Sarampión en la universidad: brotes, riesgos y vacunación

Última actualización: febrero 21, 2026
  • El sarampión ha reaparecido en varias universidades, con un brote destacado en Ave Maria University (Florida), donde se confirmaron 20 casos dentro de un contexto de aumento nacional de contagios.
  • Las autoridades sanitarias y las universidades han respondido con aislamiento de casos, rastreo de contactos, ajuste de actividades presenciales y campañas de vacunación gratuita para estudiantes y personal.
  • La vacuna triple vírica (MMR), con dos dosis, proporciona cerca de un 97 % de protección y es la herramienta central para evitar brotes en campus, especialmente donde existen exenciones por motivos personales o religiosos.
  • La coordinación entre departamentos de salud, CDC y centros universitarios, junto a una comunicación clara contra la desinformación, resulta esencial para proteger a la comunidad académica frente al sarampión.

Sarampión en la universidad

El sarampión ha vuelto a colarse en los campus universitarios y ha encendido todas las alarmas de las autoridades sanitarias en Estados Unidos. Lo que durante años se consideró una enfermedad prácticamente controlada, hoy reaparece en entornos académicos donde conviven miles de estudiantes, muchos de ellos procedentes de distintos estados e incluso de otros países, lo que facilita que el virus se mueva con rapidez.

En este contexto, el brote de sarampión registrado en la universidad privada Ave Maria, en el condado de Collier (Florida), se ha convertido en un caso clave para entender qué está pasando con la vacunación, por qué surgen cadenas de contagio en entornos educativos y cómo están reaccionando tanto las universidades como los departamentos de salud estatales y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). A lo largo de este artículo vamos a desgranar todo lo ocurrido, las cifras oficiales, las medidas de control y el papel determinante de la inmunización.

Sarampión en la universidad: el brote en Ave Maria (Florida)

El punto de partida es el brote detectado en Ave Maria University, situada en el condado de Collier, en el suroeste de Florida. A comienzos de febrero de 2026, el Departamento de Salud de Florida (FDOH) confirmó que se habían identificado casos de sarampión entre el alumnado, lo que obligó a activar de inmediato los protocolos de respuesta y a reforzar la vigilancia epidemiológica tanto en el campus como en la comunidad local.

Según las comunicaciones oficiales difundidas por el Departamento de Salud de Florida y por la propia universidad, hasta el 7 de febrero se habían contabilizado 20 estudiantes con diagnóstico confirmado de sarampión. La institución subrayó que la mayoría de esos casos ya habían pasado la fase de máxima contagiosidad y se encontraban en seguimiento, con evolución favorable y sin complicaciones graves reseñadas en los informes públicos.

Algunos medios nacionales llegaron a mencionar cifras superiores a medio centenar de casos vinculados a la universidad, pero las autoridades estatales insistieron en que el conteo oficial y documentado se mantenía en 20 estudiantes dentro del campus en esas fechas. Tanto el FDOH como Ave Maria University recalcaron que, hasta el momento de sus últimos comunicados, no se habían sumado nuevos casos confirmados entre el alumnado.

En paralelo, otros reportes sobre la situación general de Florida hablaban de que el condado de Collier acumulaba 46 contagios confirmados de sarampión entre el 1 de enero y el 7 de febrero de 2026, cifra que engloba a los estudiantes de Ave Maria y a otros residentes del entorno. Incluso se llegó a señalar que el brote en el condado podría acercarse a los 60 contagios en lo que iba de año, teniendo en cuenta los casos asociados a la comunidad y a otras cadenas de transmisión.

La universidad, por su parte, comunicó públicamente que estaba colaborando de forma constante con el Departamento de Salud de Florida para frenar la expansión del virus dentro del campus. En su informe institucional subrayó el compromiso con la seguridad de estudiantes, personal docente y trabajadores, y señaló que se estaban siguiendo las recomendaciones sanitarias al pie de la letra.

Brote de sarampión en campus universitario

Cifras oficiales, brotes en otras universidades y contexto nacional

El brote de Ave Maria no se entiende sin encuadrarlo en el aumento de casos de sarampión en Estados Unidos en los últimos años. Los CDC han venido advirtiendo de un crecimiento sostenido de los contagios en varios estados, con un salto notable entre 2025 y el arranque de 2026, en gran parte asociado a descensos en las coberturas de vacunación y a una mayor circulación del virus en comunidades con inmunización insuficiente.

