El pulpo: resumen completo para estudiar y entender a este cefalópodo

Última actualización: enero 25, 2026
  • El pulpo es un molusco cefalópodo con ocho brazos, gran capacidad de camuflaje y una anatomía única, como su sangre azul y sus tres corazones.
  • Es un depredador carnívoro que se alimenta sobre todo de crustáceos, moluscos y peces, usando veneno, ventosas y un pico muy potente.
  • Su reproducción es sexual, con miles de huevos y una vida corta en la que los adultos mueren poco después del apareamiento.
  • Destaca por su extraordinaria inteligencia, sistema nervioso distribuido y por el debate ético en torno a su cría en granjas.

Pulpo resumen para estudiar

Si necesitas un buen resumen del pulpo para estudiar sin volverte loco, aquí vas a encontrar todo lo esencial bien ordenado: qué es, cómo vive, de qué se alimenta, cómo se reproduce y por qué todo el mundo habla de su inteligencia. No hace falta ser un experto en biología marina para entenderlo, pero sí vas a tener información de nivel.

El pulpo no es solo ese animal que mucha gente conoce en el plato como pulpo a feira o a la brasa, sino uno de los invertebrados más sorprendentes del planeta: tiene tres corazones, sangre azul, un sistema nervioso repartido por todo el cuerpo y capacidades de camuflaje que parecen de ciencia ficción. Vamos a verlo todo con calma, pero de manera clara, para que te sirva tanto para clase como para simple curiosidad.

Qué es exactamente un pulpo

Anatomía básica del pulpo

Los pulpos forman el orden Octopoda dentro de los moluscos cefalópodos, es decir, son animales invertebrados marinos cuyo “pie” está unido a la cabeza. Dentro de este grupo están emparentados con calamares y sepias, aunque se diferencian en varios detalles muy claros.

La característica más reconocible del pulpo es que tiene ocho brazos con dos hileras de ventosas alrededor de la boca, mientras que calamares y sepias tienen diez apéndices (ocho brazos y dos tentáculos más largos). Su cuerpo es blando, gelatinoso, sin esqueleto interno ni concha externa visible, lo que le da una flexibilidad increíble.

La cabeza del pulpo es globosa y grande en comparación con el resto del cuerpo, con dos ojos muy desarrollados que recuerdan a los de muchos vertebrados por su complejidad. Entre los brazos se encuentra la boca, equipada con un pico córneo parecido al de un loro, capaz de romper conchas y caparazones con mucha fuerza.

En la parte inferior del cuerpo se sitúa el sifón, una especie de embudo muscular que utiliza para expulsar agua y lograr una propulsión a chorro muy efectiva. Gracias a ello puede desplazarse rápidamente cuando necesita huir o atacar una presa.

Existen más de 300 especies de pulpos, con tamaños que van desde unos pocos centímetros y apenas un gramo de peso, como el diminuto Octopus wolfi, hasta gigantes como el pulpo gigante del Pacífico (Enteroctopus dofleini), que puede superar los 4 metros de envergadura entre puntas de los brazos y alcanzar decenas de kilos de peso.

Clasificación y tipos de pulpo

Tipos y grupos de pulpo

Dentro del orden Octopoda, los especialistas distinguen dos grandes subórdenes: Cirrina e Incirrata, que agrupan pulpos con estilos de vida y anatomía algo diferentes.

Los pulpos del suborden Cirrina son especies de aguas profundas con aletas a los lados de la cabeza, que parecen pequeñas orejas. Conservan una especie de concha interna, presentan estructuras ciliares en la cara interior de los tentáculos y suelen tener un “manto” que conecta los brazos casi hasta la punta, dándoles un aspecto de paraguas o faldón.

El suborden Incirrata agrupa a la mayoría de las especies conocidas y son los pulpos típicos de fondos marinos y zonas costeras. No tienen concha ni aletas, sus brazos están completamente libres, y muchas de estas especies son las que solemos ver en documentales, acuaríos o en consumo humano, como el pulpo común (Octopus vulgaris).

Un grupo especialmente curioso dentro de los Incirrata son los argonautas, como Argonauta argo. Las hembras producen una especie de “concha” externa que en realidad no es una concha verdadera unida al cuerpo, sino una estructura donde guardan los huevos y que les ayuda a controlar su flotabilidad. Visualmente pueden confundirse con nautilos, pero pertenecen a grupos distintos.

Descripción física y adaptaciones del pulpo

Características físicas del pulpo

El cuerpo del pulpo es compacto y musculoso, aunque suele ser más corto que la longitud total de sus brazos. En muchas especies, los brazos pueden duplicar la longitud del cuerpo y en algunos casos la envergadura total puede acercarse o superar los 3 metros, aunque en el pulpo común lo normal es entre 1 y 1,5 metros y unos 2 kilos de peso.

