TeraWave, la gran apuesta satelital de Blue Origin para la conectividad de alto rendimiento

Última actualización: enero 23, 2026
  • TeraWave será una constelación de 5.408 satélites LEO y MEO pensada para clientes empresariales, centros de datos y gobiernos.
  • La red promete velocidades simétricas de hasta 6 Tbps mediante enlaces ópticos, y hasta 144 Gbps por radiofrecuencia en banda Q/V.
  • Blue Origin busca complementar la fibra terrestre con una infraestructura espacial de alta capacidad y baja latencia, reforzando la resiliencia frente a fallos o sabotajes.
  • El despliegue arrancará en el cuarto trimestre de 2027, en un mercado dominado hoy por Starlink y con proyectos como Amazon Leo e IRIS2 en Europa.

Red de comunicaciones satelitales de alta capacidad

Blue Origin ha dado un paso decisivo para meterse de lleno en la batalla por la conectividad satelital de nueva generación con el anuncio de TeraWave, una red pensada para mover cantidades ingentes de datos a escala global. No se trata de un servicio doméstico más, sino de una infraestructura dirigida a empresas, centros de datos y administraciones públicas que necesitan enlaces críticos y estables, incluso cuando la red terrestre falla.

Con TeraWave, la compañía de Jeff Bezos se sitúa en un segmento distinto al de las ofertas de internet satelital para hogares como Starlink. El objetivo es crear una “autopista de datos” en órbita, capaz de ofrecer velocidades de varios terabits por segundo entre nodos estratégicos del planeta y llevar conectividad multigigabit a localizaciones remotas donde desplegar fibra resulta caro, lento o directamente inviable.

Qué es TeraWave y a quién va dirigida la red

Según la información divulgada por Blue Origin, TeraWave será una constelación de 5.408 satélites interconectados mediante enlaces ópticos, repartidos entre órbita terrestre baja (LEO) y órbita terrestre media (MEO). La propuesta no aspira a millones de abonados residenciales, sino a un máximo de alrededor de 100.000 clientes de gran tamaño, cada uno con necesidades de ancho de banda muy superiores a las de un usuario convencional.

La compañía deja claro que la red está diseñada específicamente para clientes empresariales, centros de datos e instituciones gubernamentales. Hablamos de infraestructuras críticas, redes de misión, aplicaciones de inteligencia artificial distribuidas o servicios en la nube que requieren caudales enormes, baja latencia, redundancia y capacidad de recuperación rápida en caso de incidencias en la red terrestre.

En este contexto, TeraWave no pretende sustituir a la fibra óptica, sino funcionar como un complemento de alta capacidad y gran resiliencia. La idea es ofrecer rutas alternativas para interconectar sedes, data centers y nodos estratégicos, reduciendo la dependencia de cables submarinos y trazados terrestres vulnerables a cortes accidentales o ataques dirigidos.

Otro elemento clave es el enfoque geográfico: Blue Origin destaca que la red está pensada para proporcionar conectividad multigigabit en zonas rurales, remotas y suburbanas, precisamente donde el despliegue de fibra es más complejo. Esto puede resultar especialmente relevante en regiones con brecha digital marcada, como áreas rurales de España o del resto de Europa, donde gobiernos y operadores buscan alternativas para reforzar la conectividad.

Arquitectura híbrida LEO/MEO y capacidad técnica

TeraWave se apoya en una arquitectura multiórbita que combina 5.280 satélites en LEO y 128 en MEO. Los primeros actuarán como capa de acceso, proporcionando enlaces directos a clientes y estaciones de puerta de enlace, mientras que los segundos formarán la espina dorsal de altísima capacidad que une los grandes nodos de la red.

En la capa LEO, Blue Origin utiliza radiofrecuencia en bandas Q/V para ofrecer velocidades de hasta 144 Gbps por enlace a terminales empresariales. Esta tecnología permite conectar sedes, centros de datos regionales o infraestructuras críticas con una latencia reducida gracias a la menor distancia a la Tierra, mejorando la experiencia frente a configuraciones situadas únicamente en órbitas más altas.

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La capa MEO, por su parte, se basa en enlaces ópticos (láser) entre satélites y con estaciones terrestres seleccionadas. Es aquí donde entra en juego la cifra más llamativa del proyecto: cada conexión puede alcanzar hasta 6 Tbps de capacidad simétrica, es decir, tanto de subida como de bajada. Se trata de valores pensados para tráfico masivo entre grandes centros de datos, nubes públicas y hubs de interconexión global.