Un recuento de la Universidad Johns Hopkins situaba a Florida como el cuarto estado con más casos confirmados de sarampión este 2026, pese a que las cifras oficiales podían estar por debajo de la realidad debido a un posible subregistro. Por delante se encontraban Carolina del Sur, Utah y Arizona, con números significativamente más elevados en algunos casos, especialmente en el contexto de brotes comunitarios.

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Los datos de los CDC señalaban que en lo que iba de 2026 ya se habían notificado centenares de contagios, superando los 700 casos en apenas mes y medio, lo que representaba casi una tercera parte de todos los contagios reportados en 2025 (más de 2.200), año que ya había marcado un récord de infecciones de sarampión desde 1991. En otro recuento se hablaba de 910 casos confirmados en 24 estados hasta febrero de 2026, con varios brotes importantes activos.

En el ámbito universitario, además de Ave Maria, se documentaron casos en la Universidad de Florida, en el norte del estado, que informó al menos de dos estudiantes enfermos mientras el Departamento de Salud rastreaba contactos y posibles nuevas infecciones. En otros territorios, como Clemson y Anderson (Carolina del Sur) o universidades de Utah y Arizona, también se describieron casos y brotes de distinto tamaño, muchos de ellos vinculados a campus con tasas de vacunación no tan altas como se desearía.

Fuera de Estados Unidos, se citó el caso de la UNAM en México, que tras un caso sospechoso de sarampión reforzó las acciones de inmunización y llegó a aplicar casi 1.900 dosis de vacuna en la comunidad universitaria, a modo de ejemplo de respuesta preventiva agresiva para evitar que pequeños focos se transformen en brotes más amplios.

Por qué preocupa el sarampión en el entorno universitario

El sarampión es una enfermedad vírica extremadamente contagiosa, lo que la hace especialmente peligrosa en espacios cerrados o semiconfinados, como residencias universitarias, aulas, bibliotecas o comedores, donde se comparte aire durante largos periodos y se acumulan muchas personas a corta distancia.

El virus se transmite fundamentalmente a través de gotículas respiratorias y aerosoles expulsados al toser, estornudar o incluso hablar, y las autoridades sanitarias recuerdan que puede permanecer en suspensión en un ambiente cerrado hasta dos horas después de que una persona infectada haya abandonado el lugar. Esto significa que basta con entrar en una sala poco ventilada recientemente ocupada por alguien con sarampión para correr riesgo de contagio si no se tiene inmunidad.

Desde el punto de vista clínico, el sarampión suele comenzar con fiebre alta, congestión nasal, tos y enrojecimiento ocular. Entre tres y cinco días después del inicio de estos síntomas aparece un exantema o sarpullido rojizo que casi siempre arranca en la cara y se va extendiendo por el tronco y las extremidades. Durante la fase de erupción cutánea, los afectados suelen encontrarse bastante incómodos, con malestar general acus pronounced, fotofobia y tos intensa.

Los CDC indican que una persona con sarampión puede contagiar desde cuatro días antes hasta cuatro días después de la aparición del sarpullido, lo que complica enormemente la contención en ambientes donde la gente entra y sale de clase, comparte actividades deportivas y sociales, o viaja durante los fines de semana. Para más inri, uno de cada cinco no vacunados que contraen la enfermedad requiere hospitalización, una proporción nada despreciable en una población en principio joven y sana.

Entre las complicaciones más temidas destacan la neumonía y la encefalitis, que pueden dejar secuelas graves o incluso causar la muerte, sobre todo en personas con defensas bajas, embarazadas o individuos con patologías crónicas. En un campus universitario donde también trabajan personas de mayor edad o estudiantes inmunodeprimidos, el riesgo de impacto severo sobre algunos individuos es real.

Vacunación: la herramienta clave para frenar los brotes

La principal herramienta para evitar que el sarampión se convierta en un quebradero de cabeza en las universidades es la vacuna triple vírica (MMR), que protege frente a sarampión, paperas y rubéola. De acuerdo con los CDC, una sola dosis ofrece alrededor de un 93 % de protección, mientras que la pauta completa de dos dosis eleva la eficacia hasta cerca del 97 % frente al sarampión.

Eso significa que, incluso con la vacunación completa, puede haber un pequeño porcentaje de personas (en torno a 3 de cada 100 vacunados expuestos al virus) que lleguen a infectarse. Sin embargo, estos casos tienden a ser clínicamente más leves, menos contagiosos y con menor riesgo de complicaciones, lo que reduce muchísimo la presión sobre el sistema sanitario y la probabilidad de hospitalización.