Sus ocho brazos están unidos por una membrana en la base, y el primer par suele ser algo más corto. Cada brazo está cubierto por dos filas de ventosas, estructuras circulares extremadamente pegajosas y sensibles que no solo sirven para sujetarse y atrapar presas, sino también para explorar el entorno como si fueran dedos muy finos.

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La piel del pulpo alberga cromatóforos y otras células especializadas que le permiten modificar casi al instante su color y, en muchos casos, la textura de la superficie corporal. Gracias a esto son auténticos maestros del camuflaje: pueden parecer una roca cubierta de algas, arena, coral o incluso imitar la apariencia de otros animales marinos.

Su coloración también puede reflejar su estado interno: algunos pulpos se tornan azulados cuando están excitados o tensos, pálidos si sienten miedo o estrés, y rojizos cuando muestran comportamientos más agresivos. Esta plasticidad cromática les brinda ventajas tanto para evitar depredadores como para cazar de forma sigilosa.

El pulpo carece de esqueleto óseo, lo que le permite introducirse en espacios mucho más pequeños que el tamaño aparente de su cuerpo. Mientras la abertura sea mayor que su pico, prácticamente puede colarse por cualquier rendija, un truco perfecto para esconderse o sorprender a sus presas.

Hábitat y distribución del pulpo

Hábitat marino del pulpo

Los pulpos están presentes en todos los océanos del planeta, desde zonas tropicales hasta aguas templadas e incluso frías. El pulpo común (Octopus vulgaris) es especialmente frecuente en el mar Mediterráneo, en la costa atlántica europea (incluyendo Canarias e Inglaterra) y en muchas costas africanas.

Se les puede encontrar tanto en fondos rocosos cercanos a la costa como en áreas arenosas o fangosas a profundidades que suelen llegar hasta los 200 metros, e incluso más en algunas especies de aguas profundas. En invierno muchos se desplazan a fondos más hondos y arenosos, mientras que en primavera se aproximan a zonas litorales rocosas donde encuentran más refugios y alimento.

En general, son animales de hábitos principalmente nocturnos: durante el día permanecen escondidos en grietas, cuevas o guaridas que ellos mismos acondicionan con piedras y restos de conchas, y salen al atardecer o de noche para cazar y explorar.

Hay también especies pelágicas que pasan buena parte de su vida flotando o nadando en la columna de agua, lejos del fondo marino, aunque la mayoría de los pulpos son bentónicos, es decir, viven asociados al sustrato del fondo y lo recorren como auténticos “exploradores” solitarios.

Algunas especies antárticas, como Pareledone charcoti, muestran adaptaciones extremas al frío: regulan la forma en que su sangre transporta oxígeno para mantenerse activas en temperaturas que pueden oscilar entre -2 ºC y más de 30 ºC, una amplitud térmica realmente llamativa.

Alimentación del pulpo

El pulpo es un depredador carnívoro que basa su dieta en crustáceos, otros moluscos y peces. Cangrejos, almejas, mejillones y pequeños peces forman parte habitual de su menú, dependiendo de la especie y del tipo de hábitat donde vive.

Para cazar aprovecha su camuflaje, su habilidad para moverse sigilosamente y la fuerza de sus brazos. Una vez localiza la presa, la sujeta firmemente con las ventosas y emplea su pico para perforar conchas o caparazones, inyectando una toxina que la paraliza. Muchos pulpos producen sustancias que, además, ayudan a disolver el carbonato cálcico de las conchas.

Tras inmovilizar a la presa, el pulpo desgaja el cuerpo en trozos manejables y aspira o ingiere las partes blandas, desechando conchas y restos duros. Este modo de alimentación deja “cementerios” de caparazones cerca de sus guaridas, que delatan la presencia de un pulpo aunque no lo veamos.

Estudios dietéticos han mostrado que algunos pulpos parecen tener preferencias individuales por ciertas presas. Por ejemplo, en el mar de Alborán se ha visto que determinados individuos de pulpo común eligen con frecuencia una especie de almeja muy concreta, mientras que otros se decantan más por cangrejos, sin que esto se explique solo por la abundancia de cada presa.

Los pulpos jóvenes tienden a consumir más crustáceos pequeños y presas fáciles de manejar, mientras que los adultos grandes pueden permitirse atacar bivalvos de mayor tamaño y crustáceos más robustos. En cualquier caso, su combinación de inteligencia, fuerza y veneno los convierte en cazadores muy eficaces.