Uno de los retos técnicos de este enfoque es la interferencia atmosférica en los enlaces ópticos tierra-espacio. Para sortear este problema, Blue Origin plantea enrutar el tráfico principalmente entre satélites mediante láser, seleccionando la estación terrestre con mejores condiciones meteorológicas en cada momento. Cuando la climatología no acompaña, la red puede apoyarse en la radiofrecuencia como respaldo, manteniendo la conectividad aunque se degraden temporalmente las prestaciones máximas.

Los terminales de usuario y las estaciones de puerta de enlace se describen como equipos de grado empresarial que pueden desplegarse con rapidez en prácticamente cualquier región. La compatibilidad con infraestructuras de alta capacidad ya existentes facilita la integración con redes de fibra, centros de datos y plataformas de nube, algo clave para empresas europeas y españolas que ya operan sobre grandes backbones terrestres.

Velocidades, simetría y casos de uso

Uno de los grandes argumentos de TeraWave es su promesa de velocidades de transmisión simétricas de hasta 6 terabits por segundo en los enlaces ópticos de la capa MEO. Esta simetría es especialmente relevante para servicios que no solo consumen datos, sino que también los generan en grandes cantidades, como aplicaciones de inteligencia artificial, replicación de bases de datos o copias de seguridad masivas entre centros de datos.

Mientras tanto, la red de satélites en LEO ofrece hasta 144 Gbps mediante enlaces en banda Q/V hacia terminales en tierra. Es una capacidad orientada a clientes institucionales, empresas de telecomunicaciones, operadores de redes móviles o proveedores de nube que necesitan conexiones punto a punto de muy alto caudal, mucho más allá de lo que hoy demandan la mayoría de hogares o pequeñas empresas.

Blue Origin insiste en que la red está pensada para operaciones críticas en las que la continuidad del servicio es prioritaria. Hablamos de sistemas gubernamentales, coordinación de emergencias, defensa, redes eléctricas inteligentes, grandes plataformas financieras o servicios de nube que no pueden quedar aislados si un cable submarino se corta o si se produce un apagón de conectividad en una región entera.

En Europa, donde se han multiplicado las preocupaciones sobre la vulnerabilidad de los cables submarinos y la necesidad de soberanía digital, este tipo de infraestructuras puede convertirse en una pieza más del puzzle junto a proyectos públicos como IRIS2. Para países como España, con fuerte dependencia de enlaces submarinos hacia otros continentes, disponer de rutas alternativas satelitales de muy alta capacidad añade un nivel extra de seguridad.

Además de los usos gubernamentales y de defensa, la compañía apunta de manera velada a la creciente demanda de conectividad para centros de datos dedicados a inteligencia artificial. La carrera por mover y procesar grandes modelos de IA, tanto en Estados Unidos como en Europa, exige infraestructuras de transporte de datos capaces de escalar rápidamente, y TeraWave se posiciona como una posible pieza en esa nueva capa de red.

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Calendario de despliegue y papel del cohete New Glenn

Blue Origin no oculta que TeraWave es todavía un proyecto con recorrido por delante. El plan actual fija el inicio del despliegue de la constelación para el cuarto trimestre de 2027, lo que da a la compañía un margen de varios años para afinar tanto la tecnología de los satélites como los sistemas de lanzamiento y las estaciones terrestres.

Poner en órbita 5.408 satélites no es precisamente trivial. Para ello, la empresa de Bezos se apoya en el cohete reutilizable New Glenn, su gran baza para competir en costes frente a SpaceX. Aunque este lanzador aún está lejos de la cadencia de vuelo de Falcon 9, ya ha demostrado hitos relevantes, como el aterrizaje controlado del propulsor tras una misión con dos naves de la NASA.

La reutilización de cohetes es un factor clave para que el coste por kilo lanzado a órbita se mantenga bajo y el despliegue de constelaciones masivas sea viable económicamente. En un mercado donde SpaceX lleva ventaja con años de experiencia y miles de satélites Starlink ya operativos, Blue Origin necesita consolidar New Glenn como un sistema de lanzamiento fiable y con ritmo suficiente para ir poblando la red TeraWave en los plazos previstos.

El calendario hasta 2027 también ofrece cierto margen a los reguladores y a otros actores del sector para evaluar el impacto de nuevas mega constelaciones, tanto en términos de congestión orbital y basura espacial como de posibles interferencias con observatorios astronómicos. Son debates que afectan de lleno a Europa, muy activa en la discusión sobre sostenibilidad espacial.

En paralelo, la compañía deberá cerrar acuerdos comerciales y regulatorios en diferentes regiones, incluido el viejo continente. La obtención de licencias, la coordinación de frecuencias y la integración con marcos europeos de seguridad y defensa serán pasos obligados si TeraWave quiere operar con normalidad sobre territorio europeo y ofrecer servicios a instituciones comunitarias o estados miembros como España.