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En el caso de Ave Maria University, la institución recalcó que la mayoría de los estudiantes estaban vacunados, aunque también reconoció que, de acuerdo con la legislación de Florida, se permiten exenciones a la vacunación por motivos religiosos o personales. Esta brecha puede ser suficiente para que, cuando el virus entra en el campus, encuentre un grupo de personas susceptibles y se genere un brote.

Ante la detección de los primeros casos, la universidad puso en marcha campañas de vacunación gratuita para toda la comunidad académica, facilitando el acceso a la vacuna tanto a quienes no estaban inmunizados como a quienes dudaban de su estado vacunal. Se reforzó, además, la información sobre la seguridad y eficacia de la MMR, con mensajes coordinados junto al Departamento de Salud del condado de Collier.

Este enfoque no es exclusivo de Florida. En otros escenarios, como la ya mencionada UNAM en México o diversas universidades estadounidenses, se han organizado clínicas de vacunación en el propio campus, jornadas especiales y revisiones de cartillas, con el objetivo de que la tasa de cobertura de la MMR se sitúe por encima del 95 %, el nivel recomendado para mantener la inmunidad de grupo y reducir al mínimo el riesgo de brotes.

Medidas de control y respuesta en Ave Maria y otros campus

Además de la vacunación, el control del sarampión en universidades pasa por una serie de medidas de salud pública y organización interna diseñadas para cortar rápidamente las cadenas de transmisión. En el caso de Ave Maria, el Departamento de Salud de Florida y la universidad diseñaron un plan conjunto de respuesta que se activó en cuanto se confirmaron los primeros contagios.

Entre las primeras decisiones estuvo el aislamiento inmediato de los estudiantes con diagnóstico confirmado, que fueron puestos en cuarentena mientras duraba el periodo infectivo. A esos aislamientos se sumó el seguimiento estrecho de sus contactos cercanos, que incluía vigilancia de síntomas durante varios días y, en función del estado de vacunación, recomendaciones específicas que iban desde la vacunación postexposición hasta la cuarentena preventiva.

Las actividades presenciales en el campus se ajustaron según el nivel de riesgo, con especial atención a los entornos de mayor densidad de personas. Aunque no se decretó el cierre completo de la universidad ni la suspensión general de las clases, se introdujeron cambios organizativos, mayor comunicación de pautas de prevención y controles más estrictos en el acceso a determinados espacios.

El Departamento de Salud de Florida confirmó que estaba llevando a cabo un rastreo de contactos exhaustivo, aplicando vacunas a las personas susceptibles y monitorizando posibles nuevos casos. Esta coordinación se mantuvo en contacto directo con las autoridades del condado de Collier, que seguían muy de cerca la evolución de la situación epidemiológica en toda la zona.

Aunque el foco principal se encontraba en Ave Maria y en la Universidad de Florida, otras instituciones de educación superior en distintos estados también activaron planes de contingencia. Muchas se basan en las recomendaciones de la American College Health Association (ACHA), que abogan por disponer de registros actualizados de inmunidad, protocolos claros de aislamiento de casos sospechosos y confirmados, así como estrategias de comunicación para combatir la desinformación sobre vacunas.

Recomendaciones sanitarias y cambios en las pautas de inmunización

En paralelo a la gestión concreta de los brotes, las autoridades federales y estatales han revisado en los últimos años las recomendaciones de inmunización infantil y adulta, introduciendo ajustes que han generado debate entre sociedades científicas, asociaciones médicas y algunos grupos ciudadanos.

El eje central de estas indicaciones sigue siendo garantizar que la población reciba al menos dos dosis de la vacuna MMR, especialmente en etapas escolares y universitarias. Los CDC insisten en que las personas que estudian o trabajan en centros educativos deben verificar su estado vacunal y recurrir a la revacunación si existe duda razonable sobre la pauta recibida en la infancia.

En escenarios donde la cobertura no alcanza los niveles deseables, los departamentos de salud están implementando campañas intensivas de vacunación, rastreo de contactos y cuarentenas de hasta 21 días para personas no vacunadas expuestas a casos confirmados. Todo ello se acompaña de un refuerzo informativo para contrarrestar la desinformación sobre las vacunas, señalada por entidades como la Academia Americana de Pediatría (AAP) como uno de los motores del descenso de la inmunización.

