- Uber prepara el despliegue de una amplia flota de robotaxis, con Madrid incluida entre las primeras ciudades europeas candidatas.
- La compañía se apoya en alianzas con fabricantes como Lucid y en tecnologías de conducción autónoma de Nivel 4 como Nuro Driver y Nvidia DRIVE.
- El despliegue dependerá de la regulación, la infraestructura de recarga y la aceptación social, con pruebas ya avanzadas en ciudades como San Francisco, Austin o Dubái.
La llegada de los robotaxis de Uber a Madrid ya no suena a ciencia ficción, sino a un plan muy concreto que la compañía ha puesto sobre la mesa en sus últimas presentaciones de resultados. La firma de movilidad quiere que en pocos años puedas pedir desde tu móvil un coche que se conduce solo y que te lleve por la capital sin que haya un chófer al volante, algo que está generando mucha expectación, pero también dudas y debates.
Este movimiento forma parte de una estrategia global de Uber para convertir los vehículos autónomos en una pieza clave de su crecimiento internacional. La empresa está firmando acuerdos con fabricantes de coches, desarrolladores de software de conducción automática y proveedores de infraestructuras de recarga para desplegar flotas de robotaxis en Estados Unidos, Europa, Asia y Oriente Medio, y quiere situar a Madrid en la primera línea de esta revolución.
Qué son los robotaxis de Uber y por qué marcan un cambio de era
Cuando hablamos de robotaxis nos referimos a vehículos equipados con sistemas avanzados de conducción autónoma capaces de circular sin conductor humano, al menos a medio plazo. En el caso de Uber, estos coches integran cámaras de alta resolución, radares, sensores LiDAR y unidades de procesamiento específicas para interpretar en tiempo real todo lo que ocurre alrededor del vehículo.
En las primeras fases de despliegue, la compañía suele apostar por un modelo mixto en el que un conductor o supervisor de seguridad viaja dentro del coche. Su papel es vigilar que el sistema actúe correctamente, tomar el control si algo no va bien y validar cómo responde el robotaxi en cruces complicados, cambios de carril, situaciones de tráfico denso o ante la presencia de peatones y ciclistas.
La meta a medio y largo plazo de Uber es poder ofrecer servicios totalmente autónomos, es decir, sin nadie sentado al volante, lo que reduciría de forma notable los costes operativos y transformaría el modelo de negocio del transporte bajo demanda. Para ello, la empresa se apoya en tecnologías de inteligencia artificial, algoritmos de aprendizaje automático y plataformas de cómputo como NVIDIA DRIVE AGX Thor, que actúa como el cerebro del vehículo.
Gracias a esta combinación de hardware y software, los robotaxis pueden construir un mapa dinámico del entorno en 360 grados, detectar semáforos, carriles, señales, peatones, otros coches y obstáculos imprevistos, para decidir en fracciones de segundo si deben frenar, cambiar de carril o modificar la ruta.

Madrid, en la primera ola de ciudades con robotaxis de Uber
Dentro de su hoja de ruta, Uber ha incluido a Madrid como uno de los primeros nuevos destinos para sus taxis autónomos. La compañía ha confirmado que ya está trabajando para que estos vehículos circulen por la capital española y ha fijado el objetivo de convertirse en el principal facilitador de viajes en coches autónomos en torno a 2029.
Madrid se suma a una lista de ciudades estratégicas donde Uber quiere operar con robotaxis en los próximos años: Londres, Hong Kong, Zúrich, Múnich, Los Ángeles o Houston figuran en los planes de expansión, junto con otras grandes urbes repartidas por América del Norte, Europa, Asia y Oriente Medio.
A día de hoy, los servicios autónomos de Uber ya están presentes en ciudades como San Francisco, Austin, Atlanta o Dallas, así como en varios puntos de Emiratos Árabes Unidos, entre ellos Dubái y Abu Dabi. En algunos de estos mercados, las operaciones de vehículos autónomos se han convertido en una de las áreas de mayor crecimiento de la plataforma.
La ambición de la compañía pasa por alcanzar más de 10 mercados con robotaxis operativos antes de que termine 2026 y escalar hasta unos 15 destinos poco después. Sin embargo, el calendario concreto de llegada a cada ciudad, incluida Madrid, depende en gran medida de los permisos administrativos, las pruebas de seguridad y los acuerdos locales.
