- La NASA difunde las primeras imágenes en alta resolución de la Tierra tomadas por la tripulación de Artemis II desde la nave Orión
- Las fotos muestran auroras en ambos hemisferios, la luz zodiacal y la península ibérica brillando en la noche
- Orión ya ha abandonado la órbita terrestre y se dirige a la Luna en el primer vuelo tripulado más allá de la Tierra desde 1972
- La misión servirá como gran ensayo general para futuros alunizajes del programa Artemis

Las primeras fotografías de la misión Artemis II a la Tierra ya están aquí y han empezado a circular por todo el mundo como un potente recordatorio de dónde vivimos y hasta dónde podemos llegar. Desde la cápsula Orión, a cientos de miles de kilómetros de distancia, nuestro planeta aparece como una esfera frágil, azul y luminosa, flotando sobre un fondo completamente negro.
En estas imágenes, captadas por la tripulación mientras se alejaba de la órbita terrestre rumbo a la Luna, la NASA muestra la Tierra con un nivel de detalle inédito: auroras en ambos hemisferios, la tenue luz zodiacal, el terminador que separa el día de la noche y, muy visible para el público europeo, la península ibérica encendida de luces justo en el borde del globo.
Un viaje a medio camino entre la Tierra y la Luna
En el momento de difundirse las primeras fotografías en alta resolución, el panel de control de la misión indicaba que la nave Orión se encontraba ya a más de 140.000 millas de la Tierra y a algo más de 130.000 millas de la Luna, es decir, prácticamente a mitad de camino entre ambos cuerpos. La cápsula viaja en una órbita en bucle que la llevará alrededor de la cara oculta del satélite y, posteriormente, de vuelta a casa.
La tripulación de Artemis II está formada por cuatro astronautas: Reid Wiseman (comandante), Victor Glover (piloto), Christina Koch (especialista de misión) y Jeremy Hansen, procedente de la Agencia Espacial Canadiense. Son los primeros seres humanos que se adentran más allá de la órbita terrestre desde la misión Apolo 17, lanzada en 1972, lo que convierte a este vuelo en un hito histórico para la exploración espacial tripulada.
La clave para situar la nave en esta trayectoria ha sido la maniobra conocida como inyección translunar, un encendido prolongado del motor principal del módulo de servicio de Orión que ha permitido liberar a la nave de la gravedad terrestre y encaminarla hacia la Luna. Este impulso, de unos seis minutos de duración, se llevó a cabo una vez que la cápsula pasó por una órbita terrestre alta de verificación de sistemas.
Tras completar con éxito la maniobra, la NASA confirmó que Orión estaba oficialmente fuera de la órbita terrestre y en ruta hacia la órbita lunar. A partir de ahí, el plan de vuelo prevé un sobrevuelo por la cara oculta de la Luna alrededor del 6 de abril y el regreso a la Tierra en un viaje total calculado en unos diez días, con amerizaje en el Océano Pacífico.
Quién está detrás de las primeras fotos de la misión Artemis II
El autor de las imágenes que han dado la vuelta al mundo es el comandante Reid Wiseman, astronauta de la NASA con experiencia previa en la Estación Espacial Internacional. Armado con cámaras profesionales —incluidas Nikon D5 recogidas en el inventario de la misión— y también con dispositivos personales, Wiseman ha ido disparando desde las ventanas de Orión en cuanto las condiciones lo han permitido.
Según ha explicado el propio comandante, no fue nada sencillo lograr la exposición correcta la primera vez: fotografiar la Tierra desde tan lejos implica lidiar con enormes contrastes de luminosidad. Él mismo comparó la experiencia con “salir al patio de casa e intentar hacer una foto de la Luna”, una tarea en apariencia simple, pero que exige ajustar bien los parámetros de la cámara si se quieren captar todos los detalles.
Sus compañeros de misión no han escondido su reacción al ver el planeta alejarse por la ventanilla. Christina Koch habló de una auténtica explosión de alegría colectiva cuando se confirmó que habían superado el punto de no retorno y se encontraban oficialmente en curso hacia la Luna. Victor Glover, por su parte, subrayó que, desde esa distancia, la humanidad se percibe como “una sola especie, un solo pueblo”, independientemente del origen o las diferencias en la superficie.
El astronauta canadiense Jeremy Hansen describió cómo, tras la inyección translunar, se quedaron literalmente “pegados a las ventanas” contemplando lo que llamó “el lado oscuro de la Tierra” iluminado por la luz de la Luna. La tripulación incluso llegó a preguntar al control de misión cómo limpiar los cristales: tanto apoyo de manos y cascos terminó dejando marcas en el vidrio.