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En estados como Carolina del Sur, Utah, Arizona o Florida, donde se han detectado cadenas de transmisión importantes, las autoridades han puesto en marcha medidas adicionales, como clínicas móviles de vacunación, ampliación de horarios en centros de salud y apoyo técnico de los CDC para el análisis genético de los virus implicados y la coordinación de brotes que cruzan fronteras estatales.

En el ámbito universitario, muchas instituciones están revisando sus requisitos de inmunidad para la matriculación, reforzando la obligación de acreditar la vacunación frente a sarampión, paperas y rubéola o, en su defecto, la existencia de razones médicas justificadas para no recibir la vacuna. Donde las leyes permiten exenciones amplias por creencias personales o religiosas, el debate es más intenso y se discute cómo equilibrar la libertad individual con la protección de la salud colectiva.

Otros ejemplos de vacunación y vigilancia en universidades

El caso de Ave Maria se inserta en un panorama más amplio de universidades que han reaccionado con rapidez ante sospechas o brotes de sarampión. Ya hemos mencionado la respuesta de la UNAM en México, con una campaña masiva de vacunación tras un caso sospechoso, pero hay más ejemplos en Estados Unidos y otros países.

En diferentes campus estadounidenses, como los de Clemson, Columbia y otras instituciones de Carolina del Sur, se han reforzado los requisitos de inmunización y los controles de registros, a menudo acompañados de correos masivos a estudiantes, sesiones informativas y habilitación de puntos de vacunación dentro de la propia universidad, gratuitos o con costes muy reducidos.

Los protocolos suelen contemplar que, ante la detección de un posible caso, se proceda a aislar inmediatamente al estudiante afectado en habitaciones específicas, con limpieza reforzada y uso de mascarillas por parte del personal que le atiende, preferiblemente personas inmunes. El entorno cercano (compañeros de habitación, amigos, asistentes a las mismas clases) entra en una fase de vigilancia estrecha de síntomas.

Además, muchas universidades trabajan codo con codo con los departamentos de salud locales para elaborar listados de estudiantes no inmunizados, planificar respuestas rápidas ante brotes y ajustar, si hace falta, actividades multitudinarias, como eventos deportivos o actos académicos de gran afluencia, para minimizar riesgos en los momentos de máxima circulación del virus.

En este proceso, la educación sanitaria continua se ha consolidado como una herramienta imprescindible: charlas, infografías, vídeos divulgativos y campañas en redes sociales buscan desmontar mitos sobre la vacunación y recalcar que el sarampión no es una enfermedad “del pasado”, sino un riesgo real cuando se reduce la protección colectiva.

La realidad es que, pese a los brotes y a las controversias políticas sobre los mandatos de vacunación en estados como Florida, la evidencia disponible indica que más del 90 % de las personas que enferman de sarampión en estos brotes no están vacunadas, lo que refuerza de manera contundente el mensaje de las autoridades: vacunarse no solo protege a nivel individual, sino que también blinda al conjunto de la comunidad universitaria y al entorno en el que esta se mueve.

En el caso concreto de Ave Maria y de otras universidades afectadas, la combinación de vigilancia epidemiológica intensa, cuarentenas, rastreo de contactos y campañas de vacunación ha permitido mantener el impacto sanitario bajo cierto control, reducir el riesgo de complicaciones graves y evitar, al menos de momento, cierres prolongados de campus o suspensiones generalizadas de clases.

De este modo, los brotes de sarampión en la universidad se han convertido en una especie de prueba de estrés para los sistemas de salud y las instituciones educativas: ponen a prueba su capacidad de respuesta rápida, la robustez de sus políticas de inmunización y la eficacia de la comunicación con estudiantes, familias y personal académico cuando una enfermedad altamente contagiosa irrumpe en un entorno tan dinámico como un campus universitario.

Todo apunta a que, mientras persista la combinación de caída de coberturas vacunales y mayor circulación del virus, seguiremos viendo nuevos focos en universidades y centros educativos. La experiencia de Ave Maria, de la Universidad de Florida y de otros campus en Estados Unidos y México demuestra que la clave pasa por llegar con la vacuna antes de que llegue el virus, disponer de planes de contingencia claros y contar con una comunidad universitaria informada y comprometida con la protección de su propia salud y la de quienes la rodean.