Competidores: Starlink, Amazon Leo e iniciativas europeas

El anuncio de TeraWave llega en un momento en el que el mercado de la conectividad satelital vive una expansión sin precedentes. Starlink, de SpaceX, se ha convertido en el actor dominante en servicios de banda ancha para el gran público, con miles de satélites en órbita y millones de clientes repartidos por todo el mundo, España incluida, donde ya comercializa diferentes planes residenciales.

La gran diferencia es que Starlink se dirige a hogares, pequeñas empresas y, en paralelo, a clientes gubernamentales, con velocidades que se mueven en el rango de cientos de megabits por segundo y latencias de entre 20 y 50 milisegundos. TeraWave, en cambio, se posiciona como un servicio de “grado empresarial”, centrado en pocos clientes pero con necesidades de capacidad muy superiores.

En el lado de Amazon, la firma está desplegando su propia constelación para uso mixto empresarial y residencial, ahora rebautizada como Amazon Leo. Este proyecto, con unos 3.000 satélites previstos, apunta a competir de forma directa con Starlink en el ámbito más generalista, mientras que TeraWave se reserva para la capa de conectividad de muy alto rendimiento y servicios críticos. Ambas iniciativas, aunque impulsadas por el ecosistema de Bezos, se dirigen a segmentos distintos del mercado.

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En Europa, más allá de los actores globales, han ido ganando peso proyectos como Sateliot en el ámbito IoT o la constelación IRIS2, impulsada por la Unión Europea para garantizar la soberanía en comunicaciones gubernamentales y militares. IRIS2 combinará satélites en órbitas baja, media y geoestacionaria, con participación de compañías europeas como la española Hispasat, y se espera que alcance plena operatividad en torno a 2030.

Para los países europeos y para España, la entrada de TeraWave añade una nueva capa en el ecosistema de conectividad espacial: una red privada de altísima capacidad, gestionada por una empresa estadounidense, que podría complementar proyectos públicos europeos o servicios de operadores locales. La clave estará en cómo se articulan las relaciones comerciales y regulatorias entre estas distintas infraestructuras.

Implicaciones para España y el resto de Europa

La estrategia de Blue Origin encaja en un momento en el que Europa refuerza su apuesta por las comunicaciones seguras y resilientes. La dependencia del viejo continente de cables submarinos y enlaces terrestres ha quedado en evidencia tras incidentes recientes, por lo que las rutas alternativas vía satélite para tráfico crítico empiezan a ganar protagonismo.

En el caso de España, con un papel relevante como puerta de entrada de tráfico de datos entre Europa, África y América Latina, infraestructuras como TeraWave podrían convertirse en un complemento interesante para centros de datos y operadores que ya trabajan con grandes volúmenes de tráfico internacional. Ciudades como Madrid o Barcelona, que se están consolidando como hubs de interconexión y nube, podrían beneficiarse de nuevas rutas de alta capacidad hacia otros continentes.

No obstante, también hay interrogantes. Europa lleva tiempo defendiendo la necesidad de mantener cierto control estratégico sobre las infraestructuras críticas de comunicaciones, lo que podría traducirse en condiciones específicas para la operación de redes privadas no europeas. La interacción entre TeraWave, IRIS2 y otras iniciativas regionales marcará buena parte del debate político y regulatorio en los próximos años.

Para las empresas europeas que trabajan con grandes volúmenes de datos —por ejemplo, proveedores de servicios en la nube, operadores de telecomunicaciones o compañías que desarrollan soluciones de IA—, contar con una red satelital de muy alto rendimiento puede abrir la puerta a arquitecturas híbridas más flexibles, donde parte de la interconexión entre centros de datos se desplace al espacio para ganar redundancia y capacidad.

Aunque todavía es pronto para saber qué acuerdos llegará a cerrar Blue Origin en territorio europeo, la dirección está clara: la conectividad crítica de próxima generación combinará fibra y satélites, y TeraWave quiere ocupar un lugar destacado en ese nuevo mapa de redes globales.

Con TeraWave, Blue Origin entra de lleno en el club de los grandes operadores de constelaciones satelitales, pero lo hace con una propuesta distinta a las ofertas de banda ancha residencial que dominan hoy el mercado. Al apostar por una red híbrida LEO/MEO centrada en altísima capacidad, simetría de velocidades y resiliencia, la compañía aspira a convertirse en socio de referencia para gobiernos, grandes empresas y centros de datos, también en España y el resto de Europa, en un escenario en el que la conectividad deja de ser solo un servicio para convertirse en una pieza crítica de la seguridad y de la competitividad económica.

internet por satélite de Amazon Leo
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