Las acciones de software se hunden en Wall Street por el miedo a la IA

Última actualización: febrero 8, 2026
  • El desplome de las acciones de software en Wall Street se ha intensificado, con caídas superiores al 25% desde los máximos de la tecnología estadounidense.
  • La irrupción de la inteligencia artificial, especialmente a través de Anthropic y otras startups, dispara el temor a que muchos modelos de negocio de software queden obsoletos.
  • Los índices sectoriales de software en EEUU y Europa sufren sus peores rachas desde 2008 y 2002, con fuertes correcciones en gigantes como Microsoft, Oracle, SAP o Amadeus.
  • Analistas y bancos de inversión debaten si el mercado está firmando el "fin del software" o generando una oportunidad por la sobreventa del sector.

Caída de acciones de software en bolsa

Las acciones de software se han convertido en el nuevo epicentro del nerviosismo en los mercados. Lo que empezó como escepticismo ante la irrupción de la inteligencia artificial (IA) se ha transformado, en cuestión de meses, en un pesimismo casi apocalíptico que sacude a Wall Street, se contagia a Europa y ya se deja notar en el Ibex 35.

El temor de los inversores es claro: que la IA termine sustituyendo modelos de negocio de software consolidados y erosione unas fuentes de ingresos basadas en licencias y suscripciones que llevaban años funcionando como un reloj. La ola vendedora ha golpeado tanto a gigantes históricos de la industria como a compañías nacidas en plena fiebre de la inteligencia artificial.

Un desplome histórico en los índices de software

Gráfico de caída de software en Wall Street

En Estados Unidos, el índice S&P 500 Software acumula un desplome cercano al 26% desde los máximos registrados el pasado 29 de octubre, coincidiendo con el techo histórico del sector tecnológico y de referentes como Nvidia. Mientras el conjunto del S&P 500 apenas avanza unas décimas en ese periodo, el grupo de empresas puramente de software se hunde con fuerza.

Un indicador similar, el S&P North American Software, abrochó enero con una caída aproximada del 15%, su peor mes desde octubre de 2008, en plena resaca de la crisis financiera. El ETF iShares Expanded Tech-Software Sector (IGV), una de las referencias para el inversor en el sector, ha perdido más de un 14% en apenas seis sesiones, tras registrar también en enero su peor registro mensual desde la Gran Recesión.

Este inicio de 2026 se ha convertido, de hecho, en la peor racha mensual para el software en casi dos décadas. Ninguna de las compañías que integran los principales índices sectoriales de software en Wall Street cotiza hoy por encima del precio con el que arrancó el año, y firmas como Intuit o ServiceNow encabezan los retrocesos.

Los analistas de Evercore han monitorizado el comportamiento relativo del sector frente al S&P 500 y concluyen que, en los últimos tres meses, el software ha registrado su peor rendimiento frente al índice general desde 2002, cuando aún se arrastraban las secuelas del pinchazo de la burbuja puntocom.

La inteligencia artificial, de oportunidad a amenaza sistémica

La raíz del problema es la percepción de que la IA puede demoler el valor de muchas aplicaciones de software tal y como están planteadas hoy. Herramientas capaces de redactar documentos, programar código o automatizar tareas corporativas se ven como una competencia directa frente a productos que hasta ahora eran imprescindibles para miles de empresas.

El arranque del año ha estado marcado por sucesivos anuncios que han servido de catalizador para las ventas. La startup Anthropic ha sido el nombre más repetido en los parqués: primero con el lanzamiento de Claude Cowork, una plataforma de IA generativa orientada a productividad y al ámbito legal, y después con una nueva herramienta jurídica y un modelo preparado para realizar análisis financieros. Cada uno de estos hitos ha sido seguido por fuertes caídas en las cotizaciones de las empresas de software más expuestas.

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En el sector legal y de información profesional, compañías como London Stock Exchange Group, Thomson Reuters, CS Disco o LegalZoom sufrieron desplomes de doble dígito tras los anuncios de Anthropic. Movimientos similares se observaron en el ámbito de los datos financieros y de análisis, con presiones intensas sobre grupos como Experian y otros proveedores especializados en contenido y servicios para despachos y departamentos jurídicos.

El miedo también ha saltado al mundo de los videojuegos y los contenidos digitales. La puesta en marcha del Project Genie de Alphabet, capaz de generar mundos inmersivos a partir de texto o imágenes, contagió a las cotizadas del sector del gaming, que vieron cómo los inversores se replanteaban el valor futuro de sus motores gráficos y herramientas de diseño.

El resultado es un sentimiento que muchos operadores describen ya como «SaaSpocalipsis»: ventas forzadas, órdenes de «sácame de aquí» y una capitulación donde prima salir del sector casi a cualquier precio antes que discriminar entre ganadores y perdedores.