En el caso de España, el entorno regulatorio está empezando a abrir la puerta a este tipo de tecnologías: la Dirección General de Tráfico ha puesto en marcha un Programa Marco de Evaluación de Seguridad y Tecnología de Vehículos Automatizados y desde el verano de 2025 permite pruebas de coches autónomos en carreteras reales, lo que ha animado, por ejemplo, a Tesla a ofrecer demostraciones de su sistema FSD en varias ciudades españolas.

La flota: del Lucid Gravity al despliegue de 20.000 vehículos
Para dar forma a su visión, Uber ha cerrado una alianza de gran calado con el fabricante Lucid y la compañía de conducción autónoma Nuro. El objetivo es desplegar una flota de más de 20.000 coches completamente autónomos en decenas de mercados de todo el mundo a partir de 2026 y completar el despliegue en torno a 2032.
El modelo elegido como base del robotaxi es el Lucid Gravity, un SUV eléctrico de hasta siete plazas con una autonomía máxima de alrededor de 724 kilómetros. Este vehículo destaca, además, por su capacidad de recarga ultrarrápida: en unos 11 minutos puede recuperar suficiente energía para recorrer en torno a 320 kilómetros, todo ello con un precio de partida que ronda los 79.900 dólares antes de impuestos.
Sobre este chasis, Nuro integra su tecnología de conducción autónoma de Nivel 4 (SAE) a través de la plataforma Nuro Driver, que combina sensores y cámaras instalados en una barra en el techo con un software diseñado para operar sin intervención humana en la mayoría de escenarios urbanos y de carretera.
Uber no se limita a comprar coches: la compañía realizará inversiones valoradas en varios cientos de millones de dólares en Lucid y Nuro, incluyendo unos 300 millones destinados a adaptar la línea de producción del Gravity para incorporar el hardware necesario para la autonomía. A cambio, los vehículos serán propiedad directa de Uber y operados por la propia empresa, de modo que toda la gestión de la flota recaerá en su estructura.
Actualmente ya existe un prototipo funcional que combina el Lucid Gravity con el sistema Nuro Driver rodando en las pistas de pruebas que Nuro tiene en Las Vegas y también en vías públicas alrededor del Área de la Bahía de San Francisco, donde se realizan pruebas con operadores de seguridad a bordo para pulir el comportamiento del sistema.
Socios tecnológicos y red de alianzas globales
El despliegue de los robotaxis no se apoya en un solo proveedor; Uber ha tejido una red de socios que cubre desde el hardware hasta la gestión de flotas. En el terreno de los coches y sus componentes, la compañía colabora con fabricantes como Stellantis, Mercedes-Benz, Volkswagen, Lucid o Hyundai, entre otros.
En cuanto a la tecnología de autoconducción, Uber mantiene acuerdos con Waymo (filial de Google), Nuro, Baidu, Waabi, Momenta, Nvidia y otros desarrolladores. Cada uno aporta piezas específicas: desde el software de Nivel 4 hasta las plataformas de computación necesarias para procesar datos de sensores y cámaras en tiempo real.
Para la operativa diaria, Uber también cuenta con empresas especializadas en la gestión de flotas, como Avomo, Otto o New Horizon, que ayudan a coordinar el mantenimiento, la logística y el control de cientos o miles de vehículos autónomos circulando a la vez en una ciudad.
En los mercados internacionales, la firma ha anunciado colaboraciones con actores como Baidu y WeRide. Baidu cuenta con licencia para pruebas de conducción autónoma a pequeña escala en Hong Kong con sus vehículos Apollo Go, mientras que WeRide dispone de permisos para operar en determinadas zonas de Suiza y participa en el despliegue de robotaxis en Dubái, Abu Dabi y Riad.
En Europa, uno de los movimientos más llamativos ha sido la asociación con Momenta, una compañía china especializada en software de conducción autónoma. Uber pretende apoyarse en su tecnología de Nivel 4 para llevar robotaxis al continente a partir de 2026, empezando con vehículos con conductor a bordo y avanzando gradualmente hacia operaciones totalmente sin conductor.
Infraestructura de recarga y acuerdos locales en Madrid
Para que una flota de robotaxis eléctricos funcione sin sobresaltos es imprescindible contar con una red sólida de estaciones de recarga. Uber lo sabe y ha anunciado que invertirá más de 80 millones de euros en la construcción de infraestructuras de carga para vehículos autónomos en Estados Unidos, al tiempo que firma acuerdos específicos en cada mercado donde quiere operar.
