. El grueso del mercado seguirá optando por pagar más, recortar RAM o esperar a tiempos mejores, mientras una minoría muy técnica explora estas vías alternativas.
PCs premontados frente a PCs por piezas en plena crisis de la RAM
Otro giro que ha traído este encarecimiento es que los PCs premontados han ganado atractivo frente al montaje por piezas, algo que hace unos años sonaba casi a sacrilegio para muchos entusiastas. El motivo es que algunos ensambladores pueden negociar grandes volúmenes y mantener precios más ajustados que si compras cada componente suelto.
En configuraciones de gama media y alta, no es raro encontrar equipos premontados cuyo coste total es igual o incluso inferior a lo que pagarías por los mismos componentes comprados por separado, incluyendo el servicio de montaje y testeo. En parte, esto se debe a acuerdos con marcas, stocks antiguos comprados a mejor precio y economías de escala.
Por ejemplo, un sobremesa con procesador Ryzen de 8 núcleos, 32 GB de DDR4, SSD rápido de 1 TB, gráfica de gama media-alta, refrigeración líquida y fuente decente puede costar, premontado, menos de lo que saldría sumando cada pieza a su precio actual y añadiendo la mano de obra. La diferencia no es gigantesca, pero rompe el mito de que montar por piezas es siempre más barato.
En la gama alta pasa algo parecido: sistemas con procesadores punteros, 32 GB de DDR5 de alta velocidad, SSD generoso y gráficas de última generación a veces se ofrecen con descuentos efectivos de más de 100 euros respecto al precio de componentes sueltos, lo que, sumado al tiempo que ahorras buscando y montando, los hace bastante tentadores.
Por supuesto, no todos los premontados son chollos. Hay marcas que siguen inflando precios o recortan en fuentes, placas o refrigeración. Por eso es clave desglosar el equipo y comparar su coste estimado por piezas con el precio final. Pero, en el contexto actual, merece la pena incluirlos en la comparativa, especialmente si no tienes experiencia montando PCs.
En cualquier caso, la moraleja es clara: la crisis de la RAM ha cambiado las reglas del juego también en cómo conviene comprar un PC, y toca revisar viejos dogmas sobre qué opción es siempre mejor o más barata.
Nuevas soluciones: aiDAPTIV y el uso inteligente del SSD
Mientras el mercado de memoria lucha por ponerse al día, algunos fabricantes están proponiendo soluciones alternativas para aliviar la presión sobre la RAM. Una de las más llamativas viene de Phison, un conocido fabricante de controladoras para memorias flash, que ha presentado una tecnología llamada aiDAPTIV.
AiDAPTIV se plantea como una especie de memoria caché SSD especializada para portátiles, diseñada para ampliar de forma efectiva el ancho de banda de la GPU del sistema en tareas de inteligencia artificial. En lugar de limitarse a usar la SSD como un mero almacenamiento, aprovecha un diseño de unidad específico y algoritmos avanzados de corrección NAND para actuar casi como una extensión inteligente de la memoria de vídeo.
A diferencia del uso tradicional del archivo de paginación de Windows, que es muy lento comparado con la RAM y no sirve como sustituto real, esta propuesta intenta aproximarse más a un modelo híbrido en el que la SSD asume parte de la carga de datos menos sensibles al tiempo real, liberando recursos de la DRAM para lo más crítico.
Se trata todavía de una solución muy enfocada a cargas de trabajo de IA y a portátiles concretos, pero ilustra un camino probable para los próximos años: combinar distintos tipos de memoria y almacenamiento con software más inteligente que sepa qué datos colocar en cada sitio según la prioridad y el uso.
En paralelo, grandes actores como Intel y AMD ya estudian cómo ajustar sus plataformas para ofrecer configuraciones más equilibradas y asequibles durante esta crisis, potenciando combinaciones como procesadores de gama media (por ejemplo, i5) con DDR4 en equipos nuevos, o preparando nuevas generaciones de memoria y controladores que optimicen mejor cada gigabyte disponible.
En definitiva, la industria está moviéndose para reducir poco a poco la dependencia de la RAM tradicional como único recurso rápido, pero a corto plazo el usuario sigue teniendo que lidiar con un mercado caro, tirando de alternativas creativas, compras estratégicas y, en muchos casos, paciencia.
La situación actual con el encarecimiento de la RAM es el resultado de una suma de factores donde confluyen la explosión de la IA, la limitada capacidad productiva de la industria de semiconductores y las decisiones de los grandes fabricantes, y mientras la tormenta amaina, las mejores cartas para el usuario pasan por ajustar bien cuánta RAM necesita, exprimir al máximo la que ya tiene, valorar soluciones como DDR4, PCs premontados o SODIMM con adaptadores cuando tiene sentido y, sobre todo, evitar compras impulsivas en el peor momento del ciclo de precios.