Reproducción y ciclo de vida del pulpo

Los pulpos son animales de reproducción sexual y ovíparos. El macho utiliza un brazo modificado, llamado hectocótilo, para transferir los espermatóforos (paquetes de esperma) a la cavidad de la hembra. En algunos casos, ese brazo especializado puede incluso desprenderse y quedar dentro del cuerpo de la hembra desempeñando su función reproductora.

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Tras la cópula, la hembra guarda el esperma durante un tiempo y, cuando llega el momento, realiza la puesta en primavera o verano, según la especie y la zona. Puede fijar a las rocas decenas de miles de huevos en largas ristras, colgándolos en cuevas o grietas protegidas donde los vigilará sin descanso.

Durante el cuidado de la puesta, la hembra ventila los huevos con agua limpia y los mantiene libres de sedimentos y parásitos, hasta el punto de que deja de alimentarse y acaba muriendo poco después de la eclosión. El macho, por su parte, también muere tras el periodo reproductor, de modo que la vida adulta de muchos pulpos se reduce a 1-2 años, 4 como máximo en algunas especies grandes.

De los huevos salen pequeñas crías llamadas paralarvas, que ya se parecen bastante al pulpo adulto en miniatura, aunque pasan una fase de vida planctónica flotando en la columna de agua y alimentándose de zooplancton. No hay una metamorfosis drástica como en otros animales, sino un crecimiento progresivo.

Después de un tiempo flotando, las paralarvas descienden al fondo y se establecen como juveniles, iniciando su vida solitaria. La mortalidad en estas primeras etapas es enorme: de los miles de huevos de una hembra, solo una fracción mínima llega a la edad adulta, ya que son presa de numerosos depredadores marinos.

Comportamiento y modo de vida

El pulpo es, por lo general, un animal solitario y bastante tímido. Prefiere pasar gran parte del día escondido en guaridas que él mismo acondiciona, utilizando piedras, conchas y cualquier objeto que encuentre para reforzar la entrada o camuflarla.

Se desplaza de dos formas principales: “caminando” por el fondo gracias al apoyo de sus brazos, o nadando mediante propulsión a chorro expulsando agua por el sifón. Este sistema le permite realizar maniobras rápidas y bruscos cambios de dirección si necesita huir de un depredador.

Cuando se siente amenazado, puede liberar una nube de tinta oscura procedente de una bolsa situada cerca del hígado. Esta tinta crea una cortina opaca que dificulta la visión y el olfato de su perseguidor, dándole segundos cruciales para escapar. La tinta está compuesta por melanina y otras sustancias que pueden aturdir los sentidos químicos de algunos depredadores.

Su comportamiento social es limitado si lo comparamos con mamíferos o aves, aunque en algunas zonas se han descrito “ciudades” de pulpos, lugares donde varios individuos comparten un área relativamente pequeña, con múltiples guaridas próximas. Aun así, no forman grupos estables como los de los delfines o primates.

Muchos experimentos y observaciones han mostrado que el pulpo es curioso y tiende a explorar su entorno, manipulando objetos, investigando huecos y reaccionando de manera flexible ante situaciones nuevas, lo que ha reforzado su fama de “filósofo de los mares” y de auténtico escapista.

La tinta, los corazones y la sangre azul del pulpo

Una de las características más llamativas del pulpo es su sistema circulatorio. Posee tres corazones trabajando a la vez: dos branquiales, encargados de bombear la sangre a las branquias para oxigenarla, y un corazón sistémico, que impulsa esa sangre ya oxigenada al resto del cuerpo.

Su sangre no es roja, sino de un llamativo tono azulado. Esto se debe a que, en lugar de la hemoglobina típica de los vertebrados, utiliza hemocianina como molécula transportadora de oxígeno. La hemocianina contiene cobre en vez de hierro, y esa diferencia química es la que le confiere el color azul.

Este sistema es especialmente eficaz a bajas temperaturas y en aguas con menos oxígeno disuelto, lo que ayuda a que los pulpos puedan mantener una buena actividad incluso en ambientes fríos o poco oxigenados. El precio a pagar es que resultan bastante sensibles a cambios en el pH del agua.

La acidificación oceánica asociada al cambio climático puede reducir la capacidad de la hemocianina para transportar oxígeno, lo que plantea serias dudas sobre el futuro de algunas especies si las condiciones del mar se siguen alterando de forma tan rápida.

En cuanto a la tinta, además de su función defensiva en la naturaleza, el ser humano ha encontrado usos culinarios interesantes: la tinta de pulpo se aprovecha para preparar salsas, arroces o pastas de color negro intenso, añadiendo un sabor característico a numerosos platos de cocina mediterránea.

¿Existen pulpos venenosos para el ser humano?