En Madrid, la compañía ha llegado a un acuerdo con Electra, una empresa especializada en puntos de carga ultrarrápida. Gracias a esta colaboración, se pretende desplegar una malla de estaciones capaces de atender las necesidades de los robotaxis, asegurando que la flota pueda estar activa la mayor parte del tiempo.
Paralelamente, Uber mantiene conversaciones con las autoridades de la ciudad y de la Comunidad de Madrid para definir un marco legal que permita introducir estos servicios en la capital. El gobierno regional trabaja en una nueva Ley de Movilidad que busca fomentar la implantación de vehículos autónomos, mientras que el Ayuntamiento ha iniciado proyectos piloto como un autobús autónomo y ha presentado un Libro Blanco de Movilidad Aérea Urbana que apunta hacia una integración avanzada del transporte conectado.
Todo este contexto sitúa a Madrid como un laboratorio urbano para probar nuevas formas de movilidad, desde los robotaxis a los autobuses sin conductor o incluso los futuros taxis aéreos urbanos. A cambio, la ciudad gana visibilidad internacional y se posiciona como un nodo clave para atraer inversión en tecnología de transporte.
Eso sí, aunque las administraciones comienzan a mover ficha, todavía no existe una regulación específica plenamente cerrada que contemple todos los escenarios de operación de los coches sin conductor, por lo que el despliegue real dependerá de cómo evolucionen las normas y los resultados de las pruebas.
Experiencias actuales: pruebas en San Francisco y otras ciudades
Mientras se define el aterrizaje concreto en España, Uber avanza a buen ritmo en Estados Unidos. En el Área de la Bahía de San Francisco, los robotaxis desarrollados junto a Lucid y Nuro ya circulan en pruebas reales por vías abiertas al tráfico, bajo supervisión de operadores cualificados que monitorizan cada maniobra.
Estas pruebas sirven para evaluar comportamientos en intersecciones complejas, giro a la izquierda, cambios de carril, interacción con peatones o reacciones ante semáforos y señales. Los ingenieros consideran esta fase crítica, porque permite comprobar la robustez del sistema lejos de los entornos de laboratorio.
Uber asegura que, hasta el momento, no se han registrado incidentes graves durante estas pruebas, algo que refuerza la confianza de la compañía en su tecnología. El objetivo declarado es iniciar un servicio comercial de robotaxis en San Francisco antes de que acabe el año, compitiendo de forma directa con Waymo y Tesla, que también están presentes en la zona con distintos niveles de autonomía.
Más allá de California, Uber ya ofrece trayectos con vehículos autónomos en ciudades como Austin y Atlanta, y ha comenzado a expandirse en mercados del Golfo gracias a acuerdos con WeRide. Cada ciudad funciona como un paso adicional en la obtención de datos, experiencia y validaciones necesarias para escalar el modelo a nuevas regiones.
Al mismo tiempo, la plataforma está probando diferentes formatos de colaboración con otras empresas: en algunos casos opera sus propios robotaxis, en otros integra vehículos autónomos de terceros (como Waymo) dentro de la aplicación de Uber, creando un ecosistema híbrido donde la competencia y la cooperación van de la mano.
Cómo son por dentro los robotaxis de Uber y qué verán los pasajeros
Uno de los aspectos en los que Uber ha puesto más cuidado es en la experiencia de usuario dentro del robotaxi. El interior del Lucid Gravity rediseñado para Uber se orienta a la comodidad: capacidad para seis pasajeros más equipaje, asientos calefactados y reclinables, y una disposición pensada para que subir y bajar del coche sea sencillo.
En el centro del salpicadero se sitúa una pantalla táctil desde la que los ocupantes pueden controlar la climatización, la música, la iluminación interior y otras funciones. Esa misma pantalla permite pedir asistencia al soporte de Uber en caso de cualquier incidencia o, si el usuario lo desea, solicitar que el vehículo se detenga en un punto seguro.
La cabina también muestra en tiempo real lo que “ve” el robotaxi a través de sus sensores: el trazado de la ruta, los obstáculos que detecta, las maniobras previstas (como frenar, girar, cambiar de carril o ceder el paso) y el tiempo estimado de llegada. Esta transparencia busca generar confianza, de forma que el pasajero entienda por qué el coche actúa de una manera u otra.
En el exterior, una de las señas de identidad del vehículo es el módulo Halo situado en el techo, con un halo luminoso y pantallas LED que muestran las iniciales del usuario que ha solicitado el viaje, así como el estado del trayecto (llegando, recogiendo, en ruta, etc.). Esto facilita localizar el coche en zonas concurridas y comunica mejor las intenciones del robotaxi al resto de usuarios de la vía.
