- Microsoft cerró el soporte oficial de Windows 10 el 14 de octubre de 2025.
- Aproximadamente el 30% de los usuarios de Windows continúa utilizando esta versión.
- El programa de actualizaciones extendidas (ESU) permite seguir recibiendo parches de seguridad de forma temporal.
El pasado 14 de octubre de 2025, Microsoft puso fin al soporte gratuito de Windows 10, una decisión que afecta a millones de equipos en todo el mundo. Desde esa fecha, el sistema operativo dejó de recibir parches de seguridad y asistencia técnica oficial, lo que supone un punto de inflexión para quienes aún lo utilizan a diario.
A pesar de este cierre, una parte significativa de los usuarios sigue aferrada a Windows 10. Según los datos recogidos, alrededor del 30% de los equipos con Windows continúan funcionando con esta versión, una cifra que no pasa desapercibida para la compañía de Redmond.
El fin del soporte oficial

Microsoft había anunciado con antelación que el 14 de octubre de 2025 sería la fecha límite para las actualizaciones de seguridad de Windows 10 en sus ediciones Home y Pro. Desde entonces, cualquier vulnerabilidad que se descubra queda sin corregir, lo que deja a los equipos expuestos a posibles ataques. La compañía recomienda encarecidamente migrar a Windows 11 para mantener la protección, aunque ofrece una alternativa temporal.
En España, al igual que en el resto de Europa, muchos usuarios y pequeñas empresas aún no han dado el salto. La resistencia al cambio se debe, en parte, a la familiaridad con el sistema y a los requisitos de hardware que exige Windows 11, que no todos los equipos pueden cumplir.
La cuota de mercado y el programa ESU
Pese a que Windows 11 lleva en el mercado desde octubre de 2021, Windows 10 ha mantenido una cuota de mercado cercana al 30% incluso después de finalizar su soporte. Esta cifra demuestra la fuerte implantación que tuvo durante sus once años de vida y la reticencia de una parte de los usuarios a actualizar.
Para quienes no pueden o no quieren migrar de inmediato, Microsoft ofrece el programa de actualizaciones extendidas (ESU), que permite seguir recibiendo parches de seguridad durante un tiempo limitado a cambio de un pago. No obstante, se trata de una solución temporal que no cubre todas las vulnerabilidades y que no está disponible para todas las ediciones del sistema.
En definitiva, la situación de Windows 10 es la de un sistema que, aunque sigue siendo funcional, ha entrado en una fase de obsolescencia programada. Los usuarios que decidan mantenerlo deben ser conscientes de que, sin las actualizaciones oficiales, la seguridad de sus datos y la compatibilidad con nuevas aplicaciones se verán comprometidas a medio plazo. La recomendación de los expertos es planificar la transición a Windows 11 o a una alternativa lo antes posible.
