La PlayStation 6 y la nueva Xbox se retrasan por la crisis de memoria

Última actualización: enero 2, 2026
  • La escalada de precios y la escasez de memoria RAM y SSD ponen en duda la ventana de lanzamiento 2027-2028 de PS6 y la próxima Xbox.
  • La demanda de chips por parte de la inteligencia artificial y los centros de datos absorbe gran parte de la producción global.
  • Europa podría afrontar consolas más caras, posibles recortes de capacidad y subidas de precio también en la generación actual.
  • Sony y Microsoft estudian retrasar la nueva generación para evitar un lanzamiento con costes desorbitados y problemas de stock.

Consolas de nueva generación y retrasos por la memoria

El cambio de generación en consolas parecía tener ya su calendario más o menos claro, pero los planes se están torciendo. A medida que pasan los meses, cada vez suena con más fuerza la posibilidad de que PlayStation 6 y la próxima Xbox lleguen más tarde de lo previsto, con un retraso que podría romper el ritmo habitual de ciclos de siete años al que se había acostumbrado la industria, un fenómeno similar a los retrasos que alteran lanzamientos.

El motivo no es un problema de juegos ni de estrategia comercial, sino algo mucho más básico: la memoria. El fuerte encarecimiento de la RAM y del almacenamiento SSD, impulsado sobre todo por la demanda brutal de chips que está generando la inteligencia artificial y los grandes centros de datos, está alterando las hojas de ruta de Sony y Microsoft y amenaza con encarecer también las consolas que ya tenemos en casa.

Un ciclo generacional que se descuadra

PS5 y Xbox Series forman parte de la novena generación de consolas, que arrancó oficialmente en 2020, en plena pandemia. Lo habitual es que estos sistemas se mantengan como referencia durante unos siete años, así que muchos jugadores daban por hecho que PS6 y la nueva Xbox aterrizarían entre 2027 y 2028, encajando con ese calendario clásico.

De hecho, ya se venía comentando que la siguiente hornada de consolas podía llegar algo más tarde de lo normal por la propia escasez de componentes y los problemas de stock que marcaron los primeros años de PS5 y Xbox Series. Sobre la mesa estaba la idea de estirar la generación al menos un año adicional para compensar un arranque muy limitado en unidades, algo que recuerdan casos previos de retraso de hardware.

Sin embargo, el sector se ha topado con una nueva piedra en el camino. En los últimos meses, la falta de memoria y la subida de precios de la DRAM y los chips NAND se han convertido en el nuevo cuello de botella. Fuentes citadas por medios como Insider Gaming y filtradores especializados apuntan a que esta crisis de memoria podría prolongarse, comprometiendo los plazos de diseño y fabricación de la próxima generación.

La situación complica especialmente a Europa, donde los precios de la electrónica de consumo ya venían inflados por impuestos, costes logísticos y cambios de moneda. Cualquier desajuste adicional en el coste de producción de las consolas se nota con rapidez en el PVP que pagan los jugadores españoles y del resto del continente.

PlayStation 6 y nueva Xbox se retrasan por la memoria

La crisis de la RAM y el SSD golpea a la próxima generación

La memoria es el gran problema. La DRAM de consumo, la GDDR de alto rendimiento y los chips NAND para SSD han disparado sus precios y presentan una disponibilidad muy irregular. No solo han subido los módulos para PC, sino prácticamente todo lo que lleve chips de memoria: móviles, televisores, portátiles e incluso accesorios como tarjetas SD o SSD externos.

La causa principal está en otro frente tecnológico: la expansión de la inteligencia artificial y la necesidad de alimentar enormes centros de datos. Servidores dedicados al entrenamiento de modelos de IA, servicios en la nube y grandes corporaciones tecnológicas están absorbiendo parte muy importante de la producción global de memoria, generando una competencia feroz por un recurso limitado.

Informes internos manejados por la industria hablan de subidas que, en algunos casos, han llegado a multiplicar por dos o por tres el precio de ciertos módulos de RAM en un solo año. La NAND utilizada en SSD sigue una tendencia similar, lo que hace que cualquier dispositivo que dependa de un gran volumen de memoria vea cómo su coste base se dispara sin remedio.