El castigo a los gigantes del software: de Microsoft a Oracle y SAP

El desplome no ha respetado nombres. Entre las grandes cotizadas estadounidenses, Microsoft, Oracle, ServiceNow, Adobe, Salesforce o Intuit acumulan fuertes correcciones desde los máximos del sector tecnológico.

En el caso de Oracle o ServiceNow, las caídas rondan el 40% desde los techos marcados por el sector, lo que las sitúa entre las firmas más castigadas. En Oracle, además del efecto IA, pesan las dudas sobre su estrategia de financiación y el aumento del endeudamiento vía emisiones de deuda, que inquieta a parte del mercado.

Microsoft, máximo exponente del software mundial y uno de los «Siete Magníficos» de Wall Street, se ha convertido en el peor comportamiento del grupo en lo que va de 2026, con descensos próximos al 18% y una corrección de alrededor del 25% en el último semestre. Enero fue el peor mes para sus acciones en más de una década.

Lo llamativo es que estos recortes se producen a pesar de que la compañía ha presentado resultados sólidos en ingresos y beneficios. Sus cuentas más recientes mostraron un avance del 29% en la división Intelligent Cloud, hasta 32.900 millones de dólares, y un salto del 39% en los ingresos de Azure. Sin embargo, el mercado ha preferido fijarse en la moderación del crecimiento y en el temor a que, aun liderando la IA, el ritmo no sea suficiente para justificar las valoraciones alcanzadas.

Aun así, algunas casas de inversión empiezan a ver valor. Fondos europeos como Sycomore Sustainable Tech han aprovechado la caída para aumentar posiciones en Microsoft, convencidos de que la firma terminará de consolidarse como uno de los actores centrales de la nueva economía de la IA. Su múltiplo en bolsa se ha reducido a menos de 23 veces beneficios estimados, el nivel más bajo en unos tres años, y sus indicadores técnicos reflejan una sobreventa acusada.

Europa no se libra: SAP, Relx y Amadeus, entre los más dañados

La presión sobre el software no se limita a Wall Street. En Europa, el índice Stoxx Europe Total Market Software & Computer Services suma descensos próximos al 15% en el arranque de 2026 y un castigo cercano al 30% interanual, en un contexto en el que los grandes índices de renta variable del continente marcan máximos históricos.

Referentes europeos como SAP registran caídas en torno al 18% solo en los primeros compases del año, mientras que otras firmas del sector como Relx, CapGemini, Hexagon o Sage acumulan recortes destacados que en algunos casos se acercan o superan el 25%. El nerviosismo es especialmente visible en sesiones concretas, como la que llevó a Relx a retrocesos de doble dígito en el FTSE 100 británico.

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En España, el impacto se nota de lleno a través de Amadeus, el gran representante del software en el Ibex 35. La compañía, centrada en soluciones para la industria turística, lidera las caídas del selectivo en lo que va de 2026, con un descenso cercano al 14% en el año y alrededor de un 24% en los últimos seis meses. El valor se ha visto castigado tanto por la rotación general fuera del software como por las dudas sobre cómo la IA podría alterar procesos de reserva, gestión y servicios que hoy son su especialidad.

El golpe al sector se ha dejado sentir incluso en días en los que las bolsas europeas reflejaban un tono mixto o moderadamente positivo, con índices como el Dax alemán, el Cac francés o el Mib italiano avanzando entre ligeras subidas y caídas, mientras las referencias ligadas al software quedaban claramente rezagadas. El Ibex, por su parte, ha alternado sesiones presionado por valores como Amadeus e Indra con rebotes apoyados en banca, acereras y energéticas.

El modelo de negocio del software, bajo revisión

Más allá del ruido diario en bolsa, el corazón del debate es si la IA implica un cambio estructural en el modelo de ingresos del software. Buena parte de las empresas del sector dependen de esquemas de suscripción, con cobro por usuario o por «asiento»; un sistema que podría sufrir si las herramientas de IA permiten a las empresas hacer lo mismo con menos personas conectadas o con menos licencias activas.

JP Morgan ha llegado a plantear si el mercado está anticipando el «final del software» en Wall Street más que una simple transformación. Uno de sus analistas, Toby Ogg, resumía el clima actual señalando que el sector «no solo es culpable hasta que se demuestre lo contrario, sino que está siendo condenado antes del juicio». Es decir, se descuenta el peor escenario incluso antes de ver el impacto real de la IA en los ingresos.

Desde la óptica de otras gestoras, como Invesco, el mercado se encuentra en pleno reajuste de expectativas de crecimiento. A medida que se clarifican las capacidades reales de la IA, los analistas revisan a la baja las estimaciones de ventas futuras de software tradicional, lo que se traduce en múltiplos más bajos y una presión constante sobre las valoraciones.