Todo el sistema se coordina gracias a la plataforma NVIDIA DRIVE AGX Thor, diseñada específicamente para la conducción autónoma. Esta unidad central procesa los datos de cámaras, radares y LiDAR en milisegundos, ejecutando los algoritmos de IA que deciden cómo debe maniobrar el vehículo en cada momento.
Retos legales, de seguridad y de empleo
Por mucho que la tecnología haya avanzado, el despliegue masivo de robotaxis está condicionado por retos regulatorios y de seguridad. En España, cualquier servicio de transporte con vehículos autónomos debe superar baterías de pruebas, certificaciones y auditorías que garanticen la protección de los pasajeros y del resto de usuarios de la vía.
Las autoridades deben definir quién es responsable en caso de accidente (el fabricante del coche, el proveedor de software, la plataforma que gestiona el servicio), cómo se supervisan los vehículos en remoto, qué requisitos mínimos deben cumplir los sistemas de IA o en qué zonas y condiciones climáticas pueden operar.
Otro frente abierto tiene que ver con el impacto en el empleo en sectores como el taxi y las VTC tradicionales. La eliminación progresiva del conductor humano como figura central del servicio abre interrogantes sobre el futuro laboral de muchos profesionales actuales y sobre el tipo de trabajos que se crearán alrededor de las flotas autónomas (mantenimiento, control remoto, ingeniería, atención al cliente, etc.).
Las propias compañías reconocen que la gestión de una flota de coches sin conductor exige contratar personal cualificado para controlar el correcto funcionamiento de los vehículos, coordinar reparaciones, actualizar software y reaccionar ante cualquier problema operativo. Estos nuevos puestos, en principio, no se pueden delegar fácilmente en subcontratas o trabajadores autónomos aislados.
En paralelo, la discusión social se centra en hasta qué punto la ciudadanía confía en subirse a un coche sin conductor y cómo afectará esto a la percepción de seguridad vial. Aunque los datos preliminares apuntan a un buen comportamiento de los sistemas autónomos, la aceptación masiva dependerá de la transparencia en los ensayos, de la comunicación de incidentes y de la percepción de que la tecnología ha sido suficientemente probada.
La carrera por dominar el mercado de los taxis autónomos
El movimiento de Uber no se produce en un vacío: Waymo, Tesla, Cruise y otros actores llevan años compitiendo por liderar el transporte autónomo. Waymo opera servicios de taxi robotizado en ciudades de Estados Unidos y, en algunos mercados, incluso ofrece sus trayectos a través de la propia app de Uber, lo que ilustra un ecosistema en el que los rivales pueden ser, a la vez, socios.
Uber defiende que la autonomía abre una oportunidad de negocio multimillonaria y amplifica el alcance de su plataforma, al poder ofrecer más viajes con menos costes variables. Sin embargo, la compañía admite que, durante los próximos años, los robotaxis representarán solo una parte limitada del total de trayectos, ya que el resto seguirá realizándose con conductores humanos.
La situación actual contrasta con la de hace apenas unos años, cuando la tecnología de los vehículos autónomos se percibía como poco madura y su fiabilidad generaba muchas dudas. Hoy, la discusión se ha desplazado hacia cómo escalar las operaciones, cómo financiar flotas propias y cómo adaptar la regulación a un servicio que ya empieza a funcionar en la práctica.
En Europa, Uber y otras plataformas de movilidad compiten por ser los primeros en llevar a gran escala los robotaxis a ciudades con marcos normativos complejos, donde la protección del consumidor, la privacidad de los datos y la seguridad vial tienen un peso especialmente elevado frente a otros mercados.
En este contexto, incluir a Madrid entre las primeras ciudades europeas candidatas a recibir robotaxis supone una apuesta estratégica para la compañía y una prueba de fuego para las instituciones españolas, que deberán encontrar un equilibrio entre innovación, seguridad y protección social.
Con todo lo que Uber, sus socios tecnológicos y las autoridades están moviendo, la posibilidad de ver robotaxis circulando por Madrid en los próximos años empieza a ser muy real, aunque todavía quedan pasos clave: completar pruebas de seguridad, ajustar las leyes, desplegar la infraestructura de recarga y, sobre todo, ganarse la confianza de los ciudadanos. Lo que sí parece claro es que el transporte urbano tal y como lo conocemos está a punto de cambiar de forma profunda, y la capital española se ha colocado en la parrilla de salida de esa transformación.