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Para una consola, esto es demoledor. Si ya con PS5 y Xbox Series la memoria suponía una parte notable del coste total, las futuras PlayStation 6 y nueva Xbox necesitarán todavía más RAM y un SSD más rápido y de mayor capacidad. El salto técnico que se espera —mejor ray tracing, mundos más grandes, carga instantánea y uso intensivo de IA en los propios juegos— exige un hardware más potente, y ahí la memoria pesa, y mucho.

Con este panorama, en los despachos de Sony y Microsoft se están evaluando varios escenarios: lanzar en la fecha prevista asumiendo un coste de producción altísimo, retrasar la nueva generación a la espera de que el mercado de memoria se calme o ajustar las especificaciones técnicas para contener el impacto. Ninguna de estas opciones es sencilla y todas tienen consecuencias directas para el consumidor europeo.

Fechas de lanzamiento en el aire: 2027-2028 ya no es tan seguro

Hasta hace poco, analistas y filtraciones coincidían en que la nueva generación de consolas apuntaba a una ventana de lanzamiento entre 2027 y 2028. Ese margen cuadraba con el ciclo vital de PS5 y Xbox Series y con los tiempos habituales para diseñar, fabricar y distribuir una nueva plataforma a gran escala.

El problema es que, para llegar a las tiendas en 2027, la producción masiva debería arrancar durante 2026. Y las previsiones actuales indican que la crisis de la memoria seguirá muy presente precisamente ese año, con una demanda todavía muy fuerte por parte de la IA y con la oferta intentando ponerse al día.

Fuentes del sector reconocen que, en estas condiciones, asegurar millones de chips de DRAM y NAND a precios razonables es una apuesta arriesgada. Los fabricantes podrían encontrarse con que el coste final de cada consola se dispara por encima de lo que el mercado está dispuesto a pagar, especialmente en territorios sensibles al precio como España o el resto de Europa.

La alternativa es retrasar la fecha de lanzamiento a la espera de una estabilización en los precios de la memoria. Se ha llegado a mencionar incluso un horizonte cercano al 2030 como posible momento en el que el mercado de la RAM podría normalizarse, aunque otras estimaciones más optimistas sitúan una cierta mejora a partir de 2027. Hoy por hoy, poner un año exacto es casi tirar una moneda al aire.

En este contexto, se da casi por hecho que viviremos algún tipo de retraso respecto a los planes iniciales de Sony y Microsoft. La cuestión ya no es tanto si PS6 y la próxima Xbox saldrán más tarde, sino cuánto se alargará la espera y con qué configuración de hardware llegarán finalmente al mercado.

Impacto de la memoria en la próxima generación de consolas

PS6 y la nueva Xbox: más potencia, pero con la memoria como talón de Aquiles

Una de las pocas certezas es que PlayStation 6 y la nueva Xbox necesitarán más memoria que las consolas actuales. Hoy en día, PS5 y Xbox Series X trabajan con 16 GB de RAM unificada de alta velocidad, cifra que ya se queda justa para algunos desarrollos muy ambiciosos que exprimen al máximo la máquina.

Teniendo en cuenta la evolución del videojuego, lo lógico sería que la nueva generación dé un salto considerable en este apartado. La expectativa de mundos abiertos más densos, mayor resolución, tasas de refresco más altas y sistemas de IA más complejos empuja a pensar en configuraciones de RAM superiores y SSD todavía más rápidos, con capacidades que probablemente superen el terabyte de serie.

El problema es que cada giga adicional pesa en el presupuesto. A modo de referencia, se estimaba que cada GB de GDDR6 para consolas rondaba los 2,5-3 dólares a principios de 2025 en compras a gran escala. Con las últimas subidas, esa cifra habría escalado alrededor de un 60 %, lo que coloca el coste de los 16 GB actuales bastante por encima de los 70 dólares por unidad.