Para el público europeo, y muy especialmente para el español, hay un detalle que ha suscitado muchos comentarios: en varias de las imágenes se distingue claramente la península ibérica repleta de puntos luminosos, un paisaje nocturno que, visto desde tan lejos, aparece como un conjunto de destellos blancos concentrados en las grandes áreas urbanas.
Una Tierra azul, frágil y llena de luces: qué muestran realmente las imágenes
La primera fotografía difundida en alta resolución por la NASA ha sido bautizada de forma muy simbólica como “Hello, World”, un guiño al clásico mensaje utilizado en los primeros programas de muchos lenguajes de programación. En ella se aprecia la esfera completa de la Tierra sobre el negro del espacio, con un tono azul pálido dominando la escena, nubes blancas en remolinos y amplias masas continentales en tonos marrones.
Una de las particularidades de esta instantánea es que permite ver dos auroras al mismo tiempo: una en el hemisferio norte y otra en el sur, ambas como bandas verdes que rozan la atmósfera en los bordes del planeta. Estas luces son fruto de la interacción del viento solar con el campo magnético terrestre y, en la imagen, aparecen acompañadas de una fina línea anaranjada conocida como luminiscencia atmosférica o airglow, resultado de reacciones químicas en las capas altas de la atmósfera.
En la parte inferior derecha de la imagen, prácticamente en el límite entre la oscuridad y la luz, se distingue además la llamada luz zodiacal, un resplandor tenue y ligeramente triangular producido por el polvo cósmico que refleja la luz del Sol en el plano donde orbitan los planetas. Desde la superficie terrestre es muy difícil apreciarla debido a la dispersión de la luz en la atmósfera, pero en las condiciones de oscuridad del espacio aparece con mucha más claridad.
La perspectiva con la que se tomó la fotografía sigue el canon occidental: la Tierra aparece “al revés” respecto a lo que estamos acostumbrados, con el Sáhara occidental y la península ibérica a un lado y la zona oriental de Sudamérica al otro. La NASA ha señalado que, en otra de las imágenes, también se identifica un punto brillante en una esquina que corresponde al planeta Venus, añadiendo así otro elemento astronómico al encuadre.
En un conjunto distinto de fotografías, tomadas también por Wiseman, la nave enfoca el lado nocturno de la Tierra. Ahí, el protagonismo se lo llevan las luces artificiales de las ciudades, que dibujan una red de brillo eléctrico sobre los continentes. La agencia espacial ha subrayado este aspecto con mensajes en los que recuerda que “incluso en la oscuridad, seguimos brillando”.
Europa y España, protagonistas en la ventana de Orión
Varias de las instantáneas publicadas por la NASA destacan la presencia de África y Europa en el mismo encuadre, con la península ibérica situada justo donde el globo empieza a curvarse hacia el espacio. En las fotografías nocturnas, ese pequeño saliente en el mapa brilla intensamente, con un punto blanco especialmente potente en el centro que corresponde al área metropolitana de Madrid.
La agencia norteamericana ha descrito las luces de la región como “titilantes”, un término que ha llamado la atención en España y que subraya lo vibrante del patrón luminoso. Alrededor, otras manchas de luz delatan la presencia de grandes ciudades de la península y del resto de Europa occidental, visibles sólo como destellos en medio de la oscuridad.
En otra de las imágenes, la Tierra ocupa solo una fracción del cuadro y se ve a través de la ventana de Orión, rodeada por un marco metálico grueso sujeto con pernos que recuerda al de un avión de gran tamaño. Dentro de la cápsula apenas se adivinan las siluetas de correas y componentes en penumbra, mientras el planeta domina la vista con un azul pálido y unos reflejos de luz solar que lo convierten en el objeto más brillante de toda la escena.
Además del atractivo visual, estas fotografías tienen un componente simbólico importante para Europa: la participación internacional en Artemis II, con la presencia del astronauta canadiense Jeremy Hansen y la implicación de múltiples socios, refuerza la idea de que la exploración lunar actual es, más que nunca, un esfuerzo colectivo. Aunque España no tenga un astronauta en esta tripulación, su territorio aparece en primera línea de las imágenes globales.
Para el público general, las fotos evocan inevitablemente la famosa “canica azul” del Apolo 17, pero con elementos nuevos que las diferencian y las sitúan en pleno siglo XXI: una resolución altísima, fenómenos sutiles como la luz zodiacal claramente apreciables y una aproximación comunicativa muy centrada en la idea de un planeta compartido.