Todos los pulpos conocidos producen algún tipo de toxina que emplean para inmovilizar a sus presas, pero la mayoría no representan un peligro real para el ser humano. Sin embargo, existe un pequeño grupo de especies especialmente tóxicas.

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Los más famosos son los llamados pulpos de anillos azules (Hapalochlaena spp.), que viven en el océano Pacífico, desde Japón hasta Australia. Son animales de pequeño tamaño, con piel amarillenta salpicada de anillos azul intenso y negro que se vuelven muy visibles cuando se sienten amenazados.

Estos pulpos poseen una toxina extremadamente potente, la tetrodotoxina, que puede ser letal para los humanos si se recibe una dosis suficiente mediante una mordedura. Normalmente la utilizan para cazar y para defenderse de depredadores, no para atacar sin motivo.

Pese a su fama, son especies poco habituales para la mayoría de la población y no tienen nada que ver con el pulpo que se comercializa en países como España, donde ningún pulpo destinado al consumo es venenoso para las personas y su ingesta resulta segura si se manipula correctamente.

Inteligencia y sistema nervioso del pulpo

El pulpo es considerado el invertebrado con el sistema nervioso más complejo conocido. No solo tiene un cerebro relativamente grande en proporción a su cuerpo, sino que cuenta con unos 500 millones de neuronas, cifra similar a la de algunos mamíferos pequeños.

Lo más curioso es cómo están distribuidas esas neuronas: solo un tercio se concentra en el cerebro central, mientras que los otros dos tercios se reparten a lo largo de los ocho brazos. Esto hace que cada brazo tenga una gran autonomía a la hora de procesar información y tomar “decisiones” locales.

Por eso se habla de “cognición distribuida”: los brazos pueden reaccionar a estímulos y manipular objetos sin que el cerebro tenga que controlar cada movimiento en detalle. Es como si el pulpo funcionara con un cerebro principal y ocho mini-cerebros en sus brazos, coordinados entre sí.

En laboratorio y en acuarios se han documentado comportamientos sorprendentes: apertura de frascos roscados para acceder a comida, uso de cáscaras de coco como refugios móviles, imitación de objetos o animales del entorno y una insistente capacidad de encontrar escapes en tanques supuestamente bien cerrados.

Todo esto ha generado un intenso debate sobre si debemos hablar de “inteligencia” plena o de “habilidades cognitivas avanzadas”, pero en cualquier caso está claro que los pulpos son capaces de resolver problemas, aprender de la experiencia y mostrar una notable flexibilidad de comportamiento. Incluso algunos expertos en Inteligencia Artificial se inspiran en su sistema nervioso para diseñar modelos de computación distribuidos, menos dependientes de un único centro de control.

El pulpo y la relación con los humanos: cocina y ética

El pulpo común es uno de los cefalópodos más apreciados en gastronomía. Su carne, baja en grasa y con alto contenido en proteínas de buena calidad, se consume en múltiples preparaciones: a la gallega, a la brasa, en guisos, ensaladas frías, etc.

En hostelería se comercializa de varias formas: fresco, ultracongelado, cocido o en conserva. Los productos cocidos al vacío en su propio jugo tienen la ventaja de que llegan ya en su punto justo de cocción, reducen mermas y permiten aprovechar mejor el espacio de almacenamiento en cocinas profesionales.

Su versatilidad culinaria hace que sea el tercer producto del mar más consumido en muchos establecimientos de restauración en España, con especial éxito en terrazas y zonas costeras durante el verano, aunque se disfruta todo el año.

Al mismo tiempo, el aumento del consumo y el interés científico por estos animales ha generado debates éticos. En algunos países, como Reino Unido, el pulpo ha sido reconocido legalmente como “animal sintiente”, lo que implica considerarlo en las leyes de bienestar animal y limitar métodos de sacrificio considerados crueles.

La propuesta de abrir grandes granjas de cría de pulpos ha generado una fuerte polémica: se cuestiona si es aceptable mantener a animales tan inteligentes y solitarios en tanques masificados, y se discute el impacto ambiental de producirlos de forma intensiva para abastecer mercados lejanos.

Todo lo que sabemos sobre el pulpo dibuja la imagen de un animal muchísimo más complejo de lo que parece a primera vista: un depredador flexible y camuflable, con tres corazones, sangre azul, un cerebro repartido por todo el cuerpo y una vida intensa pero corta. Sirve de ejemplo en biología, inspira a la Inteligencia Artificial, protagoniza debates sobre ética animal y, al mismo tiempo, sigue siendo un personaje habitual en nuestra mesa; conocerlo a fondo ayuda tanto a estudiarlo mejor como a mirarlo con otros ojos cuando pensamos en el mar y en los seres que lo habitan.