El almacenamiento no se queda atrás. Un SSD de 1 TB de gama media ha pasado de los 50-90 dólares a moverse entre los 70 y los 120 dólares, según distintas estimaciones del mercado. Sumando memoria y almacenamiento, el coste de estos dos componentes ha pasado de situarse en torno a los 110 dólares a acercarse o superar los 170 dólares por consola.

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Si extrapolamos este escenario a una PS6 o a la próxima Xbox con más RAM y más SSD, no es descabellado pensar que la memoria termine convirtiéndose en el componente más caro de todo el sistema. En un modelo que en Europa ya se movía alrededor de los 600 euros, ver cómo solo la memoria se lleva una parte enorme del presupuesto es un quebradero de cabeza para cualquier fabricante.

El caso de la nueva Xbox: una apuesta muy premium con riesgo de precios desbocados

En el lado de Microsoft, los rumores llevan tiempo señalando que la próxima Xbox se orientaría claramente hacia un perfil de gama alta, con un enfoque cercano al PC gaming. Se ha llegado a hablar de un concepto híbrido entre consola tradicional y ordenador, inspirado en dispositivos como ROG Ally, con acceso no solo al catálogo de Xbox, sino también a plataformas como Steam, Epic o GOG.

Incluso antes de la crisis actual, ya se barajaban precios que podrían superar con facilidad los 1.000 euros para los modelos más potentes si se apostaba por un hardware sin apenas concesiones. Con el coste de la memoria disparado, esa cifra podría convertirse en un listón mínimo o, como poco, en un objetivo difícil de rebajar sin recortes serios.

Para ofrecer una experiencia realmente cercana a un PC de alto rendimiento, una máquina de este tipo necesitaría gran cantidad de memoria GDDR de alta velocidad y un SSD muy rápido y de gran capacidad. Justo los dos componentes cuyo precio se ha convertido en el gran problema de la próxima generación.

Tratar de abaratar la consola reduciendo RAM o almacenamiento pondría en entredicho la propuesta de valor de esa nueva Xbox, que aspira a diferenciarse precisamente por ofrecer una experiencia más flexible y potente. Rebajar especificaciones a estas alturas podría dejarla en tierra de nadie: demasiado cara para el gran público, pero sin la suficiente ventaja técnica frente a un PC montado por piezas.

Esta situación obliga a Microsoft a hacer números muy finos. O bien se asume vender la consola con márgenes muy ajustados —o incluso a pérdidas, como ha sucedido en otras generaciones—, o se traslada una parte significativa del coste al consumidor europeo, que ya ha visto cómo la electrónica de alta gama no deja de subir.

PlayStation 6: presión por las ventas masivas y miedo a repetir la falta de stock

Sony afronta un reto diferente, pero igual de complejo. PlayStation 5 demostró que, incluso en un contexto tan complicado como el de la pandemia, es posible vender millones de consolas en muy poco tiempo. En sus primeras semanas en el mercado, PS5 alcanzó cifras de venta muy elevadas a pesar de la escasez generalizada de unidades.

Con PS6, las expectativas comerciales son enormes, pero la combinación de precios altos de la memoria y riesgo de falta de stock complica la idea de un lanzamiento masivo inmediato. Poner en circulación varios millones de consolas en los primeros meses exige asegurar un volumen gigantesco de DRAM y NAND, y eso hoy sale más caro que nunca.

Algunos movimientos recientes apuntan a que Sony ya está maniobrando para contener los costes de memoria y almacenamiento en sus productos actuales. Un ejemplo son los ajustes de capacidad en ciertas versiones de PS5 Slim, donde se ha jugado con el tamaño del SSD para mantener precios lo más controlados posible sin disparar todavía más el PVP en mercados como el europeo.

En vista de esta experiencia, no sería extraño que PS6 llegue con configuraciones de memoria muy medidas y opciones diferenciadas según capacidad de almacenamiento, de manera similar a lo que sucede hoy con algunos smartphones. Un modelo base con menos SSD y otro más caro con más espacio podrían ser una forma de repartir costes entre los distintos perfiles de usuario.