Este ajuste también se nota en el comportamiento de los resultados trimestrales. En la temporada actual, solo alrededor de dos tercios de las empresas de software del S&P 500 han superado las proyecciones de ingresos, un porcentaje notablemente inferior al del conjunto del sector tecnológico. Aunque muchas han batido las previsiones de beneficios, el mercado ha restado importancia a estas sorpresas positivas y se ha centrado en las guías de futuro y en su narrativa sobre IA.

Firmas como Piper Sandler han reaccionado recortando recomendaciones en valores como Adobe, Freshworks o Vertex, advirtiendo de que las narrativas de «compresión de asientos» y el auge de la codificación asistida por IA podrían limitar los múltiplos que los inversores están dispuestos a pagar por estos negocios.

Anthropic y el efecto dominó sobre crédito y capital privado

La disrupción que se atribuye a Anthropic y a otras startups de IA no solo ha sacudido el mercado de acciones. Las repercusiones han llegado al mundo del crédito y del capital privado, donde muchas carteras tienen un peso elevado de compañías de software financiadas con deuda.

Firmas como Apollo han reducido prácticamente a la mitad su exposición a préstamos vinculados al software en sus fondos de crédito directo, pasado de niveles próximos al 20% a cifras claramente más bajas. Otros actores de referencia en Europa, como Arcmont Asset Management o Hayfin Capital Management, han contratado consultores externos para analizar en detalle qué compañías participadas podrían ser más vulnerables a la irrupción de la IA.

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En bolsa, las cotizadas de desarrollo de negocio y financiación, con fuerte peso en software, también se han visto impactadas. Grupos como Blue Owl Capital han ampliado caídas de doble dígito ante la percepción de que buena parte de su cartera podría sufrir revalorizaciones negativas si sus participadas pierden ventaja competitiva frente a las nuevas soluciones de IA.

El efecto dominó ha alcanzado incluso al mercado de préstamos sindicados, donde los créditos ligados a empresas de software han empezado a marcar descuentos frente a otros sectores, reflejando el aumento de la prima de riesgo que exigen los inversores para seguir financiando a este tipo de compañías.

¿Fin del software o oportunidad tras la sobreventa?

Pese al tono sombrío dominante, no todos los análisis apuntan hacia un futuro negro. Algunos expertos, como los de BTIG o LPL Financial, señalan que el sector presenta niveles de sobreventa inéditos en años y que los múltiplos han caído hasta zonas que podrían ser el punto de partida de una recuperación a medio plazo.

El propio Jonathan Krinsky, analista técnico jefe de BTIG, reconoce que el software está «probablemente lo suficientemente sobrevendido como para un repunte», aunque advierte de que la reconstrucción de la confianza y de una base sólida llevará tiempo. Desde su punto de vista, la debilidad relativa del sector se aceleró con fuerza en el último trimestre del año pasado y aún no da señales claras de haber tocado suelo.

Otros gestores, como Thomas Shipp (LPL Financial) o Stephen Yiu (Blue Whale Growth Fund), ponen el foco en la dificultad de separar a los futuros ganadores de las posibles víctimas de la IA. Es evidente que algunas empresas de software saldrán reforzadas al integrar la inteligencia artificial en sus productos y procesos, pero hoy por hoy el «abanico de escenarios» es demasiado amplio como para trazar una línea clara.

En paralelo, la cuestión de las valoraciones sigue encima de la mesa. Aunque acciones como Nvidia o Palantir continúan cotizando con múltiplos elevados en términos históricos, la caída desde los máximos de octubre ha abaratado algo su ratio PER. En el caso de Nvidia, por ejemplo, el precio actual supone un descuento de alrededor del 16% respecto al pico de PER alcanzado en 2025, lo que algunos gestores consideran ya un punto de entrada más razonable.

Para una parte del mercado, el escenario actual recuerda a otros momentos de cambio tecnológico profundo, en los que las ventas indiscriminadas terminaron generando oportunidades en compañías que supieron adaptarse. Para otra parte, sin embargo, la prudencia sigue siendo la consigna: hasta que no se despeje qué modelos de negocio de software pueden convivir con la IA y cuáles quedarán desplazados, parece prematuro apostar fuerte por el sector.

En conjunto, el desplome de las acciones de software en Wall Street y su eco en Europa dibujan un panorama en el que la inteligencia artificial actúa a la vez como motor de innovación y detonante de una crisis de confianza. Los inversores se mueven entre el miedo a perderse la próxima gran ola tecnológica y el temor a quedarse atrapados en negocios que puedan quedar obsoletos. El tiempo dirá si el actual castigo ha sido excesivo o si, por el contrario, el mercado está simplemente ajustando a la baja unas expectativas que se habían disparado con demasiada alegría.