La maniobra clave: de la órbita terrestre al viaje lunar
Antes de capturar estas vistas, Artemis II completó una secuencia cuidadosamente planificada. Tras el despegue desde la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, el cohete SLS impulsó a Orión hasta una órbita elíptica alrededor de la Tierra. Allí, la etapa superior del lanzador se encendió de nuevo para situar la cápsula en una órbita terrestre alta, a unos 74.000 kilómetros de altura, que sirvió para verificar sistemas durante aproximadamente 24 horas.
En ese intervalo, la tripulación realizó una demostración de pilotaje manual usando la etapa superior como blanco simulado de acoplamiento, una prueba pensada para comprobar cómo responde la nave a los controles humanos. Una vez terminado el ejercicio, Orión ejecutó maniobras de separación automatizadas y la etapa del cohete llevó a cabo su propio encendido de eliminación para reentrar de forma controlada sobre una zona remota del Pacífico.
Antes de esa reentrada, desde el adaptador que unía la etapa con Orión se desplegaron varios CubeSats, pequeños satélites diseñados para realizar diferentes experimentos científicos y tecnológicos en el espacio profundo. Al mismo tiempo, la cápsula había desplegado ya sus cuatro paneles solares, que le permiten generar la energía necesaria para el resto del viaje.
Superada con éxito la fase inicial, llegó el momento de la inyección translunar. Con el motor principal del módulo de servicio encendido durante unos seis minutos, Orión ganó la velocidad suficiente para escapar definitivamente de la gravedad terrestre y comenzar su trayectoria hacia la Luna. Fue justo después de este “empujón” cuando Wiseman tomó algunas de las imágenes más llamativas, aprovechando que el Sol quedaba oculto tras la Tierra.
La NASA ha facilitado incluso los datos técnicos de algunas fotos, donde se observa el uso de valores de ISO muy altos y largas exposiciones para poder registrar al mismo tiempo la luz tenue de las auroras, el brillo de las ciudades y los detalles del terminador entre el día y la noche. Este enfoque fotográfico ofrece una visión menos habitual del planeta, más cercana a la que vería el ojo humano desde la oscuridad del espacio.
Un ensayo general hacia el regreso a la Luna
Más allá del impacto visual y simbólico de estas primeras imágenes, Artemis II está concebida como un gran vuelo de prueba tripulado que debe validar cada componente del sistema SLS-Orión antes de que se intente un alunizaje posterior con Artemis III. Durante los diez días de misión, la tripulación no descenderá a la superficie lunar, pero sí completará un sobrevuelo de la cara oculta del satélite y numerosas comprobaciones técnicas.
En la jornada prevista para ese sobrevuelo, los astronautas se dedicarán a observar y fotografiar la superficie lunar desde la nave, con especial atención a zonas de la cara oculta que nunca han sido vistas directamente por seres humanos. La iluminación parcial generará sombras alargadas que ayudarán a resaltar el relieve, las crestas y los bordes de los cráteres, detalles que a menudo pasan más desapercibidos con luz directa.
Una vez completado el tramo alrededor de la Luna, Orión pondrá rumbo de vuelta a la Tierra, guiada por la propia gravedad del planeta. Está previsto que la fase de retorno dure unos cuatro días y culmine con el reingreso en la atmósfera a altísima velocidad, uno de los momentos más delicados de toda la misión debido a las temperaturas extremas que deberá soportar el escudo térmico.
Si todo sale según lo planeado, la cápsula amerizará en el Océano Pacífico, frente a la costa de Estados Unidos, donde equipos de recuperación de la NASA y de la Marina estadounidense la esperarán para recoger a los astronautas y trasladar la nave a puerto. A partir de ahí comenzará un largo proceso de análisis de datos y revisión de sistemas, paso imprescindible antes de autorizar misiones posteriores.
Mientras tanto, las fotografías de la Tierra captadas por Artemis II seguirán siendo uno de los elementos más visibles de este viaje. La NASA ha habilitado espacios específicos en su web y en redes sociales para ir publicando nuevas imágenes a medida que la misión avanza, incluidas futuras tomas de la Luna en alta resolución y posible material adicional de la Tierra desde diferentes puntos del recorrido.
Con este telón de fondo, las primeras imágenes de la misión Artemis II se consolidan ya como un símbolo de esta nueva etapa de exploración lunar: un planeta azul que brilla en la oscuridad, la península ibérica destacando entre las luces nocturnas, auroras envolviendo los polos y una nave tripulada que vuelve a alejarse de casa para comprobar, medio siglo después, hasta dónde puede llegar la cooperación internacional en el espacio.