La duda es hasta qué punto se puede recortar sin condicionar el salto generacional que esperan los jugadores. Limitar demasiado la RAM o el SSD podría frenar el desarrollo de juegos más ambiciosos y provocar una sensación de “media generación” en lugar de una ruptura clara con PS5, algo que a la larga puede pasar factura en imagen de marca y ventas.

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Impacto directo en las consolas actuales: subidas de precio y recortes de capacidad

El problema de la memoria no se queda en el futuro; también salpica a las consolas que ya tenemos en el mercado. PS5, Xbox Series y la propia Switch 2, recién llegada al panorama, dependen igualmente de chips de memoria y SSD cuyo coste se ha encarecido de forma notable.

En Europa ya se han visto movimientos en esta dirección: ajustes al alza en los precios oficiales, promociones menos agresivas y packs que tratan de compensar el coste ofreciendo juegos o accesorios en lugar de rebajas directas. Si la presión sobre la RAM y el almacenamiento continúa, no se descartan nuevos incrementos a partir de 2026.

Otra fórmula que se está usando es la de lanzar modelos con menos capacidad de almacenamiento al mismo precio, dejando en manos del usuario la ampliación mediante SSD externos o tarjetas específicas. De esta manera, el coste directo para el fabricante se reduce y se traslada parte del gasto al jugador, que debe invertir más si quiere tener suficiente espacio para su biblioteca digital.

Este enfoque no afecta solo a Sony y Microsoft. Otros dispositivos orientados al juego, como la llamada Steam Machine y distintos equipos portátiles de PC, también estarían sufriendo el impacto de la subida de la memoria en sus planes de lanzamiento. En algunos casos, la falta de fecha y precio definitivos se explicaría precisamente por este aumento de los costes de producción.

Para el usuario europeo, el mensaje es claro: renovar consola o estrenar hardware nuevo va camino de ser un lujo cada vez mayor. Con un coste de vida que no deja de subir y con la electrónica disparada, muchos jugadores se lo pensarán dos veces antes de dar el salto a la próxima generación si llega con precios especialmente altos.

La IA y otros sectores tensan aún más el mercado de memoria

Todo este escenario tiene su raíz en una transformación tecnológica mucho más amplia. La expansión de la inteligencia artificial, el cloud computing y los grandes centros de datos está generando una demanda de memoria sin precedentes, capaz de absorber en tiempo récord la capacidad de producción de los principales fabricantes de chips.

Empresas de informática tradicional como Lenovo u HP ya han empezado a retrasar lanzamientos de portátiles y sobremesas por las dificultades para obtener memoria a precios razonables, un fenómeno que queda reflejado en nuestro panorama del PC y lanzamientos. En el ámbito del PC gaming, los usuarios europeos han empezado a notar subidas en tarjetas gráficas, kits de RAM y unidades SSD, con avisos de algunos fabricantes sobre incrementos que pueden superar el 100 % en determinados productos.

Incluso dispositivos de menor perfil, como tarjetas SD, SSD externos o soluciones de almacenamiento para cámaras y móviles, han visto cómo sus precios se han inflado en cuestión de meses. La memoria se ha convertido en un recurso estratégico, y cualquier sector que la necesite se ve arrastrado por la misma ola.

En este contexto, las consolas son un actor más. Si otras industrias ya están aplazando proyectos o revisando precios por culpa de la RAM, resulta lógico que Sony y Microsoft estén recalculando su hoja de ruta para PS6 y la próxima Xbox. Nadie quiere repetir una situación de lanzamiento con falta de stock crónica y especulación desatada, como sucedió con PS5 y Xbox Series en sus primeros tiempos.

Mirando al corto y medio plazo, todo indica que la próxima generación de consolas llegará más tarde de lo que inicialmente se esperaba, con precios de salida más altos y configuraciones de memoria muy medidas. Para los jugadores en España y el resto de Europa, el horizonte pasa por prepararse para una transición más lenta, condicionada por una crisis de memoria que afecta a todo el sector tecnológico y que puede convertir a PS6 y a la nueva Xbox en los sistemas más caros y complejos de lanzar de la historia reciente.

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